Blog de Alfonso Roldán Panadero

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En las fronteras hay vida y tuve la suerte de nacer en la frontera que une el verano y el otoño, un 22 de septiembre, casi 23 de un cercano 1965. En la infancia me planteé ser torero, bombero (no bombero torero), futbolista (porque implicaba hacer muchas carreras), cura (porque se dedicaban a vagar por la vida y no sabía lo de la castidad...) Luego, me planteé ser detective privado, pero en realidad lo que me gustaba era ser actor. Por todo ello, acabé haciéndome periodista. Y ahí ando, juntando palabras. Eso sí, perplejo por la evolución o involución de esta profesión. Alfonso Mauricio Roldán Panadero

sábado, 30 de enero de 2010

Nine, apta para golosos

Ya sé que el musical es un género que muchos consideran de segunda, no me enrollaré otra vez con Cabaret, pero a mí sí me atraen. Así que el otro día estuve viendo Nine y su lluvia de estrellas: que si Nicole Kidman, que si Marion Cotillard, que si Penélope Cruz…, y la majestuosa mamma Sophia Loren. Espectacular en su aparición inicial. Y en la final, que no pude reprimir unos aplausos silenciosos.

¿Qué me gustó de la peli? Pues ese aroma italiano de mediados de los sesenta. Con elegantes italianos tipo Martini e irresistibles mujeres. Esos cochecitos descapotables. Roma… Esa cosa mitificada por no vivida. También disfruté con varios números musicales, repletos de erotismo algunos con, repito, mujeres de órdago. Seguro que alguien dice que no le gusta Penélope Cruz, pero está muy bien hecha. O la salvaje Stacy Ferguson.

No. No son estos comentarios machistas que la historia es la de Fellini, ya recreada en Ocho y medio, de 1963. Bueno, por lo visto a veces decía Fellini que sí era su historia y a veces que no. El hecho es que el protagonista es un renombrado director de cine abrumado por una película que está a punto de comenzar a rodarse y no existe. Pero, también abrumado por las mujeres que le rodean en la realidad: su esposa, su amante, incluso una periodista, actrices…, o en la memoria: su mamma.

Guido es el nombre del director, del “maestro”, que nos hartamos de oír en los números musicales. Y Guido está, evidentemente, superado por las circunstancias. Y es que como le dice su mujer “es muy goloso” y no puede evitar que las mujeres le pierdan… La inspiración no le viene ni con su musa, su estrella principal, interpretada por la Kidman. Sólo volviendo a ser un niño podrá empezar a funcionar.

En medio del racimo de jóvenes estrellas hay dos veteranas: la mencionada espectacular Sophia Loren, la madre que vive en su recuerdo, ese arquetipo de madre italiana; y la encargada del vestuario, el más amable de los personajes, interpretado por Judi Dench.

Iglesia, las santas madres italianas, las fulanas, los curas y obispos hipócritas se dan cita en Nine, pero en mi opinión falla la trama, el hilo argumental. O yo qué sé si el guión. Bueno. Si gusta Italia en los sesenta, si gustan los musicales, se puede echar el rato. Y mira que esta noche lo mismo me pongo en DVD Chicago, que es del mismo director, Rob Marshall.

Ahora os dejo un tema que me mola, be italian!

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viernes, 29 de enero de 2010

Espe sobre Gallardón o la marquesa rabanera

Real Academia de la Lengua Española:
rabanero, ra.De rábano).1. adj. coloq. Dicho de los ademanes y del modo de hablar: Ordinarios o desvergonzados.


Aunque es reina de la mentira, cuando dice que no se refiere a Gallardón, canta por soleares. Es desmemoriada la golpista del tamayazo (perdón, presunta), que dice no saber a qué consejero se refería mentándole a la madre. Ha pedido perdón, no sabemos a quién, que no sabe quien es el hijo puta. Quizá a los madrileños. Ya iba siendo hora de que humillara un poco esta marquesa rabanera. Ahí van estos seis históricos segundos:


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jueves, 28 de enero de 2010

Pascual García Arano y el gris marengo

No siempre tenemos la fortuna de hablar con los autores, o las autoras, de las novelas que nos atrapan. De aquellos personajes que hacemos propios. Pero he tenido la fortuna de tener un encuentro con el autor de Doble Cero. Pascual García Arano lleva 20 años ejerciendo el periodismo, en los últimos tiempos periodismo económico. En 2006 publicó en InÉditor su primera novela, Carta de Ajuste, y ahora, con la misma editorial, nos sorprende con una incursión en el género negro ("gris marengo" asegura él) con Doble Cero. El arranque de la novela le surgió tras escuchar una entrevista del periodista Juan Cruz a Héctor Tizón, juez, periodista, diplomático, escritor argentino autor de La casa y el viento, exiliado en España durante la dictadura militar. Ese arranque es una breve, aunque profunda reflexión sobre la generosidad. La novela, repleta de elocuencia, es realmente un diario. Ahora, nuestro autor, con un nuevo proyecto en la cabeza, acaba de iniciar la publicación de un blog en la red. Esperemos que el final de este blog no sea como el del diario de Doble Cero.

Lo bueno que tiene llamarse García es que García Márquez tiene el honor de estar junto a mis novelas en los etantes, cuenta socarrón Pascual, "eso sí, si mi libro no se encuentra en los estantes se puede pedir, que lo traen" apostilla.

Pascual nació en Pamplona "y me hice algo más forofo el año en que estuve trabajando en un periódico en Tenerife y –asegura- mi único contacto con Pamplona era Estudio Estadio. El Osasuna es el único equipo con el que podemos decir que somos "rojillos" y cuyo nombre es en euskera, que Osasuna"significa Salud. Eso sí, cuando el Partido Popular gana las elecciones, bajamos a segunda división. Matemático.

Este madrileño de Pamplona lleva 22 años viviendo en Madrid. Asegura que "Madrid es un lugar inhóspito, muy salvaje, pero no creo que haya sitios tan abiertos. Es un lugar donde uno se estresa mucho y vive muy deprisa pero, al tiempo es un sitio en el que nadie se siente extraño. A no ser, eso sí, que te vayas al Bernabeu con una bufanda del Osasuna…

Doble Cero es la segunda novela de Pascual, y ambas tienen elementos en común, aunque en Doble Cero se haga una incursión en el género negro. El autor rectifica irónico, sobre la segunda, "más que una novela negra es gris marengo. Pero sí me gusta la novela negra, sin confundirla con la policíaca o de intriga. Me gusta esa atmósfera de gente que fuma, de gente canalla. En Doble Cero los protagonistas son tres pringaos sensibles y cariñosos pero con una relación canalla, a lo Humphrey Bogart. Eso sí, el título no lo toma ni por la cerveza sin alcohol, ni por la tarjeta del El Corte Inglés. Doble cero es la marca de los agentes con licencia para matar, como 007; y también es hachís de gran calidad".

En mi opinión la novela contiene un humor que, a veces, me recuerda a Eduardo Mendoza, pero el protagonismo lo tienen unos tipos raros, unos frustrados frente a unos poderosos. El creador de estos personajes, sin entrar a juzgarles, los considera unos perdedores, un tanto frikies. Y confiesa que el personaje al que más cariño tiene es al periodista, "un tío de los que ya no hay, un periodista a la antigua usanza".

Sobre los poderosos, me dice el periodista escritor que, en la vida real, nos creemos que son más listos de lo que son y se les permite que campen a sus anchas. Y se pregunta, "¿Dónde está el dinero de la venta de drogas o de la venta de armas?" Y se responde, "en paraísos fiscales. En el mismo banco tienen sus cuentas Bin Laden y Dick Chaney y no pasa nada. Todo es una acumulación de mezquindades".

Es una novela muy de periodistas, en la que los periodistas y los periódicos tienen relevancia. Realmente hay dos periodistas, uno que no aparece, amigo del detective que colabora cobrando "en negro" para Hacienda y Serafín Satué, este tipo entrañable que se mete en las historias hasta el fondo, y cuyo personaje está basado en un amigo mío que no voy a decir quién es. La curiosidad es una característica del periodismo. En la novela alguien dice; o mejor, alguien dice que alguien dice, que la curiosidad es la sal de la vida. Cuando se pierde la curiosidad, el sexo se muere y la vida cambia. Incluso hay espacio para esa curiosidad un tanto insana del voyeur…

La muerte es otro leit motiv de la novela, pero Pascual asegura que no le obsesiona, aunque es algo muy importante: "la muerte antes era algo natural, se convivía con ella de alguna manera desde la infancia. Los niños ahora ven la muerte como algo de las películas o los videojuegos. Pienso que es bueno reflexionar sobre la muerte, no digo ya planificarla, y como se dice en la novela, cuando identifico a una persona buena, humilde y generosa con alguien que afronte la muerte con tranquilidad".

Aunque también hay espacio para alguna escena subida de tono… "Doble Cero es un homenaje a las novelas de serie B, y también al erotismo, o mejor al porno de cuando éramos jóvenes. Esto que puede sonar a machista, no es otra cosa que característica de la tradicional novela negra".

Lo de tradicional suena a retintín antisueco, "no me gustan los best-seller, ni la novela histórica. Soy más de libros de otoño-invierno que de verano y crema bronceadora. Realmente creo que no he leído un best-seller en mi vida, si no incluimos en esa lista, El nombre de la rosa, de Eco. Ahora se escribe fundamentalmente novela policíaca o de intriga, que es la moda sueca. También debo reconocer que si hubiera conocido a Stieg Larsson (autor de la trilogía Millenium), creo que me habría caído bien por lo que he leído acerca de él".

Pues ya llevas dos en línea. Un libro más y la trilogía… "Finalmente no va a haber trilogía. Tengo en mente una novela de futurismo que bien se puede desarrollar en 2050, en un mundo dividido en ciudades y a su vez en distritos. Creo que la historia se desarrollará en el distrito 5 y, aunque esté en proceso, creo que va a ser algo disparatada y muy relacionada con el comic".

martes, 26 de enero de 2010

Virus

Los virus se mueven, bailan, danzan al ritmo que marcan los medios de comunicación. Atacan masivamente, son potenciales asesinos según dicte la agenda de los medios al uso. Tras vacas locas y gripes porcinas, la gripe A abría informativos, llenaba portadas de periódicos hace escasos meses.


Pero hay otros virus que, en este mundo desarrollado, nos dejan hechos unos zorros. Mi ordenador ha sido atacado por tierra, mar y aire, con troyanos, con programas espías, con un arsenal de virus que no hay quien lo arranque. Y yo ando como alma en pena, como si media vida la tuviera paralizada. Entro en los ciber, lampo portátiles, pero no es lo mismo…, que mi disco duro es mi disco duro. Mis amigos están en mi ordenador, mis pasiones, mis emociones, mis obsesiones, mis aficiones están en dique seco. Muchas, quizá no las recupere nunca.

Hablamos de los beneficios de los laboratorios farmacéuticos, pero lo que yo no sé es el beneficio de las empresas de antivirus informáticos, que contratas por un año con un porrón de cláusulas, muchas veces en inglés, y que cuando te quedas sin tu alter ego, sin tu avatar, sin tu trasunto en la vida, sin tu PC, no tienen nada que ver. El virus es muy moderno y tal y el antivirus no lo ha detectado.

Mi ordenador se debate entre la vida y la muerte, pero lo mas grave es que hace un tiempo, no muy lejano, alguien, no se quién, me ha inoculado un virus que hace que sin ordenador mi alma no encuentre consuelo. Mientras mi correo electrónico crea telarañas, mis redes sociales se estancan sin que nadie me eche en falta, quizá vaya al cine, lea, de un paseo… Eso sí, cuando mi sistema operativo vuelva a estar en forma, esto lo pongo en el blog. Y con el nombre del antivirus traidor. En fin, las cosas del mundo desarrollado.

Y si no haces de la ortodoxia melómana ley inamovible, quizá este video te guste:

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domingo, 24 de enero de 2010

¡Atocha hermanos, no os olvidamos!

Hace ya 33 años que, a estas horas, con once años, andaba en casa. Con mi familia. Un día normal previo a una normal jornada de colegio. Y a estas horas decenas de coches de policía con sus sirenas a todo trapo. Y decenas de ambulancias ensordecedoras enfilaban la calle Atocha hacia arriba.

Vivía yo en el 96, en una casa testigo de un final de franquismo y una Transición que no aparecía en los periódicos. Y cada día hacía cuatro trayectos caminando hasta el 45 de la misma calle. Al cole. En aquel tiempo, desde los 8 años uno iba sólo por la calle Atocha y no pasaba nada. Y si pasaba, pues te enfrentabas a la vida. Cierto que algunas veces los padres iban a buscarnos. Eran esos días en que los grises se apostaban en la plaza de Antón Martín, entre las columnas del Monumental, en las terrazas de las casas. Los padres debían tener un sexto sentido, porque esos días terminaban con tiros, barricadas, botes de humo…

La imprenta de El Quijote, pasaje Doré con el mercado, con su esquina de navajas y cuchillos, cine Monumental, los billares, farmacia de El Globo, pastelería y bar El Globo, cine Consulado, tiendas al por mayor. Un poco más allá la Academia Tecnibán, antes de Atocha 20, o sea Bobo y Pequeño, una enorme tienda de ropa, alfombras, manteles... Que hubo un tiempo que a los que se bajaban por vez primera de la Estación de Atocha buscando pensión, los listillos les decían: “usté es un Atocha 20”, a modo de vacile en madrileño.

Entre manifestaciones, carreras y cargas policiales transcurrían los días. Pero aquel 24 de enero, el lío fue terrible. Y nadie sabía que estaba ocurriendo, que ocurría. A la mañana siguiente las clases estaban casi vacías. Ese día fui porque “había que ir” decía mi padre. Al siguiente no fui porque “estábamos de luto” decía mi padre. Diez números más abajo del cole. En el 55, por donde cada día pasaba cuatro veces, unos asesinos habían acribillado a cinco abogados. Sus compañeros estaban tomando una caña en el bar de El Globo, por donde cada día pasaba cuatro veces.

Poco después entendí lo que allí había ocurrido. Y poco después, en aquel mes de mayo, o en el del año siguiente, acompañaba a mi padre en la manifestación del 1º de mayo, cuando aún había Scalextric en la Glorieta de Atocha, una multitud gritaba, “¡Atocha hermanos, no os olvidamos!”

Y en eso estamos. Que a nadie se le olvide aquella matanza ocurrida en Atocha 55 en la que cinco abogados laboralistas del clandestino Partido Comunista, de las clandestinas Comisiones Obreras, fueron asesinados por una trama fascista organizada. Que a nadie se le olvide que la manoseada Transición democrática no fue gratis, que costó sangre. Que sus protagonistas no fueron tres o cuatro personajes postfranquistas, sino el pueblo español que ansiaba libertad, aunque viviera presa del terror instaurado por Franco.

Un video para recordar:




viernes, 22 de enero de 2010

Impresionante Avatar

En 3D, esta película me dejó impactado desde el minuto cinco. Me llegó a emocionar la simple visión de Pandora, el mundo fantástico en el que se desarrolla la acción. La cinta tiene ingredientes tan tradicionales como el amor, con un erotismo contenido, y la guerra, en medio de una invasión militar norteamericana en un futuro no demasiado lejano, y en el que el planeta Tierra ya está hecho un desastre al modo de Wall-e. Una invasión con masacres de inocentes, con "ataques preventivos", con el "uso del terror frente al terrorismo".

Me gusta que los indios sean los buenos y que el Séptimo de caballería sea el malo. También me gusta el mensaje ecologista con el árbol de la vida, con el equilibrio natural, con la conexión directa entre todos los seres vivos, muy al estilo de los indios americanos precolombinos. Y, como en El erizo, somos alertados sobre "cómo debemos ver". "Te amo" se convierte en sinónimo de "te veo", los habitantes de Pandora ven más allá de cómo lo hacemos normalmente, mirando sin ver, con la miopía o el astigmatismo de nuestros ojos.

Las dos horas y media de película se me pasaron raudas y evocando otros filmes. Desde la reciente Planet 51, en la que el alienígena es el humano terrícola; hasta El señor de los Anillos o Las crónicas de Narnia en esos mundos fantásticos con batallas hiperbólicas. También me pareció ver a Pocahontas en una película que cuida la igualdad de género. Y, todo hay que decirlo, también estaba por ahí algo de Rambo. Y, como no, una estupenda secundaria: Sigourney Weaver autohomenajeándose, cigarro en boca, al modo de sus Gorilas en la Niebla.

Ojalá todas las superproducciones que piensan en la taquilla dejaran en nuestros cerebros mensajes para que aprendamos "a ver"·, mensajes pacifistas y en defensa del medio ambiente. Un lujo de peli.



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jueves, 21 de enero de 2010

Cinefagia vacacional y círculos viciosos

Las fiestas navideñas en España son como un círculo vicioso inacabable: comes, bebes, te empachas; comes, bebes, te empachas. Y las personas más pequeñas de las familias en interminables vacaciones… Estas fechas hicieron que, como ya me ocurrió en verano, me diera un atracón de cine apto, familiar, de comedieta romántica, o pseudomusical.

Cuando el año pasado vi la infantil Alvin y las ardillas, juré que no asistiría a la inevitable segunda parte. La vi, y más o menos lo superé. Sólo me quedó el remordimiento por incumplir mi palabra.

Mayores expectativas puse en Dos canguros muy maduros, que John Travolta, desde que aterrizó con Tarantino me gusta (qué grandes escenas con Uma Turman, como esta) y me encantó como madre obesa en Hairspray; también confieso mi querencia por el coprotagonista, Robin Williams, un tipo que no suele gustar mucho a los cinéfilos, pero al que tomé cariño en El club de los poetas muertos. Efectivamente, esta comedia "familiar" me pareció muy inconexa, seguramente porque me dormí a ratos. Que no había forma de que me riera. Alomejor me pilló con uno de los empachos de las fechas.

Luego, me dediqué a las comedias románticas, que se decía antes y que nada tienen que ver con las de toda la vida de Catherine Hepburn, Spencer Tracy o Cary Grant. Pero bueno. Parece que está de moda que las parejas divorciadas retomen la rota relación. Eso es lo que ocurre en ¿Qué fue de los Morgan? y en No es tan fácil. La primera, protagonizada por Hugh Grant, que no es el mismo sin Julia Roberts, algo envejecido a sus 50, pero más en forma física que hace 20 años, y Sarah Jessica Parker, neoyorquina en su estilo de serie de TV. Vale. Sonreí con alguna escena.

En No es tan fácil, Meryl Streep toma las riendas de una peli sosilla que finalmente es mucho más feminista de lo que apunta. Un personaje femenino, mucho más fuerte que su contraparte masculina, capaz de controlar emociones, que no pasiones. Como suele ocurrir en la vida real.

La pincelada musical fue Fama, una lástima que no exprima ninguna historia de las muchas que se apuntan. Algún numerito musical puede merecer la pena y nos lleva a aquella serie televisiva de los ochenta, surgida a raíz de otra película. Un círculo vicioso que recuerdo con este video:


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lunes, 18 de enero de 2010

Doble cero

Mencionaba el otro día la novela de Pascual García Arano, Doble Cero (InÉditor), una novela negra de poco más de 170 páginas que se devora de cabo a rabo y que nadie puede negar que ha sido escrita por un periodista. En realidad la novela es un diario, lo que hace que aumente el intimismo, de un tipo que ha pasado los cuarenta años. Un tipo algo atormentado que inicia el relato "como le da la gana", evocando una entrevista leída con un personaje real, Hector Tizón en la que se recrea sobre lo que es la generosidad humana. En Doble Cero nada es lo que parece, pero vivimos intriga, ambientes sórdidos, erotismo, acción… Algunas escenas recuerdan, con su humor absurdo y tipos raros en medio de una investigación, a Eduardo Mendoza.

No soy yo de recomendar cosas. Allá cada uno. Pero esta novela me atrevo a decir que merece la pena. Es una historia de perdedores (que bueno, no acaban mal…) y poderosos; es una historia de muerte "…una persona humilde y generosa que afronta la muerte con traquilidad" (pag. 57); de periodistas, y por ende de gente curiosa. Curiosidad que en algún momento roza el voyerismo: "la curiosidad es la sal de la vida. Cuando se pierde la curiosidad, el sexo se muere y la vida cambia. Es distinta"(pag. 95). Y es una novela con pinceladas de compromiso social en esa tensión entre perdedores y poderosos. Imprescindible el monólogo del periodista sobre éstos últimos y su coro mediático: "Esos cabrones que trabajan, precisamente, para los que se funden nuestros ahorros en yates y putas y que afortunadamente, cuidan de nuestro dinero, que acaba siendo el suyo, enana cuenta muy secreta y con muchos números, una cuenta completamente legal, en las islas Caimán…" (pag.131).

En realidad los protagonistas son tres tipos, cuanto menos curiosos por estrafalarios: un detective privado que colabra con Hacienda (cobrando en negro, eso sí); un periodista de los de antes; y un tipo con un agujero en la garganta, fumador, que forma parte de un grupo un tanto excéntrico en sus aficiones. Entre ellos se crea una curiosa relación, especialmente entre el periodista y el del agujero en la garganta. Una relación amor-odio, que a mí me recuerda los mejores filmes de Jack Lemmnon contra Walter Mathau.

El autor del diario da unos repasos a las novelas históricas y a los best seller; a los periódicos, "los periódicos son unos sitios en los que las historias van perdiendo interés con el paso del tiempo." (pag. 37). No se olvida, por su puesto, de los periodistas: "me ha sorprendido lo diícil que es hablar con los periodistas (pag. 38); unos tipos que pueden ser muy agresivos, pero donde hay de todo: " El tío ha borrado de un plumazo la idea que tenía de los periodistas. Unocs capullos engreídos que van a las tertulias de la radio a hablar de cosas de las que no tienen ni puta idea y que parecen el Oráculo de Delfos". (pag. 40).

Por la novela desfilan personajes que pueden estar basados en la vida real: un director de periódico muy poderoso; una pareja que entra en el despacho de éste siendo malos y salen siendo buenos; un juez loco rojo…

Y más allá de alguna visita a un prostíbulo, por motivos de trabajo, no olvido una escena repleta de erotismo con una profesora de inglés; más allá de los recuerdos con Teresa, una amiga de infancia del autor del diario. Y por su puesto la presencia de esa mujer pelirroja, cuando nos acercamos al final, todo un homenaje a lo que representa la mujer de Roger Rabbit.

Con este video os lo recuerdo:

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viernes, 15 de enero de 2010

El conductor del rayo rojo

De pequeño tuvo una querencía nada anormal por los coches de juguete, fue en el servicio militar donde se maleó, donde empezó a trastear con todo tipo de vehículos. Y tenía buena mano, que era capaz de hacer giros imposibles y, casi como se narra en Doble Cero, una magnífica novela de Pascual García, llevar a cabo persecuciones desde delante. Claro, eran los tiempos de un comando Madrid que andaba reventando nucas a militares y soldaditos por doquier. Y él, con tal de conducir, llevaba coroneles, o los buitres que fueran necesarios.

La larga mili se tradujo en miles de kilómetros recorridos y una necesidad imperiosa de quemar embrague. A estas cosas se suele llegar desde pequeñito, por la pesadez del padre adinerado, o porque se han robado coches desde la infancia en el barrio. Pero nuestro tipo, ni por una cosa, ni por la otra. En dos años se sabía los trucos de cualquier robacoches o de cualquier caprichoso de los automóviles. Trucos como la disposición de los pulgares en el volante, sin asirlo con el efecto pinza para que, en caso de golpe trasero o frenazo, no se le descoyuntaran.

Seis meses después de que en el ejército le dieran la blanca (con un valor supuesto, que no demostrado, a pesar de jugar cada día con la muerte) estaba introducido en los círculos de los Rallies al nivel de Charlie Sainz; y en el merodeo de la Formula 1 compadreando con Frenando Alfonso. Tuvo increíbles ofertas que no le convencieron ¡porque tenía que hacer no sé qué otras cosas además de conducir! Mire usted que tontería.

No podía evitarlo. Era algo superior a él. El volante era su vida. Su mayor placer era perderse por autovías, carreteras secundarias y caminos de tierra en su utilitario. El problema era pagar la gasolina y el otro vicio: comer. Así que, tras la experiencia competitiva, se compró un elegante traje negro y se dedicó a trasladar de un sitio a otro, en lujosos automóviles negros, a personalidades y gentes del famoseo. Una empresa de eventos le contrataba cuando eran necesarios sus servicios. Y eso en Madrid, era casi cada día. Su coche siempre a punto. Él, perfecto. Si la Madonna de turno quería charla, daba charla. Y si la cosa iba a mayores…, pues, lo que hiciera falta, pero sin perder la dignidad.

Era un todoterreno del volante, pero no le quedaba tiempo para disfrutar de su utilitario, por lo que en un cambio de rumbo vital aprobó un exámen y se hizo conductor de la EMT de una ciudad de la periferia de Madrid. Los viajeros agradecían la suavidad de las frenadas, la espera en las paradas, que recuperaba ese tiempo perdido en un momento. Pero terminó cansándose de llevar un autobús que no le llevaba a ninguna parte. Un autobús en el que hacía calor en verano y frío en invierno, circunstancias ámbas evitables con algunos ajustes.

La oportunidad surgió. Un amigo le ofrecía un viejo autocar para llevar a una plantilla de trabajadores y trabajadoras, durante cuatro años, de su lugar de residencia, en un pueblecito de Toledo, a una fábrica en un polígono de Madrid. Eran treinta y cinco personas que desarrollaban diversas actividades de escasa cualificación. Nuestro conductor estaba encantado de llevar y traer gente de la suya: trabajadores y trabajadoras por la estepa manchega.

El autocar estaba algo achacoso. Durante dos meses planeó mejoras: lo pintaría de blanco con una larga línea, a modo de relámpago rojo (el rojo era su colory el de su clase). Quitaría los ceniceros, que estaba prohibido fumar y en ese espacio insertaría pantallas de cristal líquido con acceso directo a Internet y entrada a cuatro canales de música diferente y posibiildad de sintonizar emisoras de radio. El objetivo: un viaje cómodo en el que poder escuchar, dormir, navegar… durante la hora y cuarto que duraba el traslado de la ida y la hora y cuarto de la vuelta.

Cada fin de semana lo invertía en dibujar sus ideas y durante dos meses iba comentandolas con la plantilla, que asentía entre debates futbolísticos, de tenis, de baloncesto…

Por fin llegó el gran día. Un domingo por la tarde salía del taller la envidia de los autocares redecorados. Brillante, luminoso. El lunes su clientela subiría a un remozado autocar. Pero no hubo muchos comentarios al respecto, más allá de los parabienes de tres auxiliares administrativas. Era lunes y el asunto era el fútbol.

Durante una semana otros conductores le felicitaban por su obra, muchos trabajadores envidiaban no poder viajar en ese autocar. Dos semanas después, por fin, empezó a haber reacciones. Javi, un líder nato, lanzó su primer comentario: "¿No te parece que la línea esta roja que has pintado es demasiado gruesa? Yo soy del Madrid y esto parece un bus del Atlético. No sé yo si no me gustaba más el color de antes. Ese negro oscuro mate nos daba seriedad. YAtaulfo, "yo creo que no. Que lo que es esto es demasiado blanco y hacen falta más rayas rojas. Que esto parece el bus del Real Madrid. Y yo soy del Atleti. Aunque, no sé yo si no me gustaba más el color de antes. Ese negro oscuro mate nos daba seriedad. El cambio este ha sido demasiado radical".

José Manuel fue algo más lejos: "Yo lo que hecho en falta son los ceniceros. A mí me venía muy bien para meter los mocos semisecos que no permiten que se les dé forma. Al fin y al cabo, el Internés yo no lo miro". Conforme avanzaban los días, las críticas se extendieron, eso sí, con toda educación, a la forma de conducir de nuestro experto. Que si yo cambiaría antes de marcha, que si lo más recomendable era el doble embrague, que si para salir de la curva, que si tal, que si cual.

Sólo los lunes, que el fútbol era el objeto de los especializados análisis de la plantilla, las críticas a la remodelación se calmaba. Nuestro hombre, tranquilo por naturaleza, no encontraba explicación a lo que allí había ocurrido. Su trabajo consistía en que aquellos trabajadores y trabajadoras fueran trasladados de sus casas al polígono y viceversa y él se había apasionado con la idea de que el trayecto fuera más llevadero. El exceso de celo había hecho que, ahora, treinta y cinco personas pusieran en duda su profesionalidad. Él, que podía haber ocupado el puesto de Frenando Alfonso o Charlie Sainz, era cuestionado porque no cambiaba a tiempo de marcha entre un grupo de personas entre los que mayoritariamente no tenían licencia ni para conducir ciclomotores.

Aquel miércoles, algo agotado de escuchar opiniones y consejos, varió la ruta y se dirigió a la pista de carreras ante el asombro y los gritos del personal, que veía que no llegaban a tiempo al trabajo. El vigilante de la pista saludó sumiso a nuestro conductor que dirigió a la recta de salida el autocar. Las revoluciones subieron hasta el infinito y más allá, mientras el freno de mano se mantenía. Primera marcha y…, el autocar fue un precioso relámpago rojo que casi volaba sobre el asfalto: 120, 140, 160…, 200 kilómetros por hora. 210 y a tomar una curva a la izquierda. Un derrapaje perfecto. Imposible mantener la estabilidad de ese rayo con tanta precisión. En el interior, un silencio de pánico lo inundaba todo.

Más y más curvas y al final, de nuevo la recta. Un bocinazo y un suave pero rotundo frenazo.

Nuestro hombre sacó las llaves del contacto, hizo solemne entrega de éstas a Javi, Ataulfo y José Manuel, y tomó su utilitario rumbo a las montañas.

Aquella mañana no llegaron al trabajo. Tuvieron que ir a rescatarles con un viejo autocar negro oscuro mate. Eso sí. ¡Mucho más serio! ¡Dónde iba a parar!


En la lejanía, la música en el utilitario de nuestro hombre ensordecía con su tema preferido.

Éste:

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domingo, 10 de enero de 2010

jueves, 7 de enero de 2010

La vida es un cabaret

Con este tiempo que hace por Madrid me he pasado por el apartamento en París (sí, este de aquí) y me he encontrado con una maravillosa entrada, en parte sugerida hace pocas semanas. Una entrada encabezada por un magnífico retrato de Sally, o sea, el personaje interpretado por Liza Minnelli en Cabaret. Que yo tardé años, creo que no lo he logrado totalmente, en lograr desencasillar a Liza Minnelli del personaje. Y luego una foto que me evoca directamente a la primera vez que vi la peli, en un cine de barrio (que no era mi barrio). En el Canciller, creo recordar, programa doble del sábado. Donde podías ver películas para mayores de 18 años aunque no los tuvieras. Yo creo que, si la peli es del 72, debió ser una reposición veraniega, pero esa es otra historia.

Cabaret es la mejor película musical de la historia, entre otras cosas, porque yo creo que me quedé adolescentemente prendado de Liza Minnelli, o de Sally. No lo sé. Me impactó el cabaret berlinés con su humo y sus personajes. Las mujeres de la banda. Me impactó el jersey azul de Bryan Roberts, que interpretaba el personaje de Michael York, de tal modo, que siempre he buscado jersey de ese tono y diseño (esto se puede documentar con la foto de mi perfil). Me impactaron las uñas verdes de mujer "sofisticada" de Sally, o de Lizza. No lo sé. Y tanto me impactó la despedida en la estación de ella, levantando la mano, sin mirar atrás, que acostumbro a despedirme de esta manera en muchas ocasiones. ¡Caray!, de estas cosas-manía me estoy dando cuenta ahora.

En aquel primer visionado creo que me quedé con esos detalles, pero fundamentalmente con las actuaciones musicales del cabaret y en particular con las ligas de Liza, o de Sally. No sé.

Luego volví a verla y descubrí una de las más impactantes escenas musicales que yo recuerde. Es el momento en que el joven aprendiz de nazi, un lobo con piel de cordero entona el Tomorrow belongs to me. Una preciosa canción, más allá de su repugnante significado, que hace que, en poco más de tres minutos, concluyamos cómo triunfó la visceralidad del mensaje del nacionalsocialismo. Todos, absolutamente todos y todas van uniéndose a la marcha, excepto un viejo de gafas redondas y el propio protagonista Michael York y Maximilian, el bisexual amigo de éste y de Sally, o Liza. No sé. Esta escena estuvo censurada en Alemania durante la década de los setenta, por cierto. Puedes recordarla pinchando aquí. Que merece la pena.

Y como podríamos plantear hoy mismo, la vida que es el cabaret nos presenta dos mundos paralelos: el propio cabaret y la realidad que se vive en la calle con el avance del nazismo. Esa misma sensación, similar mejor, me la encontré en Los rebeldes del swing (Swing kids), una peli del año 93 que a mí me encanta y narra una de esas historias bastante desconocidas: la represión que padecieron los jóvenes amantes del swing en la Alemania nazi, llegando a llenar un par de campos de concentración. El trailer lo ves aquí.

En fin, Cabaret es una de las pelis más completas tanto por sus números musicales, como por cómo narra la historia de amor que narra en aquel oscuro y desasosegante momento histórico ("si todos los judíos son banqueros, ¿cómo pueden ser también comunistas?") Os pongo, al igual que he visto en el Apartamento en París la tremenda y emotiva interpretación final de Cabaret, que sigue poniendo los pelos de punta. La vida es un cabaret, ven al cabaret:




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martes, 5 de enero de 2010

Los magos, los reyes magos y sus publicistas: Tertuliano y Orígenes

¿Cómo es posible que la Iglesia, inventora de la Inquisición, celebre que tres magos fueron a adorar al niño Jesús? Joé, pero si a los magos y a las brujas hay que quemarlos. Vamos, que a los magos y a las brujas los quemaban, sin embargo, estos tres, anduvieron por Belén con patente de corso.

Y es que, más allá de que los reyes magos existan y vengan esta noche a las casas a dejarnos regalos o carbón, lo de estos tres es de traca, de trío la la la, de tres eran tres… Andaba yo ayer por la calle Mayor y me metí en una librería muy de asuntos madrileños. Con la excusa de mirar libros pues estuve guareciéndome de la lluvia un buen rato. Allí vi algunos ejemplares sobre la celebración de la Navidad en Madrid desde tiempos remotos y sobre curiosidades de estas fechas. Luego me picó la curiosidad y ya me pasé horas de un libro a otro indagando sobre los tres magos, que además eran reyes y que compiten en España con Papá Noel.

El único que cita a los reyes magos en los evangelios fue Mateo, y apenas dejó pistas. Es más, en ningún momento dice que fueran reyes, ni que fueran tres. Lo que dijo está escrito en Mateo 2, 1-12. Pincha aquí y lo lees. Verás que habla, simplemente, de "unos magos". Con estas pistas, ni el CSI. En los primeros siglos de cristiandad siempre se hablaba de un número indeterminado de magos. En las primeras representaciones (de esto tiene que saber Iconos Medievales) se pintaban dos, cuatro, media docena…Para la Iglesia Siria y Armenia eran 12, como los apóstoles o como simbolismo de las 12 tribus de Israel. Pero agarrate, que para la Iglesia copta eran setenta, de los que tenía a bastantes lo suficientemente ubicados como para darles nombre.

Y como en estas cosas de la Iglesia suele ocurrir, en el siglo III, un teólogo cristiano con el curioso nombre de Orígenes se empecinó en que, por sus santos hábitos, los magos (ojo, que todavía no eran reyes) eran tres. Y punto. Y a partir del siglo IV la cosa cuajó.

También a mediados del siglo III surgió la segunda ocurrencia. Fue cosa de un abogado y teólogo cartagines: don Quinto Septimio Florencio Tertuliano. Esta ocurrencia calma mi ansiedad, surgida por la cosa de que tres magos, en vez de condenados, fueran protagonistas principales en el nacimiento de Jesús. La cosa evidentementeno cuadraba. Tres magos…, no podía ser. No se puede poner al zorro a guardar las gallinas. En realidad cuando hablamos de magos nos referimos a astrólogos, que mogu en persa significa astrólogo. Pero para el caso era lo mismo, que la Iglesia también quemaba astrólogos, y astrónomos y lo que se le puesiese (o ponga) por delante.

Tan astrólogos eran los magos que al principio se les representaba con el gorro frigio típico de los sacerdotes-astrólogos del dios persa Mitra. Posteriormente este gorro ha sido símbolo de la libertad, de la república francesa (y de la española), de la masonería incluso. La ilustración que pongo es un mosaico de San Apollinaire (Ravena), del siglo VI. Como vemos, los reyes magos conservan aún en ese siglo su ropaje persa y los gorros frigios.

Pero volvamos a Tertuliano. Que lo de este hombre fue de Pedro J. Un día, de buenas primeras, se le ocurrió decir solemnemente: "Nam et Magos reges habuit fore Oriens". Y como no tengo a mano a la sita Esperanza (mi profa de latín de hace unos lustros), pues me copio. Tertuliano se inventó una exclusiva de primera página de periódico amarillo: "Se ha sostenido que los Magos eran reyes de Oriente". El único argumento para sostener esto no era ni el Titadine ni la Orquesta Mondragón, sino un Salmo sacado de contexto a modo de profecía en el que se mencionaba a los reyes de Tarsis y los soberanos de Seba y Saba. Esto de aquí. Total que coló lo de los reyes y empezaron a pintarles la coronita.

Lo de los nombres es otra movida.En el siglo IX en el Liber Pontificalis de Ravena se menciona a Bithisarea, Melichior y Gathaspa, aunque tres siglos antes, en el mosaico de los gorros frigios de arriba ya aparecen los nombres de Baltasar, Melchior y Gaspar (en la parte de arriba, que está cortada la imagen). Tres nombres que cuajaron más que otros que también se les daba como: Apellicon, Amerim y Serakin, entre los griegos; Kagpha, Badadilma y Badadakharida, en Siria; Ator, Sater y Paratoras en Etiopía…

Y otra cosa. Si nos fijamos en el mosaico… ¡Aagggh! ¡No hay rey negro! Y es que hasta el siglo XVI no se decidió que Baltasar fuera negro. En aquella centuria, a la Iglesia católica en otro alarde manipulador, pues le interesó que hubiera un negro para identificar a los tres magos, bueno ya sí reyes magos, con los tres hijos de Noé: Sem, Cam y Jafet, representantes de las tres partes del mundo y las tres razas humanas que lo poblaban en aquellos días. Así, Melchor = Jafet = europeos; Gaspar = Sem = semitas de Asia; Baltasar = Cam = africanos. Esto viene muy bien para los crucigramas.

Pero ¡Aaaaagh! Se acababa de descubrir América y la Iglesia se plantea representar a los habitantes de la nueva tierra. Pero un hubo forma. ¡Ahora iban a poner un cuarto rey! ¡Ahora iba a tener que tener un cuarto hijo Noé! Ni de coña. Se intentó acabar con Baltasar y poner un indio y así se hizo en algún cuadro (Retablo del Altar de los Reyes Magos de la catedral de Hale, de Hangs Baldung), pero no tuvo éxito el invento, no.

Luego la cosa se lió y la mezcla de católico y español hizo que a mediados del XIX (con la incipiente industrialización) los tres reyes magos de oriente empezaran a dejar regalos en casas de los niños y las niñas españolas. Fundamentalmente por competir contra alguien, que la bronca es extrema contra Papá Noel, en realidad otro otro cristiano: San Nicolás también reconvertido de tradiciones paganas. Eso sí, de la Iglesia de Oriente. El rollo es que sales de España y, salvo algún país latinoamericano, los reyes magos no suelen parar. Pero bueno, la tradición de hacer regalos en invierno, costumbre ancestral previa al cristianismo la cumplimos de una forma u otra. Quizá con exceso consumista, pero esa es otra historia.

Lo que espero es que no tuvieran razón los coptos, porque como tengan que pasar por casa setenta magos, lo llevamos chungo. Aunque, quien más quien menos se sabe la verdad de los reyes magos. Si dudas lo puedes ver aquí. No te traumatices, por favor.

Además de recomendaros la entrada de mi amigo Crespo que puedes leer aquí, os invito a ver cómo realmente debió ser la cosa de la llegada de los magos. Merece la pena:

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El erizo

Ocurrió el año pasado. En realidad hará cosa de tres meses. O menos. Una amiga me decía que si podía prestarle el libro La elegancia del erizo, que comenté tras haberlo leído en verano. Con prestancia realicé el prestamo sin ponerle fecha de caducidad. A pesar, incluso, de llevar algún subrayado que puede poner en evidencia alguna característica de mi oscura personalidad. Me advirtió mi amiga que era lenta lectora, que primero lee un libro y luego otro y luego otro. Era cierto. Han estrenado la peli El erizo, basada en el best seller, y no tengo noticia del libro. ¡Caray!, ni de mi amiga. Que es peor. Claro, que el libro anda por ahí con subrayados…

Vi la peli hace ya unos días, y ahí estaba, madurando en mi cabeza, en el archivo "Cine", subcarpeta "película basada en libro leído" cuando me encuentro con una entrada en el blog de una mujer a la que sigo (en la cosa esta de los blogs), dedicada a la peli. Claro, dejé un comentario de estos espontaneos y viscerales. Y me di cuenta que necesitaba a alguien que dijera algo que me resultara interesante para arrancarme. Así que traicionando a La vida desde el lago, dejé un personal rollo en Talento Diferencial.

El problema es que leí el libro. Y, a pesar de ser un best-seller, me gustó. Lo devoré, pero también lo saboreé. Releí varias reflexiones y monólogos que, lógicamente, en la peli no cabían.

Cuando leemos un libro lo hacemos nuestro. Interiorizamos la historia, las descripciones y los personajes. A estos les damos nuestra voz interior y saboreamos la historia basándonos en nuestra experiencia. En nuestras experiencias y nuestra imaginación. Me sorprendió de la película que los personajes se parecían muchísimo a lo que yo había imaginado en el libro. Por no destripar nada diré que interioricé de manera diferente la relación final entre René y Ozu.

A mí me gusta esa relación estética, intelectual. Esa relación que permite que dos seres hablen, con palabras o sin ellas, sobre las emociones o no emociones que reciben al ver un cuadro, leer un libro, escuchar una música, ver una película o degustar sushi. Incluso a desarrollar una postura de pilates o yoga; o una jugada de fútbol. Quizá esto lo he descubierto hace relativamente poco. En unos días en que decidí virar lentamente a estribor, aprovechando las mareas y el rular del viento. Un virar que, como plantea el libro hace que intenté cada día pensar el futuro para que cada día sea imperecedero.

En la peli, efectivamente se da una mayor relevancia a la máxima de Tolstoi. "las familias felices son todas iguales; las familias infelices lo son cada una a su manera". Y a través de Tolstói "la autora vincula la vida interior de los libros con el mundo exterior y a Reneé con el nuevo protagonista de la historia: un japonés mundano en el mejor sentido, arquetipo del movimiento, para descubrir lo oculto y la belleza detrás de las apariencias", que dice Mamolar.

La peli, con evidente aroma francés que a tantos denigra pero que a mí me agrada, es muy digna y utiliza interesantes recursos para no traicionar la obra en la que se inspira. Eso sí, al negro sobre blanco se le saca mayor sustancia. Y evocando a Manolo Escobar, ¿dónde estará mi libro?

Ahí os pongo el trailer en español:



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