Blog de Alfonso Roldán Panadero

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En las fronteras hay vida y tuve la suerte de nacer en la frontera que une el verano y el otoño, un 22 de septiembre, casi 23 de un cercano 1965. En la infancia me planteé ser torero, bombero (no bombero torero), futbolista (porque implicaba hacer muchas carreras), cura (porque se dedicaban a vagar por la vida y no sabía lo de la castidad...) Luego, me planteé ser detective privado, pero en realidad lo que me gustaba era ser actor. Por todo ello, acabé haciéndome periodista. Y ahí ando, juntando palabras. Eso sí, perplejo por la evolución o involución de esta profesión. Alfonso Mauricio Roldán Panadero

martes, 17 de mayo de 2016

Idoia Armendáriz Trabajadora de Coca Cola en Fuenlabrada

Espachurrando una lata mientras la fotografía @frlorente

“No nos tienen trabajando, sino entretenidos tirando producto caducado y separando tapón, botella y etiqueta. También nos mandan a seleccionar vidrio y agrupar botellas. Un área rudimentaria, insalubre, manual”


Aunque se instaló en Pinto con ocho años, no puede negar que nació en Bilbao, en el popular barrio de Santutxu. Las circunstancias laborales familiares la convirtieron en una pinteña del mismo Bilbao que decidió convertirse en técnico de laboratorio. A partir de los 17 años compatibiliza estudios y trabajos en diferentes empresas del sector del metal, hasta que en 2006 comienza en la planta fuenlabreña de Coca Cola.
Tras dos años trabajando como eventual, en 2008 es contratada como indefinida. Se convertía así en la segunda mujer que entró en el área industrial en la planta de Fuenlabrada. En 2013 la plantilla total de esta fábrica la conformaban 586 hombres y diez mujeres. En la actualidad quedan 154 hombres y cuatro mujeres, una de ellas administrativa.


Hasta que llegó el ERE, Idoia era oficial de calidad y medio ambiente y trabajaba a turnos de mañana, tarde y noche. A grandes rasgos, su labor consistía en verificar la calidad, desde la materia prima hasta el producto finalizado. En el laboratorio realizaba ensayos físicos, químicos, de microbiología, etcétera.

En aquel tiempo, no tan lejano, rememora Idoia: “me sentía valorada y querida por la empresa; realizaba mi trabajo lo mejor que podía; en unas condiciones y un ambiente de trabajo óptimo. Me sentía desarrollada laboral y personalmente. Estaba enamorada de mi trabajo.”

Todo iba bien hasta que en enero de 2014 llegó el ERE. Fue como una bomba: “por la mañana, a las seis y media, firmamos el convenio y por la tarde nos dicen que nos cierran. Para más desconcierto, la empresa acababa de invertir 10 millones de euros en la tecnología más moderna”. De la noche a la mañana la vida de cientos de familias da un giro radical y comienza la pesadilla. “Es muy difícil explicar los sentimientos de aquella noche”, explica Idoia emocionada: “me rompieron la cabeza y el corazón…”

A partir de ese momento comienzan las asambleas en los pasillos y la movilización de la mano del comité de empresa de CCOO. Los recuerdos de Idoia se amontonan: “fueron días caóticos, de incertidumbre, llenos de tensión. Antes de comenzar la huelga, la empresa nos obligaba a estar en la fábrica, éramos como fantasmas, el vacío recorría cada rincón”.

Movilización y unidad

Cuando se obtienen los permisos para iniciar la huelga, ésta es secundada por toda la plantilla. La respuesta de la empresa es intentar negociar individualmente con unas condiciones espantosas, “traslados a Barcelona o Málaga sin garantizar los puestos de trabajo, ni salarios, ni nada de nada. Nuestra respuesta fue clara: organización, movilización, concienciación y boicot contra el abuso de la multinacional”, explica Idoia, “y ante el veto de los medios de comunicación repartimos octavillas, activamos redes sociales y aplicamos el boca a oído para explicar la realidad de lo que sucedía”.

Paralelamente fue surgiendo de una forma natural y espontanea el campamento de la dignidad a las puertas de la fábrica. Y comienza la batalla legal encabezada por los servicios jurídicos de CCOO. En junio de 2014, la Audiencia Nacional declara el ERE nulo y la empresa es obligada a readmitir a toda la plantilla. “La empresa se negó a cumplir la sentencia y nos  tuvo cinco meses sin cobrar prestaciones para desgastarnos y hacer daño” y en abril de 2015 el ERE vuelve a ser declarado nulo, ahora por el Tribunal Supremo.
Pillados por Juan Carlos Asenjo.

En septiembre de 2015 la plantilla comienza a entrar en la fábrica. El 22 de noviembre es la fecha en la que la empresa permite a Idoia acceder pero como “moza de almacén” y se sorprendieron porque “al entrar vimos que la fábrica estaba partida en dos y nos niegan la entrada a lo que llamamos zona negra porque la estaban desmontando para llevársela”.

La situación es tan surrealista como que a los trabajadores de mantenimiento les hacen cambiar los rollos de papel higiénico, “no nos tienen trabajando, sino entretenidos tirando producto caducado y separando tapón, botella y etiqueta. También nos mandan a seleccionar vidrio y agrupar botellas. Un área rudimentaria, insalubre, manual…”


Con todo, la inspección de trabajo anduvo por la planta para ver la carga de trabajo y las condiciones. Según Idoia, “el inspector estaba sobrecogido…”


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