Blog de Alfonso Roldán Panadero

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En las fronteras hay vida y tuve la suerte de nacer en la frontera que une el verano y el otoño, un 22 de septiembre, casi 23 de un cercano 1965. En la infancia me planteé ser torero, bombero (no bombero torero), futbolista (porque implicaba hacer muchas carreras), cura (porque se dedicaban a vagar por la vida y no sabía lo de la castidad...) Luego, me planteé ser detective privado, pero en realidad lo que me gustaba era ser actor. Por todo ello, acabé haciéndome periodista. Y ahí ando, juntando palabras. Eso sí, perplejo por la evolución o involución de esta profesión. Alfonso Mauricio Roldán Panadero
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miércoles, 11 de noviembre de 2009

Elogio de los gusanos de seda / Cantigas de santa María

Me encontré en la entrada de ayer el comentario de una bloguera cuyo blog admiro. Fue poco cariñosa con los gusanos de seda. Ya sé que un gusano de seda no es un osito de peluche, pero estos bichitos siempre me han caído simpáticos porque los relaciono con mi infancia.

No podemos olvidar la deuda que con los asiáticos tenemos los occidentales. Y las vueltas que da la vida... En un principio les saqueamos y nos trajimos los gusanos de seda para producir ese preciado producto en nuestras tierras y así, que la cosa de hacer trajes esplendorosos nos saliera más barata. Pero al final se ha dado la vuelta a la tortilla y los empresarios occidentales textiles se cabrean con los asiáticos porque fabrican ropa y calzado mucho más barato de lo que se hace aquí…

Con el trajín, los pobres gusanos de seda, que son unos bichos muy exquisitos, sólo pueden sobrevivir en cautividad y devorando exquisitas hojas de morera.

El gusano de seda, para mí, es a los gusanos como Copito de nieve lo era a los monos. Blanco y delicado, aunque si te fijabas, feo como un pie feo. En mi infancia eran las mascotas que surgían a los pocos días de que las moreras brotaran. Los gusanos, no los monos.

En esos días en blanco y negro, las cajas de zapatos vacías se poblaban de gusanos blancos, algunos con rayas negras. Cajas agujereadas en sus taparedas para que los animalillos "pudieran respirar". El agobio principal era encontrar el preciado alimento. Había que localizar árboles que dieran morera y luego, alcanzar hasta las hojas para cortarlas. Y ellos devoraban, engullían dejando las hojas de morera en nada.

Yo me podía pasar horas (bueno, mucho tiempo), viendo como tragaban la morera; como, a ratos, se quedaban medio atontados mirando al cielo; como buscaban el lugar adecuado de la caja para construir el capullo amarillo chillón; como de ahí surgía una horrorosa mariposa de alas rotas; como se apareaban, que era lo más porno, junto al patinaje artístico, que se podía ver en aquella época. Y finalmente, como aquellas mariposas de alas rotas ponían decenas de huevos perfectamente colocados.

Nunca supe si las mariposas resultantes de esa metamorfosis se morían porque cumplían el ciclo o, simplemente, porque no las echaba de comer ni morera, ni filetes de ternera, que cualquiera sabe con la naturaleza. Pero, ciertamente, después de salir del capullo, después de las orgías que se montaban y después de pariri todo lo que parían no quedaban con muy buen aspecto.

Y sí, recuerdo con cariño esos tiempos en que los gusanos de seda eran compañeros de ratos muertos. Porque antes, los niños teníamos tiempo hasta para aburrirnos. ¡Qué placer!

Supongo que a Ana le gustará este final con las cantigas de Santa María, con los gusanos de seda como protagonistas:

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La letra:

Por nos de dulta tirar

- Cantiga 18 -

Esta é como Santa Maria fez fazer aos babous
que crian a seda duas toucas, porque a dona que os guardava
lle prometera ha e non lla dera.


Por nos de dulta tirar,
praz a Santa Maria
de seus miragres mostrar
fremosos cada dia.

E por nos fazer veer
sa apostura,
gran miragre foi fazerlo
en Estremadura,
en Segovia, u morar
ha dona soya,
que muito sirgo criar
en ssa casa fazia.
Por nos de dulta tirar,
praz a Santa Maria
de seus miragres mostrar
fremosos cada dia.

Porque os babous perdeu
e ouve pouca
seda, poren prometeu
dar ha touca
per' a omagen onrrar
que no altar siia
da Virgen que non á par,
en que muito criya.
Por nos de dulta tirar,
praz a Santa Maria
de seus miragres mostrar
fremosos cada dia.

Pois que a promessa fez,
senpre creceron
os babous ben dessa vez
e non morreron;
mas a dona con vagar
grande que y prendia,
d' a touca da seda dar
senpre ll' escaecia.
Por nos de dulta tirar,
praz a Santa Maria
de seus miragres mostrar
fremosos cada dia.

Onde ll' avo assi
ena gran festa
d' Agosto, que vo y
con mui gran sesta
ant' a omagen orar;
e ali u jazia
a prezes, foi-lle nenbrar
a touca que devia.
Por nos de dulta tirar,
praz a Santa Maria
de seus miragres mostrar
fremosos cada dia.

Chorando de coraçon
foi-sse correndo
a casa, e viu enton
estar fazendo
os bischocos e obrar
na touca a perfia,
e começou a chorar
con mui grand' alegria.
Por nos de dulta tirar,
praz a Santa Maria
de seus miragres mostrar
fremosos cada dia.

E pois que assi chorou,
meteu ben mentes
na touca; des i chamou
muitas das gentes
y, que vessen parar
mentes como sabia
a Madre de Deus lavrar
per santa maestria.
Por nos de dulta tirar,
praz a Santa Maria
de seus miragres mostrar
fremosos cada dia.

As gentes, con gran sabor,
quand' est' oyron
dando aa Madre loor
de Deus, sayron
aas ruas braadar,
dizendo: «Via, via
o gran miragre catar
que fez a que nos guia.»
Por nos de dulta tirar,
praz a Santa Maria
de seus miragres mostrar
fremosos cada dia.

Un e un, e dous e dous
log' y veron;
ontre tanto os babous
outra fezeron
touca, per que fossen par,
que se alguen queria
a ha delas levar,
a outra leixaria.
Por nos de dulta tirar,
praz a Santa Maria
de seus miragres mostrar
fremosos cada dia.

Poren don Affons' el Rei
na ssa capela
trage, per quant' apres' ei,
end' a mais bela,
que faz nas festas sacar
por toller eregia
dos que na Virgen dultar
van per sa gran folia.
Por nos de dulta tirar,
praz a Santa Maria
de seus miragres mostrar
fremosos cada dia.

martes, 27 de octubre de 2009

Fundido en negro (y 2) / una pregunta pendiente

En mi modesta opinión, la última novela de Germán Temprano rezuma pesimismo (él mismo reconoce que no es un guiónpara el Club de la Comedia), aunque asegura que la sensación final no lo es tanto. Es una novela de miedos, de desamor, de incomunicación, de desaliento y angustia; de personajes deleznables hasta después de muertos. Mendigos, prostitutas, chaperos, criadas y porteros sin ninguna conciencia de clase, burgueses a los que el dinero no les da la felicidad. Todo se interrelaciona en esta obra en la que la imagen y la recreación en las descripciones convierten muchos fragmentos en auténtico libreto teatral. "Un fundido en negro. Un pitido prolongado e intenso. Un pitido molesto, como de radio mal sintonizada. Sólo la muerte te libera del miedo a morir. Del aburrimiento incompatible con la vida…"

O sea, que la muerte se pasea por las páginas de Fundido en negro a sus anchas. Y es que, no en vano, para su autor "la muerte es lo más socialista que hay, porque nos iguala a todos". Pero Germán destaca otros asuntos de la historia: "en la novela hablo del miedo, de gente que parece tenerlo todo pero que es infeliz en la vida. También de la soledad, del paso del tiempo, de la vida: no es lo mismo respirar que estar vivo".

Y todo ello, con un listado de personajes, que, no son un dechado de virtudes precisamente. Todos ellos son víctimas de la indiferencia y lo que hace Germán es denunciar a esos tipos que no quieren adaptarse al paso del tiempo, a aquellos que tienen un amor de manual hacia sus hijos; que sin capacidad de amar se complican la existencia. Y los denuncia hasta después de muertos: "No me creo que porque una persona muera deje de ser deleznable", espeta. Bueno, sí hay un personaje que se libra, Lobo, un perro. Y es que Germán tiene perro y aunque la novela no sea en absoluto autobiógrafica sí m parece a mí que coincide con el personaje principal, Marco, en que vale más la vida de una perro que la de un camello.

Y más allá de la historia, Germán, que reniega de los círculos literarios, demuestra que le gusta cuidar el lenguaje con metáforas, adjetivaciones, cuidadas descripciones... Tiene un estilo casi pasado de moda, pero él argumenta, "creo que la literatura es algo más que contar historias, también supone contar sensaciones". Y vaya si las hay en Fundido en negro

Y como no quiero reventar finales no sigo. Si acaso recordar que mañana (bueno, el miércoles 28 de octubre, a las 17:00 horas nuestro autor estará contestando preguntas en un encuentro digital en elmundo.es). Seguramente a esa hora no voy a estar conectado, pero sí me ha quedado una pregunta en el tintero. Por favor, si alguien se la puede hacer por mí: ¿desde cuándo sabías, Germán, el final de la novela?: ¿desde el principio, a mediados o te sobrevino?

Yo recomiendo que este libro no se lea en el Metro ni en el bus. Ni en el Cercanías. Recomiendo que sea lea de un tirón en el sillón de casa. Y deseo que mi amiga, nuestra amiga, Ana Manzano lo termine, que se trae un lío de amores medievales en su blog, que es para verlo. Quizá hasta sirva para generar más debate del que tiene montado.
Y ante el desastre surgido desde Alcorcón, sólo me queda consolar a Temprano con este video, aunque sin Miguel Poveda.:


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jueves, 28 de mayo de 2009

Retiro, mis ojos te siguen viendo

Allí he sido y soy capitán de barco, remero del Volga, ciclista como Eddy Merk, futbolista como Camacho, jugador de baseball, maratoniano, aventurero, mimo, fotógrafo, reivindicativo, biólogo, amigo de mis amigos, aprendiz de amante, pellero, acompañante de Baroja, hijo paseante, padre paseante, lector, me he sentido monarca y me he sentido plebeyo. El Retiro es más que un pulmón, es corazón y alma de los madrileños. Desde la Primera, en 1868, la Gloriosa. En Madrid, siempre las revoluciones han conllevado apertura de parques para el pueblo.

He visto la entrada de mi amiga Ana en su blog. Rememora su Cantabria de infancia y adolescencia, habla de cómo "la primera vez que te vi, mis ojos no te vieron" refiriéndose a las obras de arte, las iglesias románicas, que salpican su tierra.

Esa infancia y adolescencia ha evocado la mía. En el centro de Madrid, rodeado de asfalto y trajín, mis ojos buscaban el Retiro, veían el Retiro. Y lo siguen viendo. Ese Retiro era enorme, que hasta te podías perder... Su Cantábrico era el lago; su Peña Vieja, la montaña artificial; su palacio de ensueño el Palacio de Cristal. ¿Pero dónde si no, hay una estatua dedicada al demonio? Y allí, para cuatro siglos, un ciprés calvo, el más viejo árbol de la capital es testigo de las alegrías y las penas de la ciudad.


En primavera revienta el verde de los árboles, el azul del cielo y el rojo de la rosaleda; en otoño te puedes bañar en miles de hojas secas, rodeado de marrones; impresionante los inviernos de nieve, se convierte en la Estepa; y hasta en los tórridos veranos hay secretas corrientes de aire y paseos absolutamente sombreados.

Los fines de semana, los alrededores del embarcadero son bullicio de artistas callejeros, titiriteros, magos, humoristas, payasos, nñas, niños, patines y bicicletas; cerveza con patatas fritas o pipas y agua de la fuente; helados y barquillos; brujas, lectores de tarot, gitanas con romero de la suerte y la buenaventura, vendedores de pulseras, caricaturistas y banda municipal a las 12 los domingos. A las 9, en calma, un suave y melancólico saxo y "My way". Amantes a escondidas y amores proclamados.

Yo, en secreto, un par de veces a la semana piso su tierra, miro su mar, saludo al ciprés calvo. Y ahora me hacen pasillo las simpáticas esculturas de Ripollés. Y recomiendo la exposición en la Casa de Vacas de Antonio de Felipe, donde nos espera una sonrisa atístico deportiva.


domingo, 12 de abril de 2009

Pontevedra, Cristo y el preservativo / Paco Álvarez Cascos, casquiano


Acerté con Pontevedra. Que el lugar buscado buscaba huir de procesiones extremas. Allí, a la vuelta de una esquina surgió una breve, rápida, concisa procesión, que debía ser de cristianos de la puta base. Allí no había oropeles, ni encapuchados ni autoflagelados, ni lazos blancos. Iban a su bola.



Luego, en la noche del viernes debió haber más procesiones, pero gracias a la matinal de los cantarines espontáneos la lluvia amenazaba, con lo que grandes preservativos preservaban las imágenes de la posible lluvia. ¿Cómo va a estar Rouco contra los preservativos, entonces?

Lo bueno que tiene esta zona también es que evitas pecar comiendo carne, gracias al pescado y el marisco de la ría. Siempre me ha parecido inteligente la postura de la Iglesia católica que ha prohibido la carne en la cuaresma, pero no el humilde marisco.

Pontevedra tiene un casco histórico excepcional para el paseo. Repleto de plazas y callejuelas peatonales el ciudadano le ha ganado la batalla del protagonismo a los coches. Y Pontevedra tiene un magnífico Museo de la Provincia, en el que te puedes encontrar la réplica del camarote de un capitán de barco, restos del Paleolítico, una de las mejores colecciones arte en azabache, hasta al mismísimo San Pedro, apuntando hacia arriba con un dedo (y presidiendo esta entrada). Que tengo yo que preguntar a mí amiga Ana Manzano el porqué de la posturita.

Y andaba repleto de paz espiritual y gastronómica, alejado de los pecados de Internet, de la televisión, e incluso de la tradicional prensa de papel, cuando me encontré sobre una mesa un Público que narraba las aventuras y desventuras de Paco Álvarez Cascos con sus guardaespaldas, que andan hartos del personaje y le han denunciado por borrico, que decimos los técnicos en lenguaje jurídico. Andan hartos incluso de su prole.

Este hombre siempre apuntó maneras groseras y, con la edad, la cosa parece que va a mayores. Cascos es el más casquiano de los personajes de este país. Nunca entenderé sus éxitos sentimentales. Aunque, en realidad, cada supuesto éxito supone un fracaso.

En fin, veamos que nos depara el lunes de Pascua, además del retorno del invierno. ¿Habrá meditado Federico Jiménez Losantos sobre su futuro, y lo que más me preocupa, el futuro de los obispos?