Blog de Alfonso Roldán Panadero

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En las fronteras hay vida y tuve la suerte de nacer en la frontera que une el verano y el otoño, un 22 de septiembre, casi 23 de un cercano 1965. En la infancia me planteé ser torero, bombero (no bombero torero), futbolista (porque implicaba hacer muchas carreras), cura (porque se dedicaban a vagar por la vida y no sabía lo de la castidad...) Luego, me planteé ser detective privado, pero en realidad lo que me gustaba era ser actor. Por todo ello, acabé haciéndome periodista. Y ahí ando, juntando palabras. Eso sí, perplejo por la evolución o involución de esta profesión. Alfonso Mauricio Roldán Panadero
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domingo, 17 de diciembre de 2017

Eva..., de Reverte, y su guía musical

Ha sido inevitable. La Eva de Arturo Pérez-Reverte se ha colado de entre las novelas previstas. Las aventuras de Falcó en la Guerra Civil (incivil, que siempre escribe Anson), tienen su continuación en esta historia que transcurre en Tanger, a través de cuyas páginas llega el aroma de Casablanca. Consigue Reverte que un tipo que trabaja para “el bando nacional” no me caiga mal. Cierto que Falcó trabaja muy a su manera…, pero con algo fundamental: un código ético.  Otra cuestión es que ese código pueda parecer inmoral, pero ese es otro debate.

Esos asuntos tan revertianos, en el siglo de Oro o en el mundo contemporáneo, como las reglas de lealtad, que no fidelidad, vuelven en esta historia de espías, pero también de atracción fatal: 

“Yo te sacrificaré, claro. Te los dije otras veces. Sintiéndolo mucho, te echaré a los leones sin dudarlo… En este juego soy un alfil, y mi trabajo me ha costado. Tú eres un simple peón. Tales son las reglas, y lo sabes”. (Pag. 77).

Y es que en este mundo cruel, los códigos, la reglas son necesarias incluso entre enemigos. Siempre hay en Reverte una añoranza de aquellas guerras, crueles y sanguinarias, pero con honor, “… en otras guerras se mata, desde luego; pero en esta se asesina…” (pag.272).

Eva Neretva, la agente rusa que conocimos en Falcó, gana protagonismo en esta historia. Eva no nos enamora, de alguna manera nos hechiza, quizá como a Falcó. Pero hay otras mujeres que desfilan por las páginas del libro, mujeres con “viejos códigos forjados en siglos de amarguras domésticas y tristes silencios. Mujeres asociadas con mujeres, rehenes tradicionales de guerreros, sacerdotes y tiranos…” (pag.80).

Como no puede ser de otra manera, Reverte documenta un momento histórico y lo novela con personajes reales como los cameos del gran doble espía Philby o el corresponsal del Daily Mail Harold Cardozo; y personajes que pudieron ser, pero no sé si fueron como El Chiquet del Rabal, anarquista y guardaespaldas de Ángel Pestaña… 

Más allá de los protagonistas de la historia, hay grandes secundarios que, como no, son hombres de mar: Navia, comandante de la fragata franquista, y Quirós, capitán de un mercante con bandera de la España republicana. Interesante resulta su relación y la de sus tripulaciones, que a veces me trasladan a ese cine español de odio y confraternización como La Vaquilla.

Los sonidos de Eva

Como veo que me crezco y no quiero desvelar nada, sino simplemente seducir un poco y, seguramente, intentar que la historia y los personajes vivan un poco más conmigo, paso a emularme tal como hice con El tango del Guardia Vieja y le pongo sonido a las páginas con esta breve guía musical, y un poco cinematográfica, de Eva:

Hay bastante sonido de aquella historia  de amor y algo más, por ejemplo, con el anuncio de esta peli, Tango Bar, protagonizada por Gardel en la página 55. Aquí el trailer, y aquí la peli completa. En el mismo momento, vemos el anuncio de Rumbo al Cairo, de Manuel Ligero.

Hay música silbada, como La Cumparsita, en la página 71, y Amparito Roca, en la página 83. Como con esto de internet, te lías, en un alarde de conocimiento inútil diré que este famoso pasodoble fue compuesto por el catalán Jaime Texidor Dalmau, que en los años cincuenta sería el autor del anuncio del turrón El Lobo.

Cuando la trama lo requiere, Reverte nos encandila con contemporáneos franceses. Así, Mélancolie, de Jean Sablon; en la página 195.

Del mismo autor, Vuos qui passez, en la página198.

En otro contexto, aparece la gran Edith Piaf y su Mon légionnaire. En la página 293.


Confieso que he sido incapaz de saber qué tango de Gardel es el que dice la frase “a veces se pierde, a veces se deja de ganar”, lo mismo es una licencia literaria…

NOTA: Claro. A los enlaces se accede pinchando sobre los títulos y, eso sí, la paginación corresponde a la primera edición de Alfaguara.



martes, 11 de febrero de 2014

El francotirador paciente de Arturo Pérez-Reverte, adrenalina y spray


Como no podía ser de otra manera he leído El francotirador paciente de Arturo-Pérez Reverte. Quien siga esta vida desde el lago ya habrá visto que he realizado una guía musical de la novela al estilo El tango de la Guardia vieja. Me atrevería a calificar a El francotirador paciente como una novela menor. Con muchas características Reverte, pero menor.

No puedo criticar que la novela no sea elocuente, que lo es, pero no veo yo esa estructura sólida de otras ocasiones. La historia está narrada en primer persona por una mujer lesbiana. Como los personajes dejan de ser de los autores para ser de los lectores, debo decir que Lex, la narradora de la historia me parecía poco creíble. A veces hasta me imaginaba al propio Reverte, quizá por utilizar la técnica de la entrevista, quizá porque la personalidad del autor es demasiado fuerte.

Adrenalina y olor a spray.
Es cierto que quien ha hecho algún pinito grafitero sabe lo que es la adrenalina mezclada con olor a spray. En la primera página aparece el maestro “Muelle”, a quien más quien menos intentamos copiar con rotuladores, bolígrafos, con algo que pintara. Muelle en mi adolescencia estaba en todas partes. Era un espectáculo. Inventó el grafiti madrileño basado en la firma. Algunos quieren que la última firma que de él queda se preserve como Bien de Interés Cultural. En ese ajo andaba Fernando Figueroa.

Con esta novela, Reverte nos muestra ese mundo de camaradería, de lealtades, de “reputación”, de códigos éticos que tanto le gustan. Y todo ello con la ley de la calle. Esa calle que nos quieren robar: “… Las calles son el arte… El arte sólo existe ya para despertarnos los sentidos y la inteligencia y para lanzarnos un desafío. Si yo soy un artista y estoy en la calle, cualquier cosa que haga o incite a hacer será arte. El arte no es un producto, sino una actividad. Un paseo por la calle es más excitante que cualquier obra maestra”.

El francotirador paciente es todo un ensayo de filosofía grafitera, activista: “Existe gente que sueña y se queda quieta, y gente que sueña y hace realidad lo que sueña, o lo intenta. Eso es todo… Luego, la vida hace girar su ruleta rusa. Nadie es responsable de nada”.

Buena colección de grafiti madrileño.
Y no puede Reverte lanzar un dardo al periodismo televisivo, que por eso a veces le veía a él en vez de a la narradora de la historia: “Tras aquellas imágenes, con una sonrisa mecánica que parecía parte del maquillaje, la presentadora cambiaba de escenario. Y ahora – la misma sonrisa, reavivada- nos vamos a Afganistan. Bomba de los talibán. En directo. Quince muertos y cuarenta y ocho heridos. Etcétera…”

Además nos hace viajar por Madrid y por . Más allá de los guerrilleros urbanos aparecen personajes interesantes, como el taxista conde Onorato, digno de Almodovar. Y, además de llevarnos a bombardear desde ese mundo clandestino, la novela critica ferozmente el mundo del arte. Ese arte al uso que ahora ha visto rebajado el IVA.
Nápoles

El final, pues…, es sorprendente, vale. Pero a mí me dejó…, digamos…, insatisfecho. Hay gente pá tó.

Personalmente muchos grafitis me conmueven. En la historia del francotirador hay uno que me gusta especialmente: “Un cerdo que no vuela sólo es un cerdo”.