Blog de Alfonso Roldán Panadero

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En las fronteras hay vida y tuve la suerte de nacer en la frontera que une el verano y el otoño, un 22 de septiembre, casi 23 de un cercano 1965. En la infancia me planteé ser torero, bombero (no bombero torero), futbolista (porque implicaba hacer muchas carreras), cura (porque se dedicaban a vagar por la vida y no sabía lo de la castidad...) Luego, me planteé ser detective privado, pero en realidad lo que me gustaba era ser actor. Por todo ello, acabé haciéndome periodista. Y ahí ando, juntando palabras. Eso sí, perplejo por la evolución o involución de esta profesión. Alfonso Mauricio Roldán Panadero
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jueves, 13 de mayo de 2010

Nebbia, arte para las emociones


Antes de los sofocos que nos está dando Zapatero, incluso antes de haber visto Que se mueran los feos, llegué a tiempo de disfrutar con Nebbia, el último espectáculo del Cirque de Eloise. Creo que el año pasado ya dije algo de su anterior puesta en escena, Rain. Sí, si pinchas aquí está. En realidad es la tercera vez que disfruto con esta compañía de circo para teatro. Me gusta su elegancia y su imaginación.

Y, aunque pueda parecer extraño existen paralelismos entre Que se mueran los feos y Nebbia. Pero, eso sí, nada tiene que ver una cosa con otra. Ámbas se desarrollan en un pueblo y tienen los tópicos típicos personajes, incluido el políticamente incorrecto “tonto del pueblo” de la película española. En Nebbia el protagonista final del espectáculo es un discapacitado, amante del color blanco que con su fuerza y su perserverancia lía a todo el pueblo, que con su fuerza y perseverancia consigue levantarse.

La casualidad, el destino o yo que sé qué, hizo que las dos filas que estaban por delante de nuestros asientos (fila 3, con fila cero, qué buenas entradas) estuvieran ocupadas por chavales y chavalas con síndrome de Down. Y disfrutaron de lo lindo. Un espectáculo dirigido a las emociones (¡caray!, esto me sale después de haber conocido a Marta Romo, la coach de la que tengo que hablaros), porque Nebbia es circo y teatro para reir y para llorar como el más tradicional de los clowns.

Nebbia es la niebla que se mete por todo el pueblo, por el escenario, por el patio de butacas. La espesa niebla nos introduce en un mundo onírico lleno de sensibilidad, elegancia, sensualidad. Los más típicos números circenses cobran nueva vida. La imaginación de los creadores se encuentra con la nuestra en las acrobacias, en los números musicales, en los malabares, en la originalidad de las camas elásticas con pantalla panorámica… El contorsionismo hace que nos duelan hasta las pestañas y que miremos con los ojos entornados como un tipo se retuerce en ejercicios que parecen de yoga extremo.

Once artistas hacen que pasemos un rato maravilloso, acariciando nuestras emociones. Creo que en Madrid ya no están, pero andan de gira por España. No soy yo de recomendar, pero si tenéis la oportunidad, merece la pena. Una manera de que nuestro cerebro descanse de crisis y tal, sin tener que recurrir al inevitable fútbol.


Con este video os podéis hacer una idea:

sábado, 28 de febrero de 2009

¡Bravo!

Después de lo que he visto esta tarde, me da vergüenza recordar mis quejas de ayer porque se me subió la bola. O sea, el gemelo derecho. Y me da vergüenza reconocer las agujetas que tengo en el musculito de la parte de atrás de la parte de arriba del brazo, que yo creo que es tríceps. Todas estas pequeñas molestias vinieron a cuenta del Pilates, que ayer mi señora monitora estaba marchosa. Agotado, tembloroso, pero tieso como un ajo no pude por menos que ir a tomarme un té…, pero esto ya lo narré ayer a cuento de las micciones imposibles.

Cuando digo que me avergüenzo es porque esta tarde he visto el espectáculo Rain del Cirque Eloize. Ya hace tres temporadas anduvo por aquí esta compañía canadiense con el espectáculo Nomade. La pena es que están muy poco tiempo porque, a pesar de la crisis, el teatro estaba a rebosar y el teatro rebosante ha aplaudido al acabar la función, con entusiasmo, con intensidad, con emoción. Y el público ha salido con la felicidad en los rostros (en la fila 10 ó 12, Carlos Hipólito, que se ha chupado cola de última hora).

Al igual que en Nomade, Rain es circo para teatro, elegante, repleto de humor, pero nada para intelectuloides, como en un momento dado vienen a dejar claro.
Es circo para teatro porque requiere de la intimidad de una sala de teatro, no una carpa como el Price (dudo que sus gestores, puestos ahí por el Ayuntamiento de Madrid, sepan del Cirque Eloize), ni un cosa superespectacular como el Cirque du Soleil, donde, me dice una amiga, maltratan y explotan a los artistas.

En Rain hay belleza y estética en la escenografía y en los cuerpos. Belleza y fuerza, coordinación, equilibrio, elasticidad. En Rain hay originalidad, juego de luz, música en directo. Cada artista es especialista en algo pero todos hacen de todo. Y yo creo que por mucho que practique pilates nunca lograré hacer el número de los hombres fuertes (más o menos minuto 3 del video). Eso sí, prometo no quejarme si se me sube la bola, o si tengo agujetas:

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