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| Espachurrando una lata mientras la fotografía @frlorente |
“No nos tienen trabajando, sino entretenidos tirando producto caducado y separando tapón, botella y etiqueta. También nos mandan a seleccionar vidrio y agrupar botellas. Un área rudimentaria, insalubre, manual”
Aunque se instaló en
Pinto con ocho años, no puede negar que nació en Bilbao, en el popular
barrio de Santutxu. Las circunstancias laborales familiares la convirtieron en
una pinteña del mismo Bilbao que decidió convertirse en técnico de laboratorio.
A partir de los 17 años compatibiliza estudios y trabajos en diferentes
empresas del sector del metal, hasta que en 2006 comienza en la planta
fuenlabreña de Coca Cola.
Tras dos años trabajando como eventual, en 2008 es contratada como
indefinida. Se convertía así en la segunda mujer que entró en el área
industrial en la planta de Fuenlabrada. En 2013 la plantilla total de esta
fábrica la conformaban 586 hombres y diez mujeres. En la actualidad quedan 154
hombres y cuatro mujeres, una de ellas administrativa.
Hasta que llegó el ERE, Idoia era
oficial de calidad y medio ambiente y trabajaba a turnos de mañana, tarde y
noche. A grandes rasgos, su labor consistía en verificar la calidad, desde la
materia prima hasta el producto finalizado. En el laboratorio realizaba ensayos
físicos, químicos, de microbiología, etcétera.
En aquel tiempo, no tan lejano,
rememora Idoia: “me sentía valorada y querida por la empresa; realizaba mi
trabajo lo mejor que podía; en unas condiciones y un ambiente de trabajo
óptimo. Me sentía desarrollada laboral y personalmente. Estaba enamorada de mi
trabajo.”
Todo iba bien hasta que en enero
de 2014 llegó el ERE. Fue como una bomba: “por la mañana, a las seis y media,
firmamos el convenio y por la tarde nos dicen que nos cierran. Para más
desconcierto, la empresa acababa de invertir 10 millones de euros en la
tecnología más moderna”. De la noche a la mañana la vida de cientos de familias
da un giro radical y comienza la pesadilla. “Es muy difícil explicar los
sentimientos de aquella noche”, explica Idoia emocionada: “me rompieron la
cabeza y el corazón…”
A partir de ese momento comienzan
las asambleas en los pasillos y la movilización de la mano del comité de
empresa de CCOO. Los recuerdos de Idoia se amontonan: “fueron días caóticos, de
incertidumbre, llenos de tensión. Antes de comenzar la huelga, la empresa nos
obligaba a estar en la fábrica, éramos como fantasmas, el vacío recorría cada
rincón”.
Movilización y unidad
Cuando se obtienen los permisos
para iniciar la huelga, ésta es secundada por toda la plantilla. La respuesta
de la empresa es intentar negociar individualmente con unas condiciones
espantosas, “traslados a Barcelona o Málaga sin garantizar los puestos de trabajo,
ni salarios, ni nada de nada. Nuestra respuesta fue clara: organización,
movilización, concienciación y boicot contra el abuso de la multinacional”,
explica Idoia, “y ante el veto de los medios de comunicación repartimos
octavillas, activamos redes sociales y aplicamos el boca a oído para explicar
la realidad de lo que sucedía”.
Paralelamente fue surgiendo de
una forma natural y espontanea el campamento de la dignidad a las puertas de la
fábrica. Y comienza la batalla legal encabezada por los servicios jurídicos de
CCOO. En junio de 2014, la Audiencia Nacional declara el ERE nulo y la empresa
es obligada a readmitir a toda la plantilla. “La empresa se negó a cumplir la
sentencia y nos tuvo cinco meses sin cobrar
prestaciones para desgastarnos y hacer daño” y en abril de 2015 el ERE vuelve a
ser declarado nulo, ahora por el Tribunal Supremo.
| Pillados por Juan Carlos Asenjo. |
En septiembre de 2015 la
plantilla comienza a entrar en la fábrica. El 22 de noviembre es la fecha en la
que la empresa permite a Idoia acceder pero como “moza de almacén” y se
sorprendieron porque “al entrar vimos que la fábrica estaba partida en dos y
nos niegan la entrada a lo que llamamos zona negra porque la estaban
desmontando para llevársela”.
La situación es tan surrealista
como que a los trabajadores de mantenimiento les hacen cambiar los rollos de
papel higiénico, “no nos tienen trabajando, sino entretenidos tirando producto
caducado y separando tapón, botella y etiqueta. También nos mandan a
seleccionar vidrio y agrupar botellas. Un área rudimentaria, insalubre,
manual…”
Con todo, la inspección de
trabajo anduvo por la planta para ver la carga de trabajo y las condiciones.
Según Idoia, “el inspector estaba sobrecogido…”
