No era genético. Yolanda guarda en su postura clases de ballet de otros tiempos. Y Yolanda se creció. Su nuca apuntó al cielo mientras sus hombros descendían. Y coincidiendo con el estiramiento reventó su arte, porque es innegable que Yolanda es una artista que necesita crear para respirar, para crecerse, para vivir, no digo yo feliz, pero sí con alegría. Y que esos colores rojos que tanto ama se proyectaran a través de sus manos.
Aunque parece que son estos malos tiempos para la lírica, Yolanda, que asegura hacer las cosas cuando las tiene claras, acaba de exponer una magnífica obra (Series y Fragmentos) en la Galería EME 04, una obra en la que el espíritu ceramista de Yolanda está presente, al igual que está presente el otoño que nos atrapa con sus colores y sensaciones. Yolanda le da gran importancia a las series, como mínimo hace dos obras con el mismo leit motiv, porque le gusta investigar los materiales. Y ese afán por la investigación hace que guarde el mejor de sus secretos.
Con una mirada entre canalla e inocente se niega a explicar cuál es el material que utiliza como soporte. Y tanto guarda el secreto que, con las pocas pistas que da, la conclusión a la que llego es que posiblemente sea piel humana…
Pero no parece la Ruano una asesina en serie de película de terror. Aunque, no sé. Es tan elocuente cuando explica su amor hacia el cuadro que le sirvió de inspiración para toda esta serie…, habla de él con una mezcla de amor y odio. Como se puede hablar de un amigo, o de un amante. Esa obra, una especie de dios creador del resto de la exposición, miraba a los transeúntes y paseantes de la calle Fernández de la Hoz, desde la cristalera de la galería EME 04. Y Yolanda posaba orgullosa ante su obra.