Blog de Alfonso Roldán Panadero

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En las fronteras hay vida y tuve la suerte de nacer en la frontera que une el verano y el otoño, un 22 de septiembre, casi 23 de un cercano 1965. En la infancia me planteé ser torero, bombero (no bombero torero), futbolista (porque implicaba hacer muchas carreras), cura (porque se dedicaban a vagar por la vida y no sabía lo de la castidad...) Luego, me planteé ser detective privado, pero en realidad lo que me gustaba era ser actor. Por todo ello, acabé haciéndome periodista. Y ahí ando, juntando palabras. Eso sí, perplejo por la evolución o involución de esta profesión. Alfonso Mauricio Roldán Panadero
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lunes, 17 de mayo de 2010

Las cajas, la bicha y Marta Romo, coach “aprendigadora”

Toda mi casa estaba guardada en cajas. Y todas las cajas inundaban la casa. El fin de semana ha consistido en bailar con cajas, abrir cajas y reorganizar el contenido de las cajas. Menos mal que somos animales racionales y las cajas estaban perfectamente identificadas: contenido, situación de origen, incluso temas y orden alfabético de libros. Ha sido emocionante reencontarme con algunos bártulos después de dos meses embalados, más allá de que he podido no ya sobrevivir, sino vivir sin niguno de ellos. El ejercicio físico de cargar con cajas y cajas; el mental de colocar los cachivaches con racionalidad y el emotivo por algunos reencuentros, han calmado la bicha que llevo dentro y que se me estaba disparando con las medidas de ajuste anunciadas por Zapatero. La utilización diversa y variada de mi cerebro me ha evocado a Marta Romo, una mujer que he venido mencionando estos días. Pincha aquí y verás su blog.

A la Romo la he conocido en uno de estos encuentros, talleres, charlas, coloquios o llámalo equis que realiza la Plataforma de Mujeres Artistas. Ese magnífico asunto que creó Cristina del Valle contra la violencia de género. Lola, la persona que coordina esto de la Plataforma me había telefoneado para que no me perdiera la conferencia, encuentro, taller, coloqio o llámalo equis que iba a estar protagonizado por Marta Romo, una coach. Me llevé a mi amiga V.Casilda, todo un reto, que la formalidad V. Casilda y yo conformamos un trio incompatible. Pero finalmente nos comportamos como las personas maduras que no somos.


Desde que una amiga coach me dijo, hace ya unos años, que yo no necesitaba una coach para nada (no sé si un coach sí), había perdido un poco el interés por estos asuntos del entrenamiento y el entrenador para avanzar, para progresar, para acometer cambios. Cada vez que lo pienso, yo creo que Zapatero, en vez de seiscientos asesores en Moncloa, había tenido suficiente con un coach. Bueno, quizá lo tenga. En tal caso debe ser más de derechas que el grifo de agua fría. Que este no es mi ZP, que me lo han cambiao. Pero bueno, que me despisto: mi interés por el mundo coach ha renacido.

Marta Romo es una mujer joven con sonrisa afable y mirada brillante. Una mezcla de alegría y melancolía, que a los quince minutos tiene el respetable en el bolsillo, lo cual evidencia que es una auténtica torera: para, templa y manda.

A los veinte minutos, gracias a un extraterrestre, al extraterrestre que llevamos dentro, ya nos había hecho caer en la cuenta de lo que son los paradigmas. La ilustración es el extraterrestre que yo dibujé. Eso sí, sin haber visto nunca un extraterrestre.

A la media hora, yo me di cuenta de que tenía que cortarme el pelo después de mirarme en un espejo y fijarme, además, de que tenía las orejas coloradas. Me preocupé un poco porque me pareció uno de los síntomas que caracterizan mi inmadurez y superficial personalidad, pero no, la Romo dijo que no era grave. Y es que, a través de “juegos chorras”, que decía nuestra protagonista, descubríamos cómo funcionamos sin ser conscientes de ello. Y yo, que me gusta jugar más que nada, pues me lo pasé pipa.

“Las prisas matan los valores”, nos proclamaba Marta Romo, que viene a ser la traducción actual de aquella máxima de nuestras madres: “cuenta hasta diez antes de hablar”. Y nos recordó los tres cerebros que poseemos, que por ahí es por donde empezaba esta entrada: el reptiliano, como el de los reptiles, indispensable para la supervivencia (la bicha que a veces nos sale y cuesta controlar); el límbico o emocional, que regula nuestras emociones; y el neocortex, el que nos permite realizar estrategias de futuro, el racional, el intelectual.

Parece ser que, aunque todo el mundo tenga los tres, en cada persona prevalence uno. Hay un “juego chorra” que nos permite descubrir cuál, pero no dio tiempo. Y la Romo nos dejó a medias, bajo promesa de que otro día lo hacíamos. Como a los niños chicos. Igual.

Marta Romo también se inventa palabras, por ejemplo: “pensentir”, que es la suma de pensar y sentir. Y nos habló de la importancia del silencio, y de procesar la información del exterior. Y de las emociones; y de la expresión de los sentimientos.

Me gustó el momento Romo. Me gustó. Y a pesar de mi vieja amiga, la otra coach, creo que me vendría bien una coach (o, bueno, un coach), para un par de asuntos. Y como agradecimiento, le voy a regalar a Marta Romo un palabro: “aprendigar” (aprender y jugar al tiempo).

domingo, 29 de noviembre de 2009

Buscando a Eric, de futbolista a coach

A Ken Loach, el director trostko británico, hay que seguirle por su cine social y comprometido. En esta ocasión ficha a Eric Cantoná, legendario y polémico futbolista francés, a quien convierte en el coach, entrenador personal, de un pobre hombre que cada vez más se va hundiendo en los problemas.

El coaching cada día está más de moda, la suerte que tiene Eric, el protagonista de Buscando a Eric es que el suyo es imaginario, o sea que le sale gratis. Más barato que a uno de sus compañeroes y amigos, gran consumidor de libros de autoayuda.

Una historia de amor romántico, un tanto floja, es la que hace detonar la película. Si acaso, la originalidad es que el que anda destrozado es un hombre, que no una mujer. Que es un bobo que padece ataques de pánico.

Pero, quizá por los ojos con que miré la peli, lentita a veces al modo Loach, destaqué que el director bitánico no olvida "lo social". Resalta el valor de la unidad, la importancia de la amistad, de los amigos, de los compañeros de trabajo, del orgullo de ser carteros…, todo ello con el épico trasfondo del fútbol y un protagonista: Eric Cantoná. Aunque Cantoná, como él mismo reconoce es casi un dios: "No soy un hombre, soy Cantoná".

Eric también es el nombre del protagonista y, en un momento dado, coge al toro por los cuernos, gracias al entrenamiento a que es sometido por su tocayo Cantoná en su imaginario y… lo logra.

Una cinta con píldoras humorísticas, con ese ambiente inglés de barrio que tan bien retrata Ken Loach. Recomendable para que veamos cómo es posible salir del fango, progresar y si no lograr la felicidad, caminar por el camino de la alegría.

Ahí va el trailer de la peli, que mola:

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