Blog de Alfonso Roldán Panadero

Autorretrato
Mi foto
En las fronteras hay vida y tuve la suerte de nacer en la frontera que une el verano y el otoño, un 22 de septiembre, casi 23 de un cercano 1965. En la infancia me planteé ser torero, bombero (no bombero torero), futbolista (porque implicaba hacer muchas carreras), cura (porque se dedicaban a vagar por la vida y no sabía lo de la castidad...) Luego, me planteé ser detective privado, pero en realidad lo que me gustaba era ser actor. Por todo ello, acabé haciéndome periodista. Y ahí ando, juntando palabras. Eso sí, perplejo por la evolución o involución de esta profesión. Alfonso Mauricio Roldán Panadero
Mostrando entradas con la etiqueta enfermera. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta enfermera. Mostrar todas las entradas

jueves, 8 de junio de 2017

Enfermería pública, enfermería privada

Adelaida y José Antonio por @frlorente frente a "su" Ministerio.
La sanidad está que arde. Los poderes alientan la privatización de un derecho, la salud. Las privatizaciones pueden conllevar un empeoramiento del servicio sanitario, cuando lo que es evidente es que las plantillas de los hospitales privados tienen unas condiciones laborales de semiesclavitud. La ideología neoliberal entiende la salud como un negocio, algo que también está salpicando a la sanidad pública española, una de las mejores del mundo. En la pública siempre están los sindicatos de clase defendiendo derechos laborales y ciudadanos. En la privada, hasta ahora, está instalado el miedo, pero empieza a perderse, también gracias a la solidaridad generada a través de las mareas blancas. En esta entrada, que hace renacer el blog, os presento a dos personas que representan a aquellas en cuyas manos están nuestras vidas...

Se llama José Antonio Guechoum. La explicación de su sonoro primer apellido se explica porque su padre es francés. De hecho, nació en París hace cincuenta años. Ha tenido experiencia como enfermero en la sanidad pública pero ahora trabaja en la privada, en el Hospital Madrid Sanchinarro. Eso sí, en su barrio. Como delegado de CCOO es un pionero del sindicalismo de clase en la sanidad privada, “donde hay condiciones laborales dignas del siglo XVIII”.

Ella es Adelaida Gallego, madrileña del Barrio de Los Ángeles, Adelaida es enfermera en la sanidad pública, en el Hospital de la Princesa. Allí es delegada de CCOO, lo que le ha llevado a “conocer toda la realidad de un hospital, que es como una pequeña ciudad”. Tiene 42 años y un hijo, por lo que conoce muy bien la dificultad para conciliar la vida familiar en una profesión a la que llegó “casi por casualidad”, pero con la que ahora está “encantada”. 

Adelaida y José Antonio coinciden en que las condiciones laborales y salarios de enfermeras y enfermeros de la sanidad privada son mucho peores que los de la sanidad pública. Claro, “en la sanidad privada las condiciones laborales son dignas del siglo XVIII”, explica él como conocedor del sector, y con elocuencia se explaya: “no hay forma de que podamos planificar vacaciones, ni un solo día de nuestra vida dejamos de ver el hospital porque no libramos un solo día”.

Y es que José Antonio tiene turno de noche, por lo que trabaja noches alternas, “y claro, en algún momento hay que dormir”. Luego está el salario, en su caso “la diferencia salarial con la enfermería pública puede llegar a los 900 euros”.  Por no hablar de lo reducido de las plantillas, con ratios escandalosas en las que, por ejemplo, una planta de oncología puede estar atendida por las noches por una enfermera para 17 pacientes.

Adelaida escucha, algo espantada, el discurso de su compañero de la privada y concluye por qué ocurre esto en los hospitales privados: “por miedo de los trabajadores y trabajadoras, porque en la sanidad privada el sindicalismo de clase está empezando ahora”.  Y es que donde hay sindicato consolidado, existen mecanismos para que se respeten los turnos y las plantillas descansen, también en beneficio de los pacientes.

Por eso, asegura, “estamos viviendo un momento muy importante que ha unido a toda la sanidad en torno a la marea blanca”. Ambos coinciden en que no consiste en que se roben derechos a las plantillas de los hospitales públicos, si no en que poco a poco los trabajadores y las trabajadoras de la sanidad privada vayan conquistando esos derechos. La solidaridad entre ambos colectivos ya es un hecho y en las movilizaciones de la sanidad privada ya participan los compañeros y compañeras de la pública.

En esa línea de ir conquistando derechos se esfuerza José Antonio con algunos logros, “por ejemplo, estamos empezando a introducir mecanismos de control horario, algo históricamente inexistente en la sanidad privada y que solo se logra con la existencia de un comité de empresa”.

Reforma laboral y conciliación

Denuncia nuestro enfermero de la sanidad privada que, en la Comunidad de Madrid, el Grupo Quirón está imponiendo las condiciones laborales en el sector, “amparado por la reforma laboral de 2012”. Como en este caso la sanidad es considerada “un negocio” aplican la reforma laboral mezclando plantillas según “necesidades organizativas”, algo que en la pública si se realiza, se hace con mayor criterio, según explica Adelaida.

Un asunto relevante para estos profesionales es la conciliación, especialmente si se es mujer y se tienen hijos, como es el caso de Adelaida. En su opinión “es muy complicada, especialmente para las mujeres jóvenes. Más aún si no hay abuelos que puedan echar una mano”. Esta situación lleva a que las mujeres terminan aplicándose reducción de jornada, “y la reducción de jornada implica que se contrate mujeres suplentes con un tercio de jornada”, convirtiéndose en el cuento de nunca acabar.


“Ante la imposibilidad de conciliar, la solución termina siendo la reducción de jornada o la excedencia”


Eso en lo que respecta a cuidados de niños o niñas porque “luego está la imposibilidad de cuidar a familiares mayores que no se pueden valer por sí mismas”. La frase para negar esos derechos es que es inviable “por necesidades del servicio”.

Claro, esa “situación complicada para conciliar” de la que habla Adelaida se convierte, en el caso de José Antonio en que “directamente no existe conciliación”. Y explica, “si tienes que acompañar a un menor de la familia al médico, aunque sea legal, no se concede. Y todo por miedo a la suspensión”. La enfermería en la sanidad privada padece unas condiciones cercanas a la esclavitud y en estas situaciones creadas por el miedo, a veces desesperantes, “los derechos hay que pelearlos”.

En definitiva, en ambos casos, ante la imposibilidad de conciliar, la solución termina siendo la reducción de jornada o la excedencia.

La mejor sanidad

También hay coincidencia entre enfermero privado y enfermera pública en que la sanidad pública española es de las mejores del mundo, donde están los mejores profesionales. Aunque desde su punto de vista, ésta se mantiene “gracias a los residentes, los Médicos Internos Residentes (MIR), que terminan siendo uña y carne con enfermeras y enfermeros, que terminan siendo quienes les enseñan”.

Aunque suene a estereotipo, la realidad es que lo que ofrece la sanidad privada es cierta suntuosidad, como habitaciones individuales, pero si la enfermedad se complica…, se acaba derivando a la pública.

Pillados por @frlorente durante la charla.
Otros estereotipos ya han desaparecido. La labor de la enfermera es muy respetada y valorada por la ciudadanía. Por su parte, el ser hombre en una actividad tradicionalmente femenina, tampoco es un problema, “de hecho existe cierta discriminación positiva hacia el enfermero por parte de los pacientes, quizá tengan más problemas, en este sentido, los auxiliares”.

Otra coincidencia del discurso de José Antonio y Adelaida es que en el hospital el trabajo es inevitablemente en equipo: médicos, auxiliares, celadores… aunque “los enfermeros y enfermeras somos quienes tenemos la responsabilidad final”.

En ese contexto de trabajo en equipo, destaca José Antonio “aunque desconocido, el gran papel de los sindicatos de clase. CCOO trata con todos los profesionales y defiende a todos los trabajadores y trabajadoras con una visión conjunta y no de gremio medieval”. Y concluye, “¿el futuro…?, es esperanzador, partimos de la esclavitud pagada con la posibilidad de que se vayan aplicando los convenios”. Un futuro que Adelaida espera que “deje de estar tan politizado en la sanidad pública para volver a profesionalizarse”.

Y aquí un video sobre conflictividad en la sanidad privada.



martes, 12 de marzo de 2013

Elena Martín, enfermera de atención primaria

Elena Martín en una fotografía de Fran Lorente.

Elena Martín Robledo es madrileña de Argüelles, gata auténtica, que es hija de madrileño y madrileña. Hasta abril tendrá 59 años, edad que, desde luego, no aparenta, “por cuestión genética”, asegura. No sé si también es genética ese alma humanista y crítica, ese espíritu rebelde que rezuma su discurso y es consciente de que “cuando hablas claro, molestas”.
Lo de dedicarse a la enfermería…, “no fue vocación, fue equivocación”, explica entre bromas. Ya, en serio y con una sinceridad que se le desborda a través de la mirada, deja muy claro que después de treinta y nueve años de profesión le encanta su trabajo. “La enfermería es una profesión para pelear mucho, con muy poco reconocimiento social”.

A lo largo de estos años Elena ha pasado por diversos puestos: especializada en la UVI de pediatría del Clínico; atención primaria… Y recuerda los años que estuvo dedicada a la gestión como subdirectora de Enfermería del Ramón y Cajal en los 90. Aquellos años “fueron muy bonitos porque se estaban creando cosas con personas nuevas. Fue un momento de formación y expansión”, recuerda.

Y, sin renunciar a la autocrítica, asegura que en estos últimos veinte años ha habido un cambio radical, “se ha perdido la esencia del modelo, un modelo que se creó para la prevención y ahora busca resultados en el corto y medio plazo”. Y es contundente, “hemos perdido la oportunidad para que España tuviera gente sana. Los objetivos de la salud se han olvidado”.

Recuerda también los tiempos del Insalud: “nos quejábamos del Insalud, pero… ¡bendito Insalud! Teníamos más autonomía, lo que redundaba en mayor agilidad, eficacia y participación. Los gestores eran profesionales que conocían la profesión. Actualmente los gestores se limitan a obedecer sin criterio de lo que es la sanidad. Y que nadie les toque nada”.

Luego vinieron las transferencias a la Comunidad autónoma y los intereses políticos pasaron por encima de todo, las enfermeras en puestos de gestión fueron vilipendiadas y se convirtieron en una “amenaza” porque buscaban una sanidad primaria basada en la prevención y la promoción (generar hábitos saludables en la ciudadanía). Y el objetivo de los gestores no profesionales es el resultado a corto plazo.
Elena tiene claro que una población sana ahorra mucho más dinero al erario público que una población envejecida con enfermedades crónicas, por eso piensa que “hemos perdido el norte y nos han convertido en meros profesionales de tratamientos de crónicos”.
Con todo, asegura nuestra enfermera que “estamos ante un atentado muy grande al sistema”. Los recortes en la atención primaria y la privatización del 10 por ciento de los centros de salud son medidas ideológicas. Y tiene claro que es más grave, si cabe, el ataque a la atención primaria que a los hospitales, “la atención primaria es la puerta de entrada al sistema sanitario. La gente va a enfermar más porque los objetivos son a corto plazo y, a muy corto plazo vamos a ver los resultados de los recortes”.

Es contundente Elena porque, en lo que está ocurriendo con la sanidad madrileña, pone al mismo nivel la negligencia y las corruptelas: “esto es una oportunidad de oro para algunos…”

Problema de toda la sociedad

Frente a ese futuro que empieza a ser presente, Elena se muestra incapaz de visualizar otro modelo de sanidad a pesar de “lo crecidos que están los gobernantes”. Ella se rebela ante la lenta anestesia que nos están introduciendo, “el problema de la sanidad no es de los profesionales, es de toda la sociedad”.

El sabotaje a la ley de dependencia es muestra de que el futuro ya está aquí. Ésta, unida a las altas hospitalarias afectan al trabajo de las enfermeras. “Cuando el familiar cuidador claudica es cuando el dependiente cae”. Ellas lo viven en el día a día de las visitas a domicilio. Viven, y también padecen la falta de ayuda a las personas dependientes: “El maltrato a la gente es indignante”, proclama Elena.

Y explica que además de su trabajo en el centro de salud o del domicilio debería darse otro, fundamental: “deberíamos ir más a los colegios a ofrecer cultura sanitaria; deberíamos trabajar con asociaciones de vecinos, con marginados…” Todo ello, lograr una sociedad sana, parece que cada vez es una mayor entelequia.

Estereotipos 

Sin duda es esta una de las profesiones más plagada de estereotipos, más allá del erótico. En el imaginario colectivo subyace la idea de que la enfermera es la ayudante del médico en plan “niña tráeme esto, niña tráeme aquello”.

Según Elena, hay un error de origen y es asimilar la profesión al perfil doméstico de la mujer cuidadora (de hijos, de esposos, de padres…); por eso considera muy importante el hecho de que la enfermería se convirtiera en una titulación de grado medio, aunque “parece que no se ha enterado nadie”.

“Ser diplomada fue un hito porque empezó a hablarse del cuidado como objeto de la profesión, aunque –asegura irónica Elena- los médicos ahora también empiezan a cuidar.

Entre la colección de estereotipos también destaca el lenguaje machista generado por todos. Un lenguaje que no tiene ningún sentido, menos desde que las enfermeras tienen su cupo propio de pacientes. Y se refiere Elena, por ejemplo, a ese tic del médico y de los pacientes cuando se refieren a ellas como “la enfermera del doctor tal”, o cuando el doctor tal habla de “mi enfermera”. “No. Yo no soy la enfermera del médico, sino del paciente”. O se refiere a la invisibilidad que padecen, que hasta las desaparece el apellido. Los médicos son “doctores con apellidos. Nosotras perdemos el apellido. Nos llaman por el nombre de pila.” Y es que Elena tiene muy claro que las enfermeras tienen que reclamar su espacio.


“Yo no soy la enfermera del médico, sino del paciente”

“Actualmente los gestores se limitan a obedecer sin criterio de lo que es la sanidad”

“Estamos ante un atentado muy grande al sistema”