Los virus se mueven, bailan, danzan al ritmo que marcan los medios de comunicación. Atacan masivamente, son potenciales asesinos según dicte la agenda de los medios al uso. Tras vacas locas y gripes porcinas, la gripe A abría informativos, llenaba portadas de periódicos hace escasos meses.

Pero hay otros virus que, en este mundo desarrollado, nos dejan hechos unos zorros. Mi ordenador ha sido atacado por tierra, mar y aire, con troyanos, con programas espías, con un arsenal de virus que no hay quien lo arranque. Y yo ando como alma en pena, como si media vida la tuviera paralizada. Entro en los ciber, lampo portátiles, pero no es lo mismo…, que mi disco duro es mi disco duro. Mis amigos están en mi ordenador, mis pasiones, mis emociones, mis obsesiones, mis aficiones están en dique seco. Muchas, quizá no las recupere nunca.
Hablamos de los beneficios de los laboratorios farmacéuticos, pero lo que yo no sé es el beneficio de las empresas de antivirus informáticos, que contratas por un año con un porrón de cláusulas, muchas veces en inglés, y que cuando te quedas sin tu alter ego, sin tu avatar, sin tu trasunto en la vida, sin tu PC, no tienen nada que ver. El virus es muy moderno y tal y el antivirus no lo ha detectado.
Mi ordenador se debate entre la vida y la muerte, pero lo mas grave es que hace un tiempo, no muy lejano, alguien, no se quién, me ha inoculado un virus que hace que sin ordenador mi alma no encuentre consuelo. Mientras mi correo electrónico crea telarañas, mis redes sociales se estancan sin que nadie me eche en falta, quizá vaya al cine, lea, de un paseo… Eso sí, cuando mi sistema operativo vuelva a estar en forma, esto lo pongo en el blog. Y con el nombre del antivirus traidor. En fin, las cosas del mundo desarrollado.
Y si no haces de la ortodoxia melómana ley inamovible, quizá este video te guste: