
- Alfon. La vida desde el lago............................................................................................
- En las fronteras hay vida y tuve la suerte de nacer en la frontera que une el verano y el otoño, un 22 de septiembre, casi 23 de un cercano 1965. En la infancia me planteé ser torero, bombero (no bombero torero), futbolista (porque implicaba hacer muchas carreras), cura (porque se dedicaban a vagar por la vida y no sabía lo de la castidad...) Luego, me planteé ser detective privado, pero en realidad lo que me gustaba era ser actor. Por todo ello, acabé haciéndome periodista. Y ahí ando, juntando palabras. Eso sí, perplejo por la evolución o involución de esta profesión. Alfonso Mauricio Roldán Panadero
sábado, 21 de agosto de 2010
Peligro: Niños grandes

miércoles, 18 de agosto de 2010
De Toy Story 3 a mi fuerte

lunes, 16 de agosto de 2010
Maldito Karma, buen rollo y nirvana

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sábado, 14 de agosto de 2010
Un marido de ida y vuelta del gran Jardiel, al calor del verano
En Madrid, en verano, una opción son los tradicionales Veranos de la villa. Son muchos los espectáculos que se pueden ver a precios razonables si no fuera por el pastón que supone tomarse algo. Claro, la restauración, entiendo, es una contrata que hace el agosto (bueno, el julio y el agosto). Haciendo gala de mi heterodoxia fui a ver Un marido de ida y vuelta, del gran Jardiel Poncela, en el Galileo un lugar abierto sólo por el techo, que el aire no llegaba, ni un poquito a ese patio cerrado.
Jardiel, rechazado a diestra y siniestra, murió en medio del olvido y prácticamente arruinado. Y sigue sin ser considerado como se merece. Esto es, como el creador de un nuevo humorismo absurdo, del teatro de lo inverosímil. Quizá fuera un adelantado a su tiempo, que si en vez de nacer en 1901 (el año que viene es su centenario y dos lustros), hubiera nacido hace cuarenta años no descartemos que hubiera desbancado a Martes y Trece o Cruz y Raya, o José Mota de los superíndices de audiencia. Claro, todos mamaron, más o menos de Tip y Coll o Gila y, estos de Jardiel Poncela. La pescadilla que se muerde la cola.
Para muchos modernos (sector intolerante), Poncela es parte de ese teatro casposo con presentación, nudo y desenlace y en el que la cuarta pared se acomoda y ríe, pero en mi humilde opinión es parte imprescindible del teatro español, del que nos deberíamos sentir orgullosos.
Poncela y su absurdo está lleno de crítica a una sociedad a la que nunca perteneció (“toda sociedad es un organismo podrido que se conserva gracias al hielo de la hipocresía”, afirmaba), y Un Marido de ida y vuelta es una obra eminentemente jardielesca.
El propio autor aseguraba que esta obra “tiene padre y madre, como tantas otras de mis comedias. El padre se llama Humorismo, y la madre, Poesía. Humorismo violento, a veces arce y descarnado, a veces ingenuo y bonachón: profundo y superficial; en juego, a menudo con las ideas y con frecuencia saturado de gracia verbalista; es decir; comicidad. Y Poesía universal. Porque la poesía no cambia con las razas ni con los climas”.
Un marido de ida y vuelta me gusta porque desdramatiza el asunto de la muerte y del más allá y, en definitiva, es una obra de amor y muerte.
Siempre recordaré la obra, protagonizada por Jesús Puente a mediados de los ochenta. Evidentemente, esta puesta en escena de los Veranos de la villa no es lo mismo, a pesar del buen hacer de Joaquín Kremel (gran mérito soportar el calor del verano, el de los focos y vestido de torero) y Julia Torres.
Merece la pena. Jardiel sigue mereciendo la pena más allá de sectarios e intolerantes. Muchos quizá se den cuenta de que son herederos de Poncela sin saberlo. Y vale, reconozco que me lo pasé genial ensayando e interpretando una obra suya en aquellos tiempos de sacar dinero para el viaje de fin de curso de COU (Usted tiene ojos de mujer fatal), hace veintimuchos años. Que seguro que alguien del cibermundo lo recuerda.
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jueves, 12 de agosto de 2010
Haruki Murakami, correr, cambios, perseverancia, belleza, otoño…
Murakami novelista es un tipo que tiene muchos detractores y muchos seguidores. Si seguís mi blog sabréis que me encuentro entre los segundos. Este libro del autor japonés no es una novela, que lo mismo a algún detractor hasta le gusta. El propio Murakami explica que se trata de una especie de “memorias” y, en mi opinión, es una gran metáfora de lo que es la vida, de lo que es perseverar para alcanzar sueños u objetivos, que vienen a ser lo mismo. Cierto que yo en su día corría y corrí algún maratón, por lo que me he sentido identificado plenamente en multitud de párrafos.
Del libro de se pueden extraer multitud de máximas, aunque la única que realmente lo es en sentido estricto es la frase que nos cuenta en la página 11: Pain is inevitable. Suffering is optional, el dolor es inevitable, pero el sufrimiento es opcional, depende de uno. Es la frase que repetía insistentemente un corredor, que había aprendido de su hermano, también corredor. Y es que, la dureza es un hecho inevitable, pero poder o no poder, queda al arbitrio del interesado.
Aunque no sea su intención, el libro de Murakami anima a emprender cambios como él hizo con su vida cuando decidió dejar su negocio y dedicarse a ser novelista. Sobre los cambios reconoce que “hagas lo que hagas no toleran cambios”, entonces, lo único que podemos hacer es “transformarnos nosotros mismos mediante perseverantes repeticiones e ir incorporando esos prcesos hasta que formen parte de nuestra personalidad”.
También se detiene a reflexionar sobre la educación, sobre la enseñanza, sobre las cosas importantes: “Así es la escuela, lo más importante que aprendemos en ella es que las cosas más importantes no sepueden aprender allí” (pag.65). Pero Murakami también nos cuenta su opinión sobre la belleza (“No existe en ninguna parte del mundo real nada tan bello como las fantasías que alberga quien ha perdido la cordura”, pag. 90); sobre el envejecimiento; sobre la muerte; sobre la necesidad de visualizar; sobre la importancia de tener un plan B…
Y todo ello en un libro que versa sobre un tipo para quien correr “es vital” y que corre al menos un maratón al año. Es decir, que echa un buen rato corriendo, pero, ¿en qué piensa mientras corre?, “tal vez piense en los ríos. Tal vez piense en las nubes. Pero, en sustancia, no pienso en nada. Simplemente sigo corriendo en medio de ese silencio que añoraba, en medio de ese coqueto y artesanal vacío”. (pag. 40). Y correr es como la vida, con pendientes más suaves, otras más duras. Incluso la misma pendiente puede parecernos dura o suave dependiendo del momento.
Y a pesar de no ser una novela Murakami es fiel a sí mismo y a su devoción por el Gran Gatsby. Y a su devoción por la música. Por Neil Young, Eric Clapton, los Rolling o Loving' Spoonful. Vuelve a poner música en los textos. Cuando corre escucha a Carla Thomas y Otis Redding, por ejemplo. Y cuando vuelve a Nueva York a correr su maratón siempre se acuerda de este tema que os pongo aquí debajo. Seguro que también me acompaña amí cuando, en septiembre, en el otoño madrileño, me compre unas zapatillas y recomience a correr, despacio, hasta donde permitan mis rodillas, fundamentalmente la derecha.
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domingo, 1 de agosto de 2010
Miguel Óscar Menassa, un poeta del compromiso candidato al Nobel

Con musical acento argentino me cuenta de sus orígenes multiculturales, “de niño, mi padre me contaba cuentos árabes y mi madre me cantaba tangos”. Ella, le inculcó el sentimiento de generosidad. “Tener dinero no es ninguna traición, pero cambiar de clase es una traición”, dice que le contaba su madre.
Nuestro poeta escribe poesía, pero también narrativa y ensayos, y pinta…, por eso él se define como un trabajador. Un intenso trabajador. Un multiempleado al que muchos califican de “hombre del Renacimiento”. Pero no, él lo tiene claro, es un “multiempleado”.
Y con tanta actividad tiene claro que el tiempo no sale de ningún lado, que el tiempo se produce: “Cuando me pongo a escribir es el tiempo de la escritura porque estoy escribiendo. El tiempo de pintar cuando estoy pintando. Por ejemplo, si usted no tiene ninguna amante y me dice que no tiene tiempo, yo le diré que no tiene amantes, no que no tiene tiempo. Si tuviera una amante enseguida tendría tiempo”.
Y explica pedagógicamente porque es esta sociedad nos falta el tiempo, “porque la moral impide que uno tenga tiempo, que uno goce, que uno haga el amor, que uno escribe, que uno pinte… Están prohibidas totalmente esas cosas.
MILITANTE DE LA MEDICINA. Y MÁS
El tono cantarín de argentino se vuelve más pausado cuando habla de sus primeras experiencias profesionales como médico en su país de origen: “Yo era un médico que estaba en la lista de los sanitarios que atendían a los presos en Villa Devoto. Tenía una escritura fuerte en esa época y no podía soportar la falta de libertad de expresión. Era algo insoportable. Después, ya en el 76, veía el fracaso de la liberación. Como digo en un poema, "de los olores de la revolución asesinada". Mi militancia fue médica. Fui doctor de una maternidad, trabajaba gratuitamente, vi las miserias en las chabolas, entre cuyos habitantes tenía mucho prestigio. En esa época hice la campaña para el llamado "documento único", donde no figuraba si el bebé tenía padre o madre, sino donde figuraba sólo el nombre del niño porque se discriminaba a quienes no tenían padre. Fue un duro trabajo.
Y luego vino el exilio, aunque reconoce que nadie le obligó, “yo me vine solo. Así que no le puedo echar la culpa a nadie del calvario”.
Pero antes de este “calvario”, a principios de los sesenta, anduvo por Italia viviendo experiencias vitales muy importantes, “muy gratificantes”. Allí fue secretario del Grupo Comunista de la Casa de Estudiantes de Milán y representante de los estudiantes milaneses en el Congreso de Organización de la Juventud Comunista Italiana. Estuvo con Musati, con Humberto Eco y con los grandes poetas italianos.
Y ya en España tuvo relación con Alberti, “el primer diálogo que mantuvimos fue en la calle Princesa. Él caminaba todas las mañanas haciendo muchos movimientos y un día le digo: "Maestro, ¿qué está haciendo?, ¿está nervioso?" Se dio cuenta que yo era argentino y me contestó: "No pibe…, estoy escribiendo". Después empezamos a contactar y vino en algunas ocasiones a recitar a la escuela, al aula nuestra. Sí tuve relación con poetas como Gloria Fuertes o García Nieto y un muy estrecho contacto con Leopoldo de Luís, un poeta también excluido…
SEXO Y AMOR
Aunque Menassa, más que excluido se considera “reventado”. Y sigue, “macho, me maltratan mucho. Últimamente dicen los que me aman y los que me desaman que soy un hombre del Renacimiento porque hago muchas tareas. Yo creo que no, que soy un hombre del Renacimiento porque me atrevo a hablar de la sexualidad. Acá nadie habla de la sexualidad. Nadie. Es mejor no tenerla”.
Yo, esto de la sexualidad lo relaciono con su faceta de psicoanalista, pero él aparte de intentar explicarme que “todo, todo, todo es sexo. Todo lo que nos rodea es sexo”, asegura que antes de psicoanalista fue poeta y recalca, “los poetas somos libertarios fundamentalmente. Yo primero fui poeta antes de ser psicoanalista”.
Pero es un poeta que desliga la felicidad del amor, “para ser feliz no se necesita amor. Más bien, se es feliz sin amor. El amor es un sentimiento de la especie. Es un sentimiento animal. Tenemos idealizado el amor y sin amor nadie copularía. Y se acabaría la especie”.
Sí entiende la poesía como compromiso, “la poesía, si no denuncia, no es poesía, pero también hay que saber denunciar, porque si no se convierte en un panfleto. Y a mí los panfletos no me gustan aunque sean útiles. Bertolt Brecht escribió uno de los grandes poemas de la historia que a la vez es totalmente revolucionario: A los hombres futuros
En su poema Arte poética (lo reproduzco al final), Menassa define la poesía. En él, habla de “los pecados proletarios” y los “vicios burgueses”. “El fundamental pecado proletario –me explica- es que en lugar de aceptar que se es proletario, todos quieren ser burgueses. Y los vicios burgueses…, son muchos. Son muchos porque son a costa de esos proletarios”.
El poeta candidato es crítico, bueno, muy crítico con las instituciones. Y con la intelectualidad, “yo recuerdo que los intelectuales votaron a Hitler y nunca me olvidé. Es decir, ser intelectual no es una cosa buena. Además, se equivocan siempre, porque los pueblos se equivocan, pero después salvan la equivocación. Por eso, entre el pueblo y los intelectuales, uno tiene que preferir el pueblo”.
Luego, se va calentando y propone poner impuestos a los bancos y cerrar la Bolsa: “Yo cerraría la especulación directamente, porque usted se dará cuenta de cundo aumenta el paro, sube la Bolsa”. Tras la conversación, evidentemente nos despedimos como “camaradas”. Y mi amigo Fran nos hace una foto juntos, la de arriba. Yo soy el bajito de gafas. Por si hubiera alguna duda.
Menassa anda dando recitales por todas partes, esto se lo grabé un par de días después de nuestro encuentro, en la Casa de América. Pincha aquí para escucharle. Sí aquí.
Y para saber más sobre Menassa y apoyar su candidatura, puedes pinchar aquí.
ARTE POÉTICA
Poesía, lo sé, mientras te escribo,
dejo vivir.
Entrego, mansamente, mis ilusiones,
mis pobres pecados proletarios,
mis vicios burgueses y, aun,
antes de penetrar tu cuerpo,
-tapiz enamorado-
abandono mi forma de vivir,
miserias,
locuras,
hondas pasiones negras,
mi manera de ser.
Vacío de mis cosas,
abanderado de la nada,
transparente de tanta soledad,
invisible y abierto,
permeable a los misterios de su voz,
intento,
rasgo sonoro sobre la piel del mundo
la piel de la muerte
la piel de todas las cosas.
Poesía, sobre tu piel, rasgos sonoros,
esquirlas apasionadas,
imborrables astillas de mi nombre.
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martes, 27 de julio de 2010
La primera huelga de la historia
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domingo, 25 de julio de 2010
Madres e hijas
Ahí os pongo el trailer en español:
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viernes, 23 de julio de 2010
De José Agustín Goytisolo a Shreck 4

Aquí os pongo el trailer en español:
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jueves, 22 de julio de 2010
Waris Dirie, Flor del desierto

Se estrenó en marzo, con lo que es difícil que se proyecte en alguna sala. Pero no importa, existe el DVD y, si lo compras, estarás donando 1,5 euros para la defensa de los Derechos Humanos a través de Amnistía Internacional.
La película está basada en un libro de gran éxito, Flor del desierto, que es la autobiografía de Waris Dirie, una top model nacida en Somalia y que tuvo que padecer la tragedia de la ablación, también conocida como MGF (Mutilación Genital Femenina). La historia es dura, pero agita nuestras conciencias. No en vano Waris Dirie ya ha abandonado las pasarelas para dedicarse exclusivamente al activismo y la denuncia.
Se calcula que alrededor de 70 millones de mujeres han sido víctimas de esta tradición ancestral y la inmigración ha provocado que más de 6.000 niñas la sufran cada día en el mundo occidental. Sunna es la extirpación del clítoris. La escisión elimina asimismo los labios. Las chicas somalíes sufren la forma más severa de mutilación, la denominada circuncisión faraónica o infibulación. Después del acto, se cose la herida hasta que queda prácticamente cerrada, dejando únicamente una abertura para la sangre y la orina. La pérdida casi total de sensibilidad es una de las primeras consecuencias para las afectadas, además del trauma psicológico que supone. Muchas mueren desangradas o a causa de una infección en las semanas posteriores a la intervención.
Con todo, la ex top model denuncia que en Occidente la situación de las de su sexo tampoco es paradisíaca. “Aquí a la mujer se las valora exclusivamente por su atractivo sexual. Sin sexo no se vende nada. No es posible anunciar un jabón o una sopa sin mostrar unos senos desnudos. ¿Acaso eso es la libertad? La diferencia es que las occidentales llevan maquillaje y ropa de marca en lugar de un velo. Cuando salí de Somalia pensé que había perdido de vista a todos esos haraganes que dejan que sus esposas se encarguen de todo, pero me encontré con lo mismo en el mal llamado primer mundo”.
Ahí os dejo el trailer en español:
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domingo, 18 de julio de 2010
De Sara Carbonero a Alvarito del Bosque
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viernes, 9 de julio de 2010
Un magistral cabezazo (IV)
- “Deplorable aspecto”, afirmó extremadamente sincero a modo de saludo.
- “No me encuentro muy bien. De hecho, me encuentro fatal”, contesté mientras buscábamos una grada para compartir.
El Muro me ofrecía pipas que yo rechazaba. El Muro me miraba de reojo mientras nuestros replicantes salían al terreno de juego como si fueran a disputar la final de la Copa del Mundo. No pude aguantar más, y en honor a esa vieja, eterna camaradería le conté:
- “Emilio. Esto se parece mucho a aquel partido. No puedo evitarlo. En la cara de mi hijo, en la cara de Manuel, en su cabeza, veo la cara, la cabeza de…”
-“¿De Toño?”, inquirió.
Y una treintena de años de silencio se derrumbaron en un instante. Nuestras miradas se clavaron. Sentí que sus ojos penetraban en mi mente y en mi corazón.
Un pitido señaló el inicio del partido. En ese instante evoqué el inicio del trágico final de Toño. En aquella ocasión los nervios me devoraban más que al resto. Estaba casi enloquecido. Quizá era mi última oportunidad para demostrar mi valía, no sé muy bien a quién, en un campo de fútbol. Toño no. Se le veía relajado y extremadamente seguro de sí mismo. Una actitud muy similar a la que en directo mantenía mi pequeño Manuel.
- “Aquello pasó. A todos nos afectó. Éramos unos chavales y el silencio y el tiempo deberían haber cicatrizado la herida. Hoy nuestro deber es disfrutar del partido con nuestros hijos. Nosotros desde la grada y ellos en el campo”, me decía Emilio, El Muro, mientras Manuel se acercaba peligrosamente al área contraria.
Los minutos transcurrían en una contienda que se desarrollaba con emoción según confirmaban los gritos y gestos del público, pero que mis ojos y mi mente se habían negado a digerir. Yo seguía en el otro encuentro, en el de hacía más de treinta años.
A escasos minutos del final: empate a uno. La tensión se desborda. El portero de nuestro equipo, del de Manuel, detiene un patadón impresionante. Asegura con las manos. Fija la vista en el horizonte. Dos jugadores están especialmente adelantados evitando el fuera de juego. Manuel es uno de ellos y… Hacia él se dirige un balón perfecto para el remate de cabeza. Segundos de silencio en el campo y las gradas.
Mi cerebro viaja del presente al pasado con angustia. El Muro, muy seguro, lanza el cuero hacia Toño y yo me acerco y él salta como un ángel por encima de todos, por encima del mundo y con un suave y preciso movimiento conecta un magistral cabezazo que se estrella en la portería contraria. Cae al suelo y yo, humillado y enloquecido por tanta perfección, le clavo una patada en la sien. Y otra. Mientras, todo el campo es un confuso clamor. Toño se duele de la cabeza y me mira desconcertado, pero la emoción del gol hace que aguante los últimos segundos hasta el final. Luego, una semana de intensos dolores de cabeza y la tragedia.
Manuel encaja un perfecto cabezazo, casi magistral. Logra el gol de la victoria y yo caigo al suelo sin sentido. Nunca. Nunca tendré la certeza de qué mató a Toño. Nunca tendré la certeza de si alguien vio la jugada completa.
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jueves, 8 de julio de 2010
Un magistral cabezazo (III)
Durante el curso he coincidido con Emilio en muchas ocasiones a la salida del colegio de los chicos, pero hoy nos hemos encontrado en la final que disputa el equipo de nuestros hijos. Se jugaban ser campeones.
Mi noche ha sido toda de pesadillas: patadas, balonazos, sudor, gritos… Una y otra vez aquel equipo: El Muro bajo los palos; Germanosky y Manolín; Nando, Julián y Nacho; Mariano, Javi, Carlos; y Toño y yo los fusileros. En el banquillo, gritando, animando insultando al contrario, levantándose, sentándose, esperando su momento: David, Josema, Fernan, Chema y Paquito el utillero con sus aguas milagrosas. Don Vicente, serio, muy serio, indicando que “todos al ataque”. Y, a cada instante de la noche, noche de fantasmas, aquel cabezazo, ese gol único una y otra vez, y el frío de la muerte.
- “Que mal aspecto tienes”, me espetó Manuel según entrábamos en el coche camino del campo.
- “He dormido fatal. Creo que no me sentó nada bien la cena”, respondí intentando ocultar las causas verdaderas de mis profundas ojeras.
Y es que se parecía tanto aquel día, con mi hijo como protagonista, al ya lejano partido de mi infancia con Toño como centro de atención… Era imposible no hacer paralelismos, era como si la historia se repitiera y a mí me hubiera tocado el papel de secundario principal. Nada podía evitar que pensara en el espanto. Un sudor frío en las palmas de las manos y en las plantas de los pies casi me inmovilizaba mientras mi mente desarrollaba maquiavélicas estrategias para no llegar al encuentro. Una tenue voz interior me indicaba que no, que todo aquello era absurdo, que no pasaba nada. Que Manuel saldría al campo, jugaría como los miles de niños que juegan al fútbol y luego volveríamos a casa a celebrar el triunfo o a llorar la derrota.
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miércoles, 7 de julio de 2010
Un magistral cabezazo (II)
A los dos años, nadie sabía nada de la familia y la vida continuó, aunque para mí sin fútbol, incluso sin deportes de equipo. El tiempo pasaba con tranquilidad, con alegrías. El silencio sobre Toño se apoderó de todos nosotros, casi a modo de una extraña omertà. De los juegos infantiles pasamos a los juegos de adolescencia, y de éstos a las preocupaciones adultas. La relación de amigos de infancia y adolescencia se fue diluyendo, hasta prácticamente desaparecer.
En distintos momentos de mi vida, el magistral cabezazo de Toño me ha asaltado y la frialdad de la muerte en su rostro, también. Y esta mañana, más que nunca…
Hace algo más de un par de lustros que me casé. Al año y pico nació Manuel, y a los tres años y pico Lucía. A pesar de algunos fallidos intentos familiares, Manuel es Manuel. No es Lolín, ni Lolo, ni siquiera Manolo. Manuel empezó a tontear con pelotas en la guardería, como todos los críos de su edad. Y aunque yo jamás le he comprado un balón, gracias a mi suegro ahora posee cerca de un millar, la mitad de reglamento. Manuel juega al fútbol constantemente y, naturalmente, en el equipo del cole. Aunque siempre he intentado que las actividades extraescolares las encaminara a otros deportes, Manuel necesita el fútbol. Adora jugar al fútbol. Y yo, odio el fútbol y odio esos balones que inundan la casa y esos pelotazos secos del balón en contacto con el suelo, con las botas, con las cabezas…
La casualidad, o vaya usted a saber si el destino, ha querido que en el mismo equipo de Manuel juegue Víctor, hijo de Emilio, antiguo compañero de infancia. Después de veinte años coincidimos en el patio del colegio con nuestros vástagos. Abrazos, risas, recuerdos y el histórico cómplice silencio sobre aquellos partidos de fútbol. Y después de veinte años, Emilio mantiene esa esencia de buena persona en la mirada, una mirada que los cristales de la miopía hacen pequeña pero profunda. A Emilio siempre le rebosaron algo las carnes, y ahora, en la cuarentena, un poco más. Emilio era “El Muro”, el mejor portero de nuestro equipo.
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martes, 6 de julio de 2010
Un magistral cabezazo (I)
Aquellas tardes de viernes eran preludio de partidos matinales en el parque o, cuando había suerte, en el campo municipal. Campeonatos de colegio, campeonatos de barrio… Siempre la competición.
Y de entre todos, quien sin duda destacaba era Toño. A punto de los doce años, Toño era de tez blanca. Sus mejillas estaban salpicadas de pecas de todas formas y tamaños. Su pelo liso se agitaba en la carrera y siempre, siempre jugaba al fútbol. Jugaba con una pelota de papel, con un borrador, con una chapa, con una esponja. Jugaba en el aula, en los pasillos del colegio, por las escaleras, en el patio. Jugaba por la acera de la calle.
La tez blanca de Toño nunca conoció barba. Toño vivía para el fútbol y casi seguro el fútbol se lo llevó. La de la guadaña, disfrazada de balón de reglamento, nos lo arrebató tras un magistral cabezazo. Intensos dolores de cabeza y en menos de una semana la tragedia lo invadió todo. Su risa se transformó en una boca rígida color de cera. Sus sonoros y alegres gritos agudos se convirtieron en aterrador silencio. Su calor se apagó. Su brillante mirada se cerró, aunque siempre recordaré ese párpado derecho entreabierto, como si quisiera mirar y volver a la vida. Su piel blanca, ahora era mortecina y su cabello liso lo escondía un paño. Su agilidad era ahora quietud extrema. La muerte duele más cuando tiene rostro de niño a pesar de que ofrezca una faz tranquila, apacible, inocente. Aunque la memoria es traicionera, quizá para nosotros, sus amigos de infancia, era algo más incomprensible que triste.
Las leyes de la naturaleza se habían invertido: ver morir a un hijo puede trastornar la mente más lúcida. Su madre se convirtió en una demacrada sombra que intentaba sobrevivir y sacar adelante a la otra hija, María, la hermana pequeña de Toño. El padre, don Antonio, se encerró en su casa. A los dos años se trasladaron de ciudad porque no soportaban ver a los amigos de su hijo, ni convivir en los lugares por los que día tras día Toño iba creciendo con normalidad, con alegría, hasta que aquel balón asesino le golpeó la sien. ¿O fue la sien la que golpeó en un magistral cabezazo aquel balón?
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