Blog de Alfonso Roldán Panadero

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En las fronteras hay vida y tuve la suerte de nacer en la frontera que une el verano y el otoño, un 22 de septiembre, casi 23 de un cercano 1965. En la infancia me planteé ser torero, bombero (no bombero torero), futbolista (porque implicaba hacer muchas carreras), cura (porque se dedicaban a vagar por la vida y no sabía lo de la castidad...) Luego, me planteé ser detective privado, pero en realidad lo que me gustaba era ser actor. Por todo ello, acabé haciéndome periodista. Y ahí ando, juntando palabras. Eso sí, perplejo por la evolución o involución de esta profesión. Alfonso Mauricio Roldán Panadero

jueves, 19 de mayo de 2016

Paca Sauquillo, presidenta del MPDL y Coordinadora de la Comisión de Memoria Histórica del Ayuntamiento de Madrid

Sauquillo en su despacho, fotografiada por @frlorente

“Intento que la Memoria Histórica no sea un arma arrojadiza”



Es uno de esos extraños casos de madrileña por los cuatro costados, además con fuertes vínculos en Fuenlabrada. Su vida ha sido, es, y todo apunta que seguirá siendo un no parar. Camino de los 73 años vive con intensidad y mantiene la pasión aquella rebelde estudiante de Derecho antifranquista. Manuela Carmena le ha encargado una “patata caliente”: ordenar la memoria histórica de la ciudad. Además, continúa peleando y concienciando a favor de los más desfavorecidos del mundo.

P. Manuela Carmena, la alcaldesa de Madrid, le ha pedido que se ocupe de poner orden en el callejero, placas, rótulos, símbolos, estatuas de la ciudad…, en relación con la memoria histórica de la capital. Una labor intensa…
R. Me parece que es una patata caliente aunque no debería ser así. En otros países dan mucha importancia a la memoria histórica porque si desconoces la historia de tu ciudad, la democracia no está completa. La gente debe saber qué ha pasado y por qué. No consiste en juzgar hechos históricos, sino en recuperar la memoria. En Europa y Latinoamérica esto se hace bien, pero en España es un arma arrojadiza entre izquierda y derecha, especialmente en la Comunidad de Madrid.

P. De cualquier forma, hay una “ley de Memoria Histórica”. ¿Cree que es una ley que no funciona?
R. Creo que es una buena ley, moderada, pero se ha interpretado mal. Tiene un preámbulo muy bonito en el que se aboga por la concordia, el acuerdo, el reconocimiento para que reconozcamos o cerremos de forma efectiva un capítulo de la historia. Luego está el artículo 15, que es lo que se ha interpretado erróneamente. Este artículo afirma de manera muy clara que los símbolos y los rótulos de las calles que signifiquen el ensalzamiento de la sublevación y la violencia tienen que ser cambiados porque hieren a muchas personas. Por otra parte, hay que recuperar a personas e instituciones que jugaron un papel muy importante.

P. ¿Por ejemplo?
R. Por ejemplo, la Institución Libre de Enseñanza y otras más desconocidas como el Liceo de Mujeres que jugó un papel muy importante y estuvo ubicado en el actual Ministerio de Cultura. Ahí debería haber una placa. También debería recordarse que en la actual Presidencia de la Comunidad de Madrid, en la Puerta del Sol, estuvo la Dirección General de Seguridad, que jugó un papel de represión. Habrá que hacer un vestigio de qué fue y lo que fue y…, no pasa nada. Lo mismo con la demolida cárcel de Carabanchel y la cárcel de Ventas.

P. Entonces ¿su objetivo con “la patata caliente”?
R. Intento que la memoria histórica no sea un arma arrojadiza, sino un reconocimiento de personas que faltan y personas invisibles como son la mayoría de mujeres que han sido sacadas de la historia. Mi opinión es quitar lo menos y poner lo más. Para ello he dicho a la alcaldesa que quiero crear un comisionado de personas de reconocido prestigio: cronistas, archiveros, historiadores, bibliotecarios. Una comisión consensuada de personas independientes que también incluyera un urbanista arquitecto y que creara un museo de la historia de Madrid.

P. La Transición está muy ligada con la memoria histórica…
R. Mi generación hizo la Transición pero no vivió la guerra, vivió la dictadura de Franco. La guerra finalizó hace más de setenta años, pero la dictadura hace cuarenta. Ciertamente no fuimos capaces de cerrar la Transición recuperando la memoria histórica porque en su momento no era una reivindicación de la sociedad. El eslogan del momento era “libertad, amnistía y estatuto de autonomía”. Curiosamente, a la memoria empezó a dársele importancia a partir del año 2000. La relevancia se la dieron en primer lugar nuestros hijos y nuestros nietos y luego nosotros mismos, que vimos que países como Francia, Alemania, Argentina…, empezaban a recuperar su memoria y no pasaba nada.

P. La Transición parece que se pone en entredicho por algunos sectores. ¿Cómo definiría ese momento histórico?
R. Visto cuarenta años después se puede pensar que deberíamos haber hecho más, incluso que no se hizo bien, pero había que haber estado ahí en ese momento. En mi caso, por ejemplo, defendí las últimas ejecuciones de pena de muerte. Un juicio sumarísimo que se ventiló en veinticuatro horas. Hay que recordar que hasta 1978 existía la pena de muerte en nuestro país. Me parece bien que se revise la historia, pero los que la vivimos, o al menos yo, pienso que no podíamos llegar a más en ese momento, porque lo que teníamos era ansia de libertad y democracia. Creíamos también que con la libertad y la democracia íbamos a conseguir la mejora de las condiciones de nuestro país, como efectivamente se consiguieron. De hecho, la Transición española se ha puesto de modelo en todos los países del mundo.

Captada por @frlorente
P. ¿Cómo recuerda aquel tiempo?

R. En aquel momento yo había fundado la Organización Revolucionaria de Trabajadores, la ORT, y apostábamos por la ruptura con el franquismo, pero efectivamente nuestro objetivo era la libertad y la democracia. La Transición empezó en la década de los setenta como un movimiento organizado. Previamente, en la década de los sesenta surgen las Comisiones Obreras, las comisiones de los barrios, las asociaciones de vecinos y los movimientos profesionales de gente que estábamos contra la dictadura, a favor de la democracia, de las libertades y de que España fuese un país democrático dentro de Europa. Por una parte, estaban los inmovilistas del régimen y por otra, grupos que querían hacer cambios violentamente, fundamentalmente ETA. España no podía seguir así, así que apostamos por la organización de las masas y comenzamos a rebelarnos pacíficamente. De quienes vivimos la Transición habrá muy pocos que renieguen de ella. Quienes la están revisando no la vivieron o, efectivamente, no estaban por una transición.

Vergüenza

Sauquillo, presidenta del Movimiento por la Paz, el Desarme y la Libertad es abanderada de la justicia social, “creo que las ONG tenemos que defender la justicia social y no la beneficencia que es lo que desde el Gobierno del PP quieren que se implante”, asegura. Y en ese contexto, insiste en que las ONG, igual que otras organizaciones como los sindicatos, “tenemos que repensar cuál es nuestro papel”.

Pero si por algo está escandalizada Sauquillo es por la tragedia de los refugiados, también porque “la situación que vivimos con los refugiados pone en cuestión la Europa solidaria”. Con una sola palabra califica lo que está ocurriendo con las personas que huyen de los conflictos, fundamentalmente de Siria: “vergüenza”.
Tiene claro que no hay voluntad política por parte del Gobierno, “el Gobierno no ha jugado ningún papel. Tenía que haber llegado al Consejo Europeo y decir España, que  se hacía cargo de los 16.000 refugiados, que no son tantos. Y recuerda cómo en una situación peor de crisis e infraestructuras, este país se hizo cargo en los años 90 de 5.000 bosnios, croatas y serbios perseguidos.



martes, 17 de mayo de 2016

Idoia Armendáriz Trabajadora de Coca Cola en Fuenlabrada

Espachurrando una lata mientras la fotografía @frlorente

“No nos tienen trabajando, sino entretenidos tirando producto caducado y separando tapón, botella y etiqueta. También nos mandan a seleccionar vidrio y agrupar botellas. Un área rudimentaria, insalubre, manual”


Aunque se instaló en Pinto con ocho años, no puede negar que nació en Bilbao, en el popular barrio de Santutxu. Las circunstancias laborales familiares la convirtieron en una pinteña del mismo Bilbao que decidió convertirse en técnico de laboratorio. A partir de los 17 años compatibiliza estudios y trabajos en diferentes empresas del sector del metal, hasta que en 2006 comienza en la planta fuenlabreña de Coca Cola.
Tras dos años trabajando como eventual, en 2008 es contratada como indefinida. Se convertía así en la segunda mujer que entró en el área industrial en la planta de Fuenlabrada. En 2013 la plantilla total de esta fábrica la conformaban 586 hombres y diez mujeres. En la actualidad quedan 154 hombres y cuatro mujeres, una de ellas administrativa.


Hasta que llegó el ERE, Idoia era oficial de calidad y medio ambiente y trabajaba a turnos de mañana, tarde y noche. A grandes rasgos, su labor consistía en verificar la calidad, desde la materia prima hasta el producto finalizado. En el laboratorio realizaba ensayos físicos, químicos, de microbiología, etcétera.

En aquel tiempo, no tan lejano, rememora Idoia: “me sentía valorada y querida por la empresa; realizaba mi trabajo lo mejor que podía; en unas condiciones y un ambiente de trabajo óptimo. Me sentía desarrollada laboral y personalmente. Estaba enamorada de mi trabajo.”

Todo iba bien hasta que en enero de 2014 llegó el ERE. Fue como una bomba: “por la mañana, a las seis y media, firmamos el convenio y por la tarde nos dicen que nos cierran. Para más desconcierto, la empresa acababa de invertir 10 millones de euros en la tecnología más moderna”. De la noche a la mañana la vida de cientos de familias da un giro radical y comienza la pesadilla. “Es muy difícil explicar los sentimientos de aquella noche”, explica Idoia emocionada: “me rompieron la cabeza y el corazón…”

A partir de ese momento comienzan las asambleas en los pasillos y la movilización de la mano del comité de empresa de CCOO. Los recuerdos de Idoia se amontonan: “fueron días caóticos, de incertidumbre, llenos de tensión. Antes de comenzar la huelga, la empresa nos obligaba a estar en la fábrica, éramos como fantasmas, el vacío recorría cada rincón”.

Movilización y unidad

Cuando se obtienen los permisos para iniciar la huelga, ésta es secundada por toda la plantilla. La respuesta de la empresa es intentar negociar individualmente con unas condiciones espantosas, “traslados a Barcelona o Málaga sin garantizar los puestos de trabajo, ni salarios, ni nada de nada. Nuestra respuesta fue clara: organización, movilización, concienciación y boicot contra el abuso de la multinacional”, explica Idoia, “y ante el veto de los medios de comunicación repartimos octavillas, activamos redes sociales y aplicamos el boca a oído para explicar la realidad de lo que sucedía”.

Paralelamente fue surgiendo de una forma natural y espontanea el campamento de la dignidad a las puertas de la fábrica. Y comienza la batalla legal encabezada por los servicios jurídicos de CCOO. En junio de 2014, la Audiencia Nacional declara el ERE nulo y la empresa es obligada a readmitir a toda la plantilla. “La empresa se negó a cumplir la sentencia y nos  tuvo cinco meses sin cobrar prestaciones para desgastarnos y hacer daño” y en abril de 2015 el ERE vuelve a ser declarado nulo, ahora por el Tribunal Supremo.
Pillados por Juan Carlos Asenjo.

En septiembre de 2015 la plantilla comienza a entrar en la fábrica. El 22 de noviembre es la fecha en la que la empresa permite a Idoia acceder pero como “moza de almacén” y se sorprendieron porque “al entrar vimos que la fábrica estaba partida en dos y nos niegan la entrada a lo que llamamos zona negra porque la estaban desmontando para llevársela”.

La situación es tan surrealista como que a los trabajadores de mantenimiento les hacen cambiar los rollos de papel higiénico, “no nos tienen trabajando, sino entretenidos tirando producto caducado y separando tapón, botella y etiqueta. También nos mandan a seleccionar vidrio y agrupar botellas. Un área rudimentaria, insalubre, manual…”


Con todo, la inspección de trabajo anduvo por la planta para ver la carga de trabajo y las condiciones. Según Idoia, “el inspector estaba sobrecogido…”


sábado, 14 de mayo de 2016

Inés París se ríe de sí misma

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Pillados por @frlorente en la puerta del Palacio Longoria.
Acaba de ganar el premio del público en el Festival de Cine de Málaga con una comedia repleta de enredo y sorpresas. Eso sí, lo primero que se retrata en La noche que mi madre mató a mi padre son las nuevas familias con parejas, ex parejas, el lío de hijos e hijas que van y vienen y, en segundo lugar, un asunto latente en toda la cinta: las dificultades para sacar adelante un proyecto laboral. También en ese arranque está la complicidad con el personaje interpretado por Belén Rueda a la que un director de cine pedante la fastidia. Ella es una mujer sometida, que está siendo observada y valorada y a la que el paso del tiempo y la edad excluye de muchos papeles. Lo que viene después es humor en estado puro.

P. Su último trabajo antes de esta comedia fue un documental social, de compromiso, Manzanas, pollos y quimeras, que podremos ver el 21 de mayo en la programación del mes de la cultura y el trabajo organizado por la FundaciónAteneo Cultural Primero de Mayo. Un cambio muy radical, ¿no?
R. Siempre he combinado los dos campos. Por un lado, el cine que he hecho de ficción siempre son comedias que pretendo sean lo más graciosas posibles, lo cual no quiere decir que no lleven una carga de transgresión; que pongan en solfa o en cuestión determinadas realidades y que ofrezcan también una función alternativa del mundo. Creo que la comedia es un género transgresor y crítico. Siempre he alternado comedias, quizá más comerciales, con trabajos de mayor implicación social o compromiso político. En el caso del documental Manzanas, pollos y quimeras, lo hice para la Fundación Mujeres por África, con las que colaboro desde hace bastantes años.

P. Volviendo sobre La noche que mi madre asesinó
R. Nooooo. La noche que mi madre mató a mi padre.

P. Perdón, es que el titulito se las trae.
R. El título es enrevesado y también acabamos jugando con eso. Desde el título hay cierta comedia.

P. La película es como una obra de teatro.
R. No, no, no. La película es una película que habla, entre otras cosas, del mundo del teatro. Lo que tiene de teatral es que ocurre básicamente en una sola localización, pero he evitado que pareciera una obra de teatro filmada. Tiene un valor cinematográfico por el tipo de planos, por el tipo de luz o por el montaje. Es una película, película.

P. Bueno, me refería a que se puede adaptar fácilmente a la teatro…
R. Eso sí. Yo creo que finalmente habrá habiendo una obra de teatro.

P. Es una comedia que puede recordar a las obras de Poncela o Mihura…
R. Lo interesante es que se enclava en esa tradición. Es algo que los críticos han valorado y a mí me pareció muy interesante. La comedia en España se ha movido en un territorio más cercano al costumbrismo y ha perdido un cierto hilar fino y un cierto surrealismo que también eran características de Mihura o Jardiel Poncela. No es que yo haga un ejercicio erudito ni rinda homenaje a nadie, yo ruedo las películas como veo el mundo y en ello hay una carga de las cosas que he visto, leído y me han hecho gracia. Es verdad que el humor que me gusta es el que es creíble y sólido desde el punto de partida y los personajes, para que después se llegue a situaciones muy disparatadas, que son las que más gracia me hacen.

P. Porque el humor es la cosa más seria del mundo, ¿no?
R. Siempre es un género menospreciado, pero es muy difícil. ¿Cómo hacer que funcione un chiste, un gag, una situación, un personaje? Todo es un mecanismo muy complicado que casi nunca se valora suficientemente.

P. ¿Por qué?
R. Porque el humor pertenece al terreno de lo “popular”, y lo popular en esta cultura jerarquizada está minusvalorado.

P. La película está teniendo éxito, ¿pero hasta cuando aguantará en las salas?
R. Depende del público. Funciona muy bien en el boca a oreja entre un público muy variopinto de gustos y edades. Aunque hemos tenido detrás a TVE, ha hecho muy poca promoción. Ojalá hubiéramos tenido a Mediaset o Atresmedia que sí se implican profundamente en la producción de sus películas. Seguro que habría sido un éxito de taquilla.

P. La crítica también está siendo positiva, ¿no?
Sin quitarme la máscara le coloco 50 besos.
R. Es verdad que hoy día, además de los grandes medios existe todo un universo de críticas y comentarios en la red que ha permitido que se abra mucho ese abanico y lo que ocurre es que hay mucha gente opinando y opinando bien.

P. Por los personajes que aparecen en La noche que mi madre mató a mi padre, está claro que se ríe de sí misma…
R. Me río de mí misma, me río de la profesión, me río de los autores… En realidad mi alter ego es el escritor. O sea, es un personaje masculino que observa la realidad del mundo pero que siempre está ficcionando esa realidad de una manera notoria y graciosa. Esta es una película en la que se ve que los seres humanos representamos ante nosotros mismos y ante los demás. Somos seres enmascarados, pero prefiero que no nos quitemos las máscaras porque debajo de ella no hay nada.

Así que sin quitarme la máscara voy y, como queda patente en la imagen que acompaña a este texto, le coloco 50 besos sin ningún pudor. Eso sí, seguimos hablando sobre el estado del cine, la situación de la mujer, la ausencia de políticas culturales…, para publicar algo elegante en la revista Madrid Sindical.

martes, 10 de mayo de 2016

La “Mirada de mujer” de Paca Sauquillo

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Tras un revuelo muy grande a cuento de la memoria histórica en la ciudad de Madrid, la alcaldesa, Manuela Carmena, decidió encargar a una compañera de luchas, a Paquita Sauquillo, coordinar una comisión que ponga orden en el callejero, estatuas y símbolos de la capital. Esto me ha llevado a leer un libro, Mirada de mujer, que publicó Sauquillo en el año 2000 (Ediciones B). Se trata de un relato de recuerdos con alma autobiográfica que, sin duda, deberá ampliar en unos años.


Mirada de mujer fue culminado en el momento más duro de la dura vida de Paquita Sauquillo. Dos años antes moría su hijo Javier y explica ese terrible dolor como una amputación: “Fue como si me amputaran un miembro que después sigue doliendo. No se supera nunca, tienes que saber vivir amputada y cada día es peor. Cuando muere un padre, o un hermano, el tiempo ayuda a encajar la desgracia; pero cuando muere un hijo es distinto, el tiempo es tu enemigo, te aleja de él, de sus recuerdos; y, como sabes que toda la vida va a ser igual, no quieres que pase el tiempo…”

Y cuando habla de la muerte de un padre o un hermano sabe lo que dice. Relata su relación con el luto precisamente porque su padre falleció cuando ella contaba 14 años. Durante tres vistió de luto en plena pubertad. El primer año, riguroso y los otros dos de “alivio luto”. Años después la muerte la visitó y la rondó en forma de asesinato fascista. Su hermano Francisco Javier Sauquillo, abogado, militante del PCE y de CCOO fue uno de los abogados de Atocha “ejecutado” (siguiendo la terminología del superviviente Alejandro Ruiz-Huerta) por una banda ultra la trágica noche del 24 de enero de 1977.

Madrid

Pero Mirada de mujer no es un libro triste. Es un libro motivador que relata los recuerdos de la autora en un tiempo excepcional de la historia en los que Madrid es el escenario fundamental. Más allá de las luchas, tras una breve estancia en Ceuta, viajamos del Madrid burgués de adolescencia en colegio de monjas al Madrid más obrero y mísero, pasando por una Universidad en ebullición.

Sauquillo se proclama madrileña y, con el conocimiento de la ciudad como fondo, relata un mundo lleno de cine censurado, de enloquecida especulación urbanística, de reuniones clandestinas, manifestaciones y miedos. Tiempos de lucha por conseguir la libertad, tiempos en los que los obreros empiezan a organizarse en las comisiones obreras y los vecinos en las comisiones vecinales.

Paquita Sauquillo un día montaba la primera asociación de vecinos de España en 1964 (aunque existe un pequeño debate con Baracaldo sobre quien fue antes); otro defendía a los obreros de Potasas en 1971 con Carlos Garaikoetxea defendiendo a la empresa y otro, defendiendo de la pena de muerte a miembros del FRAP en los últimos consejos de guerra del franquismo en 1975.

ORT

En aquellos años las siglas de los partidos antifranquistas florecían y Sauquillo fundó la maoísta ORT (Organización Revolucionaria de Trabajadores), un partido que con la llegada de las primeras elecciones generales democráticas aún fue ilegal. Fue en las primeras elecciones al Ayuntamiento de Madrid cuando se presentó como candidata a la alcaldía, pero no logró ninguna concejalía. A pesar de ello, Enrique Tierno Galván, el viejo prfesor, quiso contar con ella, que se negó porque la ciudadanía no la había elegido.

Con los años, unos miembros de la ORT fueron recalando en el PCE y otros en el PSOE. Sauquillo fue de estos últimos aunque tuvo que vivir las tensiones por mostrarse claramente en contra de la OTAN.

Se puede o no compartir las ideas de Paca Sauquillo, pero su Mirada de mujer es un relato elocuente de un periodo que hoy muchos ponen en entredicho. Un relato vivido en primera persona y compartido por un pueblo que fue el verdadero protagonista de eso que convenimos en llamar Transición.

Seguro que en breve os cuento alguna charla que pueda mantener con ella.


domingo, 8 de mayo de 2016

Trumbo, la lista negra de Hollywood

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En nuestros estereotipos mentales figura que los Estados Unidos es gran país de la libertad de expresión y de la libertad de prensa. Gracias al cine sabemos que en muchas ocasiones esto no es así y que este país es maestro también en acallar voces directamente o con subterfugios. De puntillas pasó recientemente por las salas La verdad, por ejemplo, protagonizada por Robert Redford abordaba esa forma de acallar voces con subterfugios. La historia (conocida como Rathergate) transcurre en la víspera de las elecciones presidenciales estadounidenses de 2004.

Sin duda, nada como la caza de brujas del macartismo, para comprender que a veces en EEUU se calla la libertad de expresión por la bravas. La caza de brujas fue uno de los episodios más negros de la reciente historia de los Estados Unidos, padecido por periodistas (imprescindible Buenas noches y buena suerte), cineastas e intelectuales, fundamentalmente.

Trumbo relata el padecimiento del que fuera el guionista mejor pagado de Hollywood entre 1947 y 1970, Donald Trumbo, por pertenecer al Partido Comunista. En aquella locura anticomunista, antisindical e incluso antiroosveltiana; el Comité de Actividades Norteamericanas (HUAC) obligaba a testificar a profesionales del cine. Lo
s actores, guionistas, directores que no denunciaban a sus compañeros de izquierdas eran condenados a prisión.

Trumbo, con otros nueve guionistas, se negó a testificar invocando la Primera enmienda y, claro, acabó con sus huesos en la cárcel y la posterior imposibilidad de trabajar, al menos de firmar guiones…  Porque trabajar, trabajó como un poseso. Paradojas de la vida, le salvó una productora de espantosas películas para la que hacía guiones como churros. Productora a la que, a la postre, no se amedrenta ante las amenazas de los patrioteros porque su público “ni siquiera lee los periódicos y no sabe lo qué es ser un rojo”.

Pero nuestro guionista se las pudo componer para escribir clandestinamente oscarizados guiones como Vacaciones en Roma o Espartaco. En el primer caso, el guión lo firmó William Wyller, que confesó la verdad y en el segundo la firma fue un seudónimo. Con el tiempo la verdad de la autoría salió a la luz y una generación de escritores perseguidos fue resarcida.

La película es imprescindible, recuerdo que empieza la fiesta del cine. Se trata de algo más que cine político en estos tiempos que corren de democracias amordazadas porque al final, como el propio Trumbo explica en un discurso, todos somos víctimas del terror cuando se ataca la libertad de expresión.

País: Estados Unidos.
Director: Jay Roach.
Guión: John McNamara.
Reparto: Bryan Cranston, Diane Lane, Helen Mirren, John Goodman, Elle Fanning, Louis C.K., Michael Stuhlbarg, David James Elliott, Roger Bart, J.D. Evermore, Mark Harelik, Peter Mackenzie, Toby Nichols, Becca Nicole Preston, Elijah Miskowski.


jueves, 28 de abril de 2016

Juicio a los humanos

Si mañana es viernes 29 de abril y estás en Madrid tienes la oportunidad de disfrutar con una preciosa fábula llena de ritmo, con pinceladas musicales y sensuales. Juicio a los humanos se representa en el teatro Arlequín, y la nueva adaptación está siendo un rotundo éxito, también entre gente pequeña.

El búho Salomón es el juez; una cobra, Kali, ejerce de fiscal; el perro Filos será el defensor del ser humano. Un buen número de representantes de diversas especies animales se someterán a las pruebas, a los argumentos de defensa y acusación.

Un juicio que rebosa humor, ironía, pero también una profunda crítica a los seres humanos. Una crítica que descansa en tres pilares: insultos; maltrato y exterminio de los animales. Pero la reflexión que nos plantea este juicio va más allá. Hace que nos planteemos si nuestra inteligencia nos hace felices. Y es que no son invento de la naturaleza asuntos tan humanos como la religión, el matrimonio, la fidelidad, el cubrir nuestros cuerpos…

Una obra muy recomendable por el pensamiento crítico, porque toma partido por la tolerancia, por la defensa del medio ambiente; pero también por el trepidante trabajo de cuatro actrices magníficas que ponen sobre el escenario un amplio abanico de técnicas interpretativas.

Juicio a los humanos es una obra dirigida por José Piris, interpretada por Ana Jota López, Alexandra Calvo, Belén Boluda / Estefanía Rocamora, Noelia Sánchez / María Besant.


Se representa en el Teatro Arlequín, o sea, aquí.


miércoles, 27 de abril de 2016

La noche que mi madre mató a mi padre

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Intriga maquiavélica; enredos y permanente estado de sorpresa; engaños con la comedia como base fundamental y una excelente interpretación por un gran reparto son los condimentos de la última película de Inés París.

Vale, el título a primera vista, nos puede resultar enrevesado: La noche que mi madre mató a mi padre, pero una vez vista no tiene pérdida. Todo el mundo sabe que hay gente para todo y que hay momentos para todo. Cuando vi la película no tenía yo el alma para risas (“no tenía yo el chichi para farolillos”, que decía una amiga mía), pues bien: me reí, y mucho. Incluso durante el metraje de la película desaparecieron de mi cabeza esos demonios que se dedican a hacernos la vida imposible. Y eso es de agradecer.

A nadie engaño si me considero fan de Inés París, una mujer comprometida con las causas justas, una mujer capaz de sobresalir en el mundo del cine siendo mujer y, fundamentalmente, una mujer con sentido del humor.

Quizá por una cuestión de edad y la heterodoxia con las que uno creció también me considero fan de esas comedias surrealistas de enredo y crímenes del gran Miguel Mihura y Jardiel Poncela (afirmar esto suele crearme enemigos y calificativos de casposo, anticuado y tal, pero estoy dispuesto a batirme para defender mucho teatro de Mihura y de Poncela).

Dicho esto, la peli de París tiene algo de ese ritmo trepidante, situaciones absurdas, diálogos desternillantes. Claro, en La noche que mi madre mató a mi padre hay una evidente mirada de mujer del siglo XXI en el tratamiento de los personajes que no suele darse en el cine.

Creo que es imprescindible para que el mundo del artisteo pase un buen rato. Ya sabéis, actores, actrices, guionistas, pero también teatreros y microteatreros…

Mo me atrevo a escribir una sinopsis para no destrozar nada. Sí diré citando no sé bien a quién que “una peli debe ser una mentira bien contada” y, por supuesto “despertar interés”.

La noche que mi madre mató a mi padre está dedicada a Carlos París, padre la directora, un tipo que siempre vivirá en nuestra memoria. La peli se estrena este viernes y la fiesta del cine está cercana. Eso sí, buscaré a Inés París a ver si me cuenta alguna anécdota de la peli y, ya de paso, de la situación del cine y las cineastas…

País: España.
Directora: Inés París.
Guión: Fernando Colomo, Inés París.
Reparto: Belén Rueda, Diego Peretti, Eduard Fernández, María Pujalte, Fele Martínez, Patricia Montero.


lunes, 18 de abril de 2016

La desfachatez intelectual

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Momento presentación en Muga.
Los amigos de la vallecana librería Muga, lugar de referencia para el barrio y para la vecina Asamblea de Madrid que está enfrente, organizaron el pasado jueves la presentación del libro de Ignacio-Sánchez Cuenca editado por Catarata, La desfachatez intelectual. Escritores e intelectuales ante la política. Junto al autor estuvo el tipo que más sabe de ETA y Euskadi, el periodista Luis R. Aizpeolea.
Sánchez-Cuenca, Pacho (no preguntéis por qué pero todo el mundo le llama así), es profesor colaborador en Infolibre y, fundamentalmente, profesor de Ciencia Política en la Universidad Carlos III de Madrid.

Sánchez-Cuenca reconocía que precisamente su condición de profesor universitario es lo que le tiene “blindado”, lo que le permite escribir un libro en el que cita con nombres y apellidos a escritores e intelectuales que opinan alegremente sobre asuntos (casi todos los asuntos) sin tener ni idea de lo que hablan, sin argumentos sólidos, sin datos, sin profundizar ni un poquito. Es un libro sobre esos “referentes que ya no son referente de nada”.

En palabras de Aizpeolea se trata de un libro valiente, pero también necesario “porque nadie cubre ese vacío. Y ese vacío lo tiene que cubrir un profesor, ni un periodista. Personalmente estoy radicalmente de acuerdo. Es un libro de obligada lectura porque es la chispa que puede despertar muchas conciencias que ya se desperezan.

Ignacio Sánchez-Cuenca.
La evidencia de que los opinadores de adjetivo fácil ya no asustan, la tenemos en la masiva respuesta social tras la declaración de Félix de Azúa, en la que aseguraba que a la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, debería estar sirviendo en un puesto de pescado. Félix de Azúa es uno de los personajes más estudiado en el libro junto a Muñoz Molina, Vargas Llosa o Fernando Savater.

El libro se devora. El relato es tan ameno como riguroso. La sonrisa es inevitable cuando la hemeroteca nos demuestra lo patético de tantos artículos e incluso libros (¿ensayos?). Cuenca nos desgrana la trayectoria en masa de tantos que han viajado desde la izquierda, la ultraizquierda, ETA o el sindicalismo a la derecha más conservadora e intolerante. Sorprendentes conversos como Savater, José María Fidalgo, Juan Juaristi, Muñoz Molina… Escritores, intelectuales, activistas que desgrana en el primer capítulo: “la maldición del escritor”.

El segundo capítulo, “la obsesión nacional”, se centra en el nexo común que une a este ejercito de opinadores: su obsesión por el nacionalismo vasco y catalán y su ataque desmedido al proceso de paz que llevó a la desaparición de ETA.

Luis R. Aizpeolea.
Un ataque en el que se ha maltratado hasta lo inhumano al que fuera presidente del Partido Socialista de Euskadi, Jesús Egiguren. Egiguren fue denostado prácticamente al unísono por Jorge Martínez Reverte en El País; por Santiago González en El Mundo; por Fernando Savater en la presentación de un documental sobre el final del terrorismo, por Félix de Azúa

La última pata del libro es la crisis económica, ámbito en el que también “domina una cierta impunidad a la hora de opinar, sin que los razonamientos más superficiales que circulan por la esfera pública generen una reacción crítica”, como señala el propio autor.

En definitiva, un libro muy recomendable que es de esperar abra una vía para que otros profesores, más expertos y más “blindados” que los periodistas, se atrevan a criticar con tanto rigor como mesura a quienes critican sin rigor y sin mesura.

miércoles, 6 de abril de 2016

Marisa Soler, camarera de piso en el Palace


“Somos especialistas, vamos al detalle”


Marisa a las puertas del Palace por @frlorente
Madrileña de nacimiento y leganense de adopción son ya veinticinco años los que Marisa lleva trabajando como camarera de piso. Prácticamente media vida, que tiene 54. Ha pasado por el Hotel Plaza, el Emperador, el Wellington, el Villamagna y, desde 1998, trabaja en el Palace. A este hotel envió un curriculum mientras trabajaba en un lugar que no era de su agrado: el Ministerio de Defensa: “en el Palace me cogieron inmediatamente, incluso me esperaron dos días. También es cierto que tengo un curriculum muy bueno, en el que queda clara mi profesionalidad, algo que sí busca el Hotel Palace”.

Marisa está en pie antes de las seis de la mañana, “a las seis menos diez”, especifica ella. En el hotel tiene derecho a un desayuno, con tostada, y comienza a trabajar a las ocho en punto hasta las cuatro, con media hora de parada para comer y otra pausa de cinco minutos. La gobernanta reparte los turnos, “en el Palace se reparte el número de habitaciones. Dos personas hacemos 24 ó 25 habitaciones, que son muy grandes y con muchos detalles”, explica.

No oculta Marisa, que es delegada de CCOO, que el trabajo “es muy duro” y provoca dolores de espalda, aunque también reconoce que la empresa cumple a rajatabla los protocolos  de salud laboral, “incluso conseguimos que haya un fisioterpeuta dos veces a la semana”. Llegados a este punto insiste en la importancia de estar organizadas en el sindicato.

Mujeres invisibles 

Gracias a una aplicación informática, las camareras del Palace saben cuando las habitaciones están vacías para poder entrar a arreglarlas, “pero siempre estamos pendientes con el rabillo del ojo no sea que el cliente esté en la habitación, aunque la aplicación diga lo contrario,” explica Marisa.

Claro, es inevitable preguntarle por anécdotas y… “hay muchas”, dice Marisa, “pero eso es secreto profesional”. Al final explica que evidentemente a veces se supone que la habitación está vacía y no es así. “Me contó una compañera que una vez, con la habitación a oscuras, empezó a hacer la cama y resulta que el cliente estaba dentro. Claro, Salió en silencio y corriendo”. E insiste hay muchas anécdotas, muchas…

Las camareras siempre están ahí, arreglando, limpiando, sin molestar, con toda la profesionalidad del mundo; pero invisibles. No es extraño que al cruzarse por el pasillo con clientes no exista ni un saludo, ni un gesto de agradecimiento. Eso sí, saben que su trabajo es fundamental y tienen la autoestima en muy buen estado.


Vida laboral supeditada a vida personal

Comenzó a trabajar en 1976 en el sector de comercio, en una perfumería. Como a tantas otras mujeres su vida laboral se ha visto afectada directamente por su vida personal. Hace 29 años nació su primer hijo con una enfermedad de huesos, con lo que tuvo que dedicarse cuatro años a cuidarlo. Al cabo de ese tiempo pudo reincorporarse al comercio. Después vino el segundo embarazo y “las circunstancias” la llevaron a un cambio.

Ella realmente quiso estudiar para auxiliar de clínica, pero entre embarazos y trabajo fue algo inviable. Lo que sí pudo estudiar fue Regiduría de pisos en la Escuela de Hostelería. Aunque no encontró plaza de ello, sí entró en el mundo del hospedaje. Ahora es camarera de piso, un trabajo que le gusta y del que se siente orgullosa.

Pillados por @frlorente 
 “Las externalizaciones son como buitres” 

Los objetivos empresariales del Hotel Palace y la existencia de un comité de empresa fuerte y serio hacen que las condiciones de las camareras de piso no sean lo que últimamente “se extiende por Madrid como una epidemia: las externalizaciones”.
Marisa explica que en el Palace hay diálogo con la empresa y que se escuchan las opiniones de las trabajadoras y además se ponen en práctica, que por algo son ellas las que están a pie de tajo. Pero es consciente de la que está cayendo en el sector. En su opinión, “las externalizaciones son como buitres que sólo quieren ganar dinero a costa del trabajo de los demás”.

Asegura Marisa que hay hoteles por los que llegan a pasar ciento cincuenta camareras diferentes, trabajando a destajo: “gente para limpiar hay mucha, pero la precariedad y el maltrato no hace profesionales. El trabajo se puede sacar adelante malamente, pero se pierde mucha calidad, algo que repercute en la clientela y las instalaciones; algo que a medio plazo es perjudicial para las empresas y más en una ciudad que se supone tiene una importante fuente de ingresos en el turismo”.

CCOO mantiene una persistente pelea contra la externalización y la precarización de un trabajo fundamental en la plantillas de muchos hoteles con empresarios sin perspectiva. La crisis, también en este caso, ha servido de coartada para que se desmande la subcontratación, la carga de trabajo, las presiones…

Marisa, que tiene unas condiciones dignas y peleadas lo tiene muy claro: “no deberían consentirse las externalizaciones, nos degrada como profesionales y como personales. Creo que hasta están en fraude porque incumplen el convenio de Hospedaje”.


jueves, 31 de marzo de 2016

CCOO: Historias de la espontaneidad organizada con Nicolás Sartorius

Nicolás Sartorius fotografiado por @frlorente
Como venimos diciendo desde el martes, En el marco de la exposición “Inter-ramas. 50 años de las Comisiones Obreras de Madrid” tuvo lugar antes de Semana Santa un homenaje a aquellas personas que crearon las Comisiones Obreras. Mañana, 1 de abril, CCOO organizará un gran acto en el que Nicolás Sartorius dará unas pinceladas a la historia del sindicato que fundó. Nadie puede negar que Sartorius es un hombre tan inteligente como con visión. Visión de estado si se me apura. Sartorius es un gran conocedor del sentir de la clase obrera. Sartorius, contando historias de la historia de las Comisiones Obreras deja boquiabierto al personal. Seguro que mañana también.

Espíritu, garra, flexibilidad, combatividad, movimiento sociopolítico…


Nicolás Sartorius comenzó alabando lo que considera “el gran acierto de Comisiones Obreras”, esto es, “que todo nacía de una manera bastante natural”. La Inter surge precisamente al comenzar a organizar aquella espontaneidad con dos pilares: el Convenio y las elecciones sindicales. Sartorius recordó las “enormes movilizaciones coordinadas por la Inter” en abril de 1966 y cómo en medio de aquellas movilizaciones, el ministro de Gobernación, Camilo Alonso Vega, espetó: “yo arreglo esto deteniendo a los coroneles”, algo que le costó…, pero que finalmente hizo, como recordó Sartorius entre risas.

En este escenario era en el que los fundadores del sindicato viajaban por toda España, “no tanto para crear las Comisiones Obreras como para extenderlas, en un momento en que todo el mundo reconocía que Madrid jugaba un poco el papel de dirección nacional”.

Para Sartorius es muy importante el sentido de liderazgo ejercido por la Inter inspirando movimientos de todo tipo: agrarios, entre jóvenes, en barrios, entre estudiantes…, “movimientos que fueron decisivos para acabar con la dictadura”. Tras corroborar las palabras de Julián Ariza sobre la Transición negó que Franco muriera e ipso facto llegara la democracia: “en seis meses, Comisiones Obreras le rompió la catenaria al Régimen, a Arias Navarro, con impresionantes movilizaciones, con huelgas como la del Metro que se militarizó…”

En esos seis meses hubo un intento muy serio de continuar con la dictadura y para evitarlo fue fundamental el movimiento obrero liderado por Comisiones Obreras. Un liderazgo que se consiguió porque “éramos muy poco sectarios”, porque se discutía todo, porque no valía el “esto se hace así y punto”, si no el “punto y coma”, que decía Marcelino Camacho.


El veterano luchador se refirió a la legalización de las Comisiones Obreras que se fraguó en un garaje de El Viso, “en la única reunión clandestina a la que acudió un ministro”. El ministro era De la Mata Gorostizaga que intentó convencer a los representantes de CCOO para que tuvieran paciencia, “pero fuimos nosotros quienes le convencimos a él”, rememoró Sartorius, para quien el sindicato tiene que recuperar características de aquel tiempo: espíritu, garra, flexibilidad, combatividad, movimiento sociopolítico…

(La exposición "50 años Interramas" es abierta al público. Se encuentra en el Centro Abogados de Atocha, C/ Sebastian Herrera 14. Madrid (junto a Embajadores).

Para saber más: Con Julian Ariza, pincha aquí



miércoles, 30 de marzo de 2016

CCOO: historias de la espontaneidad organizada con Nati Camacho y Salce Elvira

Nati Camacho fotografiada por @frlorente
Como decíamos ayer, en el marco de la exposición “Inter-ramas. 50 años de las Comisiones Obreras de Madrid” tuvo lugar antes de Semana Santa un homenaje a aquellas personas que crearon las Comisiones Obreras. Nati Camacho fue responsable de la juventud de las incipientes Comisiones Obreras en un tiempo muy complicado. Los mayores (que rondaban los 30 años, tuvieron que pararles un poco los pies...) Salce Elvira, veterana activista, recuerda el espíritu que impregnaba a ese movimiento político y social que es CCOO.


Firmeza de principios, flexibilidad de formas


Nati Camacho realizó un recorrido por las Comisiones Obreras Juveniles, de las que fue responsable, hasta que tras un periodo de “cierta radicalización, los mayores nos llamaron al orden”, en clara alusión a un Nicolás Sartorius que en aquellos tiempos no tenía ni 30 años. Fue a raíz de aquella radicalización cuando Sartorius le preguntó a Nati: “¿en el textil no existen las Comisiones Obreras?”, a lo que ella respondió negativamente. Entonces, él la espetó: “Pues a dirigir el textil”. Aquello sucedió hacia finales de 1971 y los más jóvenes del sindicato pasaron a dirigir el sindicato en empresas, en barrios, en la sociedad.

Años antes, comenzó la actividad de Nati Camacho que rememoró cómo Marcelino le dijo que las Comisiones Obreras eran “lícitas pero no legales” y que lo importante era “la firmeza en los principios y la flexibilidad en las formas”. Fue en 1966 cuando Nati Camacho comenzó su labor de coordinación entre la juventud y la Inter, “un lugar al que sabías que ibas pero no sabías si volvías. Un lugar en el que había gente muy organizada que sabía de todo”.

Nati hizó un breve recorrido por las detenciones y sanciones que padeció, aunque reconoció que su verdadera sensación de represión  no llegó hasta 1970, con el Proceso de Burgos. Asimismo recordó a las mujeres que más la impresionaron: “las madres, hermanas, esposas de los compañeros de las Comisiones Obreras”.

Lo esencial: la asamblea en el centro de trabajo


Salce Elvira fotografiada por @frlorente
Salce Elvira insistió en la pluralidad, la independencia y el sentimiento unitario de CCOO y destacó la debilidad que padecían las Comisiones Obreras en 1972 “a causa de las detenciones, los despidos y el miedo”. Todo ello, en un tiempo en que en Madrid surgían barrios nuevos y fábricas muy grandes con trabajadores poco formados.

Explicó Elvira que el sindicato utilizaba mecanismos legales, como la concurrencia a las elecciones sindicales en condiciones muy duras, con una UGT que propugnaba la abstención y un Sindicato Vertical intentando que desaparecieran las personas de CCOO. Sobre los mecanismos ilegales, puso como ejemplo las reuniones en las casas, los despachos las iglesias, los GOES (Grupos de Obreros de Estudios Sociales).


Asimismo recordó Salce Elvira el trabajo de militancia, cómo se contactaba con los trabajadores de polígonos “de tú a tú” y, lo esencial: “la asamblea en los centros de trabajo. Ahí se nos quería, se nos oía y se nos hacía caso y de ellas emanaban reivindicaciones laborales y también políticas y sociales”. La veterana sindicalista concluyó recordando el 28 de abril de 1977, día en que se legalizaron las Comisiones Obreras, “una legalización que logramos, que no nos regalaron”. 

(La exposición "50 años Interramas" es abierta al público. Se encuentra en el Centro Abogados de Atocha, C/ Sebastian Herrera 14. Madrid (junto a Embajadores).