Blog de Alfonso Roldán Panadero

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En las fronteras hay vida y tuve la suerte de nacer en la frontera que une el verano y el otoño, un 22 de septiembre, casi 23 de un cercano 1965. En la infancia me planteé ser torero, bombero (no bombero torero), futbolista (porque implicaba hacer muchas carreras), cura (porque se dedicaban a vagar por la vida y no sabía lo de la castidad...) Luego, me planteé ser detective privado, pero en realidad lo que me gustaba era ser actor. Por todo ello, acabé haciéndome periodista. Y ahí ando, juntando palabras. Eso sí, perplejo por la evolución o involución de esta profesión. Alfonso Mauricio Roldán Panadero
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sábado, 14 de diciembre de 2013

14-D: Pararon hasta los relojes


Con algunas arrugas, canas y también con algunas heridas cicatrizadas vivo este soleado 14 de diciembre de otoño madrileño que mira al invierno. Hace ya veinticinco años de aquella jornada histórica en la que pararon hasta los relojes. En esos días, con mis veintitrés años recién cumplidos trabajaba yo para el semanario Mundo Obrero. Una de las mayores fortunas laborales de mi vida: trabajar en Mundo Obrero el día de la gran Huelga General. Una inolvidable experiencia para un joven periodista rojo.

Aquella huelga general fue calentada por la juventud. El Gobierno de Felipe González tenía un plan: el Plan de Empleo Juvenil que precarizaba el trabajo de la juventud. Un plan que, como decía Paco Moreno, entonces secretario confederal de Juventud de CCOO, no sólo cuestionaba el futuro de los jóvenes, sino todas las relaciones laborales. Un plan, que como denunciaba Jesús Montero, secretario general de UJCE (la Juventud Comunista del PCE), no era un plan, sino “un decreto de guerra”.

Recuerdo escribir reportajes previos a la huelga rememorando a Miguel Hernández:
“Sangre que no se desborda,
juventud que no se atreve;
ni es sangre, ni es juventud,
ni relucen ni florecen.
Cuerpos que nacen vencidos,
vencidos y grises mueren:
vienen con la edad de un siglo,
y son viejos cuando vienen.
La juventud siempre empuja,
la juventud siempre vence (…)"

Fueron días de gran ilusión. No hacía tanto, el tiempo es algo relativo en nuestras memorias, habíamos padecido el gran chasco del referéndum de la OTAN. Caíamos y nos volvíamos a levantar. El 14-D fue un revulsivo. No estábamos narcotizados a pesar de que la heroína asesinaba por las calles a buena parte de la juventud.

Aquel 13 de diciembre por la noche había tanta energía en las calles como frío. Aquella jornada histórica comenzaba en la sede de la USMR de CCOO, en la calle Lope de Vega, "las once de la noche en la sede Comisiones Obreras de Madrid era un hervidero de gente con muchas ganas de que el paro fuera un rotundo éxito. Y así fue", narraba en mi crónica de Mundo Obrero. Las consecuencias de aquel éxito se plasmaron al año en los acuerdos de la PSP (Propuesta Sindical Prioritaria). Con aquel éxito ganaron los trabajadores y ganó la democracia.

Antes de que los piquetes recorrieran las ciudades de la región, Rodolfo Benito, entonces secretario general de CCOO de Madrid, proclamaba: "hay que actuar con responsabilidad pero con firmeza allí donde los empresarios presionen contra la huelga. El grito "¡¡Hueeeeelga!!", resonó al unísono por las calles de Madrid, por las calles de toda España.

La hora mágica fueron las 12 de la noche entre sonrisas y emotivas lágrimas de viejos luchadores. Los periodistas ya habían hecho huelga el 13, con lo que no hubo prensa el 14.

En Navacerrada los siete responsables del repetidor de Radio Televisión Española se la juegan frente a la dirección y cortan la emisión. El éxito de la jornada se percibía.

A las dos de la tarde, Marcelino Camacho, entonces presidente de CCOO se dirigía a las miles de personas que conformaban los piquetes: "¡si no nos domaron ayer, no nos domesticarán hoy!" Antonio Gutiérrez, entonces secretario general del sindicato afirmaba: "Hay una clase obrera capaz de dar lecciones de firmeza, lucha y también total responsabilidad. El Gobierno debería quitarse el sombrero ante una clase obrera que no se merece".

Y dos días después, el 16, las calles de Madrid, las calles de toda España se llenaron de trabajadores y trabajadoras. El Gobierno no podía mirar hacia otra parte. La calle era una olla apresión.

La espoleta de la huelga general fue una ocurrencia del Gobierno: el Plan de Empleo Juvenil. Un plan que precarizaba los contratos en momentos en que el paro alcanzaba cifras trágicas. Pero en aquel momento, la prepotencia del Gobierno y la ausencia de diálogo fueron también elementos que abocaron a la mayor movilización social de la historia de la democracia en nuestro país.

Grandes logros

Ocho millones de trabajadoras y trabajadores lanzaron un mensaje claro al Gobierno, que parecía no poder creerse lo que había ocurrido. Así las cosas, el diálogo se inició y al año estaba cerrado el acuerdo estatal de la PSP, unos acuerdos de mínimos desarrollados por las comunidades autónomas. Madrid estuvo en la vanguardia a la hora alcanzar los acuerdos con el Gobierno de Joaquín Leguina. El 22 de diciembre de 1989 tras una larga reunión entre Leguina, Rodolfo Benito y José Luis Daza, responsables de CCOO y de UGT de Madrid, respectivamente, todo quedó prácticamente cerrado con cinco grandes temas: política de empleo; derecho a la negociación colectiva de los empleados públicos; política y protección social; vivienda, medio ambiente y transporte; y participación institucional y sindical.

Recuerdo, en medio de las recién inauguradas navidades, a Ángela Bautista, mi querida redactora jefa, dándome la bronca porque sólo quedaban una líneas para cerrar la edición. Entonces no había móviles. Desde la calle Claudio Coello corrí a la presidencia del Gobierno en la Puerta del Sol. No sé cómo lo hice pero me colé en la sede de la presidencia. En las escaleras, él no se acordará, pude hablar con Paco Naranjo, entonces secretario de Comunicación de CCOO de Madrid. Me dijo que sí, la cosa iba a salir pero que no se podía decir todavía. Claro, lo mío era un semanario, no una agencia de noticias... Escribí lo que me filtró Naranjo, me encomendé a todos los santos y…, la cosa salió.

Aquel día, la influencia, la incidencia y el prestigio de los sindicatos se puso en su sitio. La democracia se consolidó.



miércoles, 30 de septiembre de 2009

Lavapiés en los ojos de Carmen Barrios / El tiempo que vuela

Sabrá disculparme Bruno Estrada, pero el titular quedaba mejor si sólo me refería a Carmen, fotera, periodista y ahora haciendo pinitos poéticos. A Carmen la conocí hace cosa de más de 20 años, cuando en las cámaras fotográficas había películas, y negativos, y tal y tal. A mí me encatantaban las fotografías que hacía Carmen en blanco y negro. Me encantaban los retratos que hacía a los entrevistados, que, sin duda, a veces decían más que los textos. Y me encantaban sus instantaneas de la vida.

Con la llegada del mundo digital a nuestras vidas, Carmen se ha reciclado, no sin esfuerzo, y me encuentro con unas fotografías impactantes, que van directamente a los sentidos, en las que la luz se dispersa cuando tiene que suavizar la imagen y produce duros contraste cuando el motivo lo requiere. Carmen se ha lanzado a un formato enorme para mostrarnos Lavapies, y con su objetivo ha jugado con la luz que ofrece este variopinto barrio.

En la calle Calatrava 16 se puede ver hasta el 1 de octubre, la exposición "Lavapies Calles Interiores", en la Asociación Cultural Yemaza. La muestra es conjunta, que comparten espacio las fotografias de Carmen Barrios con las de Bruno Estrada (cada uno en una foto). Resulta que estaban retratando el mismo barrio sin saberlo. Y claro, mejor juntos que no revueltos.

La obra de Bruno, también viejo colega, es diferente. Utiliza un formato más pequeño, donde la vida de Lavapies transcurre de un modo, si acaso, más cotidiano.

La inauguración tuvo además sorpresas personales. Que allí me encontré a Mavi, bueno así la llamaba hace cosa de dieciocho años. Mavi dibuja que maravilla. Mientras escribo tengo un dibujo que me regaló colgado en la pared de la derecha. Es carboncillo sobre cartón y representa lo que para ella eran los periodistas, al menos en la época en que se utilizaban máquinas de escribir. De la frente, como si fuera un tercer ojo surge una luz, a través de una mirilla, que ilumina el teclado. Luego, cuando me acueste veré colgados otros tres cuadros de Maravillas. Pero eso ya es otra historia.

Y hubo más sorpresas personales. Por allí desfilaron disciplinadamente Berta Cao, Jesús Montero, Ángel Cruz…, que por un momento aquello parecía la Trini, la que fuera sede del PCE, no la ministra de Sanidad. También anduvo Pura y, como no, Jesús de Miguel, maestro fotero de quien tanto aprendió Carmen, según explicaba ésta por doquier.

Cuando llegué a casa, rebusqué y encontré una caja con un porrón de Mundo Obrero semanal de fines de los 80, principios de los 90 (caída de muro incluida), los metí en una maleta y se los lleve a mi amiga María, que se dedica a encuadernar, entre otras miles de actividades. Diseña y maqueta, pero no como Maravillas, que el tipómetro ya está en los museos. No hay prisa María. No hay prisa.