No era misión imposible quedar con Felipe Serrano para diseccionara algunas dudas sobre su libro, Hotel Ritz, un siglo en la historia de Madrid. Claro, Felipe se tiró once años como camarero en el Ritz y alternando los estudios de Periodismo, lo que en mi modesta opinión eran unas prácticas de lujo. Él me asegura que es una paradoja divertida, y reconoce que muchos de los clientes con los que trató como camarero, fueron objeto, posteriormente, de sus informaciones cuando empezó en Antena 3 Radio. "Creo que empecé con buen pie en el periodismo gracias a esta relación", confiesa.
Camareros y periodistas tienen muchos puntos en común, por ejemplo, a la hora de guardar secretos, lo que se viene en llamar los off the record [información no publicable]. Lo que no tengo claro es quién posee más off the records, si los camareros, que lo oyen todo, o los periodistas. Felipe parece que sí: "Hay una máxima del periodismo que dice que los off the record están para romperlos. Por su parte, los camareros consiguen mantenerlos, especialmente los camareros del Ritz. De hecho, a mí me ha costado mucho romper algunos silencios para poder escribir este libro".
Otro punto de encuentro entre profesiones podrían ser las propinas ¿Hay más sobrecogedores, de coger sobres quiero decir, entre los camareros o entre los periodistas? Serrano piensa la respuesta: "Me gustaría pensar que no existe un periodismo sobrecogedor y que no sea comparable con las propinas que puede recibir un camarero…, aunque puede haber formas sutiles de ablandar a un periodista sin que sea tan evidente el sobre".
Cuando me pongo a hablar con algún autor y termino por los cerros de Úbeda siempre me acuerdo de Umbral y su "yo he venido aquí a hablar de mi libro", así que le pregunto por sus querencias, sus preferencias, sus simpatías sobre los personajes que menciona… Y Felipe contextualiza, "el Ritz no es sólo un espacio físico. El Ritz son sus trabajadores y sus trabajadoras que en muchas ocasiones se han trasladado a sedes oficiales como el Palacio Real, el Palacio del Pardo o el Palacio de Aranjuez. Divertida y deliciosa fue la estancia del que fuera presidente de Rumania, Nicolae Ceaucescu, que insistió en ser alojado en el Palacio de Aranjuez para no ser menos que el presidente francés Valery Giscard D'Estaing. Era el año 1979 y se trataba de la primera visita a España de un jefe de Estado comunista. También me dejó subyugado la muerte, al inicio de la guerra civil, del líder anarquista Buenaventura Durruti. O la presencia de Arafat, quien, con gran enfado por parte de los Estados Unidos, dio su primera rueda de prensa para occidente en el Ritz".
Lo que no faltan en el libro son historias de espías. Desde Mata Hari hasta el más puro estilo Mortadelo y Filemón, le suelto al autor del libro sobre el Ritz. Y cuenta, "lo más chusco que yo he visto fue durante la visita del presidente de Guinea Ecuatorial, Obiang Nguema, a España en 1983. Los agentes del CESID no se fiaban del presidente guineano, quisieron espiarle y pusieron los micrófonos en una habitación equivocada. También fue curiosa la presencia de Fidel Castro, ya no trabajaba yo en el Ritz cuando acudió, en
Yo no puedo quedarme con la curiosidad y le tengo que preguntar por anécdotas vividas, o sufridas por él. Y confiesa, "sí, fui yo quien, con poco mas de 20 años, tuvo que llevar una cesta de fruta a la habitación del rey Jaled de Arabia Saudí y fui encañonado por uno de los escoltas. El tipo no dejó de apuntarme a la cabeza hasta que un guardia de seguridad español me liberó. También derramé un consomé y una ensalada encima del traje del magnate Henry Ford…
No lo sé, pero intuyo que también algo sirvió a García Marquez. Y como no soy de chismes me quedo sin ninguna gana de preguntarle sobre artistas, actrices y la posibilidad de algún amor platónico. Que según narra en el libro el bueno de Felipe Serrano, algunas actrices ganan mucho al natural…
(Por cierto, la foto es de Fran Lorente, que no es tan fácil que coincida esa fachada del hotel, un plano medio de Felipe y el librito entre las manos).
Dan muchisimas ganas de leer este libro, la verdad, después de los que nos cuentas...Lo buscaremos. Gracias ;-)
ResponderEliminarMuchísimas gracias Alfonso por tu generoso e inmerecido post. Lo mejor de esta aventura son las grandes muestras de cariño que estoy recibiendo. Ahora entiendo que lo del Ritz no ha sido más que una excusa. Escribo para que me quieran más, que diría el gran Gabo. Mi única pretensión era compartir una historia, darle forma periodística, y me he encontrado con un torrente de afecto y complicidad que me acompañará para siempre. Un abrazo enorme.
ResponderEliminarMuchísimas gracias Alfonso por tu generoso e inmerecido post. ¡Qué exagerado eres! He de confesarte que lo mejor de esta aventura es el torrente de cariño que estoy recibiendo. Yo también escribo para que me quieran, y con esta primera experiencia me siento colmado. Un abrazo de cinco estrellas.
ResponderEliminarCreo que Felipe te ha engatusado. Lo digo porque se te nota la pluma ágil y cómoda. No es una crítica, todo lo contrario. Te comprendo. Felipe es un grandísimo periodista y un excelente escritor, pero sobre todo es una magnífica persona. El Ritz perdió un buen camarero pero Madrid ganó un genial cronista. Que os mando besos a los dos, que me pongo moña. Abrazos.
ResponderEliminarYo lo único que sé, es que con semejante introducción, en breve incluiré el libro junto a mi mesilla de noche, claro que seguro que me dará insomnio... de no querer de dejar de leerlo.
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