“Aquella Latinaque apenas nuestra vista determina
si fue mujer o inteligencia pura,
docta con hermosura
y santa en lo difícil de la corte.”
Caminamos por sus calles, en las que ella vivió, sin saber que el nombre de ese distrito madrileño, realmente, era el apodo de una mujer olvidada: Beatriz Galindo (Salamanca, 1465-1534). Lo de La Latina, le vino por su fama de mujer muy versada en letras y humanista cultivadora del latín, en un tiempo en que la lengua clásica apenas era contemplado, ni siquiera en ambientes universitarios. Ella, gran seguidora de Aristóteles y Petrarca, se sentía orgullosa de sus poemas latinos. Además estudió teología y medicina.
A Beatriz Galindo, las enciclopedias la obvian y los manuales de literatura se limitan, como mucho, a mencionarla; aunque su calidad, bien podría haber estado al nivel de Nebrija (posiblemente fuera maestro de ella), Juan Valdés o Luís Vives.
Tanta fue la fama que adquirió en su Salamanca natal que fue reclamada por la reina Isabel I y la contrató como su maestra, que la formación regia (también por ser mujer), estaba repleta de lagunas. Este hecho hizo que Beatriz se evitara ingresar en el convento, como preveían los planes familiares.
La Latina se convirtió en amiga y consejera de la reina, además de también maestra de sus hijas Juana, María y Catalina. Su influencia fue evidente, ya que el propio Carlos V, la visitó, ya anciana, en 1524 en su camino a Madrid “para consultar con ella negocios graves como persona que tanto avía comunicado con sus avuelos."
A Beatriz Galindo, maestra de reinas, se le debe la fundación del hospital de La Latina (1506) y del convento de la Concepción Jerónima en Madrid (al que legó su biblioteca) y se le atribuyen poesías latinas y unos Comentarios a Aristóteles.
