Blog de Alfonso Roldán Panadero

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En las fronteras hay vida y tuve la suerte de nacer en la frontera que une el verano y el otoño, un 22 de septiembre, casi 23 de un cercano 1965. En la infancia me planteé ser torero, bombero (no bombero torero), futbolista (porque implicaba hacer muchas carreras), cura (porque se dedicaban a vagar por la vida y no sabía lo de la castidad...) Luego, me planteé ser detective privado, pero en realidad lo que me gustaba era ser actor. Por todo ello, acabé haciéndome periodista. Y ahí ando, juntando palabras. Eso sí, perplejo por la evolución o involución de esta profesión. Alfonso Mauricio Roldán Panadero

viernes, 8 de julio de 2016

Acción y crítica con Money Monster

Juan Diego rememoraba en La lengua madre “la rebequita” que en Navacerrada había que ponerse en los atardeceres veraniegos por recomendación maternal. En Madrid capital, la única forma de ponerse una rebequita, e incluso una funda nórdica, calcetines de lana y botas de pre ski es ir al cine. Enfundado en mi funda he pasado un buen rato con la recién estrenada Money Monster, con trío de ases: George Clooney, Julia Roberts y dirección de Jodie Foster.

No. Si al cine sigo yendo con extrema frecuencia, pero en ocasiones me he echado largas siestas a pesar de pelis majas como Esperando al rey y, oiga, quizá he andado desganado a la hora de hablar de pelis. Money Monster me ha sacado del letargo porque es poliédrica sin ser una obra de arte
.
El tema que centra la historia nos resulta cercano. Un pseudoperiodista (Lee Gates, interpretado por Clooney), es el showman de un programa sensacionalista de entretenimiento con gran audiencia. Patty Fenn (Julia Roberts) es la productora que ya está saturada de no hacer periodismo en beneficio de un show sobre… ¡¡economía!! Se trata de un circo televisivo que populariza la Bolsa, el mundo de las acciones y Wall Street hasta el infinito. Eso sí, indicando a espectadores-accionistas en qué invertir

El problema surge cuando una de esas inversiones recomendadas se hunde. 800 millones de dólares se volatilizan y un espectador-inversor, armado hasta los dientes, entra en el plató y secuestra en directo a Lee Gates. A partir de ese momento se desencadena la acción y la película transcurre en tiempo real.

El joven secuestrador en realidad sólo quiere una respuesta a la pregunta: ¿dónde están los 800 millones? Acción, humor, crítica a esa corrupción financiera de Wall Street que tan bien y también conocemos en este país. Y bueno, alguna pincelada a la desmedida ambición humana.

Interesante la evolución del personaje interpretado por Clooney, así como las relaciones entre secuestrador-secuestrado y…, secuestrado-productora. Claro. Hasta ahí puedo leer. Bueno, también puedo decir que el trío de ases se ha mostrado contundente contra la candidatura de Donald Trump…

País: Estados Unidos.
Directora: Jodie Foster.
Guión: Alan DiFiore, Jim Kouf, Jamie Linden (Historia: Alan DiFiore, Jim Kouf).
Reparto: George Clooney, Julia Roberts, Jack O'Connell, Caitriona Balfe, Dominic West, Giancarlo Esposito, Dennis Boutsikaris, Darri Ingolfsson, Christopher Denham, Anthony DeSando, Jennifer Dong, Ivan Martin, Cliff Moylan, Vernon Campbell, Joseph Oliveira.


jueves, 30 de junio de 2016

Contra la homofobia... Por un beso

#PorUnBeso es el título del cortometraje dirigido por David Velduque para el MADO Madrid Orgullo 2016, una edición teñida de dolor por la reciente masacre ocurrida en Orlando.
El cortometraje forma parte de una iniciativa del director con la colaboración de la revista Shangay. Una historia protagonizada por Pelayo Rocal junto a Fernando Hevia y producida por la productora audiovisual Neurads.

El proyecto nace en un contexto en el que estamos asistiendo a un alarmante aumento de las agresiones al colectivo LGTB que, solamente en la Comunidad de Madrid, se ha cobrado ya en lo que lleva de año 98 agresiones.
David Velduque, director de la pieza, afirma que “ahora más que nunca son necesarios proyectos que defiendan que el amor pueda ser expresado con total libertad y sin miedos”.

Movimiento #PorUnBeso

La iniciativa anima también a todo el mundo a formar parte de este movimiento a través del hashtag #PorUnBeso, subiendo fotos de sus besos para llenar así las redes de amor LGTBI.

El estreno del cortometraje tuvo lugar el miércoles 29 de Junio en la Plaza de Pedro Zerolo, junto al acto de homenaje a las víctimas de Orlando. Simultáneamente, se colgó en Shangay.com para todos aquellos que no pudieron asistir al estreno.

El corto lo puedes ver pinchando aquí 

Y aquí el "teaser": 

viernes, 17 de junio de 2016

Somos Coca Cola en lucha. El libro

Somos Coca Cola en lucha es algo más que el relato verídico de la lucha mantenida por los trescientos espartanos y espartanas de la fábrica que el refresco posee en Fuenlabrada. Pero es algo más, es la evidencia de que la lucha de clases existe y de que es imprescindible la organización sindical por la base para hacer frente a los poderes. El último capítulo de esta historia aún está por escribir, pero como asegura Juan Carlos Asenjo, líder y portavoz del comité de empresa, “esta lucha ya la hemos ganado moralmente”.

La escasa labor de edición de los textos convierte al libro en un relato oral en negro sobre blanco. Es una aventura real de lucha, extremadamente elocuente, en la que vivimos una auténtica montaña rusa de emociones. Las emociones y sentimientos vividos por un grupo de personas normales que de la noche a la mañana ven cómo sus proyectos de vida se derrumban por un ERE que es ilegal. Enfrente está la todopoderosa marca Coca-Cola. Esa marca, maestra en emotivos spots publicitarios que manda sobre gobiernos y hace lobby con los más poderosos bufetes de abogados.

Nunca Coca Cola pensó que unas pocas personas, organizados en las Comisiones Obreras, iban a causarle tantos problemas. Pulido, Teresa, Mercedes, Raúl, Daniel, Juan Carlos, Carmen, Josefa, Aurora, Idoia, Gema…, una larga lista de trabajadores, trabajadoras, sus esposas, sus novios, sus familiares, narran desgarradoramente los dos años de lucha emprendidos desde que el 22 de enero la empresa anunciara un ERE impensable para casi todos. Esa misma mañana se había firmado el convenio colectivo. La empresa acababa de invertir un dineral en modernizar una planta que era “la perla” como la calificaba su exdirectivo, Marcos de Quinto.

Miedos, traiciones, incomprensiones, victorias e insistencia recorren cada página del libro. Son historias y tragedias personales, presiones psicológicas sufridas por unas gentes que, golpe a golpe, se han convertido en una gran familia. Es la historia de un campamento que surgió espontáneamente, frente a la fábrica, con un bidón y unos cartones. Un campamento con la función de “informar” directamente a la plantilla, pero también con el objetivo de hacer “unión, colaboración, de conocer a las parejas, de atención a los medios, visitas, arranque, logística…”

Con Juan Carlos Asenjo y el libro, un sábado de manifa en Sol.
A pesar de las tragedias, Somos Coca Cola en lucha es fundamentalmente un drama, con momentos de exaltación, como cuando el Tribunal Supremo confirma que el ERE es nulo; y momentos duros, como el día de las cargas policiales, con un Ministerio del Interior haciendo el trabajo sucio a una empresa que incumple reiteradamente sentencia tras sentencia.

Pero además, a través de las páginas del libro entendemos entresijos y el tufillo mafioso que rodea a la marca. Si esta historia es la victoria de David sobre Goliat, lo es también gracias a los servicios jurídicos de CCOO, con Enrique Lillo a la cabeza, quien sin pelos en la lengua arremete contra los medios de comunicación comprados a golpe de talonario; contra los despachos de abogados de élite; contra los desorbitados sueldos de directivos “enchufados”; contra juristas que  se han pasado “al lado oscuro”; contra el “Ministerio de Empleo del PP que está al servicio de las multinacionales…, pero al servicio directo”.
Todo ello, sin que Lillo olvide una dosis de autocrítica y crítica a los “movimientos espontáneos”, resaltando que es mentira que “los sindicatos están domesticados” y que lo que “hace falta es una organización sindical y una unidad de los trabajadores, no una ideología barata”.

El conflicto de Coca Cola es, sin duda, de los más relevantes de los últimos tiempos, tanto por la lucha humana y sindical, como por los precedentes que genera, apuntando directamente a la reforma laboral del Partido Popular, redactada por los “lobbies empresariales y despachos de élite que asesoran a grandes empresas”. Sin duda, los trabajadores y trabajadores de este país tenemos una deuda pendiente con los irreductibles de Fuenlabrada.

El libro se puede adquirir, por ejemplo, en CCOO de Madrid. Calle Lope de Vega, 38. planta 5.

PARA SABER MÁS:








lunes, 6 de junio de 2016

Nicolás Sartorius: “Todo lo que sea abstención debilita y deslegitima a la democracia”

Durante la conversación, fotografiado por @frorente.

Cofundador de las Comisiones Obreras. 

Vicepresidente ejecutivo de la Fundación Alternativas.

Edad: 78 años.

Natural: San Sebastián.

Periodista y abogado.

Es historia viva de CCOO y de un periodo fundamental en España. Tiene tan claro que el tema de nuestro tiempo es la sostenibilidad, porque “afecta a la supervivencia de la especie”, como que en las próximas elecciones tenemos que votar lo que “consideremos menos malo”.


P. Recientemente, en un homenaje al padre Llanos, relató que durante su época de estudiante universitario conoció en primera persona los rigores del trabajo manual…
R. Hubo una organización, el SUT (Servicio Universitario del Trabajo), organizada entre otros por el padre Llanos, que consistía en que los universitarios tomáramos contacto con el mundo del trabajo. Yo tuve dos experiencias, una como chapista en Vitoria, en la empresa DKV, que hacía camiones y furgonetas; y otra en el campo, en una finca de Salamanca. Durante los meses que trabajé como chapista supe lo que era estar durante ocho horas dando martillazos con otros doscientos trabajadores a la vez en medio de un ruido insoportable y destrozándote el brazo y las manos porque moldear la chapa es una labor muy dura. En el campo la experiencia también fue muy dura. Con un azadón teníamos que cubrir las viñas para evitar las heladas. Aquello significó tomar contacto con el verdadero mundo del trabajo.

“Todo el que luchó contra la dictadura valora la Transición”


P. En alguna ocasión se ha referido a aquella generación de jóvenes como “apasionados pero pragmáticos”…
R. La experiencia del trabajo y la lucha en la dictadura te hace ser pragmático si quieres alcanzar objetivos y avanzar. El trabajador de verdad, el que está en una fábrica o en una mina, es muy realista. No son visionarios que creen que todo es fácil porque trabajan con la materia y saben lo duro que es el trabajo. Éramos apasionados porque queríamos conseguir la libertad, la democracia, la libertad sindical…, pero éramos realistas porque sabíamos lo que teníamos enfrente, una dictadura. También sabíamos que había que conseguir que la mayoría de los trabajadores tiraran hacia adelante. Teníamos que ir de los asuntos más concretos y pequeños a los más grandes y politizados. No podíamos llegar a los trabajadores contándoles milongas… Había que pegarse al terreno y movilizar a la gente por cuestiones muy concretas: salarios, convenios, condiciones de trabajo. Ésa era la manera de unir al conjunto.

P. Un momento fundamental en su vida y en la de la historia de España fue, en 1972, el Proceso 1001. El mismo día que comenzaba el juicio fue asesinado Carrero Blanco, algo que fue muy celebrado mientras ustedes estaban en el banquillo… ¿Cómo fue aquello?
R. Hay que precisar. En el momento del Proceso 1001 hubo una movilización importante, nacional e internacional, en un ambiente muy cargado de solidaridad, también alrededor del tribunal que estaba en las Salesas. Cuando llegaron las noticias del atentado, la policía se lanzó en tromba y se suspendieron todos los actos de solidaridad. Lo que provocó el atentado de ETA fue suspender toda la movilización con el 1001 y comenzó una represión muy fuerte.

P. Pero a ETA se la veía con cierta simpatía en ese tiempo…
R. Eso no lo comparto. A ETA la veíamos como un adversario. Primero, porque no respetaban a nada ni a nadie y, segundo, porque sus formas de lucha las rechazábamos radicalmente. Nosotros queríamos el movimiento de masas y ellos abogaban por el atentado individual. Eran dos enfoques radicalmente diferentes y, precisamente, ETA comete el atentado coincidiendo con el Proceso 1001 para competir contra nosotros. Eso sí, luego se demostró que teníamos razón. Siempre defendimos que la lucha armada nada tenía que ver con la izquierda.

 “El trabajador de verdad, el que está en una fábrica o en una mina, es muy realista”

 

P. Una máxima suya es que “con la violencia siempre pierden los mismos”.
R. Por supuesto. Incluso si los terroristas en algún momento se consideran "leninistas", deben recordar las críticas del propio Lenin hacia su hermano por haber atentado contra el zar, acusándole de infantilismo. El atentado de Carrero nos hizo polvo. Luego, a través de Ruiz-Jiménez, supimos que las condenas iban a ser menores que las altísimas penas a las que nos condenaron.

P. Debieron ser momentos de mucho miedo.
R. Mucho temor no teníamos. El atentado produjo mucho miedo en la gente, pero nosotros ya no teníamos nada que perder. Como anécdota le contaré que había un teniente de la policía armada, que estaba al mando de las fuerzas en las Salesas, que era del mismo pueblo que Marcelino Camacho –Osma La Rasa, en Soria- y vino a vernos a la celda para que no nos preocupáramos. Nos dijo una frase que nunca olvidaremos: “Para llegar a ustedes, primero me tienen que matar a mí”. O sea, que no toda la policía armada era igual.

P. ¿La muerte de Carrero no aceleró el final de la Dictadura?
R. Para nada. Al revés. Carrero era un marino monárquico, un militar. Si hubiera sido presidente del Gobierno cuando Juan Carlos accede a la Jefatura del Estado, le hubiera obedecido disciplinadamente, cosa que Arias Navarro no hizo. Arias Navarro era un fiscal, un represor tremendo que despreciaba al monarca y puso todo tipo de obstáculos a abrir el proceso de Transición.

P. Pero Franco se murió en la cama.
"La Constitución fue una ruptura". Foto de @frlorente.
R. Sí. Pero el franquismo se murió en la calle. Siempre ha habido una interpretación interesada cuando, por ejemplo, se compara con el caso italiano en que a Mussolini lo colgaron los de la resistencia. En España, el dictador muere en la cama, pero una cosa es el dictador y otra la dictadura. Con la muerte de Franco no llega la democracia. Desde el 20 de noviembre de 1975, en que muere, hasta el 15 de junio de 1977, en que se celebran las primeras elecciones, pasa más de un año y medio y sucedieron muchas cosas. Fue un periodo repleto de movilizaciones, huelgas, militarización del metro de Madrid… Las luchas fueron tremendas en todos los sectores y en todo el Estado. La Universidad estaba “fuera de control”, como el propio Arias Navarro reconoció. Areilza hablaba de la “galerna de huelgas que se abaten sobre el Gobierno” y en los lugares más insospechados. Esa inmensa movilización hace que el Gobierno de Arias Navarro, y su intento de perpetuar el franquismo, cayera. Este momento fue fundamental, clave. En esta movilización generalizada del país, Comisiones Obreras jugó el papel de liderazgo.


“[En la Transición] comienzan a acometerse reformas que culminan en una ruptura”



P. ¿Y si no hubiera caído Arias Navarro?
R. Si Juan Carlos no quita a Navarro, esa movilización hubiera continuado y se habría llevado por delante lo que hiciera falta. El rey nombró a Suárez y se dio cuenta de que el proceso era irreversible. Entonces empieza la evolución hacia la democracia. Eso fue la Transición. Comienzan a acometerse reformas que culminan con una ruptura, que fue la Constitución de 1978.

P. ¿Qué la Constitución fue una ruptura?
R. Claro que sí. ¿Qué tiene que ver la Constitución con  los Principios del Movimiento Nacional?, ¿qué tiene que ver con la dictadura de Franco? Es su negación. La Constitución del 78 es más avanzada, en bastantes aspectos, que la de la República y que la de la mayoría de países europeos. Era la derecha a la que no le gustaba. El propio Aznar reconoció que él no había votado a favor, y Fraga se abstuvo. Y también hay una parte de quienes se consideran más a la izquierda que nadie que han perdido el norte. Claro que la Constitución necesita reformarse y mejorarse, pero tiene contenidos muy avanzados, como considerar un derecho fundamental el derecho de huelga o que los sindicatos y la negociación colectiva queden legitimados constitucionalmente. Todos estos derechos los conquistó el movimiento obrero, porque tenía fuerza. Aquí se ha dicho que no hubo ruptura, pero sí la hubo, lo que no tuvimos fue fuerza para hacer una revolución política como sí pudo hacerse en Portugal, donde los militares estuvieron a favor de la revolución. El método de la Transición fue la reforma y el resultado fue la ruptura.

“No creo que un sindicalista deba ser ni nacionalista vasco, ni catalán, ni español”


P. ¿Por qué esa deslegitimación que se hace actualmente de la Transición?
R. Todo el que luchó contra la dictadura valora la Transición porque la ve como una obra suya. Quienes no lucharon contra la Dictadura y, por ignorancia, no tienen ni idea de lo que fue aquella lucha, ponen en cuestión la Transición. No conozco a nadie de CCOO, del PCE o de un partido que haya luchado de verdad, que desprestigie la Transición. La conquista de la democracia costó cárcel y muertos. Conquistamos la democracia, no nos la otorgó nadie. La Transición fue pasar de una dictadura a una democracia y eso, sin duda, beneficia siempre a trabajadores y ciudadanos.

P. En CCOO se está abriendo un proceso de “repensar el sindicato”. Hubo un documento en 1972 que no se llegó a discutir porque entró la policía y detuvo a todos. En él se sentaban los pilares del sindicato: unidad, carácter sociopolítico e independencia. ¿Siguen sirviendo?
R. Creo que sí. Unidad…, al menos unidad de acción; el carácter sociopolítico era la clave porque el sindicato debe entrar en asuntos como política fiscal, política económica, vivienda, educación, sanidad…, desde la independencia de criterio. La concepción de sindicato como correa de transmisión entre las masas y el partido político lleva a la división. Estos pilares sirvieron para que, a pesar de la terrible crisis del PCE, que lo convierte en marginal, CCOO siguiera siendo el primer sindicato de España. No sé si hay que repensar, reverdecer, recuperar, revalorizar…, pero sigo convencido de que son pilares fundamentales. Y además tiene que ser solidario tanto a nivel internacional como nacional. Si no libramos batallas a nivel global, no tenemos nada que hacer, y no creo que un sindicalista deba ser ni nacionalista vasco, ni catalán, ni español. Ser nacionalista y de izquierdas es totalmente contradictorio.

“En el tema de los refugiados el movimiento sindical debe jugar fuerte”


P. ¿En ese internacionalismo incluimos el asunto de los refugiados?
R. En el tema de los refugiados el movimiento sindical debe jugar fuerte. En vez de tener miedo a avalanchas de inmigrantes, lo que hay que hacer es luchar y organizarse para que a las personas que vienen se les reconozcan los mismos derechos que a los demás.

"¿Y qué hacer?" "Votar al que se considere menos malo" (foto @frlorente).
P. Hace unos años escribió Carta abierta a los escépticos sobre los partidos políticos. Estamos a punto de volver a las urnas porque los partidos no se ponen de acuerdo. ¿No es para ser escéptico?
R. No me extraña que haya escepticismo, pero la democracia es inconcebible sin los partidos políticos, lo que no se puede pretender es que sean maravillosos. En este caso, lo menos malo, es lo mejor. La campaña mediática contra los partidos y los sindicatos no es una casualidad. La intención es desviar la atención de los responsables de esta crisis económica. La gran crisis empezó en el sistema financiero de Estados Unidos, que terminó instalada en la economía real de Europa, y sus responsables, que no han sido los partidos ni los sindicatos, se van de rositas. Es cierto que los partidos, después de las elecciones de diciembre, no han cumplido con su obligación porque les falta visión, patriotismo democrático, altura… Si el resultado de estas elecciones es el mismo, ¿nos van a decir que votemos por tercera vez? Tendrán que ponerse de acuerdo.

P. ¿Y qué hacer?
R. Votar. Hay que votar al que se considere el menos malo porque todo lo que sea abstención debilita y deslegitima a la democracia, no sólo a los partidos. No es un problema de partidos. Los partidos son instrumentos y, en cada momento se puede votar al que personalmente se considere. Al votar estamos fortaleciendo una democracia que nos ha costado muchísimo traer.



lunes, 30 de mayo de 2016

María Jesús Veiga, portavoz de ACNUR-España

“Es fundamental invertir en la resolución de conflictos”

María Jesús Veiga, fotografiada por @frlorente
Barcelonesa afincada en Madrid, completó su formación como trabajadora social en EEUU. Lleva más de veinte años inmersa en el drama de los refugiados. Tras pasar por Cruz Roja, en ACNUR ha trabajado en áreas de protección, reasentamiento, reunificación familiar, menores no acompañados y género. De primera mano ha vivido la tragedia en Kenia, Etiopía, Congo, Jordania, Colombia… Ahora clama porque la gente de Siria necesita “paz ahora, y la están pidiendo a gritos”

Con Siria como fondo insiste en que “es fundamental invertir en la resolución de conflictos”. Ahora considera que es “urgente que se mantenga y refuerce el alto fuego que nos ha permitido llegar con camiones de ayuda humanitaria a zonas sitiadas desde hace tres meses”. Y explica, “si la crisis de Siria se hubiera abordado adecuadamente, no hubiéramos cedido todo ese espacio para el DAESH y para que ese vacío de poder lo hayan aprovechado grupos extremistas”. Rechaza los discursos islamófobos, racistas y xenófobos porque alimentan la causa de los extremismos y captan más adeptos.

Y recuerda:“Grecia ha hecho un esfuerzo enorme, pero es evidente que no puede cargar sola con esta situación. Pedimos una responsabilidad compartida por aquellos estados que han contribuido mínimamente, como España, que ha quedado al rebufo dando asilo a sólo un 1 por ciento respecto a todo el conjunto de la UE”.

P. Sesenta millones de personas buscan refugio en el mundo. El dato es escalofriante. Es como si toda la población de Italia se convirtiera en refugiada…
R. Son sesenta millones de personas que han tenido que huir, que dejar sus casas, dejarlo todo para buscar protección. Unos, en otras partes del país, que son los desplazados internos y otros cruzando fronteras, que son los refugiados. Los sesenta millones lo conforman refugiados, desplazados y quienes solicitan asilo. Además hay en torno a diez millones de personas apátridas, personas sin nacionalidad que muchas veces transmiten esta condición a sus hijos como si fuera una enfermedad. ACNUR tiene el mandato por parte de las Naciones Unidas de dar protección y velar por los derechos de refugiados, desplazados internos y apátridas.


“En Líbano, una de cada tres personas son refugiadas. Es como si a España llegaran trece millones de personas”


P. El problema es el crecimiento exponencial de personas que huyen: más de treinta millones en diez años, ¿por qué?
R. Cada día surgen 42.000 personas que se tienen que desplazar por conflicto. En los últimos cinco o seis años se ha reactivado alrededor de quince conflictos en el mundo, con un nivel de resolución bajísimo, por lo que quienes huyen no vuelven a su tierra.

P. Habla de “mandato de las Naciones Unidas”. ¿Son eficaces las Naciones Unidas?
R. Sin duda las naciones deberían estar más unidas. El fracaso por no invertir adecuadamente en prevención y solución de conflictos es general de todos los países. Nosotros, como brazo humanitario de las Naciones Unidas no podemos resolver crisis humanitarias, trabajamos con las consecuencias de esas crisis, pero la solución pasa por decisiones políticas, no humanitarias.

“Cada día surgen 42.000 personas que se tienen que desplazar por conflicto”
P. Los datos de Siria son escandalosos: la mitad de la población huye.
R. Hay 4,8 millones de refugiados que buscan protección fuera del país; el 96 por ciento en países limítrofes: Líbano, Jordania, Turquía, Irak y Egipto; y dentro del país, aunque hay doce millones que necesitan ayuda humanitaria, seis son desplazados.

P. ¿No cree que en occidente tenemos un problema de discalculia y no entendemos las cifras?
R. Son tremendas. En Líbano, por ejemplo, una de cada tres personas son refugiadas. Es como si a España llegaran trece millones de personas…, y nos echamos las manos a la cabeza con una patera o con un salto a la valla de Melilla. Los países limítrofes de Siria llevan cuatro años desbordados sin que la comunidad internacional colabore en nada, ni infraestructuras, ni en sanidad, ni en  servicios sociales, ni en educación…

P. Pero la sociedad sí se moviliza…
R. La movilización es impresionante: el ciudadano de a pie, la sociedad civil, agentes sociales, comunidades, ayuntamientos… Esa presión ha hecho que, al menos, se cumpla con los compromisos adquiridos.

P. Muchas personas ofrecen sus casas para acoger refugiados. ¿Qué le parece?
R. Hay que agradecer enormemente esa solidaridad, pero el tipo de ofrecimientos deben encajar con las necesidades reales. Hay que canalizar esa solidaridad espontanea a través de ayuntamientos y comunidades bajo las directrices de organizaciones que llevan muchos años de experiencia trabajando en acogida, adaptación e integración de refugiados. Meter a un refugiado en casa, según llega, probablemente no sea lo más acertado. Estas personas vienen habiendo vivido experiencias traumáticas muy duras; necesitan un periodo de adaptación con profesionales que conozcan su situación. Donde sí hace falta como respirar el apoyo es en la segunda fase, cuando el refugiado sale de centros especializados gestionados por ONG o el Ministerio con una base del idioma y la idiosincrasia del país de acogida. En ese momento sí hay un problema de alojamiento, de formación y de empleo. El apoyo pasa por tejer redes para que al salir de los centros tengan a donde acudir.

P. En el lado contrario están quienes temen que los refugiados les quiten su puesto de trabajo. ¿Qué decirles?
R. Que imaginen que salen con su familia huyendo de las bombas, que han sido torturados, perdido hijos, cónyuges…, que tienen que huir para salvar la vida y que si te devuelven a tu país es una condena a muerte. Hay pocas opciones. Recordaría que los españoles tuvimos que huir de una guerra civil de la que todavía quedan heridas y si muchos países no nos hubieran abierto sus puertas, probablemente no estaríamos aquí.

Acuerdo de la vergüenza

P. Especialmente llamativo es el tratado firmado por la Unión Europea y Turquía. Un tratado calificado de ilegal e inmoral por multitud de organizaciones...

R. Este acuerdo surge tras un fracaso estrepitoso de la UE para dar respuesta a la crisis de refugiados más grave desde la Segunda Guerra Mundial. Era una crisis perfectamente manejable si se hubiera gestionado de una manera equilibrada entre todos los países de la Unión Europea. Criterios para esa responsabilidad compartida existen, pero cada país ha ido pasando el problema al de al lado, y así es imposible solucionar nada. Los problemas se solucionan afrontándolos a tiempo y ahora este acuerdo no tiene las garantías legales de aplicarse ni en Grecia, ni en Turquía para poder ejecutarse adecuadamente. No se puede asegurar que quienes huyen van a tener acceso a un sistema de asilo justo, ni unas condiciones de acogida decentes. Los centros en las islas griegas están saturados, con gente a la intemperie, familias separadas, menores solos y sin atención…, y esto es Europa.

Pillados por @frlorente en la sede de ACNUR-España.
ACNUR 

El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR, en inglés UNHCR, UnitedNations High CommissionerforRefugees) es el organismo de las Naciones Unidas encargado de proteger a los refugiados y desplazados por persecuciones o conflictos, y promover soluciones duraderas a su situación, mediante el reasentamiento voluntario en su país de origen o en el de acogida. Tiene su sede en Ginebra, Suiza, y tiene más de 250 oficinas repartidas por todo el mundo en 125 países. El derecho al asilo y refugio es contemplado en la Declaración Universal de Derechos Humanos

Como corresponsalía en España, la presencia del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) data de los años 60, y es en 1979 cuando se establece la Representación de ACNUR en Madrid, al frente de la cual se encuentra un Representante del Alto Comisionado. Desde el año 2014 Francesca Friz-Prguda es la Representante de ACNUR en España.

España se adhirió a la Convención de Ginebra de 1951 sobre el Estatuto de los Refugiados el 22 de julio del año 1978, quedando consagrado el derecho de asilo en el artículo 13.4 de la Constitución española del mismo año. 


jueves, 19 de mayo de 2016

Paca Sauquillo, presidenta del MPDL y Coordinadora de la Comisión de Memoria Histórica del Ayuntamiento de Madrid

Sauquillo en su despacho, fotografiada por @frlorente

“Intento que la Memoria Histórica no sea un arma arrojadiza”



Es uno de esos extraños casos de madrileña por los cuatro costados, además con fuertes vínculos en Fuenlabrada. Su vida ha sido, es, y todo apunta que seguirá siendo un no parar. Camino de los 73 años vive con intensidad y mantiene la pasión aquella rebelde estudiante de Derecho antifranquista. Manuela Carmena le ha encargado una “patata caliente”: ordenar la memoria histórica de la ciudad. Además, continúa peleando y concienciando a favor de los más desfavorecidos del mundo.

P. Manuela Carmena, la alcaldesa de Madrid, le ha pedido que se ocupe de poner orden en el callejero, placas, rótulos, símbolos, estatuas de la ciudad…, en relación con la memoria histórica de la capital. Una labor intensa…
R. Me parece que es una patata caliente aunque no debería ser así. En otros países dan mucha importancia a la memoria histórica porque si desconoces la historia de tu ciudad, la democracia no está completa. La gente debe saber qué ha pasado y por qué. No consiste en juzgar hechos históricos, sino en recuperar la memoria. En Europa y Latinoamérica esto se hace bien, pero en España es un arma arrojadiza entre izquierda y derecha, especialmente en la Comunidad de Madrid.

P. De cualquier forma, hay una “ley de Memoria Histórica”. ¿Cree que es una ley que no funciona?
R. Creo que es una buena ley, moderada, pero se ha interpretado mal. Tiene un preámbulo muy bonito en el que se aboga por la concordia, el acuerdo, el reconocimiento para que reconozcamos o cerremos de forma efectiva un capítulo de la historia. Luego está el artículo 15, que es lo que se ha interpretado erróneamente. Este artículo afirma de manera muy clara que los símbolos y los rótulos de las calles que signifiquen el ensalzamiento de la sublevación y la violencia tienen que ser cambiados porque hieren a muchas personas. Por otra parte, hay que recuperar a personas e instituciones que jugaron un papel muy importante.

P. ¿Por ejemplo?
R. Por ejemplo, la Institución Libre de Enseñanza y otras más desconocidas como el Liceo de Mujeres que jugó un papel muy importante y estuvo ubicado en el actual Ministerio de Cultura. Ahí debería haber una placa. También debería recordarse que en la actual Presidencia de la Comunidad de Madrid, en la Puerta del Sol, estuvo la Dirección General de Seguridad, que jugó un papel de represión. Habrá que hacer un vestigio de qué fue y lo que fue y…, no pasa nada. Lo mismo con la demolida cárcel de Carabanchel y la cárcel de Ventas.

P. Entonces ¿su objetivo con “la patata caliente”?
R. Intento que la memoria histórica no sea un arma arrojadiza, sino un reconocimiento de personas que faltan y personas invisibles como son la mayoría de mujeres que han sido sacadas de la historia. Mi opinión es quitar lo menos y poner lo más. Para ello he dicho a la alcaldesa que quiero crear un comisionado de personas de reconocido prestigio: cronistas, archiveros, historiadores, bibliotecarios. Una comisión consensuada de personas independientes que también incluyera un urbanista arquitecto y que creara un museo de la historia de Madrid.

P. La Transición está muy ligada con la memoria histórica…
R. Mi generación hizo la Transición pero no vivió la guerra, vivió la dictadura de Franco. La guerra finalizó hace más de setenta años, pero la dictadura hace cuarenta. Ciertamente no fuimos capaces de cerrar la Transición recuperando la memoria histórica porque en su momento no era una reivindicación de la sociedad. El eslogan del momento era “libertad, amnistía y estatuto de autonomía”. Curiosamente, a la memoria empezó a dársele importancia a partir del año 2000. La relevancia se la dieron en primer lugar nuestros hijos y nuestros nietos y luego nosotros mismos, que vimos que países como Francia, Alemania, Argentina…, empezaban a recuperar su memoria y no pasaba nada.

P. La Transición parece que se pone en entredicho por algunos sectores. ¿Cómo definiría ese momento histórico?
R. Visto cuarenta años después se puede pensar que deberíamos haber hecho más, incluso que no se hizo bien, pero había que haber estado ahí en ese momento. En mi caso, por ejemplo, defendí las últimas ejecuciones de pena de muerte. Un juicio sumarísimo que se ventiló en veinticuatro horas. Hay que recordar que hasta 1978 existía la pena de muerte en nuestro país. Me parece bien que se revise la historia, pero los que la vivimos, o al menos yo, pienso que no podíamos llegar a más en ese momento, porque lo que teníamos era ansia de libertad y democracia. Creíamos también que con la libertad y la democracia íbamos a conseguir la mejora de las condiciones de nuestro país, como efectivamente se consiguieron. De hecho, la Transición española se ha puesto de modelo en todos los países del mundo.

Captada por @frlorente
P. ¿Cómo recuerda aquel tiempo?

R. En aquel momento yo había fundado la Organización Revolucionaria de Trabajadores, la ORT, y apostábamos por la ruptura con el franquismo, pero efectivamente nuestro objetivo era la libertad y la democracia. La Transición empezó en la década de los setenta como un movimiento organizado. Previamente, en la década de los sesenta surgen las Comisiones Obreras, las comisiones de los barrios, las asociaciones de vecinos y los movimientos profesionales de gente que estábamos contra la dictadura, a favor de la democracia, de las libertades y de que España fuese un país democrático dentro de Europa. Por una parte, estaban los inmovilistas del régimen y por otra, grupos que querían hacer cambios violentamente, fundamentalmente ETA. España no podía seguir así, así que apostamos por la organización de las masas y comenzamos a rebelarnos pacíficamente. De quienes vivimos la Transición habrá muy pocos que renieguen de ella. Quienes la están revisando no la vivieron o, efectivamente, no estaban por una transición.

Vergüenza

Sauquillo, presidenta del Movimiento por la Paz, el Desarme y la Libertad es abanderada de la justicia social, “creo que las ONG tenemos que defender la justicia social y no la beneficencia que es lo que desde el Gobierno del PP quieren que se implante”, asegura. Y en ese contexto, insiste en que las ONG, igual que otras organizaciones como los sindicatos, “tenemos que repensar cuál es nuestro papel”.

Pero si por algo está escandalizada Sauquillo es por la tragedia de los refugiados, también porque “la situación que vivimos con los refugiados pone en cuestión la Europa solidaria”. Con una sola palabra califica lo que está ocurriendo con las personas que huyen de los conflictos, fundamentalmente de Siria: “vergüenza”.
Tiene claro que no hay voluntad política por parte del Gobierno, “el Gobierno no ha jugado ningún papel. Tenía que haber llegado al Consejo Europeo y decir España, que  se hacía cargo de los 16.000 refugiados, que no son tantos. Y recuerda cómo en una situación peor de crisis e infraestructuras, este país se hizo cargo en los años 90 de 5.000 bosnios, croatas y serbios perseguidos.



martes, 17 de mayo de 2016

Idoia Armendáriz Trabajadora de Coca Cola en Fuenlabrada

Espachurrando una lata mientras la fotografía @frlorente

“No nos tienen trabajando, sino entretenidos tirando producto caducado y separando tapón, botella y etiqueta. También nos mandan a seleccionar vidrio y agrupar botellas. Un área rudimentaria, insalubre, manual”


Aunque se instaló en Pinto con ocho años, no puede negar que nació en Bilbao, en el popular barrio de Santutxu. Las circunstancias laborales familiares la convirtieron en una pinteña del mismo Bilbao que decidió convertirse en técnico de laboratorio. A partir de los 17 años compatibiliza estudios y trabajos en diferentes empresas del sector del metal, hasta que en 2006 comienza en la planta fuenlabreña de Coca Cola.
Tras dos años trabajando como eventual, en 2008 es contratada como indefinida. Se convertía así en la segunda mujer que entró en el área industrial en la planta de Fuenlabrada. En 2013 la plantilla total de esta fábrica la conformaban 586 hombres y diez mujeres. En la actualidad quedan 154 hombres y cuatro mujeres, una de ellas administrativa.


Hasta que llegó el ERE, Idoia era oficial de calidad y medio ambiente y trabajaba a turnos de mañana, tarde y noche. A grandes rasgos, su labor consistía en verificar la calidad, desde la materia prima hasta el producto finalizado. En el laboratorio realizaba ensayos físicos, químicos, de microbiología, etcétera.

En aquel tiempo, no tan lejano, rememora Idoia: “me sentía valorada y querida por la empresa; realizaba mi trabajo lo mejor que podía; en unas condiciones y un ambiente de trabajo óptimo. Me sentía desarrollada laboral y personalmente. Estaba enamorada de mi trabajo.”

Todo iba bien hasta que en enero de 2014 llegó el ERE. Fue como una bomba: “por la mañana, a las seis y media, firmamos el convenio y por la tarde nos dicen que nos cierran. Para más desconcierto, la empresa acababa de invertir 10 millones de euros en la tecnología más moderna”. De la noche a la mañana la vida de cientos de familias da un giro radical y comienza la pesadilla. “Es muy difícil explicar los sentimientos de aquella noche”, explica Idoia emocionada: “me rompieron la cabeza y el corazón…”

A partir de ese momento comienzan las asambleas en los pasillos y la movilización de la mano del comité de empresa de CCOO. Los recuerdos de Idoia se amontonan: “fueron días caóticos, de incertidumbre, llenos de tensión. Antes de comenzar la huelga, la empresa nos obligaba a estar en la fábrica, éramos como fantasmas, el vacío recorría cada rincón”.

Movilización y unidad

Cuando se obtienen los permisos para iniciar la huelga, ésta es secundada por toda la plantilla. La respuesta de la empresa es intentar negociar individualmente con unas condiciones espantosas, “traslados a Barcelona o Málaga sin garantizar los puestos de trabajo, ni salarios, ni nada de nada. Nuestra respuesta fue clara: organización, movilización, concienciación y boicot contra el abuso de la multinacional”, explica Idoia, “y ante el veto de los medios de comunicación repartimos octavillas, activamos redes sociales y aplicamos el boca a oído para explicar la realidad de lo que sucedía”.

Paralelamente fue surgiendo de una forma natural y espontanea el campamento de la dignidad a las puertas de la fábrica. Y comienza la batalla legal encabezada por los servicios jurídicos de CCOO. En junio de 2014, la Audiencia Nacional declara el ERE nulo y la empresa es obligada a readmitir a toda la plantilla. “La empresa se negó a cumplir la sentencia y nos  tuvo cinco meses sin cobrar prestaciones para desgastarnos y hacer daño” y en abril de 2015 el ERE vuelve a ser declarado nulo, ahora por el Tribunal Supremo.
Pillados por Juan Carlos Asenjo.

En septiembre de 2015 la plantilla comienza a entrar en la fábrica. El 22 de noviembre es la fecha en la que la empresa permite a Idoia acceder pero como “moza de almacén” y se sorprendieron porque “al entrar vimos que la fábrica estaba partida en dos y nos niegan la entrada a lo que llamamos zona negra porque la estaban desmontando para llevársela”.

La situación es tan surrealista como que a los trabajadores de mantenimiento les hacen cambiar los rollos de papel higiénico, “no nos tienen trabajando, sino entretenidos tirando producto caducado y separando tapón, botella y etiqueta. También nos mandan a seleccionar vidrio y agrupar botellas. Un área rudimentaria, insalubre, manual…”


Con todo, la inspección de trabajo anduvo por la planta para ver la carga de trabajo y las condiciones. Según Idoia, “el inspector estaba sobrecogido…”


sábado, 14 de mayo de 2016

Inés París se ríe de sí misma

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Pillados por @frlorente en la puerta del Palacio Longoria.
Acaba de ganar el premio del público en el Festival de Cine de Málaga con una comedia repleta de enredo y sorpresas. Eso sí, lo primero que se retrata en La noche que mi madre mató a mi padre son las nuevas familias con parejas, ex parejas, el lío de hijos e hijas que van y vienen y, en segundo lugar, un asunto latente en toda la cinta: las dificultades para sacar adelante un proyecto laboral. También en ese arranque está la complicidad con el personaje interpretado por Belén Rueda a la que un director de cine pedante la fastidia. Ella es una mujer sometida, que está siendo observada y valorada y a la que el paso del tiempo y la edad excluye de muchos papeles. Lo que viene después es humor en estado puro.

P. Su último trabajo antes de esta comedia fue un documental social, de compromiso, Manzanas, pollos y quimeras, que podremos ver el 21 de mayo en la programación del mes de la cultura y el trabajo organizado por la FundaciónAteneo Cultural Primero de Mayo. Un cambio muy radical, ¿no?
R. Siempre he combinado los dos campos. Por un lado, el cine que he hecho de ficción siempre son comedias que pretendo sean lo más graciosas posibles, lo cual no quiere decir que no lleven una carga de transgresión; que pongan en solfa o en cuestión determinadas realidades y que ofrezcan también una función alternativa del mundo. Creo que la comedia es un género transgresor y crítico. Siempre he alternado comedias, quizá más comerciales, con trabajos de mayor implicación social o compromiso político. En el caso del documental Manzanas, pollos y quimeras, lo hice para la Fundación Mujeres por África, con las que colaboro desde hace bastantes años.

P. Volviendo sobre La noche que mi madre asesinó
R. Nooooo. La noche que mi madre mató a mi padre.

P. Perdón, es que el titulito se las trae.
R. El título es enrevesado y también acabamos jugando con eso. Desde el título hay cierta comedia.

P. La película es como una obra de teatro.
R. No, no, no. La película es una película que habla, entre otras cosas, del mundo del teatro. Lo que tiene de teatral es que ocurre básicamente en una sola localización, pero he evitado que pareciera una obra de teatro filmada. Tiene un valor cinematográfico por el tipo de planos, por el tipo de luz o por el montaje. Es una película, película.

P. Bueno, me refería a que se puede adaptar fácilmente a la teatro…
R. Eso sí. Yo creo que finalmente habrá habiendo una obra de teatro.

P. Es una comedia que puede recordar a las obras de Poncela o Mihura…
R. Lo interesante es que se enclava en esa tradición. Es algo que los críticos han valorado y a mí me pareció muy interesante. La comedia en España se ha movido en un territorio más cercano al costumbrismo y ha perdido un cierto hilar fino y un cierto surrealismo que también eran características de Mihura o Jardiel Poncela. No es que yo haga un ejercicio erudito ni rinda homenaje a nadie, yo ruedo las películas como veo el mundo y en ello hay una carga de las cosas que he visto, leído y me han hecho gracia. Es verdad que el humor que me gusta es el que es creíble y sólido desde el punto de partida y los personajes, para que después se llegue a situaciones muy disparatadas, que son las que más gracia me hacen.

P. Porque el humor es la cosa más seria del mundo, ¿no?
R. Siempre es un género menospreciado, pero es muy difícil. ¿Cómo hacer que funcione un chiste, un gag, una situación, un personaje? Todo es un mecanismo muy complicado que casi nunca se valora suficientemente.

P. ¿Por qué?
R. Porque el humor pertenece al terreno de lo “popular”, y lo popular en esta cultura jerarquizada está minusvalorado.

P. La película está teniendo éxito, ¿pero hasta cuando aguantará en las salas?
R. Depende del público. Funciona muy bien en el boca a oreja entre un público muy variopinto de gustos y edades. Aunque hemos tenido detrás a TVE, ha hecho muy poca promoción. Ojalá hubiéramos tenido a Mediaset o Atresmedia que sí se implican profundamente en la producción de sus películas. Seguro que habría sido un éxito de taquilla.

P. La crítica también está siendo positiva, ¿no?
Sin quitarme la máscara le coloco 50 besos.
R. Es verdad que hoy día, además de los grandes medios existe todo un universo de críticas y comentarios en la red que ha permitido que se abra mucho ese abanico y lo que ocurre es que hay mucha gente opinando y opinando bien.

P. Por los personajes que aparecen en La noche que mi madre mató a mi padre, está claro que se ríe de sí misma…
R. Me río de mí misma, me río de la profesión, me río de los autores… En realidad mi alter ego es el escritor. O sea, es un personaje masculino que observa la realidad del mundo pero que siempre está ficcionando esa realidad de una manera notoria y graciosa. Esta es una película en la que se ve que los seres humanos representamos ante nosotros mismos y ante los demás. Somos seres enmascarados, pero prefiero que no nos quitemos las máscaras porque debajo de ella no hay nada.

Así que sin quitarme la máscara voy y, como queda patente en la imagen que acompaña a este texto, le coloco 50 besos sin ningún pudor. Eso sí, seguimos hablando sobre el estado del cine, la situación de la mujer, la ausencia de políticas culturales…, para publicar algo elegante en la revista Madrid Sindical.

martes, 10 de mayo de 2016

La “Mirada de mujer” de Paca Sauquillo

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Tras un revuelo muy grande a cuento de la memoria histórica en la ciudad de Madrid, la alcaldesa, Manuela Carmena, decidió encargar a una compañera de luchas, a Paquita Sauquillo, coordinar una comisión que ponga orden en el callejero, estatuas y símbolos de la capital. Esto me ha llevado a leer un libro, Mirada de mujer, que publicó Sauquillo en el año 2000 (Ediciones B). Se trata de un relato de recuerdos con alma autobiográfica que, sin duda, deberá ampliar en unos años.


Mirada de mujer fue culminado en el momento más duro de la dura vida de Paquita Sauquillo. Dos años antes moría su hijo Javier y explica ese terrible dolor como una amputación: “Fue como si me amputaran un miembro que después sigue doliendo. No se supera nunca, tienes que saber vivir amputada y cada día es peor. Cuando muere un padre, o un hermano, el tiempo ayuda a encajar la desgracia; pero cuando muere un hijo es distinto, el tiempo es tu enemigo, te aleja de él, de sus recuerdos; y, como sabes que toda la vida va a ser igual, no quieres que pase el tiempo…”

Y cuando habla de la muerte de un padre o un hermano sabe lo que dice. Relata su relación con el luto precisamente porque su padre falleció cuando ella contaba 14 años. Durante tres vistió de luto en plena pubertad. El primer año, riguroso y los otros dos de “alivio luto”. Años después la muerte la visitó y la rondó en forma de asesinato fascista. Su hermano Francisco Javier Sauquillo, abogado, militante del PCE y de CCOO fue uno de los abogados de Atocha “ejecutado” (siguiendo la terminología del superviviente Alejandro Ruiz-Huerta) por una banda ultra la trágica noche del 24 de enero de 1977.

Madrid

Pero Mirada de mujer no es un libro triste. Es un libro motivador que relata los recuerdos de la autora en un tiempo excepcional de la historia en los que Madrid es el escenario fundamental. Más allá de las luchas, tras una breve estancia en Ceuta, viajamos del Madrid burgués de adolescencia en colegio de monjas al Madrid más obrero y mísero, pasando por una Universidad en ebullición.

Sauquillo se proclama madrileña y, con el conocimiento de la ciudad como fondo, relata un mundo lleno de cine censurado, de enloquecida especulación urbanística, de reuniones clandestinas, manifestaciones y miedos. Tiempos de lucha por conseguir la libertad, tiempos en los que los obreros empiezan a organizarse en las comisiones obreras y los vecinos en las comisiones vecinales.

Paquita Sauquillo un día montaba la primera asociación de vecinos de España en 1964 (aunque existe un pequeño debate con Baracaldo sobre quien fue antes); otro defendía a los obreros de Potasas en 1971 con Carlos Garaikoetxea defendiendo a la empresa y otro, defendiendo de la pena de muerte a miembros del FRAP en los últimos consejos de guerra del franquismo en 1975.

ORT

En aquellos años las siglas de los partidos antifranquistas florecían y Sauquillo fundó la maoísta ORT (Organización Revolucionaria de Trabajadores), un partido que con la llegada de las primeras elecciones generales democráticas aún fue ilegal. Fue en las primeras elecciones al Ayuntamiento de Madrid cuando se presentó como candidata a la alcaldía, pero no logró ninguna concejalía. A pesar de ello, Enrique Tierno Galván, el viejo prfesor, quiso contar con ella, que se negó porque la ciudadanía no la había elegido.

Con los años, unos miembros de la ORT fueron recalando en el PCE y otros en el PSOE. Sauquillo fue de estos últimos aunque tuvo que vivir las tensiones por mostrarse claramente en contra de la OTAN.

Se puede o no compartir las ideas de Paca Sauquillo, pero su Mirada de mujer es un relato elocuente de un periodo que hoy muchos ponen en entredicho. Un relato vivido en primera persona y compartido por un pueblo que fue el verdadero protagonista de eso que convenimos en llamar Transición.

Seguro que en breve os cuento alguna charla que pueda mantener con ella.