Blog de Alfonso Roldán Panadero

Autorretrato
Mi foto
En las fronteras hay vida y tuve la suerte de nacer en la frontera que une el verano y el otoño, un 22 de septiembre, casi 23 de un cercano 1965. En la infancia me planteé ser torero, bombero (no bombero torero), futbolista (porque implicaba hacer muchas carreras), cura (porque se dedicaban a vagar por la vida y no sabía lo de la castidad...) Luego, me planteé ser detective privado, pero en realidad lo que me gustaba era ser actor. Por todo ello, acabé haciéndome periodista. Y ahí ando, juntando palabras. Eso sí, perplejo por la evolución o involución de esta profesión. Alfonso Mauricio Roldán Panadero

viernes, 8 de diciembre de 2017

La librería de Isabel Coixet

Lo malo que tiene que el Día de la Constitución caiga en miércoles es que los cines no mantienen el descuento del Día del espectador (y la espectadora) por ser festivo. Dicho esto, La librería es una peli lo suficientemente bonita como para que merezca la pena la inversión que supone el coste de una entrada.

En esa obsesión mía por no destrozar pelis con palabras me limitaré a comentar que fui pensando en ver un filme con moraleja sobre libros de papel y es otra cosa. Vale, merodea por toda la historia la frase “nunca estás sola rodeada de libros” (o algo así), circunstancia que, por otra parte, puede dar lugar a debate. Es más, sólo hay dos grandes lectores en la peli, la protagonista, Florence Green (Emily Murtimer) y el señor Brundish, interpretado por el gran Bill Nighly. Un actor tan poliédrico como entrañable.

Él es una especie de ermitaño muy británico, gran lector, lo que hace que se acerque a ella. Ella, Florence, llega a Hardborough, un pueblo de la costa británica, de la Gran Bretaña profunda, con la intención de montar una librería en un lugar en el que nadie lee. Yo creo que no anduve muy tonto si entreví un amor imposible entre ambos.

Es decir, el tema principal no es un amor imposible y ni siquiera los libros de papel, asunto que parece bastante tratado en el cine más allá de Fahrenheit 451 (de hecho la novela es una de las que se menciona en la peli), como últimamente con El editor de libros, o hace pocos años con La ladrona de libros.

"Quienes hayamos sido, o seamos, víctimas de un akelarre incomprensible seguro que podemos empatizar con la librera"



Vamos, que no sé si quien no sea lector o lectora habitual se animará a abrir un libro o no, pero mal no les va a hacer la película. Si acaso, puede animar a volver a la novela Lolita de Nabokov, otra que recientemente era mencionada, no sin lógica, en la novela Taxi, de Carlos Zenon, por aquello de la transgresión. De hecho… yo no he leído Lolita. Claro, he visto la peli.

¿Entonces de que creo yo que va La librería? Sin destripar el asunto, en mi opinión, quienes hayamos sido, o seamos, víctimas de un akelarre incomprensible seguro que podemos empatizar con la librera. Una comunidad, una facción, un grupo, compuesto principalmente por necios es espoleado por un par de malos, o malas no sin poder, y eso es una mezcla explosiva…

Eso sí, la pequeña y leal Christine (Honor Kneafsey), empleada por la librera, es el paradigma de que siempre hay esperanza en el futuro.

No tengo ni idea de si esa orfandad ante la persecución que podemos sentir en algún momento de nuestras vidas frente a grupúsculos organizados, tiene algo que ver con la actualidad que viene padeciendo la directora de la peli, Isabel Coixet, en esa Cataluña, o Catalunya (no se me enfade nadie) profunda. Como sabemos, la Coixet es víctima de esas renacidas “cazas de brujas” que la tildan de “facha” como le viene ocurriendo al Serrat, al Forges, El Roto, La Sardá y tantas y tantos otros que no comulgan con el credo independentista.

Como la propia Coixet asegura, “los poderes en contra de Florence son las personas agresivas en la autopista que siempre quitan al conductor más lento de en medio”. 

En definitiva, 110 minutos de una peli bonita, en la forma y el fondo, dirigida con la sensibilidad de una una mujer que además ejerce de feminista. Aunque aquí puedes ver el trailer en español, recomiendo la versión original en inglés. Y una curiosidad cuando la veáis o si ya la habéis visto… ¿qué relación tiene esta peli con el anuncio de la Lotería de Navidad de este año?


País: España
Dirección: Isabel Coixet
Guion: Isabel Coixet (Novela: Penelope Fitzgerald)

Reparto: Emily Mortimer, Patricia Clarkson, Bill Nighy, Honor Kneafsey, James Lance, Harvey Bennett, Michael Fitzgerald, Jorge Suquet, Hunter Tremayne, Frances Barber, Gary Piquer, Lucy Tillett, Nigel O'Neill, Toby Gibson, Charlotte Vega



martes, 5 de diciembre de 2017

Entre un “magma emocional” y un “disparate”


El conflicto catalán y la clase trabajadora (y 3)

Creo que es buena noticia que la independencia de Cataluña, o Catalunya no se me enfade nadie, haya descendido al cuarto problema para los españoles, según indica el CIS (Centro de Investigaciones Sociológicas). Ese relajo hace que estas píldoras -de ayer y anteayer- sobre el acto El conflicto catalán y la clase trabajadora, realizado hace unos días, se puede leer del mismo modo que transcurrió el evento: sin visceralidad.
Laura Pinyol y Montserrat Muñoz fueron las encargadas de cerrar las intervenciones. La primera, que se autodefinió como “catalana de nacimiento, madrileña de adopción, sindicalista de vocación y feminista”, es veterana de CCOO. Un bagaje que le hizo asegurar que con el asunto de la secesión “a las trabajadoras y los trabajadores nos va como el culo”.
En opinión de Pinyol “el exceso de días históricos ha hecho que hayamos vivido en un magma emocional”. Con ojos muy críticos explicó cómo el independentismo quiere dar respuesta local a un problema global, lo cual ha llevado que “el conflicto social haya desaparecido frente al conflicto territorial”, lo cual implica un “peligro para el sindicalismo confederal”.
A juicio de Pinyol, el independentismo ha creado un relato muy bien montado, en el que la batalla por los recortes ha desaparecido y que mientras afirmaba falsamente que “España nos roba, se evita el debate fiscal”.
En este relato destacó la actuación de las asociaciones independentistas ANC y Omnium Cultural, “que ha utilizado a los sindicatos y lo han conseguido”. E insistió Pinyol sobre los sindicatos, “han sido primero condescendientes y después, seguidistas”. En esta línea, criticó la aparición de un corriente independentista en el interior de CCOO, que ha dado lugar a otra, “más endeble”, federalista. Alabó, eso sí, que las Comisiones Obreras no se sumaran a la huelga general convocada por un sindicato minoritario e independentista.
Considera la sindicalista que se ha roto el contrato social y que se ha buscado dinamitar puentes, en lugar de aportar serenidad y paciencia. Y, de cara al inmediato futuro, no se mostró optimista, “las elecciones no van a ser la solución”, proclamó, y continuó, “el independentismo es como una religión, basado en la fe y la fe es ciega”.
“Más política”
En esta línea fue también la intervención de Montserrat Muñoz, para quien “en este proceso se ha hablado de todo menos de política”. Muñoz se mostró especialmente crítica con la izquierda, con un PSOE que no hablaba y con el “infantilismo de Podemos”, empeñado en un referéndum pactado. Mientras, “el independentismo ha ido a lo suyo”, sin preocuparse “ni por la corrupción, ni por los asesinatos de mujeres, porque todo el mundo estaba en un debate que realmente no existía”. 
En definitiva, algo que calificó de “disparate”, basado fundamentalmente en los sentimientos y las emociones. Y es que Muñoz abogó por el racionalismo frente a los sentimiento y las emociones, “igual que la Constitución de 1978 se hizo hablando de política, no de sentimientos; si se reforma, habrá que hablar de política.
Y esa política, Muñoz la basó en unos ejes fundamentales en los que debe centrarse la política: las personas, las condiciones laborales y los servicios públicos. Precisamente, consideró que ese renacer del “nacionalismo rancio y españolista surge por no hablar de política”, porque “la política es útil en la vida”. Concluyó Montserrat Muñoz considerando que quizá sea un buen momento para reformar la Constitución y ser parte activa en esa reforma.

Y yo concluyo esperando que nadie se haya molestado con lo que he venido contando en esta trilogía, basada en un evento que no ha tenido ninguna repercusión, ni en los medios al uso, ni en las redes sociales. Al fin y al cabo pueden venir bien estas reflexiones en estos días previos a unas elecciones en que, esperemos, no renazca la visceralidad. Esperemos que frente a las emotivadades, se haga hueco la razón. 

lunes, 4 de diciembre de 2017

De “un relato simple” a “CCOO no puede estar a favor del separatismo”

El conflicto catalán y la clase trabajadora (2)

De las dos fotos que hice, en esta salen todos los ponentes.
Como decíamos ayer..., ahí va otra dosis sobre el acto El conflicto catalán y la clase trabajadora, que se realizó el pasado 22 de noviembre y en el que además del plantel mencionado había un público con reconocidas luchas a sus espaldas. Tal es el caso de Justiniano Martínez, rojo y dicharachero, que recientemente tuvo que volver al ruedo mediático con el artículo titulado Gracias, Paco, tras el aluvión de soflamas que recibió Paco Frutos, ex secretario general del PCE.
Fue Andrés Hidalgo, coordinador del Foro Sindical de Izquierdas, quien presentó el acto. Y así lo hizo con la escritora Laura Freixas, quien lanzó tres preguntas deductivas para entender el embrollo que se ha montado con este proceso, o procés, no se me enfade nadie: ¿es democrático y progresista?; ¿por qué ha tenido tanto éxito movilizado?; ¿es la solución un referéndum legal y pactado?
Respondiendo a la primera cuestión con una pincelada, Freixas, barcelonesa de nacimiento, dejó claro que para el independentismo “hay catalanes de primera y de segunda”. Estos últimos tienen que soportar la presión que ejercen los de primera. Ahora bien, los de segunda pueden ascender si se unen a la causa…
Respecto al éxito movilizado que ha tenido el independentismo, lo explica Laura Freixas por tratarse de “un relato muy simple” y que también “ha seducido fuera de Cataluña por ser crítico con Rajoy”.
Por último, ante la cuestión de si la solución es un referéndum legal y pactado, la escritora catalana no se mostró partidaria partiendo de la base de que “un referéndum no es la máxima expresión de la Democracia”. Así, “en un referéndum se vota sobre un tema, pero se invisibiliza todo lo demás. Se trata, además, de una votación binaria que excluye la tercera vía, la preferida por el 46 por ciento de los catalanes”, esto es, reforzar el grado de autonomía. Además se preguntó, “¿y si se vota y el resultado es negativo a la independencia?, ¿hasta cuándo habría que estar votando…?
“Orfandad y asombro”
Laureano Cuerdo es un veterano sindicalista de CCOO con gran experiencia sobre Latinoamérica, que actualmente preside la tertulia Macario Barja. Comenzó su intervención disparando con sus sentimientos: “como luchador antifranquista siento orfandad y asombro”. 
Dos sentimientos de los que responsabilizó a “esa izquierda alternativa”, que ha comprado el relato índependentista, olvidándose del paro, la precariedad, la pobreza, la desigualdad, las pensiones, sanidad, la educación, la dependencia… Calificó la situación de “desgracia para el movimiento sindical y la izquierda” y recordó “las banderas de siempre del sindicalismo: solidaridad, fraternidad e internacionalismo”.
Abogó el veterano sindicalista por esa Unión Europea que surge para espantar los “viejos demonios del nacionalismo”. Una Europa, que con todos sus defectos, es ejemplo de Estado del bienestar para Latinoamérica. Así, si Europa pierde su alma, Latinoamérica no tendrá espejo en el que mirarse parar progresar. E insistió en algo que hasta hace poco parecía de perogrullo: “frente a la globalización económica es necesaria la unidad de la clase trabajadora”.
Incidió también en que históricamente quienes se quieren “separar” son los más ricos, y puso como ejemplo madrileño el intento secesionista de La Moraleja y Alcobendas, y eso es algo “que choca frontalmente con la fraternidad”. Además, criticó el marketing independentista, ya que siempre ha ocultado que las Naciones Unidas no consagran el “derecho a la autodeterminación”, igual que tampoco lo consagraría la hipotética República Catalana.
Dejó meridianamente claro Laureano que “en Comisiones Obreras tenemos que alzar la voz. Comisiones Obreras no puede estar a favor del separatismo”. Por contra, abogó por el federalismo siempre que se den tres condiciones. En primer lugar, si existe lealtad constitucional, "algo que ahora no hay y que debe incluir una normativa similar al artículo 155 de la Constitución”. En segundo lugar, el federalismo debería basarse en la “solidaridad entre instituciones” y, por último, debería tener una financiación suficiente.
Santo cielo. Estoy otra vez a punto de las 800 palabras. Me enrollo. Lo bueno de esto del blog es que no hay jefes que presionen y te obliguen a cerrar una edición, que bastante tengo yo con lo mío. Echo el freno y así pues, mañana remato con una última pildorita con las intervenciones de Laura Pinyol y Montserrat Muñoz.

domingo, 3 de diciembre de 2017

Antonio Gutiérrez y el nacionalismo, “esa ideología terrible”

El conflicto catalán y la clase trabajadora (I)

Momento de la intervención de Antonio Gutiérrez Vergara.


Hace un par de semanas me enteré a través de las redes sociales que Antonio Gutiérrez, ex secretario general de CCOO, iba a intervenir en un acto sobre El asunto. O sea, sobre Cataluña, o Catalunya, no se me enfade nadie, que no es éste el objeto de estas líneas. Junto a Gutiérrez completaban un interesante y potente cartel: Laura Freixas, escritora; Laureano Cuerdo, presidente de la tertulia Macario Barjas; Laura Pinyo, sindicalista de CCOO y Montserrat Muñoz, subinspectora de Trabajo (con intensa vida política). El evento, bajo el título “El conflicto catalán y la clase trabajadora” fue presentado por Andrés Hidalgo, coordinador del Foro Sindical de Izquierdas.

Aunque el plantel era importante, confieso que fue la presencia de Antonio Gutiérrez la que me llevó a acudir en un día en que mi hija cumplía 18 años. Precisamente, cuatro días después, el 26 de noviembre coincidió con los 30 años de la elección de Gutiérrez como secretario general de CCOO. Pocas semanas después, en enero, le realicé una entrevista de estudiante de periodismo. Luego vendrían más para otros medios, pero aquella me gustó porque fue para Joven Unidad Obrera, una humilde revista de la juventud de CCOO de Madrid de hace 30 años. Era un tiempo en que, sin redes sociales, la comunicación era más horizontal en muchos ámbitos.

Dejando de lado nostalgias que no llevan a nada, Gutiérrez sigue siendo ese tipo serio de verbo fácil y contundente y que abogó por, siguiendo al veterano López Bulla, “promover, encabezar nítidamente el movimiento sindical confederal”, para pasar a criticar sin circunloquios el nacionalismo: “debemos encabezar la lucha contra esa ideología terrible que es el nacionalismo”, y continuó, refiriéndose a esa ideología que “se sale con la suya cuando logra embaucar a la pobre gente”. Consideró además que el nacionalismo siempre es “engendro de violencia y enfrentamiento visceral”.

Animó Gutiérrez a hacer frente a ese nacionalismo compareciendo en el mundo de la cultura “porque no hemos comparecido al debate y esto va a ser largo y complicado”. Es más, aseguró que “en muchos casos se ha actuado entre la confusión y la cobardía”, haciendo del denominado referéndum pactado el eje principal de la confusión.

“Ganar al nacionalismo”

Con extrema claridad, el execretario general de CCOO abogó por “ganar al nacionalismo, en términos culturales e ideológicos, para convencer cabalmente de que lo mejor es la unidad para estar en los ámbitos en que ya opera el mercado”. En este sentido, consideró que “sindicato de proximidad es un buen eslogan, pero es mejor la unidad”.

En su opinión fue “una coalición entre malvados y necios” la que, con la reforma del Estatut dio el pistoletazo de salida a la marcha hacia el precipicio actual. Eso sí, miró por el retrovisor hacia la historia reciente de la izquierda y en tono autocrítico se refirió a esa “confusión tonta y necia entre nacionalismo y progresismo”, proveniente de aquella época en que todo lo que oprimía Franco era digno, aunque en realidad la autodeterminación nunca existió.

Sería en la Constitución de 1978 donde por primera vez la unidad de España es consecuencia de un pacto por el autogobierno, lo cual no impide que esa Constitución se reforme dotándola de alma federal. Sobre ello recordó Antonio Gutiérrez cómo se reformó con agostidad y alevosía, además del apoyo de PNV y CiU el artículo 135 de la Constitución, “algo mucho más relevante que el federalismo” y que nos convierte en dependientes de poderosos intereses económicos nada amigos de la clase trabajadora. 

Criticó Gutiérrez también la guerra de banderas de unos y otros. “Sacan banderas para anular a la otra” y se preguntó por qué en vez de banderas de España frente a las estelladas no se han sacado senyeras, que es la bandera oficial y estatutaria de Cataluña, o Catalunya, no se me enfade nadie. 

No evitó la autocrítica al reconocer el “sinsentido” de que, al igual que en el PCE, el I Congreso de CCOO de 1978 aprobara “por inercia” en sus estatutos el “derecho a la autodeterminación” siguiendo la redacción de la Constitución. Explicó cómo en el V Congreso propuso quitarlo, que ya no eran tiempos de Transición y, además, la Constitución no contempla el “derecho de autodeterminación”. El problema -explicó Antonio Gutiérrez- es que se armó una “bronca terrible” y ahí se quedó el artículo… No es descartable que este lío estatutario tenga su origen en “una mala digestión del marxismo”, descontextualizada conceptual e históricamente entre otros por Lenin, que aprueba el término “nación”. También recordó cómo en su Congreso de despedida no le importó no contemporizar con la defensa de un IPC catalán, aunque perdiera muchos aplausos por ello…

Y aunque pueda resultar llamativo a primera vista, Antonio Gutiérrez no está por la solidaridad con los trabajadores y trabajadoras catalanes porque “la solidaridad es entre diferentes”. Por contra defendió la necesidad de “tejer” redes, Todo ello, recordando que en las confrontaciones entre nacionalismos, siempre ganan las derechas y proclamando que “los humanos no tenemos raíces, tenemos piernas”.


¡Caray! Me dice el Pages que llevo más de 800 palabras, que ya es. Así que mañana sigo comentando sobre este evento.

LA CONTINUACIÓN... 

Segunda parte, pinchando aquí  CCOO no puede estar a favor del separatismo.

Tercera parte, pinchando aquí. Entre un magma emocional y un disparate.




martes, 28 de noviembre de 2017

El autor

Hace una semana escribía en este mismo espacio que aún sabiendo que habían estrenado pelis imprescindibles, mi opción en jornada previa al “día del espectador” (y la espectadora) era La gran enfermedad del amor. A esas alturas ya había visto El autor, basada en la novela corta de Javier Cercas, El móvil y protagonizada por el actor de moda, Javier Gutiérrez, con secundarios de lujo, como…, como no, el bueno de Antonio de la Torre.

Es imposible comentar nada de esta peli sin chafarla un poco, o sea, sin hacer spoiler que se dice ahora. Así que me limitaré a decir que la cosa va de un tipo no muy grande que se recorta el vello púbico, Álvaro (Javier Gutiérrez, ole sus cojones) y que está empeñado en escribir una novela aunque tiene menos talento y oficio que una puerta en el campo.

Además, todo indica que no soporta que su mujer, una salerosa sevillana, Amanda (María León), sea una exitosa escritora de best-sellers. A ello hay que añadir que Álvaro comienza a tener problemas para traspasar precisamente puertas a causa de la cornamenta que luce.

Hasta aquí no he reventado prácticamente nada. Si me pongo en plan profundo, intelectual y cultureta, podría decir que es evidente la influencia de Pirandello y sus Seis personajes en busca de autor, obra que vi en un Estudio 2 de Televisión Española y que su superfluo estudio aprobé en COU. Con estos mimbres de la obra de Pirandello, creo que la peli es igual pero al revés y con más humor. Humor negro, diría.

Seguramente Manuel Martín Cuenca, director y guionista de la peli, diría que cuantos porros me he fumado para llegar a esa conclusión y yo respondería que ninguno, que hace ya mucho que no doy ni una calada a un cigarro.

La cuestión es: quiero escribir un pedazo de novela, soy un truño de escritor, voy a clases y clases de escritura y el profe hasta me humilla, pero soy cabezota, persistente. Vamos muy pesado. ¿Qué puedo hacer?

La respuesta está en la peli, en un escenario que nos recuerda a la 13 Rue del Percebe o a esas series de comunidades de vecinos que tanto éxito tenían y que ya no me acuerdo si eran todas la misma. La de “un poquito de por favor”.

Álvaro y sus cojones a lo Hemingway montan un buen lío en el que la realidad supera a la ficción, nunca mejor dicho. Hablamos de la historia de un tipo obsesionado que hace de la manipulación un arte, siendo capaz de sacrificarlo todo a cambio de lograr su sueño como si de un pacto con el diablo se tratara.

Hasta ahí puedo leer, que decía Mayra Gomez Kemp e incluso Kiko Ledgard. Eso sí. Debes saber que siempre puede haber alguien más listo y/o más lista que tú…

El trailer, que cuenta más que yo, lo puedes ver aquí mismo.


Dirección: Manuel Martín Cuenca.
Guion: Manuel Martín Cuenca, Alejandro Hernández (Novela: Javier Cercas).
Reparto: Javier Gutiérrez, María León, Antonio de la Torre, Adriana Paz, Tenoch Huerta, Adelfa Calvo, Rafael Téllez, Craig Stevenson, Miguel Ángel Luque, Carmelo Muñoz Adame, Domi del Postigo.

País: España.

domingo, 26 de noviembre de 2017

Del 15-N de 1936 al 25-N

Bombardeo de Gran Vía durante la guerra.
“¿Dónde estará esa foto que había de mi madre vestida de miliciana?” 


Un año tras otro Conchita se hacía esta pregunta de cuando en cuando. El recuerdo que tenía de ella era poco claro, que estamos hablando de una foto de aquella época, en blanco y negro. Eso sí, parecía claro que se trataba de una atractiva morenaza de ojos verdes.

Hipólita, Poli, era madre soltera. Nacida en un pueblecito muy cercano a la capital, pronto se trasladó a la ciudad. Entre Vicálvaro (entonces municipio independiente) y el barrio de Ventas andaba su vida cuando quedó prendada por Mauricio, un simpático joven de ojos azules, de conocida familia en el barrio de Bilbao. De hecho, una de las principales calles del barrio llevaba el nombre del padre de Mauri.

No es difícil imaginarlos entre el bullicio de una ciudad siempre viva, ni es difícil imaginarlos como dos jóvenes bien parecidos enamorados a finales de los años veinte del pasado siglo. Él, un poco truhán en el sentido menos estricto del término, fumador con aire Bogart; y ella, sonrisa y chispeante mirada, objeto de todas las miradas.

Coincidiendo con la crisis del 29, sin matrimonio de por medio, nació una niña a la que pusieron el mismo nombre que la hermana de Mauri, Conchita.

Cosas de la vida…, la relación entre Poli y Mauri acabó. Aquel terrible verano de 1936 Conchita vivía con su madre en una casita de Vallecas, o quizá de otro barrio, con la nueva pareja de aquella. En esos días de golpismo la capital fue una locura en aumento. En noviembre, la situación era militarmente insostenible en el frente que estaba roto a las puertas de la capital, mientras en la retaguardia reinaba el caos y el desgobierno.

Los bombardeos fascistas se cebaron esos días en Madrid como nunca antes en una guerra contra la población civil. Durante la Batalla de Madrid la ciudad pareció estar a punto de caer en manos de los golpistas. En el Puente de los franceses y en la Ciudad Universitaria las fuerzas leales a la República sufren lo indecible. Los generales Miaja y Rojo intentan remendar el roto con fuerzas provenientes de Usera y Vallecas…

En el interior de la ciudad el desorden era grande por las acciones de la Quinta columna y por los desmanes de gentuza armada y sin escrúpulos. El propio Santiago Carrillo, responsable del Orden Público en Madrid en aquellos días, confesaba en sus Memorias que “algunas detenciones y hasta ejecuciones habían sido fruto de venganzas personales…” Las llamadas “policías de grupo” actuaban sin control jurídico hasta que empezaron a funcionar los tribunales populares. El propio Carrillo ordenó la detención de un control en Ventas, aparentemente anarquista; y la escolta de un Ateneo libertario.

En plena ola de violencia, el domingo 15 de noviembre, parece ser que un tipo sin uniformar, pero armado; acompañado por otros se presentó en la casita en que vivían Hipólita y Conchita, con siete años recién cumplidos.


“¿Dónde estará esa foto de mi madre vestida de miliciana?”



Con siete años recién cumplidos, Conchita vio cómo ese tipo descerrajó uno, dos…, no se sabe cuántos disparos y asesinó a Hipólita, Poli, la atractiva morena de ojos verdes. Conchita recordaba un beso helado de muerte a su madre y recordaba decirle a un juez que sí, que aquella mujer era su madre. Soltera, pero su madre.

Alguien dijo que a Poli la mataron porque llevaba una medallita de una Virgen; alguien dijo que el tipo que la mató…, la pretendía. Pseudohistoriadores consideran a Hipólita una cifra del “terror rojo”.

Creo, a falta de más documentación, que Hipólita fue asesinada por ser mujer, llevara medallita o simplemente no hubiera accedido a los deseos primarios del tipo de la pistola.

Pasado el 25 de noviembre, no está de más recordar aquel 15 de noviembre con dos mujeres víctimas, una de ellas con siete años. 


No sé si me habría gustado tener los ojos verdes como Hipólita o azules como Mauricio, pero sí me gustaría saber dónde estará esa foto de mi abuela vestida de miliciana.

martes, 21 de noviembre de 2017

La gran enfermedad del amor

Ya sé que acaban de estrenar algunas pelis imprescindibles, pero si mañana miércoles, día del espectador, alguien quiere aprovechar para ver una, simplemente, bonita, le animaría a que viera La gran enfermedad del amor, que seguramente no aguante mucho en las salas en que se proyecte. 

No. No es una historia de grandes profundidades. Es, simplemente, una historia. Una historia de amor, que no de amor romántico obsesivo-posesivo. Y, como la realidad suele superar la ficción, se trata de una historia real, más allá de ese encasillamiento que hacemos a todo y en el que a La gran enfermedad del amor le ha tocado ser “comedia romántica”, o como se dice ahora “rom-com”, por aquello de las iniciales en el idioma del imperio.

Que no digo yo que no sea comedia y romántica, pero ni Kumail Nanjiani es Richard Gere, ni Zoe Kazan es Julia Roberts. Es más, el director (Michael Showalter), nos sube y baja por una montaña rusa de emociones en las que la sonrisa es el estado prioritario, incluso en los momentos más trágicos. 

Pero sobrevuelan en la cinta, más amores que el de una pareja: amores de familia, de cónyuges, de hermanos y, también hay amistad. Todos ellos llevados en volandas por un coro de magníficos actores y actrices secundarios. 

Es una peli que también pone el dedo en la llaga de la actualidad. En las absurdas exclusiones e intolerancias, en este caso religiosas, en un mundo cada vez con las fronteras más desdibujadas. Y, sí, las tradiciones pueden ser bonitas pero no pueden ser ese elemento que nos oprime y como, más o menos viene a decir el protagonista a su madre: “o estamos a Rolex o estamos a setas, pero no me líes”.


Si tenéis opción de verla en versión original, mucho mejor, pues oiréis  como suena el urdu. Eso sí. Aquí os pongo el trailer subtitulado.

País: Estados Unidos.
Dirección: Michael Showalter.
Guion: Emily V. Gordon, Kumail Nanjiani.
Reparto: Kumail Nanjian, Ze Kazan, Holly Hunter, Rai Romano, Linda Emond.

viernes, 17 de noviembre de 2017

De viaje por Barcelona con Sandino

He aprovechado estas jornadas de actualidad monotemática para irme de viaje literario a Barcelona con Sandino, el personaje de la última novela de Carlos Zanón, Taxi. Sandino es un taxista barcelonés entre triste y depresivo, “extraño y atractivo, infantil, mujeriego, nocturno, gatuno. Vete a saber”, tal como su propia voz interna le autodefine. 

Sandino es un viajero de Barcelona, un Homero que vive su propia Odisea en esa ciudad con alma de metrópoli, variopinta como cualquier capital occidental. Esa ciudad que, de forma similar a  mi Madrid, nos hace seres tan anónimos, como libres y, paradójicamente, solitarios.

Sandino es taxista por las circunstancias y, no por ello, dejará de lado el refugio que suponen el cine, los libros, la música… Títulos, temas a los que nos invita a ir y vamos porque nos puede la curiosidad. De hecho, el viaje que es la novela, también lo es a través de la banda punk The Clash

Taxi tiene alma de novela negra y nuestro protagonista huele a duro/blando, a rol de taxista cosmopolita, a Casanova interclasista y a personaje del Marqués de Sade en un mundo sórdido, interconectado a través del móvil y espléndidamente narrado por Zanón, en el que no faltan pinceladas de humor negro, de humor agrio, de tragicomedia. 

Una novela negra que, tras la muerte de la narrativa social, es la única barricada que nos acerca a la realidad de los Nadie, esos Nadie de Galeano que nos evoca Javier López con su poesía y sus relatos y que Zanón, con Taxi, menciona como poseedores de la nada:

“Esa nada de las chachas embarazadas saliendo de las casas señoriales al punto del alba, o las cocineras o los jardineros acusados de haber robado dinero o cucarachas, relojes o simplemente comida. La misma nada de los que han ido a la guerra a morir por banderas que nunca fueron suyas. Los que han sido acusados de haber matado al hermano bueno, al pastor, al pacífico, al rico, al que piensa en todos y nunca se deja llevar por la ira. 
Esa nada de los sin nada, de los Nadie”.

Esos nadie que Sandino se encuentra en la noche barcelonesa. Clientes que suben y bajan del taxi, esa familia, esos amigos y enemigos en un mundo de traiciones y lealtades. Un mundo, un viaje de seis días y siete noches que no concluye porque Sandino es un viajero, un aventurero urbano siempre pendiente de su Ítaca.

Es todo eso o, simplemente, el barcelonauta de la novela juvenil de Pep Albanell se ha hecho mayor.


Gracias, eso sí, a Puy que me regaló recientemente el libro. Y gracias también a Zanón que me ha animado a desempolvar esta vida desde el lago, algo desganada en estos malos tiempos para la lírica.

Y si queréis acompañar este texto con música... aquí va mi recomendación.



martes, 27 de junio de 2017

Felipe Serrano y su “Flor del magnolio”

Por el centro de Madrid, pillado por @frlorente . Fran Lorente.
Oímos cada día sus crónicas sobre la capital en la Cadena Ser, medio al que lleva vinculado desde hace 23 años. Es un tipo tan metódico como trabajador; tan prudente como observador. En 2010 fue galardonado con el Premio Pilar Blanco de Comunicación de CCOO de Madrid. Además ostenta la Antena de Plata de Radio y el Premio Asociación de la Prensa de Madrid 2013 al periodista especializado en Madrid.  Tras leer su novela, di con él. Incluso hicimos una presentación…

Tras publicar El tamayazo. Historia de una traición, aseguraste solemnemente que no habría segunda parte, pero la situación del PP de Madrid parece que la pide a gritos…
Una vez que no prosperó judicialmente y los actores principales ni siquiera juegan un papel en la actualidad es complicado dar vida a esa historia. Una confesión es lo único que podría dar vida al caso. ¿Por qué es importante ahora el tamayazo? Porque aquel golpe lo cambió todo. Los beneficiarios de aquella trama son los que han estado gobernando en las instituciones madrileñas. Sin el tamayazo, hoy no habría Gürtel, Púnica, Lezo…  Por tanto, en el tamayazo está el pecado original del PP de Madrid. Nunca se dilucidaron las responsabilidades pero ahora el tiempo ha colocado a cada uno en su sitio: a Esperanza Aguirre fuera de la política y a Francisco Granados e Ignacio González en la cárcel.

Primero en la Asamblea de Madrid y después en el Ayuntamiento has seguido muy de cerca la trayectoria de Esperanza Aguirre. ¿Piensa que Aguirre tiene responsabilidades?
Es imposible que no supiera nada, la corrupción deja huellas y ella lo controlaba todo con mano de hierro. Necesariamente tenía que saber algo.

Nada más poner el punto y final a ese gran reportaje de investigación se adentra por primera vez en la novela con La flor del Magnolio que acaba de publicar. Una novela con muchos elementos de la novela negra…
Yo no la considero una novela negra, primero, porque ese género me merece mucho respeto y no soy experto en él. En realidad…, soy daltónico para los géneros literarios. Creo que se trata de literatura con sentimientos en la que también tiene un papel relevante el amor.

El grueso de la historia transcurre en durante la Transición española, que ahora está siendo revisada por quienes no la vivieron. ¿Qué opina de la llamada Transición?
Sin duda es una época esencial de la democracia en España. Sí considero que tiene contradicciones. Por una parte, fue un banco de pruebas de la política de mesa camilla que ha tenido efectos perversos posteriormente. Por otra parte, frente a la ruptura radical, la Transición funcionó muy bien, incluso de forma envidiable. Aquel proceso evitó el enfrentamiento fratricida, por lo que este país tiene una deuda con los partidos políticos de izquierdas y los sindicatos, que mostraron una gran altura de miras.

La novela social prácticamente ha muerto. En La flor del magnolio, aparte de una forma bastante clásica tanto en retratos psicológicos de personajes como en descripción de lugares y situaciones sí se atisba un corazón de novela social.
En estos tiempos, el refugio de la novela social está siendo la novela negra y a pesar de mi daltonismo sobre los géneros sí hay una descripción crítica de la sociedad en La flor del Magnolio. Hay terratenientes, burguesía tardofranquista; hay delincuentes de alto nivel y drogadictos; centro de Madrid y San Blas con lo que se llamaba Guarrerías Preciados.  Hay violencia machista sufrida por mujeres con recursos económicos y en su expresión más trágica: la prostitución. De hecho, es una novela en la que los personajes femeninos son muy potentes. Con hombres malvados y mujeres víctimas. Además, nada de lo que sucede en el relato es ajeno a la actualidad de aquellos días.

Con la lectura del libro es inevitable no recordar el Caso El Nani, calificado como “el primer desaparecido de la democracia”…
El caso es que inicialmente la idea que manejaba era profundizar más en la trama de corrupción policial, pero el grado de documentación era excesivo y las malas artes de algún mando policial tenía mucha fuerza, pero podía quitarle potencia a la idea nuclear.

Mencionaba antes que se trata de una historia de sentimientos. Es evidente que aparece un amor obsesivo.
Posiblemente lo sea, pero la novela la escriben los personajes y son ellos los responsables de sus actos con independencia del autor. Los personajes escriben su propio rumbo. Aunque las descripciones son del autor, he aprendido que los personajes tienen vida propia y son ellos los que deciden por dónde hay que ir. Si hay algo que no es de agrado del lector, soy inimputable.

Pero sí está claro que la historia rezuma experiencias personales como antiguo camarero del Ritz, periodista con amplia experiencia, amante de Madrid…
La ficción se basa en la experiencia y lo que se lleva en la mochila de la vida termina apareciendo. Lo que no sabía es que en la novela había tanto de mí; hostelería, periodismo, La Mancha, ese Madrid tan bucólico… Si en vez de periodista fuera médico, seguro que aparecerían quirófanos en la novela.

Pillada de @frlorente, comentando algún momento de la novela. Claro.
ALAZÁN, CLUB DE ALTERNE



“Madrid. Amberes. Un club de alterne. Un cadáver emparedado. Una piedra preciosa maldita. Un amor a destiempo…” La historia que nos relata Serrano tiene una protagonista que nos persigue durante todo el relato: la sala de fiestas Alazán , “un refinado cabaré donde acudía mucha gente de postín”. Cerró por un incendio en 1976 y fue reabierto como club de alterne, además de ser tapadera de otros oscuros negocios. Felipe Serrano nos sorprende con una elocuente novela, su primera incursión en la ficción pero su tercer libro después de Hotel Ritz. Un siglo en la historia de Madrid, donde rinde homenaje al hotel en el que trabajó como camarero en su juventud. En 2013 publicó un intenso libro que hoy cobra actualidad, El tamayazo. Crónica de una traición. La flor del magnolio está coeditada con la Editorial Ákaba, bajo la batuta de Lorenzo Silva y Noemi Trujillo.

miércoles, 14 de junio de 2017

“La flor del Magnolio”, de Felipe Serrano

En un plis plas devoré La flor del magnolio. Una novela de Felipe Serrano indispensable en la maleta del próximo verano. Evidentemente tiene alma de novela negra, esa novela en la que se refugian tantas historias de contenido social. Pero también tiene el espíritu costumbrista  de ese Madrid que tan bien conoce el autor, no en vano periodista de la Ser, especializado en información local y que ya  nos sorprendió hace unos años con el magnífico libro Hotel Ritz. Un siglo en la historia de Madrid. Poco después, en 2013, se despachó con un gran reportaje que ha cobrado actualidad, El tamayazo. Crónica de una traición.

Pero ahora hablamos de una novela trepidante en la que los libros anteriores tienen cierta relación: Madrid como escenario y corruptelas… Por La flor del magnolio desfila un buen número de personajes perfectamente tratados en aquellos tiempos de tardofranquismo y Transición. Llama la atención el rechazo que nos pueden producir buena parte de esos personajes masculinos, frente a los femeninos.

Porque también es una historia de mujeres en la que se retrata la violencia contra la mujer. Violencia física y psicológica. Violencia contra mujeres humildes y mujeres burguesas; violencia histórica con la prostitución como protagonista.

La historia, que también lo es de secretos familiares inconfesables,  arranca con la aparición de un cadáver emparedado en lo que un día fue la sala de fiestas, “de postín”, Alazán. Una sala que sufrió un terrible incendio en 1976…

Caciques, jornaleros, polis buenos y malos, periodistas, mafiosos, mafiosetes, anticuarios, matones, prostitutas, maleantes, forenses, niños malcriados… van creando una historia de ficción, con fondo histórico verídico, que transcurre en Herencia (Ciudad Real), Madrid y Amberes.

A estas alturas del texto creo que no he destripado nada, pero no puedo dejar de mencionar cómo el asunto evoluciona en un “amor a destiempo”, un amor desbordado, obsesivo, “la locura, al fin, cuando se supo atrapado en un sentimiento que no podía ni quería escapar”.


Prometo buscar al autor para desmenuzar un poco esta historia.


Eso sí. El jueves 15 de junio a las 19:00 horas podemos poner cara a la voz de Felipe Serrano en la presentación de esta novela, en un acto organizado por la Fundación Sindical Ateneo Primero de Mayo. En Madrid, calle Lope de Vega, 38. En la sala Trece Rosas.

jueves, 8 de junio de 2017

Enfermería pública, enfermería privada

Adelaida y José Antonio por @frlorente frente a "su" Ministerio.
La sanidad está que arde. Los poderes alientan la privatización de un derecho, la salud. Las privatizaciones pueden conllevar un empeoramiento del servicio sanitario, cuando lo que es evidente es que las plantillas de los hospitales privados tienen unas condiciones laborales de semiesclavitud. La ideología neoliberal entiende la salud como un negocio, algo que también está salpicando a la sanidad pública española, una de las mejores del mundo. En la pública siempre están los sindicatos de clase defendiendo derechos laborales y ciudadanos. En la privada, hasta ahora, está instalado el miedo, pero empieza a perderse, también gracias a la solidaridad generada a través de las mareas blancas. En esta entrada, que hace renacer el blog, os presento a dos personas que representan a aquellas en cuyas manos están nuestras vidas...

Se llama José Antonio Guechoum. La explicación de su sonoro primer apellido se explica porque su padre es francés. De hecho, nació en París hace cincuenta años. Ha tenido experiencia como enfermero en la sanidad pública pero ahora trabaja en la privada, en el Hospital Madrid Sanchinarro. Eso sí, en su barrio. Como delegado de CCOO es un pionero del sindicalismo de clase en la sanidad privada, “donde hay condiciones laborales dignas del siglo XVIII”.

Ella es Adelaida Gallego, madrileña del Barrio de Los Ángeles, Adelaida es enfermera en la sanidad pública, en el Hospital de la Princesa. Allí es delegada de CCOO, lo que le ha llevado a “conocer toda la realidad de un hospital, que es como una pequeña ciudad”. Tiene 42 años y un hijo, por lo que conoce muy bien la dificultad para conciliar la vida familiar en una profesión a la que llegó “casi por casualidad”, pero con la que ahora está “encantada”. 

Adelaida y José Antonio coinciden en que las condiciones laborales y salarios de enfermeras y enfermeros de la sanidad privada son mucho peores que los de la sanidad pública. Claro, “en la sanidad privada las condiciones laborales son dignas del siglo XVIII”, explica él como conocedor del sector, y con elocuencia se explaya: “no hay forma de que podamos planificar vacaciones, ni un solo día de nuestra vida dejamos de ver el hospital porque no libramos un solo día”.

Y es que José Antonio tiene turno de noche, por lo que trabaja noches alternas, “y claro, en algún momento hay que dormir”. Luego está el salario, en su caso “la diferencia salarial con la enfermería pública puede llegar a los 900 euros”.  Por no hablar de lo reducido de las plantillas, con ratios escandalosas en las que, por ejemplo, una planta de oncología puede estar atendida por las noches por una enfermera para 17 pacientes.

Adelaida escucha, algo espantada, el discurso de su compañero de la privada y concluye por qué ocurre esto en los hospitales privados: “por miedo de los trabajadores y trabajadoras, porque en la sanidad privada el sindicalismo de clase está empezando ahora”.  Y es que donde hay sindicato consolidado, existen mecanismos para que se respeten los turnos y las plantillas descansen, también en beneficio de los pacientes.

Por eso, asegura, “estamos viviendo un momento muy importante que ha unido a toda la sanidad en torno a la marea blanca”. Ambos coinciden en que no consiste en que se roben derechos a las plantillas de los hospitales públicos, si no en que poco a poco los trabajadores y las trabajadoras de la sanidad privada vayan conquistando esos derechos. La solidaridad entre ambos colectivos ya es un hecho y en las movilizaciones de la sanidad privada ya participan los compañeros y compañeras de la pública.

En esa línea de ir conquistando derechos se esfuerza José Antonio con algunos logros, “por ejemplo, estamos empezando a introducir mecanismos de control horario, algo históricamente inexistente en la sanidad privada y que solo se logra con la existencia de un comité de empresa”.

Reforma laboral y conciliación

Denuncia nuestro enfermero de la sanidad privada que, en la Comunidad de Madrid, el Grupo Quirón está imponiendo las condiciones laborales en el sector, “amparado por la reforma laboral de 2012”. Como en este caso la sanidad es considerada “un negocio” aplican la reforma laboral mezclando plantillas según “necesidades organizativas”, algo que en la pública si se realiza, se hace con mayor criterio, según explica Adelaida.

Un asunto relevante para estos profesionales es la conciliación, especialmente si se es mujer y se tienen hijos, como es el caso de Adelaida. En su opinión “es muy complicada, especialmente para las mujeres jóvenes. Más aún si no hay abuelos que puedan echar una mano”. Esta situación lleva a que las mujeres terminan aplicándose reducción de jornada, “y la reducción de jornada implica que se contrate mujeres suplentes con un tercio de jornada”, convirtiéndose en el cuento de nunca acabar.


“Ante la imposibilidad de conciliar, la solución termina siendo la reducción de jornada o la excedencia”


Eso en lo que respecta a cuidados de niños o niñas porque “luego está la imposibilidad de cuidar a familiares mayores que no se pueden valer por sí mismas”. La frase para negar esos derechos es que es inviable “por necesidades del servicio”.

Claro, esa “situación complicada para conciliar” de la que habla Adelaida se convierte, en el caso de José Antonio en que “directamente no existe conciliación”. Y explica, “si tienes que acompañar a un menor de la familia al médico, aunque sea legal, no se concede. Y todo por miedo a la suspensión”. La enfermería en la sanidad privada padece unas condiciones cercanas a la esclavitud y en estas situaciones creadas por el miedo, a veces desesperantes, “los derechos hay que pelearlos”.

En definitiva, en ambos casos, ante la imposibilidad de conciliar, la solución termina siendo la reducción de jornada o la excedencia.

La mejor sanidad

También hay coincidencia entre enfermero privado y enfermera pública en que la sanidad pública española es de las mejores del mundo, donde están los mejores profesionales. Aunque desde su punto de vista, ésta se mantiene “gracias a los residentes, los Médicos Internos Residentes (MIR), que terminan siendo uña y carne con enfermeras y enfermeros, que terminan siendo quienes les enseñan”.

Aunque suene a estereotipo, la realidad es que lo que ofrece la sanidad privada es cierta suntuosidad, como habitaciones individuales, pero si la enfermedad se complica…, se acaba derivando a la pública.

Pillados por @frlorente durante la charla.
Otros estereotipos ya han desaparecido. La labor de la enfermera es muy respetada y valorada por la ciudadanía. Por su parte, el ser hombre en una actividad tradicionalmente femenina, tampoco es un problema, “de hecho existe cierta discriminación positiva hacia el enfermero por parte de los pacientes, quizá tengan más problemas, en este sentido, los auxiliares”.

Otra coincidencia del discurso de José Antonio y Adelaida es que en el hospital el trabajo es inevitablemente en equipo: médicos, auxiliares, celadores… aunque “los enfermeros y enfermeras somos quienes tenemos la responsabilidad final”.

En ese contexto de trabajo en equipo, destaca José Antonio “aunque desconocido, el gran papel de los sindicatos de clase. CCOO trata con todos los profesionales y defiende a todos los trabajadores y trabajadoras con una visión conjunta y no de gremio medieval”. Y concluye, “¿el futuro…?, es esperanzador, partimos de la esclavitud pagada con la posibilidad de que se vayan aplicando los convenios”. Un futuro que Adelaida espera que “deje de estar tan politizado en la sanidad pública para volver a profesionalizarse”.

Y aquí un video sobre conflictividad en la sanidad privada.