Blog de Alfonso Roldán Panadero

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Alfon. La vida desde el lago............................................................................................
En las fronteras hay vida y tuve la suerte de nacer en la frontera que une el verano y el otoño, un 22 de septiembre, casi 23 de un cercano 1965. En la infancia me planteé ser torero, bombero (no bombero torero), futbolista (porque implicaba hacer muchas carreras), cura (porque se dedicaban a vagar por la vida y no sabía lo de la castidad...) Luego, me planteé ser detective privado, pero en realidad lo que me gustaba era ser actor. Por todo ello, acabé haciéndome periodista. Y ahí ando, juntando palabras. Eso sí, perplejo por la evolución o involución de esta profesión. Alfonso Mauricio Roldán Panadero
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martes 9 de febrero de 2010

Zonas húmedas, una novela de vicio

Decía el domingo pasado que andaba en campaña particular desbaratando tabúes. En esta campaña incluí la lectura de Caín, de Saramago. He ido un poco más allá y he devorado Zonas húmedas, de Charlotte Roche. ¡Caray! Nunca pensé que un par de viajes en taxi me llevaran a estas lecturas.

No sé si lo habrás leído o si habrás oído hablar del libro. Sí sé que desde la primera línea (“desde que tengo uso de razón sufro de almorranas”), Zonas húmedas no deja indiferente. No soy yo crítico de nada y menos juez de literatura, por lo tanto no entro en esos escabrosos asuntos, a veces sometidos a las modas, de si está bien o mal escrito. Que yo pienso que la literatura no es ciencia. Tampoco entro en los intereses publicitarios o editoriales que haya o deje de haber detrás de la edición de un libro.

Durante la lectura de Zonas húmedas me reído, he sentido asco y lástima, me ha atrapado el morbo, he visto sufrimiento y dolor… No sé si el personaje (Helen), la autora, o las dos, me han provocado. Nadie puede negar que la novela navega entre el erotismo y la buena pornografía, a veces escatológica, desde la mirada de una mujer, una joven de dieciocho años, que nos ayuda a romper tabúes sexuales. Una joven que se explora el cuerpo, sus orificios, sus jugos, y nos lo cuenta sin ningún pudor. Nos lo cuenta en primera persona y, me ha llamado la atención, utilizando también con frecuencia la segunda persona. Algo, que una vez me dijo la sita Esperanza, mi profesora de latín en el cole que también escribe, que es una técnica interesante.

Guarrilla y provocadora es (no la sita Esperanza, sino la protagonista de la novela), que ella misma lo reconoce en alguna ocasión, buscando la canalla complicidad del lector. O lectora: “He recorrido un largo camino y he desconcertado en él por lo menos a tres personas con actos antihigiénicos. Un día bueno”. (Página 136).

El tema en principio es sencillo. Helen, hija de padres separados, busca que ambos se vuelvan a unir en la habitación del hospital en el que la han operado de una fisura en el ano. La fisura es producto de una depilación un tanto salvaje al no haber tenido demasiado en cuenta un racimo de almorranas. Es, por tanto un libro también de traumas infantiles, que canta contra la desestructuración familiar, lo cual también lleva su dosis de provocación.

Muchas personas tildan la obra de “nuevo feminismo”, fundamentalmente por ese reconocimiento desinhibido del cuerpo femenino y por las fantasías sexuales que narra. No sé, desde esta perspectiva, cómo interpretar las visitas que nuestra protagonista hace a los prostíbulos para tener relaciones lésbicas, aunque ella tiene más conocimiento que las prostitutas, de muchas técnicas de sexo.

En realidad es una joven que no quiere conformarse, no quiere ser como su madre, con quien tiene una espantosa relación: “Con mi madre hago otro tanto. Pero no le pregunto por su profesión porque ya me la sé: hipócrita”. (Página 200). Al padre, sin embargo, le disculpa: “Papá me hiere muchas veces. Pero nunca se da cuenta”. (Página 200).

Al igual que se refiere a la madre, critica la hipocresía de la mujer, de esa mujer que vive bajo los tabúes. Así, habla de las masajistas que “parecen indignadas” cuando dan masajes a hombres. Es otra historia, que quizá algún día te cuente, pero coincido con Helen, nuestra protagonista, cuando se refiere a las masajistas: “¡Cómo no se le va a poner dura a un hombre si una mujer le está sobando el muslo cerca del paquete” Yo también me pongo húmeda cuando me hacen eso. Sólo que a las mujeres la excitación no se nos nota”.

Vamos, que yo me lo he pasado de vicio leyendo Zonas húmedas. Y reconozco que en el Metro, el otro día, me daba corte que la señora sentada a mi derecha echara el ojo a mi lectura.

Y, bueno, ya iba siendo que las mujeres hablaran de su cuerpo. No sólo los hombres, como hizo, con ojos de hombre, Neruda:



domingo 7 de febrero de 2010

Del Caín de Saramago al Trío de las Azores

Andaba estos días con ganas de desmontar tópicos y generalizaciones. Gracias a un par de viajes en taxi concluí que no todos los taxistas son unos pelas, seguidores de la COPE o, en su defecto de Jiménez Losantos. Y de ahí me fui a desbaratar tabúes. Saramago con Caín forma parte de esta campaña interna.

La religión en general, y la católica en particular, es una gran creadora de miedos y tabúes. Lo pasé pipa en su día con El Evangelio según Jesucristo y ahora, José Saramago vuelve al asunto religiosos, ubicado en el Antiguo Testamento, con Caín.

La novela comienza con Adán y Eva y desgrana conocidos episodios del Antiguo Testamento, con Caín como protagonista, haciéndonos caer en la cuenta de la calaña que está hecho Dios, según las sagradas escrituras. Bueno, Dios y personajes como Abraham, el que a punto estuvo de sacrificar a su hijo siguiendo el mandato de Dios: “Es decir, además de ser un hijo de puta como el señor, abraham era un refinado mentiroso, dispuesto a engañar a cualquiera con su lengua bífida, que, en este caso, según el diccionario privado del narrador de esta historia, significa traicionera, pérfida, alevosa, desleal y otras lindezas semejantes…” (página 88)

Me acabo de dar cuenta de que Saramago, o no utiliza el Word, o tiene que estar peleando con él constantemente para escribir los nombres propios con minúscula, que estos aparatos no nos dejan poner las cosas como nos da la gana.

Pero Caín va viviendo aventuras diversas –también de índole erótico festivas-, que si la Torre de Babel, que si Sodoma y Gomorra, Jericó, o el becerro de oro. Con todas ellas, Caín da pruebas de que Dios no es un buen tipo. Tras la última mencionada, por ejemplo explica el narrador: “Caín no podía creer lo que estaba viendo con sus ojos. No bastaban sodoma y gomorra arrasadas por el fuego, aquí, en la falda del monte sinal, quedó patente la prueba irrefutable de la profunda maldad del señor, tres mil hombres muertos porque sólo porque le irritaba la invención de un supuesto rival en figura de becerro”. Y sigue Caín: “Yo no hice nada más que matar a un hermano y el señor me castigó, quiero ver quién va a castigar ahora al señor por esas muerte…” (Página 112).

Para este Caín, Dios es malvado (comprende incluso a Lucifer), pero además está como una cabra: “Nuestro dios, el creador del cielo y de la tierra, está rematadamente loco, porque sólo un loco sin conciencia de sus actos admitiría ser culpable directo de la muerte de cientos de miles de personas y se comportaría luego como si nada hubiese sucedido”. (Página 142).

Y yo, en este párrafo veo al trío de las Azores: Bush, Blair, Aznar después de invadir Irak. Y veo al Gobierno israelí en su trato con Palestina o en la masacre de Gaza. Y veo a los fundamentalistas del Islam, capaces de volar por los aires trenes repletos de trabajadores…

Caín explica cómo debería ser Dios: “transparente y límpido como cristal en lugar de ese continuo pavor, de ese continuo miedo, en fin, dios no nos ama”; (Página 148); y concluye con una posible conspiración, nada desedeñable: “…o satán puede mucho más de lo que pensábamos, o estamos ante una gravísima situación de complicidad tácita, por lo menos tácita, entre el lado maligno y el lado benigno del mundo”. (Página 152).

El Dios del Caín de Saramago sigue vivo. Sigue igual de malvado y loco. O quizá no. Quizá Dios no existe y las religiones son malvadas y locas. Este video muestra esa locura bíblica:

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viernes 5 de febrero de 2010

Gracias al virus / el taxi de vuelta

No me quedó otra que tomar otro taxi para volver a casa ya con el ordenador formateado. Al doblar la esquina una lucecita verde esperanza avanzaba hacia mí conducida por una larga melena rubia y unas gafas oscuras. Levantaba todo lo que podía para detener aquel taxi, acción nada sencilla cargando con la C.P.U. recién reseteada por el bueno de Javi (ver entrada del pasado 2 de febrero).

Efectivamente la larga melena rubia correspondía a una señora taxista tan amable como castiza. Tanto, que tuteaba, a diferencia del elegante narrador de historias del taxi de ida (ver entrada del 3 de febrero):

- ¿Te ayudooo con la C.P.U.?
- No. No hace falta. Si no pesa –mentí-, lo que ocurre es que es incómodo de llevar. Como no tiene asas.

Esta mujer tenía un olfato especial para los ordenadores. No sé como se dio cuenta de lo que era, que llevaba yo al mío en una especie de cuna muy preparada para evitarle cualquier golpe. Y le expliqué:

- Acaban de darle el alta, que ha sido atacado con virus, bacterias, programas espías…, por tierra, mar y aire.

Mientras explicaba esto, hacía una magistral pirula:

- Bueeeeno, voy a aprovechar que no hay ningún guindilla… (silencio) ¿No serás un municipal, verdad?

- No, mujer no.

Y a partir de ahí retomó el asunto informático:

- Yo tengo un portátil, que me lo traigo a veces al taxi. Y el grande, que debe tener virus de todo tipo. ¡Buah! , y lo que me vino muy bien es una memoria USB de 32 Gigas de un yankee. (Silencio). Me la encontré en el asiento de atrás. Cuando me di cuenta intenté devolverla…, pero no pude. Luego la conecté a ver si había algún nombre, alguna dirección…

- ¿Y nada?

- ¡No te imaginas lo que había ahí!

- Mejor no me lo cuentes.

- Buah. Un cerdo es lo que era ese tipo.

- Mejor no me lo cuentes.

- Lo más suave, y con esto te digo todo, era Elsa Pataky.

- Mejor no me lo cuentes.

- Fotos, videos…, de todo lo que te puedas imaginar. Un cerdo.

- Es que 32 gigas dan mucho de sí.

- Ya te digo. Aquí es que te encuentras de todo. Pero lo mejor que me he encontrado ha sido esta memoria.

- Un memorión, sí.

La taxista sonreía sin parar. Su melena rubia de derecha a izquierda y de izquierda a derecha. Y seguía con los ordenadores.

- A mí es que me gusta esto de los ordenadores. Y pasa cada cosa… Te cuento una para no contar, que luego dicen que si las mujeres. Pues me llama una amiga y me cuenta que el ordenador no le va. Que no arranca, que prueba todo y no hay manera. Así que me acerco a su casa. Lo miro y sí. Estaba enchufado a la regleta. El problema es que la regleta tenía el interruptor desconectado. Un desastre.

- Pues a mí me ocurrió una peor. Una de tíos. Tenía yo un Clío. Y de buenas a primeras, el acelerador que se me enganchaba. Un peligro. Tenía que subir el pedal con el empeine del pie porque se me quedaba enganchado.

Y la taxista:

- Joooooooooooe.

- Yo abría el capó, miraba, remiraba, soplaba y nada. Así que lo llevé al taller. A un amigo que ya se ha jubilado. Levanta el capó, mira, remira, sopla y me dice que se lo queda. Que ya me telefoneará. Al día siguiente me llama, que ya puedo ir a recogerlo. Me presento en el taller y me hace jurar con la mirada que no le voy a contar a nadie lo que ocurría. La alfombrilla. La alfombrilla se enganchaba en el acelerador y sólo había que echarla un poquito para atrás. Y éramos tíos. Y uno mecánico machirulo.

Y ella se partía el pecho. Y como la veía veloz, aunque llevaba GPS, osé indicarla:

- Aunque llevas el GPS, es por aquí a la derecha.

- Ya, ya lo he visto, aunque de cerca no veo nada. Yo sin el GPS no soy nadie.

Aseguraba mientras se detenía frente a mi portal y, girándose asomaba sus ojos sobre las gafas oscuras. Y con voz interesante:

- Al GPS le quiero más que a mi marido.

- Pues menos mal que me has dicho al final que no ves nada de cerca. Si me lo dices antes, me bajo. Por cierto…

Cuando iba a decirle que si me ayudaba a subir mi disco duro a casa. Que se lo enseñaba tan aficionada que era, cambié el tercio.

- ¡Eeeeh! Que me dejo la gorra y luego te la quedas.

- Pues es de las que me gustan.

- Quédate con el cambio. Ciao.

Y es que historias de taxi hay infinidad. Como esta de Ricardo Arjona:

jueves 4 de febrero de 2010

Esperando septiembre, esperando a Natalia Erice

Estaba escribiendo mi historia con la taxista que me llevó el disco duro a casa y me entero de que debe estar a punto de estrenarse una peli de bajo coste, que se dice ahora, con Fele Martínez. Y, lo fundamental, con Natalia Erice, una actriz madrileña de Euskadi que es para verla.

Me dicen que el título es Esperando Septiembre (qué gran mes). Me dicen que va a tratar de la crisis, de no tener un duro, del año que se nos fue. También parece que hay algo de amor. El trailer lo pongo aquí abajo. Esperemos a septiembre este febrero.

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miércoles 3 de febrero de 2010

Gracias al virus / El taxi de ida

Como no hay mal que por bien no venga, debo agradecer a los virus que atacaron a mi ordenador un par de experiencias con taxistas. En los últimos tiempos no requiero de este modo de transporte en Madrid, pero cargar con la C.P.U. en Metro o autobús para que el bueno de Javi me la pusiera en órbita (la C.P.U.), pues no era plan. El viaje de ida, con mi disco duro enfermo, fue de los más interesantes que he realizado en taxi. Y en fin, el de vuelta tampoco estuvo mal, que las mujeres taxistas son especialmente suaves en las frenadas…

A pesar del frío de aquella mañana entré en el coche sofocado y pidiendo permiso para poner el bártulo en el asiento de atrás: “sí hombre, puede usted ponerlo ahí. ¿No serán explosivos?” Le expliqué que era un ordenador enfermo y que aunque hiciera frío “hay que ver el calor que me ha entrado cargándolo”. Esta fue la frase clave para que el conductor enlazara con sus historias.

Era un hombre mayor, de cuidado pelo cano, voz profunda de actor de radionovela, elegante en el ademán, y con gracejo matritense. Y lo de haber hecho ejercicio cargando mi disco duro, pues le dio pie.

- Por prescripción médica tengo que andar cada día una hora –comenzó a narrar el taxista-. Yo vivo en Moratalaz y doy cada día la vuelta al perímetro del parque que está ahí al lado del Carrefur, donde hay un enorme reloj. Pues ayer tardé cuatro minutos menos. Y era el frío, que me hizo acelerar. En verano me ocurre al revés. Me dio un angina de pecho y tengo que cuidarme.

- Es que el taxi es muy sedentario y eso no es bueno, sentencié yo en plan deportista.

- Yo ahora hago 12 horas, pero antes hacía 14 y eso es muy malo. La próstata. La próstata es lo peor. Por la postura y por la de horas que pasamos aguantando las ganas de orinar. Así que si usted ve a algún taxista con la puerta abierta y miccionando no piense usted que es un guarro, que es que no podía aguantar más. Porque además en Madrid no hay sitios donde podamos parar, donde haya servicios públicos en los que no molestemos como antes había en el Retiro. Y no le digo nada cuando en vez de orinar, te vienen las ganas de lo otro. Eso si que es horroroso. Yo estoy obsesionado con ello y llevo una dieta de deportista de élite, y con todo y con ello…, una o dos veces al año paso un mal rato. Menos mal que ya en abril me jubilo, que llevo cuarenta y dos años en el taxi.

- O sea que cuando usted empezó yo tenía sólo dos años. Sí hace, sí.

Y en plan cómplice le largué algo que le llegó al corazón:

- Entonces usted condujo aquellos enormes Seat 1.500 negros. Pues con uno de esos aprendí yo a conducir en la mili. Con ese cambio de marchas al lado del volante, que parecía el limpiaparabrisas.

- Claro que lo llevé. Y rodaban todavía los que tenían esos alerones… Y mire que a mí no me ha gustado nunca conducir.

Entonces me acordé de esos personajes de la novela de Landero de la que hablaba el otro día. El aventurero sedentario y el sedentarío nómada. Cosas de la vida… Pero continuó desarrollando su historia mi elegante taxista.

- Mi padre tenía un camión y mi hermano mayor le echaba una mano. Al final me saqué el carnet de primera, que se decía entonces, y cuando llegué a la mili, pues se encontraron con un tipo con todos los carnets de conducir del mundo. Que en aquella época no era fácil. En el campamento me pusieron de monitor, aunque los reclutas sabían conducir mejor que yo sin carnet, pero yo lo pasé bien. Luego me tocó como destino ser el conductor de un general. Y no se imagina usted qué peligro.

Y yo, que también anduve en esa guerra de conductor, que sí, “sí, sí lo sé. En mi época el Comando Madrid no paraba de atentar y…” Y me interrumpió:

- No si no me refiero yo a ese peligro. Le voy a confesar algo.

El taxista modulaba perfectamente su voz para crear un suspense digno de Alfred Hitchcock.

- El general era un hombre muy viejo, pero un sinvergüenza, que me tenía para hacer recados suyos, particulares. Que si esto, que si lo otro. Un día, incluso, me dijo que por favor le hiciera el favor de llevar a su mujer a dar una vuelta. La mujer era bastante más joven que él. Debía andar por los treinta y tantos. A mí me parecía una relación extraña, que además ella parecía como de otra clase diferente al general, -aventuraba el narrador de la historia-. La solía llevar por la Casa de Campo, alrededor del lago. En aquella época no había prostitución –aclaraba el conductor-, y cuando bajábamos del coche, yo me colocaba un par de pasos detrás de ella. Así hasta que un día me dijo que podía ponerme a su nivel. Y así lo hice.

Veía yo que avanzábamos por las calles, que llegaba a destino y la historia sin acabar. Pero continuó:

- Una mañana al cruzar una zanja le eché mi mano para que se agarrara. Y oiga usted, ¡cómo se agarró! En fin, un día por otro, que la mili era muy larga…, terminamos acercándonos tanto que acabé en la cama con ella.

Me lo suelta así de sopetón. Y el taxista parecía rejuvenecer con el recuerdo:

- No le digo yo que era peligroso. Si me pilla el general me fusila.

Y tras un silencio:

- Lo cierto es que siempre he sido yo de seducir bien. Con paciencia. No como se hace ahora, aquí te pillo, aquí te mato. Luego, después de la mili, me dijeron que el taxi era un buen negocio. Me metí como algo temporal, pero la vida te enreda… Y conducir no me gusta, pero la de cosas que me han pasado en el taxi…

La historia quedó clavada con el destino. No pude por menos que invitarle a que escribiera esas historias. Aunque lo bonito era escucharle con su profunda voz, con los matices que impregnaban la narración. A punto estuve de pedirle el teléfono para que me contara más experiencias, pero me limité a agradecerle que en vez la radio contara su vida.

Luego, el taxi de vuelta fue diferente, con una mujer taxista del más profundo de los madriles. Pero lo dejo para mañana.
Ahora os dejo con poquito de rap. Nach y taxi driver


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martes 2 de febrero de 2010

La rehabilitación. Gracias España

Cuando cayó enfermo mi ordenador hice lo que cualquier español en un caso similar. Esto es, repasar la lista de amigos, amigas y amiguetes que podían sacar del marrón.

Primero llamé a Carlos, que recientemente ha sido padre por tercera vez. Carlos fue quien me colocó al chaval hace ya más de tres años por su directa relación con Hache Pe. Me empezó a decir cosas raras hasta que le paré, y decidimos que, o venía a casa entre pañales, baberos y tareas infantiles o que me echara al chaval en brazos y lo llevara a una tienda especializada.

Con esto telefoneé a Raúl, que pilota de antivirus y tal. Me dijo un par de cosas que ya había yo hecho y otro par de cosas que era imposible hacer porque las constantes vitales del enfermo estaban bajo mínimos. Al día siguiente tenía en mi poder, vía mensajero, un antivirus que detecta hasta las pelotillas del ombligo del ordenador. Pero como el PC no funcionaba, (no confundir con PCE, que hay gente pa tó) no podía pasar el magnífico antivirus ni desinstalar el maldito traidor del Norton (ya he puesto el nombre). El Norton es incapaz de detectar un desembarco de la Sexta Flota.

Así las cosas telefoneé a Germán, El Neutrino, el doctor en Ciencias Físicas. Pero no le llamé por su doctorado, sino porque me sonaba que uno de sus hermanos (son un porrón) trabajaba en asuntos de estos, de ordenadores enfermos y medio muertos. Raudo me dio las coordenadas para localizarle por si la cosa se ponía fea. Finalmente no fue necesario.

Y aquella mañana en que todo era oscuridad en mi alma ante el estado de mi C.P.U., Javi me dio ánimos en el ascensor, ofreciéndose como sólo la juventud se ofrece ante una situación que para los mayores de 40 parece insalvable. Gracias a los mencionados y a:

- el otro Raúl que se interesó cuando el asunto empezó a oler mal con la aparición de los dos acentos misteriosos,

- Javier (no confundir con Javi), el hijo del marido de una hermana mía, que me hizo unas recomendaciones que me sirvieron para prolongar unos días la agonía,

También, como no, a amigos y amigas de face book que colaboraron intensamente cuando surgió el asunto de los acentos dobles, con comentarios como:

- Ana Manzano Peral: Antivirus.
- Germán Temprano: No poner acentos.
- Antonio García Cordero: Revisar el teclado, o está estropeado o mal configurado.
- Emiliano Rosenborg: escribir una vocal después del acento.
- Carmen Salamanca Casero: Ordenador jodido.... lo siento. No pongas acentos. No tengo ni idea.

También agradezco a mis diversos superiores en el mundo laboral que se hayan preocupado por la situación de mi computadora, a pesar de que mi PC nada tiene que ver con mi trabajo. ¿O sí?

Y a compañeros como Mariano Asenjo, el autor del libro de Malagón, el falsificador del PCE (no del PC), que ha escrito en su casa cosas que debía haber escrito yo. O a mi otra hermana, que me ha pasado un portátil, El metadona le llamo yo, que es una monada y me ha ayudado a superar los monos insoportables. Determinadas páginas web pierden mucho en una pantalla de 13 pulgadas. Todo hay que decirlo.

Por su puesto, agradezco a Yolanda y Sara haber sabido comprender los difíciles momentos vividos, aunque en el fondo han agradecido mis prolongadas ausencias y el evitar esas llamadas del tipo: “dejaaaaaaaaaaa ya el ordenador y vamos a cenar”. O preguntas del tipo: “¿Otra vez al ordenadoooor?”, después de cenar.

En fin, agradezco a España haberme enseñado que los amigos están para esto. El ordenador está en rehabilitación, que ha perdido mucha sangre. No sé si volverá a ser el mismo, pero bueno, he saludado a gente que hacía mucho que no veía… Y además tuve que coger un par de taxis para el traslado. Pero eso es otra historia.

Y este video, pues para todos los amigos y amigas:


lunes 1 de febrero de 2010

Luis Landero, Retrato de un hombre inmaduro y las pequeñas cosas

Tras la novela negra del otro día, Doble Cero, volví a Landero y su última obra: Retrato de un hombre inmaduro, que es la historia de una vida repleta de sabiduría normal. Es decir, Landero no se traiciona, que en mi opinión es el escritor de las pequeñas cosas, las importantes, las que conforman una vida. En la vida que narra, los recuerdos van y vienen descolocados, como la memoria misma: la guerra de Irak, la adolescencia, la infancia, la madurez… Recuerdos a los que Landero pone alma con un buen listado de personajes variopintos. Y todo ello salpicado por el fino humor, la ironía, la retranca.

El protagonista habla de sí mismo a través de sus recuerdos y de intimistas autorretratos (el título lo evidencia). Al principio de la obra: “Y en fin, así soy yo. Un hombre sin virtudes, un yermo donde no crecen malas hierbas, es cierto, pero tampoco la más humilde flor” (pag. 20). O al final: “mi vida es el cuento de los que nada tienen que contar”.

Landero no se olvida de retratar los lugares en los que se suceden las historias, desde el Hotel City, a los bares, viviendas, barrios en los que va transcurriendo la acción. Pero lo que da alma a la novela es listado de personajes: el hombre de la silla de ruedas; la vecina Micaela; el señor Tur y su contrario Florentino; doña Catalina, Bertini, el fontanero; Chicoserio; Máximo Pérez, el director del periódico de barrio en el que durante diez años trabaja; Gisbert, el escritor, el obrero de las letras; Sampedro; Aquilino Lobo…

Algunos personajes me recuerdan a Juegos de la edad tardía. Así, el señor Tur, un hombre con vocación sedentaria condenado a ser nómada por su trabajo: comerciante. Y su contrario, el nómada metido por fuerza a sedentario: Florentino. Historias reales de esta vida que a la fuerza ahorca. También presta especial atención a los periodistas, no en vano el protagonista comenzó la carrera y a ello se dedicó durante bastante tiempo.

Y sí, a través de su director y del escritor a sueldo, nos habla el protagonista sobre la comunicación: las palabras, el lenguaje, el silencio, la literatura. Pero son muchos los asuntos que nos pasan en la vida. A mí me llaman la atención las reflexiones sobre el poder en dos momentos distintos de la novela. En la página 27: “Yo creo que el poder es muy fácil, que está ahí, disponible para quien no le haga ascos y quiera meter en él las manos. Hasta donde le quepan…” O poco más adelante, en la página 30: “El poder es algo mágico, sobrenatural, tanto para el que lo ejerce como para el que lo recibe, lo sufre y a veces lo disfruta…” Y ya en el tramo final de la novela: “También yo me dedico, como no, a joder al prójimo, porque en eso precisamente consiste el disfrute del poder, pero no al personal de a pie, sino a los poderosos, a los banqueros, a los bokers de Wall Street, a los especuladores, al señoritismo global…”

Otro asunto que destaco son las reflexiones sobre la pareja y relata su experiencia con el matrimonio: “A veces me pregunto si nos queremos, o mejor dicho, si nos hemos querido alguna vez. Yo creo que no, pero cómo saberlo, cómo distinguir algo en el oscuro abismo de los sentimientos…”, y ahí aparece la ternura, la rutina, el sexo desmotivado. Todo ello nada tiene que ver con el par de amores que sí ha tenido en su vida. Y es que el protagonista hace auténticos discursos sobre el amor adolescente, la felicidad…, y retrata la tristeza que deviene en depresión de manera magistral: “Allí estaba la tristeza aquella de que le hablé, la insondable, la cataclísmica, la que entra en tu vida devastándolo todo, hasta las mismas ganas de vivir”.

Por supuesto también hay un par de episodios eróticos que están en la cabeza de nuestro protagonista y a los que echa mano de vez en cuando. Sólo me queda una duda, que el propio narrador se interroga, creo yo que retóricamente. Y no pillo: “La abundancia material es hija del espíritu, como el fruto lo es de la flor y los sindicatos de la poesía. ¿Queda claro el concepto?” Yo, personalmente le preguntaría a Javier López, que es poeta y sindicalista. Y ahora que me doy cuenta, joé, “no tengo aquí las herramientas”.

Para mí, creo que alguien me lo hizo ver una vez, Landero es el narrador de las pequeñas cosas, como Serrat:

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sábado 30 de enero de 2010

Nine, apta para golosos

Ya sé que el musical es un género que muchos consideran de segunda, no me enrollaré otra vez con Cabaret, pero a mí sí me atraen. Así que el otro día estuve viendo Nine y su lluvia de estrellas: que si Nicole Kidman, que si Marion Cotillard, que si Penélope Cruz…, y la majestuosa mamma Sophia Loren. Espectacular en su aparición inicial. Y en la final, que no pude reprimir unos aplausos silenciosos.

¿Qué me gustó de la peli? Pues ese aroma italiano de mediados de los sesenta. Con elegantes italianos tipo Martini e irresistibles mujeres. Esos cochecitos descapotables. Roma… Esa cosa mitificada por no vivida. También disfruté con varios números musicales, repletos de erotismo algunos con, repito, mujeres de órdago. Seguro que alguien dice que no le gusta Penélope Cruz, pero está muy bien hecha. O la salvaje Stacy Ferguson.

No. No son estos comentarios machistas que la historia es la de Fellini, ya recreada en Ocho y medio, de 1963. Bueno, por lo visto a veces decía Fellini que sí era su historia y a veces que no. El hecho es que el protagonista es un renombrado director de cine abrumado por una película que está a punto de comenzar a rodarse y no existe. Pero, también abrumado por las mujeres que le rodean en la realidad: su esposa, su amante, incluso una periodista, actrices…, o en la memoria: su mamma.

Guido es el nombre del director, del “maestro”, que nos hartamos de oír en los números musicales. Y Guido está, evidentemente, superado por las circunstancias. Y es que como le dice su mujer “es muy goloso” y no puede evitar que las mujeres le pierdan… La inspiración no le viene ni con su musa, su estrella principal, interpretada por la Kidman. Sólo volviendo a ser un niño podrá empezar a funcionar.

En medio del racimo de jóvenes estrellas hay dos veteranas: la mencionada espectacular Sophia Loren, la madre que vive en su recuerdo, ese arquetipo de madre italiana; y la encargada del vestuario, el más amable de los personajes, interpretado por Judi Dench.

Iglesia, las santas madres italianas, las fulanas, los curas y obispos hipócritas se dan cita en Nine, pero en mi opinión falla la trama, el hilo argumental. O yo qué sé si el guión. Bueno. Si gusta Italia en los sesenta, si gustan los musicales, se puede echar el rato. Y mira que esta noche lo mismo me pongo en DVD Chicago, que es del mismo director, Rob Marshall.

Ahora os dejo un tema que me mola, be italian!

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viernes 29 de enero de 2010

Espe sobre Gallardón o la marquesa rabanera

Real Academia de la Lengua Española:
rabanero, ra.De rábano).1. adj. coloq. Dicho de los ademanes y del modo de hablar: Ordinarios o desvergonzados.


Aunque es reina de la mentira, cuando dice que no se refiere a Gallardón, canta por soleares. Es desmemoriada la golpista del tamayazo (perdón, presunta), que dice no saber a qué consejero se refería mentándole a la madre. Ha pedido perdón, no sabemos a quién, que no sabe quien es el hijo puta. Quizá a los madrileños. Ya iba siendo hora de que humillara un poco esta marquesa rabanera. Ahí van estos seis históricos segundos:


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jueves 28 de enero de 2010

Pascual García Arano y el gris marengo

No siempre tenemos la fortuna de hablar con los autores, o las autoras, de las novelas que nos atrapan. De aquellos personajes que hacemos propios. Pero he tenido la fortuna de tener un encuentro con el autor de Doble Cero. Pascual García Arano lleva 20 años ejerciendo el periodismo, en los últimos tiempos periodismo económico. En 2006 publicó en InÉditor su primera novela, Carta de Ajuste, y ahora, con la misma editorial, nos sorprende con una incursión en el género negro ("gris marengo" asegura él) con Doble Cero. El arranque de la novela le surgió tras escuchar una entrevista del periodista Juan Cruz a Héctor Tizón, juez, periodista, diplomático, escritor argentino autor de La casa y el viento, exiliado en España durante la dictadura militar. Ese arranque es una breve, aunque profunda reflexión sobre la generosidad. La novela, repleta de elocuencia, es realmente un diario. Ahora, nuestro autor, con un nuevo proyecto en la cabeza, acaba de iniciar la publicación de un blog en la red. Esperemos que el final de este blog no sea como el del diario de Doble Cero.

Lo bueno que tiene llamarse García es que García Márquez tiene el honor de estar junto a mis novelas en los etantes, cuenta socarrón Pascual, "eso sí, si mi libro no se encuentra en los estantes se puede pedir, que lo traen" apostilla.

Pascual nació en Pamplona "y me hice algo más forofo el año en que estuve trabajando en un periódico en Tenerife y –asegura- mi único contacto con Pamplona era Estudio Estadio. El Osasuna es el único equipo con el que podemos decir que somos "rojillos" y cuyo nombre es en euskera, que Osasuna"significa Salud. Eso sí, cuando el Partido Popular gana las elecciones, bajamos a segunda división. Matemático.

Este madrileño de Pamplona lleva 22 años viviendo en Madrid. Asegura que "Madrid es un lugar inhóspito, muy salvaje, pero no creo que haya sitios tan abiertos. Es un lugar donde uno se estresa mucho y vive muy deprisa pero, al tiempo es un sitio en el que nadie se siente extraño. A no ser, eso sí, que te vayas al Bernabeu con una bufanda del Osasuna…

Doble Cero es la segunda novela de Pascual, y ambas tienen elementos en común, aunque en Doble Cero se haga una incursión en el género negro. El autor rectifica irónico, sobre la segunda, "más que una novela negra es gris marengo. Pero sí me gusta la novela negra, sin confundirla con la policíaca o de intriga. Me gusta esa atmósfera de gente que fuma, de gente canalla. En Doble Cero los protagonistas son tres pringaos sensibles y cariñosos pero con una relación canalla, a lo Humphrey Bogart. Eso sí, el título no lo toma ni por la cerveza sin alcohol, ni por la tarjeta del El Corte Inglés. Doble cero es la marca de los agentes con licencia para matar, como 007; y también es hachís de gran calidad".

En mi opinión la novela contiene un humor que, a veces, me recuerda a Eduardo Mendoza, pero el protagonismo lo tienen unos tipos raros, unos frustrados frente a unos poderosos. El creador de estos personajes, sin entrar a juzgarles, los considera unos perdedores, un tanto frikies. Y confiesa que el personaje al que más cariño tiene es al periodista, "un tío de los que ya no hay, un periodista a la antigua usanza".

Sobre los poderosos, me dice el periodista escritor que, en la vida real, nos creemos que son más listos de lo que son y se les permite que campen a sus anchas. Y se pregunta, "¿Dónde está el dinero de la venta de drogas o de la venta de armas?" Y se responde, "en paraísos fiscales. En el mismo banco tienen sus cuentas Bin Laden y Dick Chaney y no pasa nada. Todo es una acumulación de mezquindades".

Es una novela muy de periodistas, en la que los periodistas y los periódicos tienen relevancia. Realmente hay dos periodistas, uno que no aparece, amigo del detective que colabora cobrando "en negro" para Hacienda y Serafín Satué, este tipo entrañable que se mete en las historias hasta el fondo, y cuyo personaje está basado en un amigo mío que no voy a decir quién es. La curiosidad es una característica del periodismo. En la novela alguien dice; o mejor, alguien dice que alguien dice, que la curiosidad es la sal de la vida. Cuando se pierde la curiosidad, el sexo se muere y la vida cambia. Incluso hay espacio para esa curiosidad un tanto insana del voyeur…

La muerte es otro leit motiv de la novela, pero Pascual asegura que no le obsesiona, aunque es algo muy importante: "la muerte antes era algo natural, se convivía con ella de alguna manera desde la infancia. Los niños ahora ven la muerte como algo de las películas o los videojuegos. Pienso que es bueno reflexionar sobre la muerte, no digo ya planificarla, y como se dice en la novela, cuando identifico a una persona buena, humilde y generosa con alguien que afronte la muerte con tranquilidad".

Aunque también hay espacio para alguna escena subida de tono… "Doble Cero es un homenaje a las novelas de serie B, y también al erotismo, o mejor al porno de cuando éramos jóvenes. Esto que puede sonar a machista, no es otra cosa que característica de la tradicional novela negra".

Lo de tradicional suena a retintín antisueco, "no me gustan los best-seller, ni la novela histórica. Soy más de libros de otoño-invierno que de verano y crema bronceadora. Realmente creo que no he leído un best-seller en mi vida, si no incluimos en esa lista, El nombre de la rosa, de Eco. Ahora se escribe fundamentalmente novela policíaca o de intriga, que es la moda sueca. También debo reconocer que si hubiera conocido a Stieg Larsson (autor de la trilogía Millenium), creo que me habría caído bien por lo que he leído acerca de él".

Pues ya llevas dos en línea. Un libro más y la trilogía… "Finalmente no va a haber trilogía. Tengo en mente una novela de futurismo que bien se puede desarrollar en 2050, en un mundo dividido en ciudades y a su vez en distritos. Creo que la historia se desarrollará en el distrito 5 y, aunque esté en proceso, creo que va a ser algo disparatada y muy relacionada con el comic".

martes 26 de enero de 2010

Virus

Los virus se mueven, bailan, danzan al ritmo que marcan los medios de comunicación. Atacan masivamente, son potenciales asesinos según dicte la agenda de los medios al uso. Tras vacas locas y gripes porcinas, la gripe A abría informativos, llenaba portadas de periódicos hace escasos meses.


Pero hay otros virus que, en este mundo desarrollado, nos dejan hechos unos zorros. Mi ordenador ha sido atacado por tierra, mar y aire, con troyanos, con programas espías, con un arsenal de virus que no hay quien lo arranque. Y yo ando como alma en pena, como si media vida la tuviera paralizada. Entro en los ciber, lampo portátiles, pero no es lo mismo…, que mi disco duro es mi disco duro. Mis amigos están en mi ordenador, mis pasiones, mis emociones, mis obsesiones, mis aficiones están en dique seco. Muchas, quizá no las recupere nunca.

Hablamos de los beneficios de los laboratorios farmacéuticos, pero lo que yo no sé es el beneficio de las empresas de antivirus informáticos, que contratas por un año con un porrón de cláusulas, muchas veces en inglés, y que cuando te quedas sin tu alter ego, sin tu avatar, sin tu trasunto en la vida, sin tu PC, no tienen nada que ver. El virus es muy moderno y tal y el antivirus no lo ha detectado.

Mi ordenador se debate entre la vida y la muerte, pero lo mas grave es que hace un tiempo, no muy lejano, alguien, no se quién, me ha inoculado un virus que hace que sin ordenador mi alma no encuentre consuelo. Mientras mi correo electrónico crea telarañas, mis redes sociales se estancan sin que nadie me eche en falta, quizá vaya al cine, lea, de un paseo… Eso sí, cuando mi sistema operativo vuelva a estar en forma, esto lo pongo en el blog. Y con el nombre del antivirus traidor. En fin, las cosas del mundo desarrollado.

Y si no haces de la ortodoxia melómana ley inamovible, quizá este video te guste:

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domingo 24 de enero de 2010

¡Atocha hermanos, no os olvidamos!

Hace ya 33 años que, a estas horas, con once años, andaba en casa. Con mi familia. Un día normal previo a una normal jornada de colegio. Y a estas horas decenas de coches de policía con sus sirenas a todo trapo. Y decenas de ambulancias ensordecedoras enfilaban la calle Atocha hacia arriba.

Vivía yo en el 96, en una casa testigo de un final de franquismo y una Transición que no aparecía en los periódicos. Y cada día hacía cuatro trayectos caminando hasta el 45 de la misma calle. Al cole. En aquel tiempo, desde los 8 años uno iba sólo por la calle Atocha y no pasaba nada. Y si pasaba, pues te enfrentabas a la vida. Cierto que algunas veces los padres iban a buscarnos. Eran esos días en que los grises se apostaban en la plaza de Antón Martín, entre las columnas del Monumental, en las terrazas de las casas. Los padres debían tener un sexto sentido, porque esos días terminaban con tiros, barricadas, botes de humo…

La imprenta de El Quijote, pasaje Doré con el mercado, con su esquina de navajas y cuchillos, cine Monumental, los billares, farmacia de El Globo, pastelería y bar El Globo, cine Consulado, tiendas al por mayor. Un poco más allá la Academia Tecnibán, antes de Atocha 20, o sea Bobo y Pequeño, una enorme tienda de ropa, alfombras, manteles... Que hubo un tiempo que a los que se bajaban por vez primera de la Estación de Atocha buscando pensión, los listillos les decían: “usté es un Atocha 20”, a modo de vacile en madrileño.

Entre manifestaciones, carreras y cargas policiales transcurrían los días. Pero aquel 24 de enero, el lío fue terrible. Y nadie sabía que estaba ocurriendo, que ocurría. A la mañana siguiente las clases estaban casi vacías. Ese día fui porque “había que ir” decía mi padre. Al siguiente no fui porque “estábamos de luto” decía mi padre. Diez números más abajo del cole. En el 55, por donde cada día pasaba cuatro veces, unos asesinos habían acribillado a cinco abogados. Sus compañeros estaban tomando una caña en el bar de El Globo, por donde cada día pasaba cuatro veces.

Poco después entendí lo que allí había ocurrido. Y poco después, en aquel mes de mayo, o en el del año siguiente, acompañaba a mi padre en la manifestación del 1º de mayo, cuando aún había Scalextric en la Glorieta de Atocha, una multitud gritaba, “¡Atocha hermanos, no os olvidamos!”

Y en eso estamos. Que a nadie se le olvide aquella matanza ocurrida en Atocha 55 en la que cinco abogados laboralistas del clandestino Partido Comunista, de las clandestinas Comisiones Obreras, fueron asesinados por una trama fascista organizada. Que a nadie se le olvide que la manoseada Transición democrática no fue gratis, que costó sangre. Que sus protagonistas no fueron tres o cuatro personajes postfranquistas, sino el pueblo español que ansiaba libertad, aunque viviera presa del terror instaurado por Franco.

Un video para recordar:




viernes 22 de enero de 2010

Impresionante Avatar

En 3D, esta película me dejó impactado desde el minuto cinco. Me llegó a emocionar la simple visión de Pandora, el mundo fantástico en el que se desarrolla la acción. La cinta tiene ingredientes tan tradicionales como el amor, con un erotismo contenido, y la guerra, en medio de una invasión militar norteamericana en un futuro no demasiado lejano, y en el que el planeta Tierra ya está hecho un desastre al modo de Wall-e. Una invasión con masacres de inocentes, con "ataques preventivos", con el "uso del terror frente al terrorismo".

Me gusta que los indios sean los buenos y que el Séptimo de caballería sea el malo. También me gusta el mensaje ecologista con el árbol de la vida, con el equilibrio natural, con la conexión directa entre todos los seres vivos, muy al estilo de los indios americanos precolombinos. Y, como en El erizo, somos alertados sobre "cómo debemos ver". "Te amo" se convierte en sinónimo de "te veo", los habitantes de Pandora ven más allá de cómo lo hacemos normalmente, mirando sin ver, con la miopía o el astigmatismo de nuestros ojos.

Las dos horas y media de película se me pasaron raudas y evocando otros filmes. Desde la reciente Planet 51, en la que el alienígena es el humano terrícola; hasta El señor de los Anillos o Las crónicas de Narnia en esos mundos fantásticos con batallas hiperbólicas. También me pareció ver a Pocahontas en una película que cuida la igualdad de género. Y, todo hay que decirlo, también estaba por ahí algo de Rambo. Y, como no, una estupenda secundaria: Sigourney Weaver autohomenajeándose, cigarro en boca, al modo de sus Gorilas en la Niebla.

Ojalá todas las superproducciones que piensan en la taquilla dejaran en nuestros cerebros mensajes para que aprendamos "a ver"·, mensajes pacifistas y en defensa del medio ambiente. Un lujo de peli.



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jueves 21 de enero de 2010

Cinefagia vacacional y círculos viciosos

Las fiestas navideñas en España son como un círculo vicioso inacabable: comes, bebes, te empachas; comes, bebes, te empachas. Y las personas más pequeñas de las familias en interminables vacaciones… Estas fechas hicieron que, como ya me ocurrió en verano, me diera un atracón de cine apto, familiar, de comedieta romántica, o pseudomusical.

Cuando el año pasado vi la infantil Alvin y las ardillas, juré que no asistiría a la inevitable segunda parte. La vi, y más o menos lo superé. Sólo me quedó el remordimiento por incumplir mi palabra.

Mayores expectativas puse en Dos canguros muy maduros, que John Travolta, desde que aterrizó con Tarantino me gusta (qué grandes escenas con Uma Turman, como esta) y me encantó como madre obesa en Hairspray; también confieso mi querencia por el coprotagonista, Robin Williams, un tipo que no suele gustar mucho a los cinéfilos, pero al que tomé cariño en El club de los poetas muertos. Efectivamente, esta comedia "familiar" me pareció muy inconexa, seguramente porque me dormí a ratos. Que no había forma de que me riera. Alomejor me pilló con uno de los empachos de las fechas.

Luego, me dediqué a las comedias románticas, que se decía antes y que nada tienen que ver con las de toda la vida de Catherine Hepburn, Spencer Tracy o Cary Grant. Pero bueno. Parece que está de moda que las parejas divorciadas retomen la rota relación. Eso es lo que ocurre en ¿Qué fue de los Morgan? y en No es tan fácil. La primera, protagonizada por Hugh Grant, que no es el mismo sin Julia Roberts, algo envejecido a sus 50, pero más en forma física que hace 20 años, y Sarah Jessica Parker, neoyorquina en su estilo de serie de TV. Vale. Sonreí con alguna escena.

En No es tan fácil, Meryl Streep toma las riendas de una peli sosilla que finalmente es mucho más feminista de lo que apunta. Un personaje femenino, mucho más fuerte que su contraparte masculina, capaz de controlar emociones, que no pasiones. Como suele ocurrir en la vida real.

La pincelada musical fue Fama, una lástima que no exprima ninguna historia de las muchas que se apuntan. Algún numerito musical puede merecer la pena y nos lleva a aquella serie televisiva de los ochenta, surgida a raíz de otra película. Un círculo vicioso que recuerdo con este video:


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lunes 18 de enero de 2010

Doble cero

Mencionaba el otro día la novela de Pascual García Arano, Doble Cero (InÉditor), una novela negra de poco más de 170 páginas que se devora de cabo a rabo y que nadie puede negar que ha sido escrita por un periodista. En realidad la novela es un diario, lo que hace que aumente el intimismo, de un tipo que ha pasado los cuarenta años. Un tipo algo atormentado que inicia el relato "como le da la gana", evocando una entrevista leída con un personaje real, Hector Tizón en la que se recrea sobre lo que es la generosidad humana. En Doble Cero nada es lo que parece, pero vivimos intriga, ambientes sórdidos, erotismo, acción… Algunas escenas recuerdan, con su humor absurdo y tipos raros en medio de una investigación, a Eduardo Mendoza.

No soy yo de recomendar cosas. Allá cada uno. Pero esta novela me atrevo a decir que merece la pena. Es una historia de perdedores (que bueno, no acaban mal…) y poderosos; es una historia de muerte "…una persona humilde y generosa que afronta la muerte con traquilidad" (pag. 57); de periodistas, y por ende de gente curiosa. Curiosidad que en algún momento roza el voyerismo: "la curiosidad es la sal de la vida. Cuando se pierde la curiosidad, el sexo se muere y la vida cambia. Es distinta"(pag. 95). Y es una novela con pinceladas de compromiso social en esa tensión entre perdedores y poderosos. Imprescindible el monólogo del periodista sobre éstos últimos y su coro mediático: "Esos cabrones que trabajan, precisamente, para los que se funden nuestros ahorros en yates y putas y que afortunadamente, cuidan de nuestro dinero, que acaba siendo el suyo, enana cuenta muy secreta y con muchos números, una cuenta completamente legal, en las islas Caimán…" (pag.131).

En realidad los protagonistas son tres tipos, cuanto menos curiosos por estrafalarios: un detective privado que colabra con Hacienda (cobrando en negro, eso sí); un periodista de los de antes; y un tipo con un agujero en la garganta, fumador, que forma parte de un grupo un tanto excéntrico en sus aficiones. Entre ellos se crea una curiosa relación, especialmente entre el periodista y el del agujero en la garganta. Una relación amor-odio, que a mí me recuerda los mejores filmes de Jack Lemmnon contra Walter Mathau.

El autor del diario da unos repasos a las novelas históricas y a los best seller; a los periódicos, "los periódicos son unos sitios en los que las historias van perdiendo interés con el paso del tiempo." (pag. 37). No se olvida, por su puesto, de los periodistas: "me ha sorprendido lo diícil que es hablar con los periodistas (pag. 38); unos tipos que pueden ser muy agresivos, pero donde hay de todo: " El tío ha borrado de un plumazo la idea que tenía de los periodistas. Unocs capullos engreídos que van a las tertulias de la radio a hablar de cosas de las que no tienen ni puta idea y que parecen el Oráculo de Delfos". (pag. 40).

Por la novela desfilan personajes que pueden estar basados en la vida real: un director de periódico muy poderoso; una pareja que entra en el despacho de éste siendo malos y salen siendo buenos; un juez loco rojo…

Y más allá de alguna visita a un prostíbulo, por motivos de trabajo, no olvido una escena repleta de erotismo con una profesora de inglés; más allá de los recuerdos con Teresa, una amiga de infancia del autor del diario. Y por su puesto la presencia de esa mujer pelirroja, cuando nos acercamos al final, todo un homenaje a lo que representa la mujer de Roger Rabbit.

Con este video os lo recuerdo:

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