Blog de Alfonso Roldán Panadero

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En las fronteras hay vida y tuve la suerte de nacer en la frontera que une el verano y el otoño, un 22 de septiembre, casi 23 de un cercano 1965. En la infancia me planteé ser torero, bombero (no bombero torero), futbolista (porque implicaba hacer muchas carreras), cura (porque se dedicaban a vagar por la vida y no sabía lo de la castidad...) Luego, me planteé ser detective privado, pero en realidad lo que me gustaba era ser actor. Por todo ello, acabé haciéndome periodista. Y ahí ando, juntando palabras. Eso sí, perplejo por la evolución o involución de esta profesión. Alfonso Mauricio Roldán Panadero
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jueves, 25 de marzo de 2010

Felipe Serrano y sus cien años de historia del Ritz

La voz de Felipe Serrano es familiar para quienes sintonicen la cadena Ser. Quedar con un periodista y preguntarle es como entrar en un bucle, que él paralelamente pregunta constantemente cosas por el móvil. Pero Felipe Serrano es un tipo amable y agradable (no en vano fue camarero durante once años en el Ritz); un tipo querido, apreciado y respetado por la tribu periodística madrileña de local; un tipo que nos sorprende con un libro entretenido, divertido, repleto de anécdotas sobre políticos, actores, actrices, magnates… que han pasado por el Hotel Ritz en sus cien años de vida. Felipe me cuenta sobre las coincidencias entre dos profesiones u oficios: periodista y camarero. Y confiesa que algunas anécdotas que desfilan por el libro las vivió en primera persona.

No era misión imposible quedar con Felipe Serrano para diseccionara algunas dudas sobre su libro, Hotel Ritz, un siglo en la historia de Madrid. Claro, Felipe se tiró once años como camarero en el Ritz y alternando los estudios de Periodismo, lo que en mi modesta opinión eran unas prácticas de lujo. Él me asegura que es una paradoja divertida, y reconoce que muchos de los clientes con los que trató como camarero, fueron objeto, posteriormente, de sus informaciones cuando empezó en Antena 3 Radio. "Creo que empecé con buen pie en el periodismo gracias a esta relación", confiesa.

Camareros y periodistas tienen muchos puntos en común, por ejemplo, a la hora de guardar secretos, lo que se viene en llamar los off the record [información no publicable]. Lo que no tengo claro es quién posee más off the records, si los camareros, que lo oyen todo, o los periodistas. Felipe parece que sí: "Hay una máxima del periodismo que dice que los off the record están para romperlos. Por su parte, los camareros consiguen mantenerlos, especialmente los camareros del Ritz. De hecho, a mí me ha costado mucho romper algunos silencios para poder escribir este libro".

Otro punto de encuentro entre profesiones podrían ser las propinas ¿Hay más sobrecogedores, de coger sobres quiero decir, entre los camareros o entre los periodistas? Serrano piensa la respuesta: "Me gustaría pensar que no existe un periodismo sobrecogedor y que no sea comparable con las propinas que puede recibir un camarero…, aunque puede haber formas sutiles de ablandar a un periodista sin que sea tan evidente el sobre".

Cuando me pongo a hablar con algún autor y termino por los cerros de Úbeda siempre me acuerdo de Umbral y su "yo he venido aquí a hablar de mi libro", así que le pregunto por sus querencias, sus preferencias, sus simpatías sobre los personajes que menciona… Y Felipe contextualiza, "el Ritz no es sólo un espacio físico. El Ritz son sus trabajadores y sus trabajadoras que en muchas ocasiones se han trasladado a sedes oficiales como el Palacio Real, el Palacio del Pardo o el Palacio de Aranjuez. Divertida y deliciosa fue la estancia del que fuera presidente de Rumania, Nicolae Ceaucescu, que insistió en ser alojado en el Palacio de Aranjuez para no ser menos que el presidente francés Valery Giscard D'Estaing. Era el año 1979 y se trataba de la primera visita a España de un jefe de Estado comunista. También me dejó subyugado la muerte, al inicio de la guerra civil, del líder anarquista Buenaventura Durruti. O la presencia de Arafat, quien, con gran enfado por parte de los Estados Unidos, dio su primera rueda de prensa para occidente en el Ritz".

Lo que no faltan en el libro son historias de espías. Desde Mata Hari hasta el más puro estilo Mortadelo y Filemón, le suelto al autor del libro sobre el Ritz. Y cuenta, "lo más chusco que yo he visto fue durante la visita del presidente de Guinea Ecuatorial, Obiang Nguema, a España en 1983. Los agentes del CESID no se fiaban del presidente guineano, quisieron espiarle y pusieron los micrófonos en una habitación equivocada. También fue curiosa la presencia de Fidel Castro, ya no trabajaba yo en el Ritz cuando acudió, en 1992, a la II Cumbre Iberoamericana. El comité de empresa era de Comisiones Obreras y el presidente cubano lo recibió en su habitación con las cámaras de la televisión cubana como testigo. Castro comentó que habían sido los únicos jefes de Estado a los que había tenido a bien recibir. Interrogó a los representantes sindicales acerca de los precios de las habitaciones y sobre la vida social madrileña en general. También fue una visita animada, sí".

Yo no puedo quedarme con la curiosidad y le tengo que preguntar por anécdotas vividas, o sufridas por él. Y confiesa, "sí, fui yo quien, con poco mas de 20 años, tuvo que llevar una cesta de fruta a la habitación del rey Jaled de Arabia Saudí y fui encañonado por uno de los escoltas. El tipo no dejó de apuntarme a la cabeza hasta que un guardia de seguridad español me liberó. También derramé un consomé y una ensalada encima del traje del magnate Henry Ford

No lo sé, pero intuyo que también algo sirvió a García Marquez. Y como no soy de chismes me quedo sin ninguna gana de preguntarle sobre artistas, actrices y la posibilidad de algún amor platónico. Que según narra en el libro el bueno de Felipe Serrano, algunas actrices ganan mucho al natural…

(Por cierto, la foto es de Fran Lorente, que no es tan fácil que coincida esa fachada del hotel, un plano medio de Felipe y el librito entre las manos).

lunes, 20 de abril de 2009

Obama avanza

¿Os imagináis lo que habría pasado aquí si Zapatero vuelve de una cumbre en la que hubiera estrechado amistosamente la mano de Hugo Chavez o de Evo Morales. En la que su principal aliado hubiera sido Lula da Silva? La bandera norteamericana de los pantalones vaqueros comienza a no resultarme tan molesta.

Uno es de natural ateo, y aunque he visto con simpatía a Obama, nunca he sido un visceral obamista. No terminaba yo de creerme todos los cambios que anunciaba, casi revolucionarios, después de la liada por Bush. Ahora, sin poner la mano en el fuego, que mis fuentes de información son limitadas en estos asuntos, el breve periodo de tiempo transcurrido desde su elección como presidente hace que pueda pensar que realmente ha iniciado la senda de los cambios.

Evidentemente a estas alturas de la película, hay mucho de gestos; pero las formas, los gestos, son fundamentales. Obama ha sido la estrella de la Cumbre de las Américas desbancando a Hugo Chavez por primera vez desde que éste tomara el relevo de Fidel Castro.

Los preámbulos de esta histórica cumbre estuvieron llenos de algodón, comenzando por reinstaurar la relación con Cuba previa al negro mandato de Bush. Pero ya en otros asuntos, Obama ha venido apuntando maneras: final de Guantánamo; prohibición de torturas por parte de la CIA; anulación de todas las órdenes firmadas por Bush al margen de la ley; reducción del CO2, lucha contra el cambio climático; enfado y medidas contra grandes financieros que nos han llevado a esta crisis internacional; posibles cambios de estrategia en Afganistán e Irak… Menos se habla de la relación con el ultraderechista Gobierno de Israel, que se sigue saltando la ley internacional a su antojo en el constante y lento aplastamiento de Palestina.

En fin, que todo lo anterior, parece evidenciarse que fue un absoluto fracaso, un sinsentido imperialista comandado por Bush que contó con algunos aliados, como José María Aznar, quien parece no enterarse de nada y hoy ha pedido una reforma laboral, esto es, flexibilización del mercado laboral, para afrontar la crisis. Genio y figura.

Lo dicho, que lo mismo era verdad el "yes we can" (lo que nunca me quedará claro, que soy malpensante, es si fue antes el discurso y después la canción):


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