A Ken Loach, el director trostko británico, hay que seguirle por su cine social y comprometido. En esta ocasión ficha a Eric Cantoná, legendario y polémico futbolista francés, a quien convierte en el coach, entrenador personal, de un pobre hombre que cada vez más se va hundiendo en los problemas.El coaching cada día está más de moda, la suerte que tiene Eric, el protagonista de Buscando a Eric es que el suyo es imaginario, o sea que le sale gratis. Más barato que a uno de sus compañeroes y amigos, gran consumidor de libros de autoayuda.
Una historia de amor romántico, un tanto floja, es la que hace detonar la película. Si acaso, la originalidad es que el que anda destrozado es un hombre, que no una mujer. Que es un bobo que padece ataques de pánico.
Pero, quizá por los ojos con que miré la peli, lentita a veces al modo Loach, destaqué que el director bitánico no olvida "lo social". Resalta el valor de la unidad, la importancia de la amistad, de los amigos, de los compañeros de trabajo, del orgullo de ser carteros…, todo ello con el épico trasfondo del fútbol y un protagonista: Eric Cantoná. Aunque Cantoná, como él mismo reconoce es casi un dios: "No soy un hombre, soy Cantoná".
Eric también es el nombre del protagonista y, en un momento dado, coge al toro por los cuernos, gracias al entrenamiento a que es sometido por su tocayo Cantoná en su imaginario y… lo logra.
Una cinta con píldoras humorísticas, con ese ambiente inglés de barrio que tan bien retrata Ken Loach. Recomendable para que veamos cómo es posible salir del fango, progresar y si no lograr la felicidad, caminar por el camino de la alegría.
Ahí va el trailer de la peli, que mola:
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