Blog de Alfonso Roldán Panadero

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En las fronteras hay vida y tuve la suerte de nacer en la frontera que une el verano y el otoño, un 22 de septiembre, casi 23 de un cercano 1965. En la infancia me planteé ser torero, bombero (no bombero torero), futbolista (porque implicaba hacer muchas carreras), cura (porque se dedicaban a vagar por la vida y no sabía lo de la castidad...) Luego, me planteé ser detective privado, pero en realidad lo que me gustaba era ser actor. Por todo ello, acabé haciéndome periodista. Y ahí ando, juntando palabras. Eso sí, perplejo por la evolución o involución de esta profesión. Alfonso Mauricio Roldán Panadero

martes, 30 de marzo de 2010

Mucho cine

Los protagonistas de la primera película de la historia eran obreros. Un mes de marzo de hace 115 años los hermanos Lumiere presentaban en París a un grupo de empresarios una peliculita, la primera de la historia, titulada Salida de los obreros de una fábrica. El tema: obreros saliendo de una fábrica, pero ¡moviéndose a 16 imágenes por segundo!

Bueno eso dicen todos los manuales. La peli la puedes ver aquí, pero yo, prácticamente, lo único que veo son mujeres. Tras la mencionada proyección, uno de los empresarios preguntó que cómo se podía explotar comercialmente el invento. Los Lumiere dijeron que eso no tenía futuro, que era sólo un proyecto científico. Pocos años después tuvieron que tragarse esas palabras. ¡En qué estarían pensando estos científicos!

De la misma época es también Llegada del tren a la ciudad que puedes ver pinchando aquí. Las pelis eran documentalitos inocentes. Hasta lo más bélico da gusto verlo, por ejemplo en esta cinta de 1896, una auténtica batalla…, pero de bolas de nieve.

Desde entonces, el cine influye en nuestras vidas de la misma manera que la vida influye en el cine. Nuestros oídos se abrieron con las sintonías de Disney, los que tenemos una edad, con esas versiones latinas de Peter Pan, Libro de la Selva, Aristogatos…, luego las del oeste con John Wayne, las bélicas y sus mil versiones de las Segunda Guerra Mundial las de romanos, los musicales…

Sin darnos cuenta fumábamos como Humphrey Bogart en Casablanca (cuántos cigarros se encendía en una sola escena); bailábamos como Fred Astaiere; envidiábamos a esa mujer activa y bella que Catherine Hepburn; decíamos adiós sin mirar atrás como la sofisticada Liza Minelli en Cabaret; nos enamoramos de Marilynes rubias de bote y Paul Newmans con camisetas de tirantes…

La crisis económica, paradójicamente, está llenando las salas. Dos horas de ocio compartido en sala oscura, con la imaginación volando, viviendo aventuras, sufrimientos, alegrías. Con palomitas o sin palomitas.

La primera película de la historia estaba protagonizada por obreros y la primera película de la historia de España, como no podía ser de otra manera, fue Salida de la misa de doce de la Iglesia del Pilar de Zaragoza, rodada por Eduardo Jimeno Correas. Es decir, el cine es reflejo, quizá espejo valleinclanesco, de la sociedad.
El cine puede divertir y puede hacernos pensar.

Desde hace ya ocho años Comisiones Obreras de Madrid organiza la Muestra de Cine y Trabajo. Este año entre el 21 y el 25 de abril, para acercarnos a la realidad laboral mundial en el entorno del 1º de mayo. Un cine denuncia imprescindible, reflejo de la realidad. Como con los Lumiere, los obreros siguen siendo protagonistas de la gran pantalla.

Y, claro, en esta entrada no podía faltar el Aute con este video:


domingo, 28 de marzo de 2010

Los hombres que miraban fijamente a las cabras / Clooney al natural

Después de tanto sofocazo con Pájaros de papel y El Concierto, por no hablar de la reforma necesaria de mi casa, la opción fue Los hombres que miraban fijamente a las cabras, una cosa disparatada, surrealista, que debo reconocer me hizo reir con tres o cuatro escenas. Mi amiga Almudena, gran admiradora del actor, aseguraba que no la iba a ver, que Clooney con bigote lo pierde todo, así que en esta entrada, al final, no me queda otra que poner un video del actor tal como vino al mundo, sin bigote y sin pantalones. Cosas de las audiencias, que me reclaman más morbo…

Y es que, en estos tiempos de cuaresma, sigo remirando, no sin temor a represalias, el libro de José Díaz Herrera, Pedro J. Ramírez al desnudo. Aquí puedes ver una entrevista breve con el autor. Yo creo que Clooney tiene menos poder que Pedro J., y también mejor desnudo. Otro argumento, un poco forzado, para subir el video.

Pero bueno, todo esto viene a cuento por haber visto Los hombres que miraban fijamente a las cabras, que no ha tenido demasiado buena crítica. Bueno, seguramente no pase a la historia del cine como una obra maestra, pero como película disparatada, surrealista y esperpéntica, sí merecería una mención.

Incluso por la aparición, con tintes de gamberrada del propio Clooney, quien demuestra su saber interpretar. Clooney tira por los suelos su imagen de galán. Desbarata ese paralelismo que en alguna ocasión mencioné me evoca a Cary Grant, y aparece, no ya con el bigote al que se refería su seguidora Almudena, sino con una deplorable melena de horroroso jovencito pseudo hippie.

Porque la peli también es eso. Quizá dependiendo con qué ojos se mire, critica desde el absurdo el militarismo (particularmente esa paradoja que es la intelegicencia militar) y las corrientes alternativas del peace and love. Claro, juntar churras con merinas da como resultado la historia de Los hombres que miraban fijamente a las cabras.

Por la cinta pasa, de alguna manera, la Guerra de las Galaxias en el cine y en la realidad, la de Ronald Reagan.

En fin, no es Hair, pero salen militares, hippies, militares hippies, LSD y técnicas para matar de un solo golpecito. Aquí podéis ver el trailer. Y, aprovechando la semana santa, el Clooney más sensual, sin bigote y sin pantalones.



jueves, 25 de marzo de 2010

Felipe Serrano y sus cien años de historia del Ritz

La voz de Felipe Serrano es familiar para quienes sintonicen la cadena Ser. Quedar con un periodista y preguntarle es como entrar en un bucle, que él paralelamente pregunta constantemente cosas por el móvil. Pero Felipe Serrano es un tipo amable y agradable (no en vano fue camarero durante once años en el Ritz); un tipo querido, apreciado y respetado por la tribu periodística madrileña de local; un tipo que nos sorprende con un libro entretenido, divertido, repleto de anécdotas sobre políticos, actores, actrices, magnates… que han pasado por el Hotel Ritz en sus cien años de vida. Felipe me cuenta sobre las coincidencias entre dos profesiones u oficios: periodista y camarero. Y confiesa que algunas anécdotas que desfilan por el libro las vivió en primera persona.

No era misión imposible quedar con Felipe Serrano para diseccionara algunas dudas sobre su libro, Hotel Ritz, un siglo en la historia de Madrid. Claro, Felipe se tiró once años como camarero en el Ritz y alternando los estudios de Periodismo, lo que en mi modesta opinión eran unas prácticas de lujo. Él me asegura que es una paradoja divertida, y reconoce que muchos de los clientes con los que trató como camarero, fueron objeto, posteriormente, de sus informaciones cuando empezó en Antena 3 Radio. "Creo que empecé con buen pie en el periodismo gracias a esta relación", confiesa.

Camareros y periodistas tienen muchos puntos en común, por ejemplo, a la hora de guardar secretos, lo que se viene en llamar los off the record [información no publicable]. Lo que no tengo claro es quién posee más off the records, si los camareros, que lo oyen todo, o los periodistas. Felipe parece que sí: "Hay una máxima del periodismo que dice que los off the record están para romperlos. Por su parte, los camareros consiguen mantenerlos, especialmente los camareros del Ritz. De hecho, a mí me ha costado mucho romper algunos silencios para poder escribir este libro".

Otro punto de encuentro entre profesiones podrían ser las propinas ¿Hay más sobrecogedores, de coger sobres quiero decir, entre los camareros o entre los periodistas? Serrano piensa la respuesta: "Me gustaría pensar que no existe un periodismo sobrecogedor y que no sea comparable con las propinas que puede recibir un camarero…, aunque puede haber formas sutiles de ablandar a un periodista sin que sea tan evidente el sobre".

Cuando me pongo a hablar con algún autor y termino por los cerros de Úbeda siempre me acuerdo de Umbral y su "yo he venido aquí a hablar de mi libro", así que le pregunto por sus querencias, sus preferencias, sus simpatías sobre los personajes que menciona… Y Felipe contextualiza, "el Ritz no es sólo un espacio físico. El Ritz son sus trabajadores y sus trabajadoras que en muchas ocasiones se han trasladado a sedes oficiales como el Palacio Real, el Palacio del Pardo o el Palacio de Aranjuez. Divertida y deliciosa fue la estancia del que fuera presidente de Rumania, Nicolae Ceaucescu, que insistió en ser alojado en el Palacio de Aranjuez para no ser menos que el presidente francés Valery Giscard D'Estaing. Era el año 1979 y se trataba de la primera visita a España de un jefe de Estado comunista. También me dejó subyugado la muerte, al inicio de la guerra civil, del líder anarquista Buenaventura Durruti. O la presencia de Arafat, quien, con gran enfado por parte de los Estados Unidos, dio su primera rueda de prensa para occidente en el Ritz".

Lo que no faltan en el libro son historias de espías. Desde Mata Hari hasta el más puro estilo Mortadelo y Filemón, le suelto al autor del libro sobre el Ritz. Y cuenta, "lo más chusco que yo he visto fue durante la visita del presidente de Guinea Ecuatorial, Obiang Nguema, a España en 1983. Los agentes del CESID no se fiaban del presidente guineano, quisieron espiarle y pusieron los micrófonos en una habitación equivocada. También fue curiosa la presencia de Fidel Castro, ya no trabajaba yo en el Ritz cuando acudió, en 1992, a la II Cumbre Iberoamericana. El comité de empresa era de Comisiones Obreras y el presidente cubano lo recibió en su habitación con las cámaras de la televisión cubana como testigo. Castro comentó que habían sido los únicos jefes de Estado a los que había tenido a bien recibir. Interrogó a los representantes sindicales acerca de los precios de las habitaciones y sobre la vida social madrileña en general. También fue una visita animada, sí".

Yo no puedo quedarme con la curiosidad y le tengo que preguntar por anécdotas vividas, o sufridas por él. Y confiesa, "sí, fui yo quien, con poco mas de 20 años, tuvo que llevar una cesta de fruta a la habitación del rey Jaled de Arabia Saudí y fui encañonado por uno de los escoltas. El tipo no dejó de apuntarme a la cabeza hasta que un guardia de seguridad español me liberó. También derramé un consomé y una ensalada encima del traje del magnate Henry Ford

No lo sé, pero intuyo que también algo sirvió a García Marquez. Y como no soy de chismes me quedo sin ninguna gana de preguntarle sobre artistas, actrices y la posibilidad de algún amor platónico. Que según narra en el libro el bueno de Felipe Serrano, algunas actrices ganan mucho al natural…

(Por cierto, la foto es de Fran Lorente, que no es tan fácil que coincida esa fachada del hotel, un plano medio de Felipe y el librito entre las manos).

miércoles, 24 de marzo de 2010

El expediente Karnak

Germán, El neutrino, no sólo tiene al día el blog, sus podcast y su columna de divulgación científica en Madrid Sindical, sino que ha escrito una novela que el próximo 5 de abril verá la luz, El expediente Karnak: “Un trepidante thriller de aventura, misterio, amor, humor, acción, nostalgia... pero que también contiene crítica social, metaliteratura y voces múltiples. Una inteligente novela, sin resquicios e inquietante; que dejará al lector sin aliento desde la primera página."

El asunto promete. Esperemos que la presente en Madrid. Esperemos que la presentación sea divertida y se llene de amigos y amigas. Y ¡hombre!, si ponen un vinito, pues mucho mejor.
Y, de momento, os pongo el video promocional que se nos ha montado el bueno de Germán. Mola:




martes, 23 de marzo de 2010

El concierto (Le concert), el verdadero comunismo y la armonía

Después de los lloros con Pájaros de papel pensé que una comedia era lo mejor para reponer ánimo y olvidar con optimismo la reforma casera que nos aborda, o mejor, nos desborda.

El concierto, (Le concert) fue la película elegida, pero los quince minutos finales hicieron que los kleenex volvieran a acabarse, que la música de Tchaicovsky lo envolvía todo. La cinta es una coproducción francesa, italiana, rumana y belga. Es una comedia de enredo, basada en un caso real sufrido por un ciudadano ruso.

En la peli, Andrei Filipov era el mejor director de orquesta de la Unión Soviética, en el Bolshoi , bajo el gobierno de Leonidas Breznev. Pero es destituido y humillado junto a toda la orquesta por permitir la participación de músicos judíos. Destitución que realiza directamente un tipo, “el mejor manager de la URSS”, un nostálgico que vive anclado en los tiempos anteriores a la perestroika dando mítines en la Plaza Roja ante figurantes.

Filipov, treinta años después, es el encargado de la limpieza en el Bolshoi, y por medio de una treta, logra reunir a todos sus viejos músicos. Haciéndose pasar por el verdadero Bolshoi se presentan en Paris para ofrecer un concierto en el teatro de Chatelet.

Y si en El concierto se critica aquellos tiempos de dictadura comunista también hay una dura crítica a lo que ha venido después, a esas mafias rusas, a esos poderosos multimillonarios horteras y caprichosos que chantajean al mundo con el poder que supone ser propietarios de recursos naturales imprescindibles, como el gas o el petróleo.

Los viejos músicos tampoco viven la libertad en la Rusia actual. Su llegada a París podría asemejarse a una petición de asilo en otros tiempos.

Andrei Filipov, en un momento de fuerza emocional le explica al nostálgico soviético, en París, lo que es el “verdadero comunismo”, en el que las relaciones individuales y la colectividad se aúnan. El verdadero comunismo es una orquesta a la que cada individuo llega con su instrumento. Todos, el colectivo, pueden lograr la armonía perfecta, una utopía que se alcanza al final de la película.

La comedia se pierde a ratos con otras pretensiones por lo que termina siendo un producto un tanto descabalado que, eso sí, en mi opinión merece ser visto aunque sólo sea por sus quince minutos finales.

Aquí os pongo el trailer:

lunes, 22 de marzo de 2010

Sangeetha, niña y futbolera

Muchas personas me han comentado sobre la entrada titulada Los niños son tontos. La mayoría para hacerme ver que normalmente asumimos con naturalidad esa disputa, o ese avergonzar a los niños que son vencidos por niñas en el deporte o en cualquier disciplina. Es mucho más frecuente este hecho la situación incomprensible para Sara: que una niña gane a todos los niños y el que peor parte lleve sea el segundo, que al fin y al cabo a ganado al resto de chicos.

El bueno de Dani, que podéis recordar en esta entrada me ha remitido un correo con una historia parecida a la de Sara. Yo creo que tampoco es nada nuevo. Lo bueno es darnos cuenta de que estas situaciones se dan. Y corregirlas. Esto es lo que me cuenta Dani:

Sangeetha ha estado sorteando todas las dificultades de gustarle el fútbol, no hacerlo mal, pero ser mujer. En más de una ocasión he asistido en el “poli” del barrio a como algún chaval más mayor (en edad, pero un palmo más bajito) que ella intentaba pasarle el balón entre las piernas y San, pues eso, se lo quitaba. O como intentaba dar un pase de tacón y vaya, le salía. Les he visto acercarse unos a otros y decir, “Es buena para ser chica” y yo siempre pensaba como Sara, Que coño “para ser chica” si es que es mejor que muchos chicos.

Ha peleado mucho en el cole e incluso tuvo una época en que se llevaba el balón ella por que era la única forma de jugar. Hace un año o así, cuando ya consiguió poder participar como uno/a más lo dejo. ¿Por qué? Pues simplemente porque no entendía los piques, la competitividad y las patadas. A Ella lo que le gusta es jugar al fútbol, hacer malabarismos con el balón y si puede meter gol lo mete, pero tampoco la importa mucho que lo metan los demás y eso en el mundo infantil del patio de colegio, rodeada de chupones la cansó. Ahora juega sola por puro placer y para que no la molesten con tonterías.

¿Por qué te cuento todo esto?. Pues porque he leído el artículo de Alfonso Roldán y me ha encantado.

P.D. Gracias Dani.

domingo, 21 de marzo de 2010

Pájaros de papel / Mantener la memoria de la guerra

Existe una corriente o campaña, o varias, que critican que el cine español dedique espacio a la guerra civil, a nuestra guerra civil. ¿Os imagináis qué hubiera sido de Hollywood sin películas de la Guerra Civil americana? La guerra y la postguerra necesitan todavía mucho espacio y muchos documentales, muchas series, muchas películas. El cine, a poder ser del bueno, tiene mucho que aportar para que nos conozcamos a nosotros mismos, para que no nos desmemoriemos, para que rechacemos la intolerancia de tipos como Franco, para que rechacemos la intolerancia.

Pájaros de papel, la ópera prima de Emilio Aragón, transcurre durante la guerra civil española y su postguerra. Narra las peripecias de un grupo de cómicos en donde el dolor por los muertos se mezcla con la miseria, con el hambre, con la falta de libertad en todos los sentidos. Quizá sea una peli de lágrima fácil, pero es que es muy fácil llorar con nuestra historia, con nuestra guerra, con lo que supuso el franquismo.

Personalmente considero que a la peli le falta algo, no sé si es ritmo a causa de un guión un tanto deslabazado que no se centra en ninguna de las historias que transcurren y se entrecruzan. Eso sí, los últimos quince minutos generan una tensión emocional espectacular en los que Aragón va alargando el final hasta dejarnos sin resuello, sin lágrimas y sin kleenex.

El asunto de los cómicos en la posguerra ya ha sido tratado en el cine por Bardem, con Cómicos, en 1954 o por Fernán Gómez, con El viaje a ninguna parte en 1986. También en La corte del Faraón, más musical y cómica que la que nos atañe, o en Ay Carmela.

Me decía mi amiga Toñi que a ella le recordaba a la estética de algunas de Garci, y es posible con Tiovivo 1950 o, incluso El Abuelo. Y ese frío que deja el franquismo en el alma de la libertad lo vivimos en La colmena.

A mí, el cóctel niño / guerra / tragedia, me evoca La lengua de las mariposas, de José Luis Cuerda o El laberinto del Fauno, de Guillermo del Toro. A fuer de resultar insensible diré que el más flojo de los niños es precisamente el de Pájaros de papel. Eso sí, Imanol Arias, Lluis Homar y Carmen Machi están por encima de la cinta.

Yo creo que sin ser un peliculón, la cosa merece la pena. Ahora, quizá no sea el título adecuado si se quiere algo para reír y olvidarse de, por ejemplo, la reforma necesaria que se tiene montada en casa.

Ahí os pongo el trailer:

sábado, 20 de marzo de 2010

Hotel Ritz. Un siglo en la historia de Madrid


Con esto de la reforma necesaria, con una casa sin techos, casi sin paredes; morando en un apartamento corto y estrecho; con lento y escaso acceso a Internet aceptando todas las invitaciones de amigos para comer, para desayunar, para cenar…, decidí echar un rato en la lectura de un librito que me ayudara a soñar que descansaba entre sábanas de raso, comía en manteles de hilo, degustaba té junto a exóticas espías… (¡caray! estoy dejando el teclado sin puntos suspensivos).


El libro en cuestión, Hotel Ritz. Un siglo en la historia de Madrid, está escrito por Felipe Serrano (quien escuche los informativos locales madrileños de la Ser, reconocerá su voz, bueno, su nombre, que en esta entrada no está su voz). Los amantes de Madrid también reconocerán rápidamente la editorial: Ediciones la Librería (¡cuántos ejemplares de esta editorial moran ahora embalados esperando el final de la reforma necesaria de mi casa!).

En fin, que cada día paso frente a esa imponente fachada del hotel Ritz –que en octubre cumple cien años- y, como curioso que es uno de las cosas de Madrid, que es mi pueblo, corrí a comprar el mencionado libro. Su precio, 6,50 euros, tampoco podía influir definitivamente en el presupuesto previsto para la reforma necesaria de la casa. Su tamaño, 250 páginas, aseguraba diversión durante unas horas.

En la introducción descubrimos que su autor, ahora periodista, fue durante once años camarero en el hotel y que simultaneó los estudios de periodismo con su trabajo durante el último lustro. El tiempo que trabajó allí, entre 1977 y 1988 fue especialmente interesante, que coincidió con la transición española, eso que se hizo entre toda la ciudadanía y ahora parece que hicieron cuatro ex ministros de Franco más o menos enrollados.

A lo largo de las páginas del libro de Serrano recorremos los cien años de existencia de este hotel de lujo. Un hotel por el que han pasado todas las personalidades inimaginables y que ha sido testigo de la historia de la última centuria madrileña, bueno, española, bueno, mundial. Que entre sus paredes se han cocido multitud de secretos y relevantes hechos de trascendencia internacional. Además, sin ser un libro de cotilleos narra multitud de anécdotas protagonizadas por estrellas de cine.

Sus paredes vieron la muerte de Durruti en los inicios de la guerra civil; observaron cómo se preparó la detención de la mítica espía Mata Hari; y sobre ellas desfilaron, desde banderas anarquistas, hasta svásticas.

Multitud de personajes se dan cita en el libro, y descubrimos, por ejemplo, que el cóctel preferido de Chicote, el gran gurú de la coctelería, era, ni más ni menos, que el vino tinto con sifón. Chicote fue uno de los grandes self made man, que se diría ahora (hombres hechos a sí mismos), cuyos inicios se gestaron en el Ritz. Al igual que Clodoaldo Cortés, creador de los exclusivos restaurantes Jockey y Club 31. Clodoaldo, por cierto, era el padre Luis Eduardo Cortés, mano derecha de Alberto Ruiz-Gallardón bajo la presidencia de éste en la Comunidad de Madrid.

De Chicote quedó una especie de lema resumen del decálogo de los camareros: “Sonría, es parte del uniforme”. El autor, por su parte, deja claro desde el principio que no es lo mismo el prestigioso servicio que en Ritz se ofrece que el servilismo.

Por cierto, es criticable la ausencia, en el libro, de un índice onomástico, que curiosamente nos encontramos en el blog de Felipe Serrano. Aquí lo puedes ver. Y a ver si un día pillo a este hombre y le hago dos o tres preguntas. Por curiosidad.

En fin, si yo pudiera disfrutar estos días de aquellas tardes del Ritz… (ya no pongo más puntos suspensivos) que recuerdo con este video:

lunes, 15 de marzo de 2010

La reforma necesaria (II): Borromini

Buscamos, comparamos y no encontramos a nadie mejor que Patrizio. ¡Qué mejor que un vero italiano de fina patilla para coordinar la reforma necesaria! Nuestro hombre es sólo comparable a aquellos artistas italianos que dejaron su huella en nuestra ciudad, cuando no en nuestro país. A partir de ahora me referiré al vero italiano como Borromini, compatriota de éste que construyó el Puente de Toledo, obra que, a pesar de Alberto Ruiz-Gallardón y su arreglo de la M-30, se mantiene en pie cuando anda cercano a cumplir trescientos años.

Otros personajes pasaron por casa: unos, palillo en boca; otros, sólo viendo dificultades; otros, redondeando partidas y presupuestos, sin plazos concretos de inicio y fin. En ese desfilar de ñapas surgió Borromini: emprendedor, con iniciativa con un “plan de actuazione” de ocho semanas (estamos en la uno). Veremos.

Como madrileños que somos conocemos profundamente lo que significa hacer obras. En nuestra ciudad hay dos tipos de obras: primero, las tremendas inacabables. Son aquellas en las que parece que se hace todo a la vez, como la M-30, y aunque los túneles se construyeron (más allá de inundaciones cuando llueve), sigue media ciudad empantanada. O el Metro de Espe, con ampliaciones hasta el infinito y más allá.

Luego están las chapuzas inacabables. Esto es, la misma acera se abre un mínimo de cuatro veces al año, después de haber construido un aparcamiento para residentes, para meter cables de luz, o gas, o teléfono; para revisar el alcantarillado, para cambiar los adoquines, o sólo sabe Dios por qué. Nuestra obra no tenía que parecerse a nada de esto. Y Borromini era el encargado de coordinar todo: desde el traslado de todos los enseres a un trastero, hasta la limpieza de antes de reentrar a vivir.

El lío iba a ser muy grande. Tanto, que teníamos que abandonar la casa y, durante las ocho semanas dictadas por el Plan de actuazione de Borromini, trasladarnos a otra vivienda. De hecho, esto lo escribo desde El apartamento, que aunque no llega a ser un zulo con balcón, tengo un pie en el sofá cama, un codo en el fregadero y otro en la ducha. Y, para más inri, sin saber si tendré conexión a Internet con suficiente potencia. Que esto es un sindiós.

Antes del traslado al apartamento hubo que preparar la mudanza: cajas y cajas y cajas con cosas y cosas y cosas. Semana y pico recogiendo trastos o tirándolos. Especialmente esos recuerdos que termina uno por no saber qué recuerdan, con lo que dejan de cumplir su función de recuerdo: Un souvenir de Gandía, unos cantos rodados, una camiseta de IU, otra del 70 aniversario del PSOE de Fuenlabrada, un Pravda, un curso de ruso, un llavero de AP, revistas de historia, comics, revistas del año la pera: un Interviú con Victoria Vera en la portada, un Play Boy con las "fotos secretas de Marylin Monroe"…, tiempos en que los centros de depilación no se comían un saci; una caja llena de cajas de cerillas, cintas de VHS, cintas de VHS, cintas de VHS, disquetes de ordenadores antediluvianos, la última cajetilla de tabaco, Chesterfield, con una fecha en boli: “octubre 1994”, cintas de cassete y, ¡ay madre!, los discos de vinilo.

Entre amigos, amigas, contenedores de reciclaje, puntos limpios y el trastero pudimos vaciar la casa. Que no pensaba que yo tenía un síndrome de Diógenes tan acentuado. Es más. Siempre me pareció todo bastante minimalista.

Y en medio de todo este trajín, una sospechosa caja de zapatos. La anual caja de zapatos en cuyo interior se encontraba la cosecha de este año de gusanos de seda. Imposible embalarlos, regalarlos, reutilizarlos, secuestrarlos en el zulo… Así que, experimento científico y a ver si aguantan las inclemencias atmosféricas del balcón del patio interior.

Parece que fue ayer y hace sólo unos días. Y lo que te rondaré morena. Que me salen por las orejas los catálogos de azulejos, baldosines, retretes, baños, encimeras, puertas, aaaaaaaaaaagh. Pero eso es otra historia.

Por cierto, las fotos corresponden al techo del baño y, abajo, a una vista general de la cocina. Pero mantengo la fe en Borromini.


jueves, 11 de marzo de 2010

Otro jueves, pero 11 de marzo

Hace seis años también fue jueves. Aquella mañana de muerte, dolor, caos y mentiras quedó en nuestra memoria como un hachazo.

Hay fechas en la historia que siempre recordaremos. Siempre recordaremos qué hacíamos tal día como hoy. Y tal día como hoy, jueves 11 de marzo, mientras íbamos al trabajo, mientras desayunábamos, se nos heló el alma. 192 trabajadores, estudiantes, mujeres, jóvenes, mayores, morían víctimas del terrorismo yihaidista.

Desde los bombardeos franquistas durante la Guerra Civil, nunca la ciudad había vivido una tragedia similar. Madrid entero quedó sumida en una depresión colectiva. Las mentiras tardaron poco en aparecer. Y aún hoy siguen dando vueltas a conspiraciones espurias y enfermizas.

Hoy he asistido en el Ateneo de Madrid a un acto organizado por sindicatos y Unión de Actores en el que también ha intervenido Pilar Manjón, la madre coraje, presidenta de la Asociación11M Afectados del Terrorismo.

Ha sido un acto bonito, sencillo, emotivo, donde se ha estrenado una pieza musical: Once, de Juan Miguel Antoranz, ejecutada por el quinteto de cuerda y viento Rastakeltia. Lo puedes oír aquí. El coro de la Unión de Actores ha interpretado What a wonderful World, que puedes escuchar aquí.

Pilar Manjón, antes, hizo unas breves declaraciones en la Estación de Atocha. Son éstas. Recuerda que Abel, una de las víctimas, cumplía años en esta misma fecha.

Y es tiempo de recomendar un libro que está siendo saboteado por determinados poderes fácticos: 11-M la novela gráfica, un tebeo que diríamos antes. Una obra con guiones de Pepe Gálvez y Antoni Guiral y dibujos de Joan Mundet que está prologado por Pilar Manjón. Este tebeo es la forma más eficaz de entender qué pasó ese 11 de marzo y qué ocurrió en aquel juicio. De hecho, en su presentación en la sede madrileña de CCOO uno de los abogados de la acusación particular aseguró que recomendaba este libro porque gracias a él había logrado entender, con distancia y claridad, todo lo concerniente al atentado y al juicio.

Luego, por la tarde, he participado en la lectura continuada de poemas organizada por el Ateneo Cultural 1º de mayo. Este acto ha sido inaugurado por Javier López, secretario general de CCOO de Madrid, que ha leído Los heraldos negros, de Cesar Vallejo. Aquí lo puedes escuchar.

Yo he leído un poema de Blas de Otero, A la inmensa mayoría.

Aquí tenéis, en canto y alma, al hombre

aquel que amó, vivió, murió por dentro

y un buen día bajó a la calle: entonces

comprendió: y rompió todos su versos.

Así es, así fue. Salió una noche

echando espuma por los ojos, ebrio

de amor, huyendo sin saber adónde:

a donde el aire no apestase a muerto.

Tiendas de paz, brizados pabellones,

eran sus brazos, como llama al viento;

olas de sangre contra el pecho, enormes

olas de odio, ved, por todo el cuerpo.

¡Aquí! ¡Llegad! ¡Ay! Ángeles atroces

en vuelo horizontal cruzan el cielo;

horribles peces de metal recorren

las espaldas del mar, de puerto a puerto.

Yo doy todos mis versos por un hombre

en paz. Aquí tenéis, en carne y hueso,

mi última voluntad. Bilbao, a once

de abril, cincuenta y uno.

miércoles, 10 de marzo de 2010

La reforma necesaria (I)

Hace once años decidimos que en cinco años haríamos la reforma, que lo importante era entrar en la casa y dejarla digna y con una manita de pintura. A los cinco años no vimos el momento y nos limitamos a dar una manita de pintura. A estas alturas supongo que está claro que no estoy hablando ni de una reforma laboral, ni fiscal, ni empresarial; sino de la reforma de la casa en que vivo.

Seis años después del plazo que nos dimos, y de la manita de pintura, en el cuarto de baño, lo que era una pequeña humedad causada por un "chisperito" se ha convertido en un campo de champiñones con tendencia a convertirse en arrozal al más puro estilo vicenteblascoibañezco.

El paso de las revisiones de Gas Natural también ha dejado huella en la cocina: Que si un año hubo que cambiar la junta del pifuter, que si otro la legislación obligaba a abrir una rejilla nueva, que si otro hubo que levantar el techo para que el ancho coincidiera con el diámetro del chismático. Total, la cocina y su techo, en peor estado, indudablemente, que las Cuevas de Altamira. Sin mencionar ese conjunto de muebles cuyas puertas hacen huelga de bisagras caídas. Inexplicable, eso sí que al par de años de tomar posesión de la vivienda fui capaz de arreglar un agujerito de debajo del fregadero con un chicle y, a Dios pongo por testigo, que ha funcionado la cosa casi diez años.

Yo no sé si las constantes ampliaciones de Metro han coincidido con la aparición de unas pequeñas grietas nada estructurales por las paredes, por no hablar del, como diría Labordeta "polvo , niebla, viento y soooool" que entra por las ventanas de la mitad de la casa, las que miran al parque inexistente, invadido año sí y año también por las máquinas de la interminable ampliación del Metro.

Seguro que la gota que colmó el vaso fue la humedad que le hicimos al vecino. Un buen hombre que nos llamó para explicarnos que su salón estaba siendo víctima de una mancha de agua, que coincidía con nuestro baño. Yo le generé la duda de si aquello no sería un problema de su calefacción; o si acaso de un fenómeno extraño más propio de un programa de Iker Jiménez, que no Casillas. Los del seguro confirmaron que la cosa venía de mi lado de pared y de lechadas necesarias.

Lo de las lechadas nos sonó raro y, ahora sí, aceleramos la decisión. La suerte estaba echada. Había que acometer una reforma integral. La cosa no era tan sencilla. Ni siquiera teníamos claro por dónde empezar. Que hasta el cuadro de la luz es más de candelabros que de luz.

Y ahora el lío no hay quien lo pare. Que la invasión de Normandía fue una broma al lado de lo que os seguiré contando.

Y, hablando de Normandía me he acordado de Salvad al soldado Ryan, y por tanto de Tom Hanks y de Esta casa es una ruina y de esta escena:



lunes, 8 de marzo de 2010

8 de marzo: la fuerza de ser mujer


Esta magnífica instantánea de Fran Lorente evoca la complicidad entre mujeres.

Es un reventar de emociones en femenino de mujeres trabajadoras, seguramente en casa y en la empresa. Cada paso que dan las mujeres en defensa de su igualdad es una nueva conquista alcanzada desde esa revolución silenciosa, casi invisible, pero constante. La historia las hizo diosas para ser loadas y después, los miedos patriarcales las convirtieron en brujas para ser quemadas. El mundo industrial las relegó al cuidado de esposos, príncipes azules desteñidos; al cuidado de hijos; al cuidado de ancianos. Lo tenían que dar todo a cambio de nada, o, si acaso, a cambio de unas migajas de amor. Sólo la fuerza de ser mujer ha hecho que sean ellas las más eruditas, las mejor formadas. Pero aún siguen siendo invisibles, no ocupan poder, las desigualdades son evidentes en salarios y en precariedad laboral. Cuando la revolución permanente de las mujeres triunfe, todos seremos más dichosos.

¡Mujeres del mundo, uníos!

viernes, 5 de marzo de 2010

Esperadme en el cielo y Maruja Torres

Escribía yo en la última entrada sobre funerales y posible música cuando la de la guadaña se me presente delante con ánimo de cumplir su trabajo. Y me debatía entre My way de Frank Sinatra y la Marcha fúnebre de Chopin. Algo nada original. El destino me ha llevado a la novela ganadora del Premio Nadal 2009, Esperadme en el cielo, de Maruja Torres, una historia de amistad. La historia un trío, o no sé si decir tridente, que parece quieren poner esta palabra de moda para quitarle connotaciones erotico festivas.

El trío amistoso es el conformado por la propia Maruja Torres, Terenci Moix y Manuel Vázquez Montalbán. Y sí, Terenci Moix fue más original con su funeral laico que la idea de la Marcha fúnebre o el My Way: Si acaso quieres volar, un tema de Peter Pan.
Y pongo esta fotografía porque la feria del Libro de Madrid tiene bastante relevancia en la historia, apareciendo y desapareciendo como el Guadiana… Y ahí tenemos a la Torres en acción, firmando el ejemplar que acabo de leer.

La impresión que me daba a veces la lectura de Esperadme en el cielo es que había servido de terapia a la autora. Una terapia para superar el duelo que su corazón padecía por la muerte de dos grandes amigos. Pero quizá sea una simple impresión personal y Maruja Torres únicamente nos quería contar una história algo surrealista, con paisajes oníricos y unos personajes que quisieramos fueran reales. Es como esa sensación de soñar con un ser querido que ya ha muerto y tener la impresión de que está ahí. Y no te quieres despertar por el placer de volver a estar con él, o ella.

En esta historia de amistad, la autora piensa sobre sí misma: “Fui una cronista que creó estilo, fui una todo terreno del periodismo, una escritora potable, una mujer admirada y seguida… Fui, fui, fui, fui… ¡Tertuliana y conferenciante! Si levantaba el teléfono, tenía con quien salir de día y de noche...”

Pero además nos lleva de la mano por lugares amados o señalados: Barcelona, su barrio de infacia y el de sus amigos; Beirut; y uno que me llega especialmente como ya apunté aquí: el Retiro de Madrid, con una parada muy especial bajo la estatua del Ángel Caído.

Y dará pinceladas sobe las diferencias entre hombres y mujeres en su tono irónico: “Ni Michelle Pfeiffer a los cincuenta años, no os digo ya sesetona, disfrutará de las ventajas que el sexo masculino tiene a su disposición no sólo por la cultura, sociedad, hechos diversos o tendencias, sino porque la puta y maldita biología os favorece clarísimamente en la vejez. A nosotras, lo reconozco nos hace madurar antes, pero como entonces no lo sabemos, nunca aprovecharemos a tope esos años tempranos que jamás retornarán. El libre folleteo a los doce años está mal visto, salvo en las llamadas sociedades arcaicas”.

Maruja Torres comparte, en la novela, vivencias con hombres amigos, pero reconoce en un momento dado que necesita hablar con otra mujer, “no era hablar por hablar lo que echaba en falta, sino precisamente ese pasado común, eas vivencias que –imagino que a los hombres les ocurre lo mismo con sus asuntos-, entre mujeres, nos evita iniciar con preámbulos nuestras conversaciones”. (…)

Otros lugares comunes del libro son la literatura y el cine (“La literatura todo lo puede. Y el cine, claro”). Nuestros protagonistas parecen vivir en el cine. Y van desfilando películas y títulos clásicos, inolvidables. Y actores, actrices, escritores. Con especial énfasis, que parece un secundario de lujo, aparece Manuel Puig, casi el cuarto en discordia: “… el autor argentino más incomprendido y ninguneado por la ortodoxia machista literaria…”

El libro se me ha dejado leer, pero no me ha cautivado. Quizá, diré, que el final es de los que sólo se le pueden permitir a personajes consagrados. Que aunque alguna pista vaya dando es de los que en el cole nos recomendaban evitar en las redaciones. Y con razón.

Os pongo, eso sí, este video homenaje a Terenci y a la Wendy que es Maruja Torres. Nuevas ideas para despedirnos de este mundo. O para que familiares y amigos alternen sonrisas y lágrimas en la despedida:



miércoles, 3 de marzo de 2010

200 años de Chopin, canción inolvidable



Hoy lo he hecho al revés. He empezado con un video. Gracias a este año y pico de blog he descubierto la importancia del cine o, mejor, la importancia de las películas vistas desde la infancia. El otro día, el lunes, 1 escuchaba en Radio Nacional que se conmemoraba el 200 aniversario del nacimiento de Federico Chopin, el más grande compositor polaco y, seguramente, el más importante pianista. Pensé escribir algo sobre el asunto, pero lo paré porque veía que me salía una cosa demasiado empalagosa y romántica. Luego vi que, en face book, el bueno de Antonio Garcia Cordero recordaba el cumpleaños de Chopin. “Mal de muchos, consuelo de tontos” y os cuento unas líneas sobre lo que me evoca Chopin. Nada erudito, por cierto.

Mi primer recuerdo de Chopin es un libro de hojas amarillentas de mi padre que ahora se encuentra en una caja de mudanza, el libro, no mi padre. Pero esa es otra historia. El libro pertenecía a una colección de biografías de músicos y yo lo veía por los estantes. Me resultaba sonoro lo de “Chopin”. Me sonaba a “chirla” y a “Charlot con bombín” a “cacho y ping-pong”.

Una tarde de sábado. Perdón, una de esas infantiles y magníficas tardes de sábado con película en la tele después de Heidi, me encontré con la vida de Chopin, que resulta que no sonaba ni a “chirla”, ni a “Charlot con bombín”, ni a “cacho”, ni a “ping-pong”. Sonaba más a mosca, como a “Sshopén”.

Me impactaron muchas escenas. Igual que hoy me ha impactado, gracias a youtube, ver que la peli era en color. Lo que era en blanco y negro era el televisor que emitió aquel sábado Canción inolvidable (A song to remember). Recuerdo escenas en habitaciones recargadas de tapices y alfombras. Recuerdo una música que me cautivó y un escupitinajo sanguinolento (más negro que rojo, por aquello de la tele) sobre las teclas del piano por culpa de la tuberculosis de Chopin.

Poco después vino el veraneo familiar a Mallorca: la primera vez que subía en un avión y visita al lugar donde se hospedaron un invierno Chopin y su amada, la novelista y feminista George Sand. En Valldemossa.

Y es que Chopin se enamoraba con frecuencia. A los 16 años estaba perdidito por Constanza una estudiante de canto. Luego, en una visita a Alemania se enamoró perdidamente de la hermana de un amigo. Ahora la de los 16 era la chica y su madre se negó a la boda. Chopín se quedó destrozado. Luego, hasta las cachas por la mencionada George Sand, que tenía un hijo que no soportaba a nuestro pianista. En realidad fue su relación más profunda. En 1847, la novelista le da calabazas por medio de una carta y cae en una depresión de la que no levantó cabeza. A pesar de ello y su débil salud tuvo tiempo de tener una relación con una discípula: Jane Stirling, que le llevó de gira por Inglaterra, aunque la muerte andaba cercana y pudo con él un 17 de octubre de 1849, con 39 años.

Chopin era un romántico en el amor a las mujeres y en el amor a su patria, a Polonia, que invadida en 1830 por los rusos, cambió e inspiró la vida del compositor. Y emocionó a quienes escuchamos sus polonesas. La Gran polonesa, por ejemplo.

Chopin quiso que en el funeral de su muerte sonara el Réquiem de Mozart. A veces pienso si quedaría bonito que cuando yo palme suene la Marcha fúnebre de Chopin o el My way de Sinatra, aunque sin funeral. Lo iremos viendo. Pero dejo dos ideas porsi.

Sí tengo claro que aquella peli que decía al principio me metió en el alma música como esta Polonesa heróica, una Canción inolvidable:

lunes, 1 de marzo de 2010

La paradoja de ser mujer madrileña


El Departamento de la Mujer de CCOO ha realizado un exhaustivo informe sobre la situación de las mujeres en la región. En dicho estudio se evidencia que, a pesar de los avances logrados a lo largo de los años, la situación de desigualdad especialmente en tiempos de crisis, empeora para la mujer trabajadora, en incorporación a un puesto de trabajo, en desempleo, salarialmente, a efectos de promoción, así como en desigualdades sociales

Pilar Morales, secretaria de Mujer de CCOO de Madrid, ha destacado una serie de datos oficiales que son la mejor argumentación para asegurar que la situación de la mujer en nuestra región "no mejora", a pesar de ser mayoría, ya que el 52 por ciento de las personas que habitan la Comunidad de Madrid son mujeres, frente a un 48 por ciento, que son hombres y, sin embargo, la población activa femenina es del 46 por ciento, frente al 54 por ciento de hombres. Asimismo, de las personas paradas en la Comunidad de Madrid, el 46,5 por ciento son mujeres y el 53,5 por ciento son hombres, incluidos los sectores más golpeados por la crisis: construcción e industria, sectores en los que las mujeres no suponen más que un pequeño porcentaje.

La responsable de Mujer de CCOO también ha destacado los datos relativos a las modalidades de contratación, donde surge una nueva paradoja: El 50,2 por ciento de los contratos temporales realizados en Madrid son realizados a mujeres, frente al 49,8 por ciento hechos a hombres. Sin embargo, en cuanto a los indefinidos, sólo el 47,3 por ciento han sido realizados a mujeres, frente el 52,7 por ciento, a hombres. Del mismo modo, las mujeres ocupadas a tiempo completo son el 41,9 por ciento y los hombres el 58, 1 por ciento, lo que supone una diferencia del 18,2 por ciento que supone, menos salario y menos cotización para las mujeres. Por su parte, la población ocupada a tiempo parcial en Madrid es de un 75 por ciento para las mujeres frente a un 25 por ciento de hombres.

Respecto a la población parada de larga duración, "también tiene rostro de mujer", como ha resaltado Morales. El 55,9 por ciento de población parada de larga duración son mujeres, 11,8 puntos porcentuales más que los hombres, que supone un 44,1 por ciento.

Estos datos, como los relativos a búsqueda de primer empleo, reingreso en el mercado laboral tras abandonarlo, diferencia salarial, precariedad por el agravante de ser joven, evidencian las desigualdades y las paradojas. Así, son las mujeres las más preparadas, las más formadas de la región, sin embargo son menos contratadas. Y, también paradójicamente, en la región hay 44.500 mujeres analfabetas que no cuentan con ningún programa para erradicarla.

Este dibujo de la mujer madrileña concluye también que el riesgo de pobreza de las mujeres ha aumentado considerablemente a raíz de la crisis económica.

Futuro de las pensiones, conciliación, salarios

El futuro de las pensiones evidentemente afecta especialmente en negativo a las mujeres a la vista de los datos, en una sociedad en que muchas mujeres están aún esperando su oportunidad para trabajar. La falta de medidas de conciliación para que accedan hombres y mujeres y, especialmente en casos de familias "monomarentales", es decir, aquellas en las que la mujer es la única responsable de la familia.

Otra curiosidad: mientras en la pinza de las personas que tienen un salario mileurista, es equitativo el número de trabajadores y trabajadoras, para rentas superiores a 60.000 euros anuales sólo hay una mujer por cada cuatro hombres.