Blog de Alfonso Roldán Panadero

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En las fronteras hay vida y tuve la suerte de nacer en la frontera que une el verano y el otoño, un 22 de septiembre, casi 23 de un cercano 1965. En la infancia me planteé ser torero, bombero (no bombero torero), futbolista (porque implicaba hacer muchas carreras), cura (porque se dedicaban a vagar por la vida y no sabía lo de la castidad...) Luego, me planteé ser detective privado, pero en realidad lo que me gustaba era ser actor. Por todo ello, acabé haciéndome periodista. Y ahí ando, juntando palabras. Eso sí, perplejo por la evolución o involución de esta profesión. Alfonso Mauricio Roldán Panadero

viernes, 21 de agosto de 2009

Adrenalina y La soledad de los números primos

Las tirolinas, el vértigo del parque De pino a pino, despertaron mi adrenalina, con lo que decidó meterme en el AVE a la espera de que una tromba de agua me hiciera vivir una aventura extrema. No hubo tromba de agua, con lo que me bajé en Tarragona, mejor en Camp Tarragona, que aquello está en mitad del campo y volé en taxi (Alsa ha reducido la frecuencia de sus autobuses con la estación porque Adif ha reducido la subvención. La crisis y las reducciones…) Bueno, volé hasta Port Aventura, que pilla más a mano que Eurodisney. Allí se puede gritar a gusto.

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Durante el viaje le di buena cuenta a uno de los libros que últimamente reposaban en la mesilla: La soledad de los números primos. La primera novela del turinés Paolo Giordano –licenciado en Física Teórica- que está teniendo un gran éxito internacional. Dos personajes, Alice y Mattia, marcados por sendos hechos de su infancia son los protagonistas de la historia, una historia que es la de un amor imposible.


Esa imposibilidad viene marcada igual que los número primos gemelos, aquellos en los que siempre se interpone un número impar (11 y 13, 17 y 19… Conforme avanza la serie es más complicado encontrarlos). Así, los números primos gemelos están muy cercanos pero no pueden tocarse.

Giordano nos presenta en tercera persona a unos personajes conflictivos, diferentes, fuera de lo normal pero con puntos de encuentro entre sí. Una fuerte atracción mutua surge entre Alice y Mattia desde la adolescencia. La vida, con sus sorpresas, va transcurriendo hasta la madurez. El retrato psicológico de los personajes principales está exento de florituras. La novela es elocuente y, sin darnos cuenta, hemos sido testigos de una excepcional relación entre dos personajes excepcionales.

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