Blog de Alfonso Roldán Panadero

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En las fronteras hay vida y tuve la suerte de nacer en la frontera que une el verano y el otoño, un 22 de septiembre, casi 23 de un cercano 1965. En la infancia me planteé ser torero, bombero (no bombero torero), futbolista (porque implicaba hacer muchas carreras), cura (porque se dedicaban a vagar por la vida y no sabía lo de la castidad...) Luego, me planteé ser detective privado, pero en realidad lo que me gustaba era ser actor. Por todo ello, acabé haciéndome periodista. Y ahí ando, juntando palabras. Eso sí, perplejo por la evolución o involución de esta profesión. Alfonso Mauricio Roldán Panadero

miércoles, 8 de abril de 2009

El nombre de la cosa en Lope de Vega / Mariano Asenjo / Seis años del crimen

Yo no sé si me estaba encontrando con el coche de la nueva ministra de Sanidad, Trinidad Jiménez, o si estaban llevándose los trastos de Bernard Soria. He llegado a pensar que era el principio de una manifestación de los de CCOO. Al final, he cerrado plano y me he imaginado el nombre de la cosa.



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Y es que el minúsculo tramo que recorre la madrileña calle de Lope de Vega entre el Paseo del Prado y la calle de Jesús de Medinaceli da mucho de sí. En tan sólo unos metros comparten espacio el Ministerio de Sanidad, CCOO de Madrid y la Iglesia de Jesús de Medinaceli, además de un hotel y una tasca. Y los líos visuales que terminan generando estas cercanías son muy interesantes.

Que a veces, los devotos de la Iglesia parecen que van a pedir por las almas perdidas de los del Ministerio, o, en su defecto, por las almas perdidas de los de CCOO. A veces, parece que tras una asamblea multitudinaria, los trabajadores cabreados van a tomar el Ministerio, o la Iglesia. A veces en una acera se crea una gran cola de gays y lesbianas preparados para ver su festival de cine en el Ateneo Cultural Primero de Mayo, y en la acera de enfrente (o al revés, según se mire), están los de los hábitos, que no hacen al monje. A veces, los coches oficiales con lunas tintadas y los señores de gafas oscuras y cables por las orejas se confunden con las beatas y los bregados en mil batallas delegados sindicales. A veces, en la tasca, coinciden los guardias civiles, los seguratas, los beatos, los sindicalistas. En un espacio mínimo con olor a tortilla, a churros a café…

A veces, los guiris del hotel no entienden nada. Pero en ese mínimo espacio se convive. Y cuando los de CCOO tienen que manifestarse delante del Ministerio, pues les viene de fábula. Y cuando llega la Semana Santa pasan cosas como las que narra Pepe Tarduchi en Madrid Sindical, cuando era responsable del Ateneo Cultural Primero de Mayo:


"hace ya varios años, enterados que nuestros vecinos carmelitas de Jesús de Medinaceli precisaban de una banda de música que acompañara a la imagen en la procesión de Jueves Santo, los entonces responsables del Ateneo se personaron (con testigo que pudiera dar fe de la circunstancia) en la sacristía de la iglesia, para ofrecer los servicios de nuestros jóvenes músicos a moderado precio. Entre casullas, imágenes, beatas y olor a cera tuvo lugar el inicio de una cordial negociación que no llegó a prosperar al meterse por medio una banda militar que ofreció hacer el bolo gratis. Lo que hubiéramos dado por apuntarnos aquel tanto, con la malévola idea, además, de ofrecer a Rodolfo Benito, entonces secretario general del sindicato en Madrid, el encabezamiento de la banda con pendón y bandera desplegada al frente. Lástima".


En fin, un espacio que ni las narraciones de Gila. Y yo creo que son este tipo de cosas normales de la vida las que le gustan a mi amigo Mariano, que más allá de nombre de chiste de Forges, se apellida Asenjo, Mariano Asenjo.

Mariano es periodista, tiene barba, una Loli, un retoño, una retoña y todavía no tiene cincuenta años a pesar de que acaba de ser su cumpleaños. Ha escrito en muchos sitios, ha pasado por la tele, fue redactor jefe de Mundo Obrero... Además ha escrito un magnífico libro sobre Malagón, el falsificador del PCE (Malagón. Autobiografía de un falsificador). Un libro que acaba de ser reeditado por el Viejo Topo. Y aunque hombre de letras no se le caen los anillos para hacer cualquier otro trabajo que sacie el maldito vicio que supone comer cada día. Ahora, gracias a estos malos tiempos que vivimos también es experto en Alzheimer (o como se escriba), y seguro que en breve lo es en ambulancias.

Y es que este hombre yo creo que de pequeño era algo hiperactivo, como Einstein, Dalí y esa banda de locos. Y Mariano, además, es que es de Vallecas, pero de Paredes de Navas, palentina cuna de literatos, y hoy famosa por haber dejado a Armstrong, el ciclista, lisiado para el Tour, para el Giro y para lo que haga falta. Lo que no consigan los palentinos…

A mí, Mariano siempre me sorprende, que nunca pensé que le gustara la sopa tailandesa de verdura. Pero mira tú que sí. Hace ya cuatro lustros que conocí al de Paredes. Y nos reíamos mucho de todo y con todo. Luego, las circunstancias nos distanciaron un tiempo, pero gracias al citado Malagón nos hemos reencontrado y, aunque con menos tono (no es lo mismo la hora de comer con agua, que la de después de cenar con coñac), nos seguimos riendo de todo y con todo. Y nos sigue gustando ver pasar gente por la calle.


Hoy, con todo, es día de recordar que hace seis años asesinaron a José Couso. Y es día de seguir exigiendo justicia:




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