Blog de Alfonso Roldán Panadero

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En las fronteras hay vida y tuve la suerte de nacer en la frontera que une el verano y el otoño, un 22 de septiembre, casi 23 de un cercano 1965. En la infancia me planteé ser torero, bombero (no bombero torero), futbolista (porque implicaba hacer muchas carreras), cura (porque se dedicaban a vagar por la vida y no sabía lo de la castidad...) Luego, me planteé ser detective privado, pero en realidad lo que me gustaba era ser actor. Por todo ello, acabé haciéndome periodista. Y ahí ando, juntando palabras. Eso sí, perplejo por la evolución o involución de esta profesión. Alfonso Mauricio Roldán Panadero
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lunes, 10 de marzo de 2014

Ante el 11-M: "Sólo la muerte" de Neruda

Hay cementerios solos,

tumbas llenas de huesos sin sonido,
el corazón pasando un túnel
oscuro, oscuro, oscuro,
como un naufragio hacia adentro nos morimos,
como ahogarnos en el corazón,
como irnos cayendo desde la piel del alma.

Hay cadáveres,
hay pies de pegajosa losa fría,
hay la muerte en los huesos,
como un sonido puro,
como un ladrido de perro,
saliendo de ciertas campanas, de ciertas tumbas,
creciendo en la humedad como el llanto o la lluvia.

Yo veo, solo, a veces,
ataúdes a vela
zarpar con difuntos pálidos, con mujeres de trenzas muertas,
con panaderos blancos como ángeles,
con niñas pensativas casadas con notarios,
ataúdes subiendo el río vertical de los muertos,
el río morado,
hacia arriba, con las velas hinchadas por el sonido de la muerte,
hinchadas por el sonido silencioso de la muerte.

A lo sonoro llega la muerte
como un zapato sin pie, como un traje sin hombre,
llega a golpear con un anillo sin piedra y sin dedo,
llega a gritar sin boca, sin lengua, sin garganta.

Sin embargo sus pasos suenan
y su vestido suena, callado como un árbol.

Yo no sé, yo conozco poco, yo apenas veo,
pero creo que su canto tiene color de violetas húmedas,
de violetas acostumbradas a la tierra,
porque la cara de la muerte es verde,
y la mirada de la muerte es verde,
con la aguda humedad de una hoja de violeta
y su grave color de invierno exasperado.

Pero la muerte va también por el mundo vestida de escoba,
lame el suelo buscando difuntos;
la muerte está en la escoba,
en la lengua de la muerte buscando muertos,
es la aguja de la muerte buscando hilo.

La muerte está en los catres:
en los colchones lentos, en las frazadas negras
vive tendida, y de repente sopla:
sopla un sonido oscuro que hincha sábanas,
y hay camas navegando a un puerto
en donde está esperando, vestida de almirante.

sábado, 8 de febrero de 2014

Manifiesto bonobo de Anabel Verdín


La casualidad, o el destino, que yo ya no sé…, ha dejado en mis manos un pequeño libro que es una joyita. Es un todo de letras, ilustraciones y diseño con una cita contundente de Galeano que lo cierra: “El amor es infinito mientras dura”.

Su título es Manifiesto Bonobo. La autora de las letras es Anabel Verdín y la de las ilustraciones Maite Marco. Evidentemente no tiene pretensión de best-seller. Parece un desahogo de desamor.

Entre “micropoesia” irónica (“Empezamos regalándonos flores y hemos acabado criando malvas”) y poesía surge el dolor, el amor obsesivo, posesivo, casi humillante, los celos, la rutina. Amor homosexual, que igual puede ser heterosexual, con mirada de mujer:

“eres un beso, una bomba de racimo en el estómago, el epicentro de un tornado, el bofetón de un jugador de pelota
vasca; eres un sinónimo de belleza, la portada de un diccionario
de mitología griega; la dulzura indefinible, indefinida, el azúcar
de todas las cañas de cuba.” (…)

Recurre Anabel Verdín a palabras que estallan en nuestro alma y que no requieren de mayúsculas. Cosas de poetas…

En mi ignorancia he buscado en internet “bonobo”. Lo he encontrado y, todo se entiende mejor, por ejemplo leyendo esto, aunque sea un artículo de Muy Interesante. Creo que en la infancia vi todos los programas de Felix Rodríguez de la Fuente. Y nunca habló de ello.

Y ya puestos, navegando, me he encontrado con Anabel Verdín y Maite Marco. Voy a buscar a Anabel. La encontraré. Y la traeré hasta aquí.