Blog de Alfonso Roldán Panadero

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En las fronteras hay vida y tuve la suerte de nacer en la frontera que une el verano y el otoño, un 22 de septiembre, casi 23 de un cercano 1965. En la infancia me planteé ser torero, bombero (no bombero torero), futbolista (porque implicaba hacer muchas carreras), cura (porque se dedicaban a vagar por la vida y no sabía lo de la castidad...) Luego, me planteé ser detective privado, pero en realidad lo que me gustaba era ser actor. Por todo ello, acabé haciéndome periodista. Y ahí ando, juntando palabras. Eso sí, perplejo por la evolución o involución de esta profesión. Alfonso Mauricio Roldán Panadero
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lunes, 29 de febrero de 2016

Homenaje a Neruda con Mario Amorós, autor de "El príncipe de los poetas"

Mario Amorós fotografiado por @frlorente
Este año estamos conmemorando el 80 aniversario de la publicación de los primeros versos de España en el corazón, la obra que evidencia el amor de Pablo Neruda por España en aquellos espantosos días del golpe de Estado franquista.
Pero si hay alguien que sabe sobre Pablo Neruda, ese es Mario Amorós. En Chile, patria del poeta, lo saben. Después de su libro sobre la vida de Salvador Allende, Amorós acaba de publicar con Ediciones B la primera biografía del autor de los Veinte poemas de amor y una canción desesperada. El nuevo libro de Amorós es tan grueso como ameno y repleto de revelaciones. Licenciado  en Periodismos por la Universidad Complutense de Madrid y doctor en Historia por la Universidad de Barcelona se muestra orgulloso de sus orígenes. No olvida que fue miembro del comité de empresa por CCOO mientras trabajó –una década-  en CEAR (Comisión de Ayuda al Refugiado). CCOO fue, además, el sindicato que su padre -albañil y militante del PCE- fundó en Novelda, el pueblo que le vio nacer.



“Neruda se tomó la poesía como un oficio”


Que medio mundo se haya revolucionado por las revelaciones de Amorós sobre Pablo Neruda no parece que hayan afectado a este periodista e historiador. Han sido cuatro años de investigación consultando archivos de cuatro países: Chile, España, Suecia y Rusia. Al tiempo no ha dejado sus colaboraciones en multitud de medios de comunicación, por lo que asegura que el último año ha sido “asfixiante. Creo que nunca más volveré a hacer un libro tan difícil…” Y tras un breve silencio y una mirada contradictoria espeta: “lo que ocurre es que ahora estoy pensando hacer una biografía de Pasionaria…”

- Especialista en Allende, en Neruda, reconocido en Chile… ¿Por qué Chile?
- Descubrí la figura de Allende cuando, con veinte años, militaba en las Juventudes Comunistas de Madrid. Me impresionó mucho. Acababa de caer el muro de Berlín y los países del Este, con la URSS a la cabeza se desintegraban. En ese contexto Allende aparecía como una figura limpia de ese pasado autoritario. Me impactó mucho. Viajé a Chile en 1997 y desde entonces he ido quince veces más. Los compañeros de la izquierda chilena siempre me han acogido con una gran fraternidad y eso hace que te sientas cercano a este pueblo.

- Es usted periodista e historiador. ¿A la hora de escribir la biografía de Neruda ha conseguido distanciarse del personaje?
- Es evidente que cualquier persona de izquierdas en España siente simpatía hacia Neruda.
Al igual que puede ocurrir con Miguel Hernández, Machado, Lorca, Alberti, Celaya y tantos, su poesía nos ha ayudado a muchos a formarnos políticamente y a tener una visión del mundo. Ahora he reconstruido la vida de Neruda con sus luces y también con aspectos polémicos.

- ¿Por ejemplo?
- Siempre se le critica por el tema de su hija. Supuestamente la habría abandonado, pero no es cierto según documentación que aporto. También de la lectura del libro se desprende una visión crítica de Neruda sobre la Unión Soviética. A partir del XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS), Neruda no abandona su compromiso político, sino que lo reafirma, pero es su poesía la que cambia. De su poesía desaparecerá ese canto utópico y exaltado de la Unión Soviética y aparece una visión más terrenal del mundo con un humor irreverente. Paralelamente sus artículos son elogiosos porque Neruda era militante y dirigente de un Partido Comunista muy prosoviético. Tuvo que hacer auténticos malabares para críticar a la URSS, por ejemplo durante la Primavera de Praga… Todo esto se cuenta y documenta en El príncipe de los poetas.

- A pesar de sus seiscientas páginas, la biografía es muy amena. ¿La planteó para el gran público o para estudiosos?
- El libro intenta ser muy atractivo para el gran público. El oficio de periodista me ha ayudado a escribirlo para que cualquier persona sea capaz de leerlo. Además incluyo anécdotas que el lector agradece. También recreo esa infancia tan especial que tuvo Nefatalí Reyes, el verdadero nombre de “Pablo Neruda”, un pseudónimo que también he investigado y aclarado. El libro también incluye fotografías inéditas, por ejemplo de la hija de Neruda, o las calificaciones del colegio. Todo ello ha supuesto un esfuerzo titánico.

AMORÓS DESVELA LA POSIBILIDAD DE QUE NERUDA FUERA ASESINADO

- Quizá los descubrimientos más llamativos sean las cartas de Miguel Hernández y el descubrimiento de la “alta probabilidad” de que Neruda fuera asesinado.
- Las once cartas de Miguel Hernández son absolutamente inéditas. No las conocía ni su familia. Sobre la muerte del poeta está ese informe del Gobierno que ha tenido un impacto enorme, pero yo soy más escéptico que el documento. Hay que esperar a que hablen los científicos porque hay muchas dudas y contradicciones.

- Pero si se probara que Neruda fue asesinado con 69 años…
- La respuesta la tendremos después de marzo. Pero si fuera así…, habrían quitado la voz del poeta en el exilio denunciando a la Junta Militar Golpista y Augusto Pinochet habría quedado en la poesía de Neruda como lo que fue: un asesino y un traidor.

- Leyendo el relato de su infancia, parece imposible que Neruda no hubiera sido poeta: viajes en tren a la selva con su autoritario padre, enfermizo, apoyado por su madrastra a quien llamaba mamamadre, incluso genéticamente su madre biológica parece que escribía versos…
- Hay testimonios que aseguran que su madre biológica, que murió cuando Neruda era un bebé, escribía y tenía una inclinación a la poesía. Neruda empezó a escribir poemas con seis años. Los más antiguos conservados son de sus once años y se conservan decenas de poemas escritos antes de cumplir los dieciséis. Neruda se tomó la  poesía como un oficio. Escribía poesía todos los días de su vida. Además habla en sus discursos de los deberes del poeta como una persona comprometida con su pueblo para la transformación social. Ni cree en poetas malditos, ni vive endiosado en una burbuja.
Pillados por @frlorente

- También parece claro que para Neruda fueron fundamentales las mujeres…
- Fue un gran amante. En el libro hablo de las dos musas de Neruda en Los veinte poemas de amor, de su amante de Birmania, de sus tres esposas, incluso cito un testimonio inédito de su último amor: Alicia Urrutia, sobrina de su última esposa.

-Tras este trabajo, ¿con qué Neruda te quedas, el del amor y desamor, el social, el comunista…?
- Me quedo con el Neruda total. Su obra es grandiosa y no se puede trocear. Su poesía se seguirá leyendo y acompañará a muchas personas.

“POESíA SECRETA”

En el libro se desvela la particular y fundamental relación que Neruda mantuvo con Federico García Lorca. Es conmovedor cómo el poeta chileno rememoraba hasta sus últimos días la figura del poeta granadino asesino por el franquismo.
En la página 114 se relata una anécdota preciosa de Federico García Lorca y Pablo Neruda en un pueblo español hacia 1935. Les invitaron a dar un recital de poesía y, cuando llegaron a la estación de tren, parecía que nadie les había ido a esperar. Se dirigieron al teatro y con cierto reproche comentaron a los lugareños que no les habían recibido... Ellos se excusaron: "Fuimos, pero no les reconocimos. Creímos que vendrían vestidos de poetas...". Con su alegría andaluza, Lorca les aclaró: "¡Es que somos de la poesía secreta!"

HOMENAJE A NERUDA Y PRESENTACIÓN DE El príncipe de los poetas.
JUEVES, 3 DE MARZO EN EL CENTRO ABOGADOS DE ATOCHA.
HORA: 19.00.
Calle Sebastián Herrera, 14. Madrid (Metro Embajadores).








lunes, 10 de marzo de 2014

Ante el 11-M: "Sólo la muerte" de Neruda

Hay cementerios solos,

tumbas llenas de huesos sin sonido,
el corazón pasando un túnel
oscuro, oscuro, oscuro,
como un naufragio hacia adentro nos morimos,
como ahogarnos en el corazón,
como irnos cayendo desde la piel del alma.

Hay cadáveres,
hay pies de pegajosa losa fría,
hay la muerte en los huesos,
como un sonido puro,
como un ladrido de perro,
saliendo de ciertas campanas, de ciertas tumbas,
creciendo en la humedad como el llanto o la lluvia.

Yo veo, solo, a veces,
ataúdes a vela
zarpar con difuntos pálidos, con mujeres de trenzas muertas,
con panaderos blancos como ángeles,
con niñas pensativas casadas con notarios,
ataúdes subiendo el río vertical de los muertos,
el río morado,
hacia arriba, con las velas hinchadas por el sonido de la muerte,
hinchadas por el sonido silencioso de la muerte.

A lo sonoro llega la muerte
como un zapato sin pie, como un traje sin hombre,
llega a golpear con un anillo sin piedra y sin dedo,
llega a gritar sin boca, sin lengua, sin garganta.

Sin embargo sus pasos suenan
y su vestido suena, callado como un árbol.

Yo no sé, yo conozco poco, yo apenas veo,
pero creo que su canto tiene color de violetas húmedas,
de violetas acostumbradas a la tierra,
porque la cara de la muerte es verde,
y la mirada de la muerte es verde,
con la aguda humedad de una hoja de violeta
y su grave color de invierno exasperado.

Pero la muerte va también por el mundo vestida de escoba,
lame el suelo buscando difuntos;
la muerte está en la escoba,
en la lengua de la muerte buscando muertos,
es la aguja de la muerte buscando hilo.

La muerte está en los catres:
en los colchones lentos, en las frazadas negras
vive tendida, y de repente sopla:
sopla un sonido oscuro que hincha sábanas,
y hay camas navegando a un puerto
en donde está esperando, vestida de almirante.

martes, 26 de marzo de 2013

Agua


Foto de Fran Lorente


“El agua se vendió, y de las cañerías en el desierto,
he visto terminarse las gotas,
y el mundo pobre, el pueblo,
caminar con su sed tambaleando en su arena…”

Oda al aire.

Pablo Neruda


El 22 de marzo se celebró el Día Mundial del Agua. El agua es la vida y por ello es un derecho humano. El agua no entiende de fronteras y, por encima de intereses nacionalistas, media humanidad comparte agua con otra media humanidad. El agua, aunque se pueda embotellar, no es una mercancía. La lluvia no se puede privatizar, igual que no se puede privatizar el aire. Los seres vivos somos fundamentalmente agua.

El agua es un bien común para garantizar la vida, no el buen estado de campos de golf. No se puede pelear contra sequías y mantener miles de piscinas en este mundo occidental.

El planeta se rebela cuando lo maltratamos. El cambio climático es un hecho comprobado aunque la crisis planetaria haga que a veces lo olvidemos. El poder público debe pelear por salvaguardar el derecho universal al agua y a su calidad.

Y además el agua es belleza, hace a nuestro planeta azul, extremadamente bello en el Universo y, como, en esta foto de Fran Lorente desborda nuestros sentidos devolviéndonos al agua primigenia, al útero materno.

martes, 11 de diciembre de 2012

75 años de Viento del pueblo: Poesía en la trinchera


En estos días estamos conmemorando el 75 aniversario de muchas tragedias. Pero dentro de la desgracia, como una reacción irrefrenable, también estamos en tiempo de rememorar reacciones al golpismo, a la intolerancia, con la palabra como única arma, con versos batalladores, enérgicos como sólo Miguel Hernández era capaz de crear. En estos días conmemoramos la aparición del libro de poemas Viento del pueblo. Un libro dedicado a Vicente Aleixandre, y cuya elegía primera es A Federico García Lorca.

Muchos poemas de este libro fueron años después tremendamente populares gracias a las versiones musicales, como Vientos del pueblo me llevan, El niño yuntero, Aceituneros

En esa dedicatoria, en la que venera a Aleixandre y a Neruda, deja claro Miguel que a ambos les hizo poetas “la vida junto a todos los hombres”. Es Miguel un poeta del pueblo con un destino claro: “Nuestro destino es parar en las manos del pueblo. Sólo esas honradas manos pueden contener lo que la sangre honrada del poeta derrama vibrante. Aquel se atreve a manchar esas manos, aquellos que se atreven a deshonrar esa sangre, son los traidores asesinos del pueblo y la poesía, y nadie los lavará: en su misma suciedad quedarán cegados”, escribirá en la dedicatoria.

Y en esa dedicatoria descubrimos el sentido del título del libro: “Los poetas somos viento del pueblo: nacemos para pasar soplando a través de sus poros y conducir sus ojos y sus sentimientos hacia las cumbres más hermosas… El pueblo espera a los poetas con la oreja y el alma tendidas al pie de cada siglo”.

Además de Lorca, por las páginas de Viento del pueblo pasan personajes como Rosario Dinamitera o Pasionaria; y canta Miguel con épica guerrera a Euzkadi, a Sevilla, a Madrid…, a esa patria de la que el fascismo se apoderó simbólica y literalmente. Son cantos de heroísmo, de arenga revolucionaria en los que la juventud cobra protagonismo con poemas como Nuestra juventud no muere o Llamo a la juventud: “La juventud siempre empuja, / la juventud siempre vence, / y la juventud de España / de su juventud depende”.

El poeta de Orihuela se sentía un hombre del pueblo, y ello marcará este Viento del pueblo. Para él, la poesía es esencia misma del pueblo y tiene su raíz en la tierra; el poeta es el intérprete de sentimientos colectivos cuya misión es conducir a las personas hacia las realidades poéticas, reflejo de las realidades vivas. Por ello, el destino de la poesía es el pueblo mismo.

Miguel Hernández en dibujo de Buero Vallejo
Poesía de batalla

Los poemas de Pueblo del Viento se fueron escribiendo desde el verano de 1936 hasta verano de 1937. Aparecieron en diversas publicaciones periódicas como las revistas El mono azul, Mediodía, Nueva Cultura y Hora de España, numerosos diarios de distintas ciudades, y otras hojas impresas de unidades militares y periódicos de los frentes. Muchos de ellos los recitaba su autor en las trincheras, en los campamentos. A principios del verano de 1937, fueron recogidos en el volumen que publicó la sección de ediciones del Socorro Rojo, imprimiéndose en Valencia.

Sin duda, el mayor patetismo se halla en los poemas de tema social como el desgarrador Niño yuntero, musicado por Serrat. Pero todos los poemas sociales muestran el dolor compartido y la denuncia expresa contra la injusticia capitalista y en defensa de las clases oprimidas. Lo vemos en El sudor, Las manos, Aceituneros, Jornaleros

Con Canción del esposo soldado, lo social y lo amoroso confluyen: “Espejo de mi carne, sustento de mis alas, / te doy vida en la muerte que me dan y no tomo. / Mujer, mujer, te quiero cercado por las balas, ansiado por el plomo”.

Son palabras de un hombre sincero, tan sincero que asegura: “Yo empuño el alma cuando canto”.

Hay espacio también en este libro para la increpación al fascismo italiano con Ceniciento Mussolini: “Dictador de patíbulos, morirás bajo el diente / de tu pueblo y de miles. / Ya tus mismos cañones van contra tus soldados, / y alargan hacia ti su hierro los fusiles / que contra España tienes vomitados”.

Desde el poema que se mire, Viento del pueblo es un visceral amor a la tierra y a ese pueblo al que se propone defender con la palabra, con el verso.


miércoles, 26 de septiembre de 2012

En el 75 aniversario del Gernika de Picasso



El Gernika es símbolo del espanto y el horror que es la guerra
Sólo tardó dos meses el genio Picasso en pintar el horror, el apocalipsis…, ese ataque perverso que sobre la población de Gernika lanzó la monstruosa legión Condor de Hitler con el beneplácito y complicidad de Franco al año de su golpe de Estado contra la República. La Luftwaffe arrasó Gernika en abril de 1937, y el Gobierno democrático encargó esta obra para el pabellón español de la Exposición Universal de París que se celebró hace ahora 75 años bajo el lema “Por el progreso, el trabajo y la paz”. Un pabellón que contó con artistas y obras de lujo. Además del Gernika de Picasso, contó con obras de Joan Miró, de Julio González, de Francisco Pérez Mateo, Gutiérrez Solana, Mateo Díez, Emiliano Barral, JospeRenau. Junto al Gernika, a la entrada del pabellón, otra obra magistral, una magnífica escultura de más de doce metros de altura firmada por el escultor Alberto Sánchez bajo el largo título de El pueblo español tiene un camino que conduce a una estrella.

Aquel 27 de abril de 1937 era lunes. Gernika era una población alejada de los frentes. Se vivía con relativa tranquilidad en comparación con Madrid, por ejemplo, en este pueblo, lleno de simbolismo, sagrado para los vascos, y que dista escasos cuarenta kilómetros de Bilbao.

Los lunes eran días de mercado, por lo que las gentes estaban en las calles. A pesar de esa relativa calma, un mes antes, la aviación italiana había bombardeado la también localidad vizcaína de Durango, en una acción similar a lo que ocurriría en Gernika. Ante la imposibilidad de entrar en Madrid, el General Mola centró su locura en el frente Norte.

Y ese lunes de mercado surgió repentinamente el horror. El azul cielo se tornó negritud y las llamas se mezclaron con sangre y gritos de una población civil que, cuando escapaba de las 50 toneladas de bombas lanzadas por los bombarderos, era masacrada por las ametralladoras de los cazas.

Fue un experimento nazi que luego utilizaría Alemania en la Segunda Guerra Mundial. Se querían ver los efectos que producía arrasar una población civil. Sólo sobrevivieron la Casa de Juntas y el mítico Árbol de Gernika.

La presencia en Bilbao de periodistas como G.L. Steer, corresponsal de The Times hizo que el mundo se estremeciera y que no cuajara la manipulación franquista de que aquello fue obra de “los rojos”. En la entradilla de su segunda crónica, del 28 de abril, Steer escribía: “Oleadas de aviones alemanes arrojan miles de bombas y proyectiles incendiarios sobre Gernika, tras las líneas de combate, mientras los sacerdotes bendecía a campesinos que atestaban la ciudad en un día de mercado”.

Fueron más de cuatro horas de bombardeo que el genio de Picasso plasmó en blanco y negro y una amplia gama de grises, sobre un lienzo de 3,50 metros de alto por 7,80 de largo. Una obra profundamente simbólica que en ningún momento hace referencia a Gernika. Sólo símbolos, nueve; seis humanos (madre con hijo muerto, mujer arrodillada, guerrero muerto, mujer del quinqué y hombre implorando) y tres animales (toro, caballo y paloma).

El Gernika es símbolo del espanto y el horror que es la guerra y el sufrimiento terrible que inflige al ser humano. Quiso Picasso que a partir de 1940 estuviera su cuadro custodiado en Nueva York, en el Museo de Arte Moderno hasta que la democracia habitara en España. En 1981 fue ubicado en el Casón del Buen Retiro y, desde 1992, es el corazón del Museo Reina Sofía, paradojas de la vida.

Un canto a la esperanza de un futuro mejor .
El pueblo tiene un camino que conduce a una estrella

En el mismo Museo convive una reproducción incompleta que sirve de antesala actualmente a la entrada y que corrió peor suerte que el Gernika, la escultura de Alberto Sánchez El pueblo español tiene un camino que conduce a una estrella.

Alberto Sánchez fue un magnífico escultor, que no obstante tuvo una vida artística mucho más breve que sus contemporáneos, en buena medida forzada por un exilio obligado en la URSS que propició su olvido.

Su pieza más conocida, que tiene múltiples interpretaciones, más espectacular y sin duda más hermosa es este curioso “obelisco” en palabras de su amigo Pablo Neruda, que presidía la entrada al Pabellón de España en la Exposición de París de 1937.

Sí es evidente el simbolismo que lo emparenta con la España democrática que está en esos mismos momentos sufriendo los embates del fascismo, y que se defiende de él con la misma entereza que la planta.

Parece que el pueblo español, en su esfuerzo por crecer y prosperar, al final alcanzará esa estrella que le aguarda en lo alto del futuro, cuando acabe de una vez con la amenaza. Aunque por encima de todo, la pieza es un canto a la esperanza de un futuro mejor, porque es evidente que el puño cerrado en que parece culminarse la escultura alcanza finalmente la estrella prometida y la paloma que ambiciona la paz.




jueves, 14 de junio de 2012

Historias y Elogio del pan


La luz que de tus pies sube a tu cabellera,
la turgencia que envuelve tu forma delicada,
no es de nácar marino, nunca de plata fría:
eres de pan, de pan amado por el fuego.

La harina levantó su granero contigo
y creció incrementada por la edad venturosa,
cuando los cereales duplicaron tu pecho
mi amor era el carbón trabajando en la tierra.

Oh, pan tu frente, pan tus piernas, pan tu boca,
pan que devoro y nace con luz cada mañana,
bienamada, bandera de las panaderías,

una lección de sangre te dio el fuego,
de la harina aprendiste a ser sagrada,
y del pan el idioma y el aroma.

Pablo Neruda
Soneto XIII


Surge a diario en la mesa de la más humilde tasca con menú del día y en el más lujoso de los restaurantes; indispensable para el bocadillo del rápido almuerzo o de esa frugal cena, nos lleva acompañando miles de siglos. El pan es protagonista en las religiones, es bandera en motines y revoluciones, consigna de las más diversas ideologías, presente como ningún otro alimento en refranes y dichos populares… “Pan”, en la mitología griega era el dios de todo, de la naturaleza.

Desde luego, cuando le hincamos el diente no somos conscientes de cómo surgió, en la Edad Piedra, ni agradecemos lo suficiente el “descuido” del panadero egipcio que hace seis mil años dejó sin cocer la masa y la fermentó accidentalmente. Después, al cocerla sobre la piedra, la masa aumentó de volumen y logró ser blanda, esponjosa, ligera y con mejor sabor. No es hasta el siglo XVII cuando se le añade la levadura para lograr ese mismo efecto.

No está demasiado claro dónde surge el pan como mezcla de agua, harina y sal (pan ácimo, sin fermento, ni levadura). Las primeras noticias parecen situarlo en Egipto, Babilonia y los pueblos mesopotámicos. También se puede hablar de pan en las antiguas civilizaciones precolombinas y en las ancestrales culturas orientales, aunque su base eran otros cereales distintos al trigo.

Sí parece claro que Egipto tuvo las primeras grandes cosechas de trigo entre el sexto y el quinto milenio antes de nuestra era. De Egipto se exporta a la Grecia clásica, donde comienzan a surgir exquisitos y esmerados panaderos con nuevos útiles para la elaboración de los panes. El Imperio Romano descubre en Grecia el preciado alimento y lo extiende por Europa, África y Asia. En el siglo II después de Cristo, un escritor grecorromano describe hasta setenta y dos formas distintas de hacer pan.

Parece documentado que los patricios (clases altas), tenían acceso al pan blanco, siendo para los plebeyos el pan moreno. Incluso había panes de inferior calidad reservado a esclavos y prisioneros. Los romanos también progresan técnicamente en la elaboración del pan. De hecho sofistican los hornos. Curiosamente, el término “horno” tiene como raíz etimológica, forn, igual que fornicatio y fornix. Es más, fornix era una habitación abovedada donde las prostitutas del Imperio recibían a los clientes. El lugar donde se cocía el pan adquiere el mismo nombre por ser también una habitación de similares características.

Religión y “milagros”

El pan es fundamental en el mundo hebreo y cristiano. La Biblia está repleta de alusiones al simbólico alimento, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. Dios castigó a Adán, después de comer la manzana presentada por Eva, “con el sudor de tu rostro ganarás el pan”. Y ya el cristianismo verá como Jesús multiplica los panes en las bodas de Canáan e identifica –en la última cena- su cuerpo con el pan. Eso sí, el judaísmo sólo consume pan ácimo –sin levadura-, porque es así como se considera puro.

El otro día me contaban mucho mejor de lo que yo lo hago ahora, que hubo un tiempo, allá por la Edad Media, en que los habitantes de los países que consumían pan de centeno comenzaron a tener problemas de salud. Os podéis imaginar como debían andar las tripas del personal… Pues bien, comenzaron a observar… ¡el milagro! Los peregrinos enfermos que recorrían el Camino de Santiago, sanaban, ¡alabado sea Santiago! (sobre Santiago os recomiendo ESTA entrada). Y ¡hala! diarreas, dolores y espasmos sanaban yendo caminito de Santiago. En lo que no cayeron los doctos peregrinos era que el mal lo proporcionaba el pan de centeno, y la curación no era tanto por peregrinar rezando y rezando como por el cambio de dieta. Que los peregrinos abandonaban el pan de centeno, enfermo de virus, bacterias o vaya usted a saber; en beneficio del pan de trigo. Pan que consumían etapa tras etapa con propiedades terapéuticas desconocidas.

Como vemos, el desarrollo en la cocción del pan implica un paralelo desarrollo tecnológico y agrícola. Gracias al consumo de pan, el hombre se preocupa de tener preparadas las tierras para que ofrezcan buenos trigos, con lo que surge el barbecho, o el descanso que se le da a la tierra algunos años entre plantación y plantación. Se desarrollan los útiles para recoger el trigo, para separar el grano de la paja y para triturar el grano hasta convertirlo en harina.

Molinos y gigantes

Por tanto, gracias al pan, Cervantes pudo escribir su capítulo de El Quijote dedicado a los gigantes que no eran otra cosa que molinos de viento manchego. Los primeros molinos de viento datan del año 833 y se construyeron fundamentalmente en España, norte de Alemania, Holanda e Inglaterra. Previamente, los romanos ya inventaron los molinos de agua allá por el siglo IV.

Durante la Edad Media comienzan a aparecer cooperativas y hornos públicos. En la mayoría de los pueblos existía un horno al que todos iban a comprar el pan. En el campo, era fácil que el pan se fabricara en el propio molino y se compraba en grandes cantidades. Fue en esta época, en un periodo de sequía y enfermedad causada por el gorgojo (larva de insecto que se alimenta de las semillas), cuando Carlomagno ordenó “que el número de panaderos esté siempre al completo y que el lugar de trabajo esté siempre limpio y ordenado”.

A través de la historia el pan ha acompañado al ser humano y éste lo moldeaba a su gusto. En Egipto le daban forma de trenzas, corazones…; en Grecia lo amasaban en forma de racimos de uva; en Roma se moldeaba con formas cuando se utilizaba en homenajes; en la Europa Medieval se le daba forma de plato y en las bodas con forma de anillos.

El pan se convertiría a partir del siglo XVIII en símbolo de muchas reivindicaciones sociales. La revolución francesa tuvo como una de sus causas inmediatas el aumento del precio del pan. La esposa de Luis XVI, María Antonieta, ante una revuelta previa al 14 de julio de 1789, en tono despreciativo se dirigió a los hambrientos diciendo: “Si no tienen pan, que coman tortas”. María Antonieta terminó guillotinada, pero ha quedado el dicho popular “a falta de pan, buenas son tortas”.

De la tapa al sándwich

Son innumerables los tipos de pan: moreno, candeal, panini, baguete, payés, parisina, de molde, de hogaza, de barra…, igual que es innumerable el acompañamiento que hace. Desde el mediterráneo pan con aceite; al que se le puede añadir sal, azúcar o tomate (uno de los mejores inventos catalanes) y ajo; hasta la indispensable base de tapas y pinchos.

No podemos olvidar un invento del siglo XIX, el sándwich. Se dice que el conde de Sandwich era un ludópata y que su cocinero tuvo que inventar el sándwich para que aquél no tuviera que abandonar la mesa de juego. La primera mención al sándwich fue en una novela de Balzac, en 1836.

Y termino con mucho pan, mucho aceite y mucho tocino manchego en tono un poquito más duro que la tradicional jota castellano manchega. Tierra de molinos harineros:


jueves, 15 de marzo de 2012

Sin miedo

“Tengo miedo. La tarde es gris y la tristeza / del cielo se abre como una boca de muerto”, escribía Pablo Neruda.

El miedo nos bloquea, nos impide avanzar, progresar. El miedo es instrumento, es táctica de los poderosos, de los manipuladores, de los violentos, de las religiones. Nos quieren meter el miedo, miedo a dioses y pecados; miedo a enemigos desconocidos; miedo a la inseguridad. Tienen la sartén por el mango y nos imbuyen el miedo en el cerebro para ser dóciles hasta el patetismo. Y al final tenemos miedo hasta del miedo, como niños, como niñas indefensas en la oscuridad de la noche. El miedo se nos enreda, nos roba iniciativas, sueños, objetivos. Nos convierte la sonrisa en gesto falso y nos inmoviliza el alma buscando una seguridad que no es tal.

No es valentía la vacuna contra el miedo. Es hacer lo que hay que hacer. Ser nosotros mismos, nosotras mismas. Es respirar hasta el fondo sin la presión del pánico, sin la presión del poderoso. Es romper cadenas y encontrar aliados, cómplices de luchas y batallas que siempre se ganan si se pelean sin miedo.

También escribía Neruda: “Queda prohibido no sonreír a los problemas, no luchar por lo que quieres, abandonarlo todo por miedo, no convertir en realidad tus sueños.” No hacen falta héroes, que los cementerios están llenos de ellos. Simplemente es utilizar derechos. La ley te ampara para pelear por las conquistas logradas por otros. La ley te ampara para que defiendas tus derechos. Tu dignidad te empuja a levantarte frente al miedo, frente al poder. Unidos, unidas, somos más. Somos multitud. Tenemos que sacudirnos el miedo por nosotros, por nosotras, por nuestros hijos y nuestras hijas. Tenemos que ser ejemplo para la juventud, para la ciudadanía que empieza a despertarse. Para esa juventud que tiene que quitarse orejeras ante un futuro incierto.

Sin miedo. De la mano. A cara descubierta. Con la ley por delante vamos a la huelga. Como cantaba Rosana, sin miedo la suerte está contigo, “Sin miedo, lo malo se nos va volviendo bueno / Las calles se confunden con el cielo… Sin miedo, las manos se nos llenan de deseos / Que no son imposibles ni están lejos.”



martes, 9 de febrero de 2010

Zonas húmedas, una novela de vicio

Decía el domingo pasado que andaba en campaña particular desbaratando tabúes. En esta campaña incluí la lectura de Caín, de Saramago. He ido un poco más allá y he devorado Zonas húmedas, de Charlotte Roche. ¡Caray! Nunca pensé que un par de viajes en taxi me llevaran a estas lecturas.

No sé si lo habrás leído o si habrás oído hablar del libro. Sí sé que desde la primera línea (“desde que tengo uso de razón sufro de almorranas”), Zonas húmedas no deja indiferente. No soy yo crítico de nada y menos juez de literatura, por lo tanto no entro en esos escabrosos asuntos, a veces sometidos a las modas, de si está bien o mal escrito. Que yo pienso que la literatura no es ciencia. Tampoco entro en los intereses publicitarios o editoriales que haya o deje de haber detrás de la edición de un libro.

Durante la lectura de Zonas húmedas me he reído, he sentido asco y lástima, me ha atrapado el morbo, he visto sufrimiento y dolor… No sé si el personaje (Helen), la autora, o las dos, me han provocado. Nadie puede negar que la novela navega entre el erotismo y la buena pornografía, a veces escatológica, desde la mirada de una mujer, una joven de dieciocho años, que nos ayuda a romper tabúes sexuales. Una joven que se explora el cuerpo, sus orificios, sus jugos, y nos lo cuenta sin ningún pudor. Nos lo cuenta en primera persona y, me ha llamado la atención, utilizando también con frecuencia la segunda persona. Algo, que una vez me dijo la sita Esperanza, mi profesora de latín en el cole que también escribe, que es una técnica interesante.

Guarrilla y provocadora es (no la sita Esperanza, sino la protagonista de la novela), que ella misma lo reconoce en alguna ocasión, buscando la canalla complicidad del lector. O lectora: “He recorrido un largo camino y he desconcertado en él por lo menos a tres personas con actos antihigiénicos. Un día bueno”. (Página 136).

El tema en principio es sencillo. Helen, hija de padres separados, busca que ambos se vuelvan a unir en la habitación del hospital en el que la han operado de una fisura en el ano. La fisura es producto de una depilación un tanto salvaje al no haber tenido demasiado en cuenta un racimo de almorranas. Es, por tanto un libro también de traumas infantiles, que canta contra la desestructuración familiar, lo cual también lleva su dosis de provocación.

Muchas personas tildan la obra de “nuevo feminismo”, fundamentalmente por ese reconocimiento desinhibido del cuerpo femenino y por las fantasías sexuales que narra. No sé, desde esta perspectiva, cómo interpretar las visitas que nuestra protagonista hace a los prostíbulos para tener relaciones lésbicas, aunque ella tiene más conocimiento que las prostitutas, de muchas técnicas de sexo.

En realidad es una joven que no quiere conformarse, no quiere ser como su madre, con quien tiene una espantosa relación: “Con mi madre hago otro tanto. Pero no le pregunto por su profesión porque ya me la sé: hipócrita”. (Página 200). Al padre, sin embargo, le disculpa: “Papá me hiere muchas veces. Pero nunca se da cuenta”. (Página 200).

Al igual que se refiere a la madre, critica la hipocresía de la mujer, de esa mujer que vive bajo los tabúes. Así, habla de las masajistas que “parecen indignadas” cuando dan masajes a hombres. Es otra historia, que quizá algún día te cuente, pero coincido con Helen, nuestra protagonista, cuando se refiere a las masajistas: “¡Cómo no se le va a poner dura a un hombre si una mujer le está sobando el muslo cerca del paquete” Yo también me pongo húmeda cuando me hacen eso. Sólo que a las mujeres la excitación no se nos nota”.

Vamos, que yo me lo he pasado de vicio leyendo Zonas húmedas. Y reconozco que en el Metro, el otro día, me daba corte que la señora sentada a mi derecha echara el ojo a mi lectura.

Y, bueno, ya iba siendo que las mujeres hablaran de su cuerpo. No sólo los hombres, como hizo, con ojos de hombre, Neruda: