Blog de Alfonso Roldán Panadero

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En las fronteras hay vida y tuve la suerte de nacer en la frontera que une el verano y el otoño, un 22 de septiembre, casi 23 de un cercano 1965. En la infancia me planteé ser torero, bombero (no bombero torero), futbolista (porque implicaba hacer muchas carreras), cura (porque se dedicaban a vagar por la vida y no sabía lo de la castidad...) Luego, me planteé ser detective privado, pero en realidad lo que me gustaba era ser actor. Por todo ello, acabé haciéndome periodista. Y ahí ando, juntando palabras. Eso sí, perplejo por la evolución o involución de esta profesión. Alfonso Mauricio Roldán Panadero
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jueves, 19 de noviembre de 2015

40 años de la muerte de Franco

Franco murió en la cama y el franquismo en la calle


Aquella tarde de noviembre, Madrid era un hervidero de rumores. “Que ya se ha muerto Franco y no lo dicen, que ya se ha muerto el patascortas y no lo dicen”. Parece comprobado que al dictador le mantuvieron con vida para que su muerte coincidiera con la del fundador de Falange. Sea como fuere, los historiadores han aceptado “pulpo como animal de compañía” y a la historia pasará el 20 de noviembre como la fecha oficial de la muerte del golpista. Aquel día, a pesar de la sangre que quedaba por derramar, a pesar de la represión y las detenciones…, el blanco y negro que lo llenaba todo fue mudando al color de la libertad.

Y es que, a pesar de determinadas y juveniles críticas a lo que fue la llamada Transición, los últimos años de la dictadura fueron momentos de verdadero terror con cárceles llenas de prisioneros políticos, procesos judiciales abiertos contra dirigentes de CCOO y una lucha muy arriesgada del movimiento estudiantil. A pesar de todos estos frentes antifranquistas, no se pudo derrocar al Gobierno.
Nicolás Sartorius, en aquellos días dirigente del Partido Comunista de España y de Comisiones Obreras, y actualmente presidente de la Fundación Alternativas, asegura que no fue lo mismo la agonía de Franco que la agonía de la dictadura, , porque Franco murió en la cama y la dictadura murió en la calle. Con todo, está claro que la transición tuvo un protagonista: la inmensa mayoría del pueblo y la multitud de luchas ciudadanas.
La transición no tuvo figuras providenciales, la democracia fue una conquista que se alcanzó en la calle, en los centros de trabajo y en las aulas de la Universidad. Con aquellas luchas se conquistaron muchos derechos que hoy, con la crisis como coartada, se quieren eliminar.
Nadie puede negar que el franquismo fue un régimen fascista. La ONU, en 1946 lo dejó claro calificándole con este término y equiparándolo al de Hitler en Alemania o Mussolini en Italia. La ONU dejaba claro que fue un régimen impuesto al pueblo español por la fuerza con la ayuda de las fuerzas del Eje.
De hecho, el comité de Derechos Humanos de esta institución internacional insistió en la necesidad de investigar y juzgar los crímenes cometidos durante la Guerra Civil y el franquismo, pero muchos poderes se niegan a cerrar esa herida. Por ejemplo, la Iglesia católica ha venido conmemorando misas en homenaje al dictador y determinadas organizaciones también han realizado actividades que no han sido ilegalizadas. ¿Se imagina alguien homenajes en Alemania en honor a Hitler o en Italia en honor a Mussolini?

“Españoles: Franco ha muerto”

Con la muerte del dictador se puso fin a la dictadura más larga de la historia contemporánea de España. Los medios, controlados por el régimen, hacían ostentación de su dolor. Arias Navarro, presidente del Gobierno, se dirigía al país por radio y televisión. Navarro decía que su voz llegaría a unos hogares con sollozos y plegarias. En realidad, en muchos hogares había preocupación por la forma en que recobrar la libertad y… también se brindaba con champán literal y metafóricamente.
"Españoles, Franco ha muerto. El hombre de excepción que ante Dios y ante la Historia asumió la inmensa responsabilidad del más exigente y sacrificado servicio a España ha entregado su vida, quemada día a día, hora a hora, en el cumplimiento de una misión trascendental. Yo sé que en estos momentos mi voz llegará a vuestros  hogares  entrecortada  y confundida por el murmullo de vuestros sollozos y de vuestras plegarias. Es natural; es el llanto de España, que siente como nunca la angustia infinita de su orfandad; es la hora del dolor y de la tristeza, pero no es la hora del abatimiento ni de la desesperanza…”



domingo, 2 de noviembre de 2014

“Ocho caballos, cuarenta hombres” de Carolina Pecharromán



“Aurelio se había quedado estupefacto al ver el letrero escrito en el exterior del vagón: Huit chevaux, quarante hommes. Se había hecho traducir el texto. Efectivamente, no se había engañado: Ocho caballos, cuarenta hombres. Así pues, él y otros cuatro camaradas equivalían para los franceses a un caballo y como bestias viajaron: apiñados sobre la paja sobrante del último pasaje, encerrados entre cuatro paredes de maderos por cuyas rendijas se filtraba la luz exterior, sin abertura alguna que les permitiese respirar o mirar hacia fuera”.  Esta es la explicación del título de la novela de Carolina Pecharromán, una elocuente historia de amor, supervivencia, guerra, acción, misterios. Una historia también de ese Madrid que resistió tres años entre sufrimiento, hambre, dolor, rabia pero que no renunció a su cotidianeidad.

El relato comienza en Madrid, en la fatídica fecha del 17 de julio de 1936, y se extiende hasta 1943, ya iniciada la invasión nazi. A lo largo de 500 páginas acompañamos a la familia Santibañez en esos años de terribles para España y Madrid. Sí, la novela es tan dura como imprescindible porque, como narra el personaje principal en el epílogo, “de los que sufrimos la guerra y la perdimos, pocos quieren recordarla en voz alta, es demasiado doloroso, demasiado humillante. No quiero sembrar en sus cabezas malas hierbas de odio o rencor igual que no deseo que otros les envenenen con versiones igual de parciales y embadurnadas de barniz dorado. Pero tienen derecho a saber, algún día sabrán”.

En Ocho caballos, cuarenta hombres, viviremos el Madrid de la guerra y la postguerra más dura, de los bombardeos, del miedo; pero también el Madrid de las terrazas a rebosar a escasos metros del frente. Caminaremos por Argüelles, por la Plaza de Santa Ana, por Carabanchel, Vallecas, Sol, Gran Vía, Alonso Martínez…; alternaremos en Chicote o Casa Alberto; estaremos al día en la cartelera de teatros, varietés y cines. Dudaremos entre películas españolas como Morena Clara, o musicales hollywoodienses que nos hagan olvidar un poco… Veremos que “… a los madrileños no hay quien les quite el sentido del humor” en sus dichos, frases, motes… Pero también iremos a Barcelona, a una trágica Alicante, al Alcázar de Toledo, al frente de Aragón…

Y es en ese frente, en esa guerra épica donde surge lo peor y lo mejor de las personas. Donde la camaradería, que es algo más que amistad, es lealtad absoluta, será nuestra salvación. Esa camaradería que nos recuerda a algunos personajes de Pérez Reverte.

Viviremos el amor apasionado, ese que surge sin buscarlo ni esperarlo. Ese amor que es como los obuses que caen del cielo de Madrid. O ese amor que se alimenta despacio, día a día. Veremos de cerca la muerte mientras desfilan ante nuestros ojos de gentes normales personajes que hacen la Historia de los libros: Franco, Azaña, Indalecio Prieto, Miaja, Mola, Pasionaria, Cipriano Mora, Casado

Seremos testigos de esa intrahistoria que viven los pueblos. Esa verdadera historia que nos muestra una y mil veces que los niños y las niñas son las víctimas que llevan la peor parte en las guerras.

Francia, Alemania, Inglaterra…, o mejor el desprecio de sus gobiernos hacia España en contraposición a los brigadistas internacionales, a esas gentes que no entienden de patrias sino de justicia.

Todo ello y más, narrado en primera persona con la voz de Fernando Santibañez y con un poco más de distancia la de sus familiares. Ocho caballos, cuarenta hombres posee una arquitectura sólida y un hechos trepidantes que los más jóvenes deben conocer y los más mayores pueden reconocer. Unos hechos muy bien documentados, que no en vano Carolina Pecharromán es periodista. A mí se me han venido a la cabeza relatos familiares o de conocidos. Recordé por ejemplo, al cocinero ya fallecido Carlos González Tejada a quien paseé por La vida desde el lago explicando cómo preparaba las tortillas sin huevo…

Me dicen que habrá una presentación de la novela en el centro Rosa Luxemburgo de Aravaca el 16 de noviembre a las 18,30, que correrá a cargo de Mirta Nuñez y Yolanda Sobero. Y por supuesto Carolina Pecharromán, la autora, que actualmente es adjunta a la jefatura del Área de Información Internacional de Telediarios en TVE.

Y, mientras busco a la autora para ver si charlamos un rato, ahí os dejo uno de los momentos estelares de una de las pelis españolas del momento. De aquel momento:


viernes, 20 de junio de 2014

Carta de buen rollo a Felipe VI


Estimado Felipe:

El coche molaba, lo que no recordaba era el Lacoste.
Ayer no pude escribir estas líneas porque estuve escuchándote y viendo el ambiente madrileño. Según avanzó la jornada se me puso un dolor de cabeza fuerte por la presión atmosférica, supongo.

Tú no te acordarás, Felipe, pero te conocí en una Feria del Libro de Madrid hace un porrón de años y, aunque quizá equivocado, me dio un poco de lástima tu vida. Iba yo con mi cuadrilla con las hormonas preadolescentes encendidas y tú con tu madre, todo estirado ¡y con traje! Si eras un crío y hacía calor… No me extrañó ese extraño color de piel que lucías: entre moreno y verde, poco infantil y poco humano.

Bueno, ya antes, viviendo Franco incluso, en aquellos días oscuros por los que bajo mi casa volaban botes de humo, represión y miseria, te recuerdo en las revistas y en los periódicos. Te recuerdo cuando venían los reyes, los magos, con un montón de regalos. Te recuerdo en un cochecito que debía molar un montón por los jardines de tu casa.

Desde entonces han pasado muchas cosas: has ligado con mujeres espectaculares y te has casado con una colega de profesión a golpe de zapping; que, es broma; así se las ponían a Fernando VII (las bolas de billar, claro). Soy un poquito más mayor que tú, de la edad de tu hermana Cristina (pobrecilla la que le ha caído por amor hacia tu cuñado) pero bueno…

Mientras andaba yo por la Facultad de Periodismo y haciendo la mili (ni te imaginas las cosas que había en los cuarteles en esa época) tú andabas de arriba abajo por el mundo. Te fotografiabas en aviones, barcos, helicópteros… Vamos que has venido viviendo en un permanente estado de parque de atracciones con pulsera para subir en todas las atracciones.

Por la cosa del machismo imperante en la institución monárquica no has sido un príncipe destronado y mira tú, has terminado siendo el rey de la noche a la mañana. Que aquí hacemos un rey en menos tiempo que te hacen una radiografía y, por supuesto, una mamografía.

No estás empezando bien

Te han proclamado jefe de estado entrando, en mi opinión, un poquito por la puerta falsa. De repente tu padre abdica, o sea, dimite, supongo porque las cosas no iban muy bien… Entre los elefantes, Corina, la falta de transparencia en los gastos, tu cuñado Iñaki, tu otro cuñado, tu hermana, tu otra hermana…, vamos que de familia ejemplar poco a pesar de vuestra selecta educación, católica, apostólica y romana. Vamos que tú mismo y tu esposa os reclináis ¡ante Rouco! Corrige eso rápido que aunque esto no es un estado laico, es aconfesional y puede molestar a los súbditos, bueno, ciudadanos. 

No. No estás empezando bien. Lo digo para que rectifiques antes de que te veas dimitiendo como tu padre. En Madrid, reconócelo, fue muy poquita gente a verte porque ya no hay confianza en la monarquía. La cosa quedó muy distante, que había más policía y ejército que súbditos, perdón, ciudadanía. De poco me sirve, por ejemplo, que hayas andado de colegueo con Sabina y su bandera tricolor cuando la represión que ayer se vivió en Madrid fue escandalosa. Lo puedes ver porque he oído que en tu despacho te has instalado un ordenador. ¡Joé, cómo curraba tu padre sin ordenador!

En fin, te iba a soltar un rollo sobre el discurso que diste, que me pareció flojo y, paradójicamente más de los mismo, que si tu padre ha dimitido ha sido para impulsar un cambio que ya está dándose en la sociedad y lo mismo se lleva por delante la monarquía si no estás atento. Lo mismo mañana o pasado ya te cuento.

Lo que me da mal rollo, camarada, es que con casi cincuenta años que tengo, si no cambian las cosas de verdad, por ley natural moriré y tu seguirás siendo jefe del estado. Mira desde que nací he vivido bajo la dictadura de Franco, la jefatura del estado que éste dejó en manos de tu padre y tú.  ¡Y no he votado a ninguno! Sin embargo, en este periodo de tiempo, en Estados Unidos ha habido nueve presidentes de República, siete en Francia, quince en Alemania, seis en Italia. Oye, que eso no es inestabilidad, es recambiar, quitar telarañas, evitar que el poder corrompa…

Venga. Echa un ratillo en ver lo que de verdad pasó el día del inicio de tu reinado. Esto es sólo un ejemplillo. Y eso, para empezar bien, dinos cuánto ha costado el evento, que luego mira los líos de tu cuñado. Como madrileño me interesa especialmente ya que he pagado por tres veces: Casa Real, Gobierno y Ayuntamiento, y la ciudad está hecha una caca en todos los sentidos con esto de la Botella y los recortes. Supongo que lo sabes.


domingo, 1 de junio de 2014

Fraga, Franco y los 50 años de los “25 años de Paz”




Aquel 1964 fue el año en que el Che Guevara dio su discurso ante la ONU; fue el año de la aparición de el Libro rojo de Mao. En nuestro país, el nacimiento de 697.697 bebés logró que el baby boom tocara techo mientras Los Sirex triunfaban con Si yo tuviera una escoba y Conchita Velasco con su Chica Ye-Ye. Las faldas empezaban a perder tela, por lo que a Manolo Escobar no le gustaba que a los toros se fuera con minifalda. Pero también fue el año en que resurgieron las tensiones en las minas asturianas, eran años de clandestinidad en las que, por ejemplo, las Comisiones Obreras empezaban a tomar forma. En ese escenario tragicómico Manuel Fraga, ministro de Información y Turismo, metió a España en una de las mayores campañas propagandísticas del franquismo: 25 años de paz, que en realidad se convirtieron en los 25 años de la victoria. 

En Madrid, por ejemplo, se construyó en honor a esas bodas de plata franquistas el Hospital de La Paz, que aún conserva el nombre; o la Avenida de La Paz, que también se sigue llamando así a un tramo de la M-30, perdón Calle 30. Los más mayores recuerdan que aquel año todo se inundó de carteles, desfiles, sellos con los “25 años de Paz”.

El tono de la campaña intentó ser más conciliador, dejando de lado el discurso político de la cruzada. Se intentó relegar la Guerra Civil al olvido en la medida de lo posible, mientras que se ensalzaban las bondades del I Plan de Desarrollo, del Seat 600 o del boom turístico –el año anterior se homenajeaba al turista 11 millones– fruto del recién nacido lema Spain is different.

La campaña quiso demostrar que la España de 1964 era muy diferente a la de 1939, rehuyendo episodios cercanos, como la silenciada guerra en Ifni y Sáhara, las represalias por el Contubernio de Munich, las ejecuciones del comunista Julián Grimau y de los anarquistas Delgado y Granados, la creación del Tribunal de Orden Público (TOP) para la represión de la disidencia política, las huelgas y su violenta represión; tampoco aparecía la cuestión más denunciada desde el extranjero: la permanencia aún en el exilio de miles de españoles. El franquismo y sus ministros más jóvenes, con Fraga a la cabeza, se hacían trampas al solitario.

Del “Te Deum” a Franco ese hombre

El pistoletazo de salida a los fastos comenzó en el Valle de los Caídos con un solemne Te Deum al tiempo que ABC publicaba una entrevista con el dictador. Quedaba claro que lo que se celebraba era la victoria fascista más que una supuesta paz. La campaña finalizó con una película dirigida por Sáenz de Heredia, y escrita por José María Sánchez Silva: Franco, ese hombre.

Narra el historiador Paul Preston en su biografía sobre Franco que el cuadro que presentaba la cinta “era el de un héroe que había salvado un país en caos de las hordas del comunismo, luego lo había salvado nuevamente de las hordas del nazismo, y posteriormente se había convertido en el padre benévolo de su pueblo”. La película tuvo un considerable éxito de taquilla, pero Franco se limitó a comentar: “Demasiados desfiles”.

También una crónica de ABC del 2 de abril describía pormenorizadamente el acto del Valle de los Caídos: “Minutos antes de las doce llegaron a la Basílica SS. AA. RR. el Príncipe Don Juan Carlos y su esposa, Doña Sofía. A las doce y cinco lo hizo Su Excelencia el Jefe del Estado, que vestía uniforme de capitán general y ostentaba sobre su pecho la Gran Cruz Laureada de San Fernando, acompañado de su esposa, doña Carmen Polo de Franco, que lucía la clásica mantilla…”  Del mismo modo reseñaba ABC los “actos religiosos y patrióticos” realizados en toda España: Barcelona, Bilbao, Zaragoza, Salamanca, Pontevedra…

El gol de Marcelino

Aquel 1964 fue el de la final de la Copa de Europa en Madrid que enfrentó a las selecciones de la Unión Soviética y España. Cuatro años antes, en 1960, Franco prohibió que las selecciones se enfrentaran, pero se pudo rectificar ante la FIFA y se consiguió que la final se celebrara en España.

Escasos días antes de aquel 21 de junio no se sabía si Franco iba a acudir al encuentro por temor a tener que entregar el trofeo al capitán del equipo soviético. Cuenta Paul Preston que un alto funcionario falangista de la Federación Española de Fútbol llegó a proponer, sin éxito, que se tratara de drogar al equipo soviético para proteger al dictador de tal contrariedad.


El hecho es que el partido se llevó a cabo entre gritos de “¡Franco, Franco, Franco!” animados por los falangistas. Y además España venció por 2 a 1. Eso sí, hace dos años supimos la verdad del famoso gol de cabeza de Marcelino. El pase del gol no lo dio Amancio, sino el barcelonista Pereda. El NO-DO manipuló la secuencia porque no se grabó ese pase. El montador reconoció que no pudieron grabar la jugada completa y tuvo que hacer un apaño, según el cual el pase no era el del gol, si no otro parecido del 7, Amancio. Y…, lo que decía el NO-DO iba a misa. El hecho es que aquel día ondeó oficialmente la bandera con la hoz y el martillo por primera vez en España desde 1939.

Ahí va otro fragmentito de Franco, ese hombre:

jueves, 16 de mayo de 2013

Andrés Lima, director de ¡Ay Carmela!

Andrés Lima en una imagen de FRAN LORENTE.

Ha recibido veinte premios Max, cuatro de ellos como director. Mientras triunfa su ¡Ay Carmela! prepara una zarzuela barroca, una oda al deseo y al placer que programará el Teatro de la Zarzuela a partir del 17 de mayo y en los ensayos le abordo. Anima a ver ¡Ay Carmela! a las personas que han vivido la guerra porque, aunque puede impresionar, hay algo catártico que te renueva: “Lloras, haces el duelo; te ríes, pero es muy emocionante y positiva. No es una tragedia desesperada porque tiene cierto halo de esperanza…”


P. Hay voces que critican una saturación del tema de la guerra civil… ¿Piensas que la Guerra Civil ya aburre?
R. Tampoco he oído yo muchas críticas… Creo que es necesario abordar este asunto porque la memoria es algo importante como ejercicio habitual, hayas tenido guerra o no. España tiene una herida que es no haber enterrado bien a sus muertos, tanto de un bando como de otro. Esas heridas tienen que cerrarse para poder tener un espacio donde se dialogue, donde no se pelee.

P. En el principio de la función, en la presentación, se asegura que es “la historia de una mujer”, la historia de una artista, no de una miliciana heroica, que al final no se doblega. ¿Son las mujeres más valientes? ¿Es una historia feminista?
R. En parte sí, aunque no creo que las mujeres sean más valientes. Sí es cierto que el papel de la mujer en la guerra y en la República no ha sido suficientemente reconocido. ¡Ay Carmela! tiene diferentes planos. Uno es el de esa mujer que es una superviviente, una cómica de la legua que tiene un acto de rebeldía y actúa por puro sentido común, por puro sentido de la justicia y de la compasión con gente que están torturando. Pero evidentemente Carmela representa a otra mujer, que es la República, una República que acabó asesinada a tiros. Es una obra en la que el plano personal se mezcla con el histórico, con el político, con el simbólico y con el fantasma de algo que todavía sigue ahí, que son nuestros muertos por la guerra.

P. ¡Ay Carmela! no es un musical al uso. No es una franquicia de Broadway. Hay cuatro músicos, tres protagonistas y uno de ellos ni canta… A veces la función es una tragicomedia con aroma de cabaret. ¿Cómo definirías la obra?


R. En mi opinión es una tragicomedia musical. El musical, la comedia musical es algo que se ha ido perdiendo y era algo que llegaba muy bien al espectador medio. La comedia musical, a diferencia de la ópera o las grandes zarzuelas, sólo requiere de un elenco y una orquestilla para poder musicar una serie de historias. De ahí nacerá Hollywood, y del music hall nace el género chico en España. Todo ello está en ¡Ay Carmela! Hay canciones que se cantaban en cuplés, que se cantaban en prostíbulos, que se cantaban en revistas, en music halls… Pero también ha temas musicales más serios, aunque con un aire de bar y garito que ha tenido siempre España y que ha ido desapareciendo con el tiempo.
 
P. Viendo ¡Ay Carmela! podemos concluir que la copla fue robada por los franquistas…
R. El franquismo se quedó con todo, y lo que no se quedó lo tiró a la basura, como la Institución Libre de Enseñanza, la educación laica y, en general, todo lo que era del pueblo. Es cierto que la copla y la zarzuela pasaron a ser considerado algo franquista como símbolo. Había una copla con cánticos a la Virgen, pero también había otro tipo de copla y otras variedades. Franco no era tonto, y los franquistas sabían que la conexión con el pueblo es muy importante. Concha Piquer, Celia Gamez y toda esta gente conectó muy bien, y sirvió de desahogo a una generación entera de la postguerra que, por otro lado, llenaba los cabarets. Se acabó ese punto de picardía erótica y, por otra parte de rebeldía. A Madrid venían artistas de París, Viena, Estados Unidos…, incluida la propia Josephine Baker. Todo eso acabó con el franquismo y sobre todo el con el nacionalcatolicismo, que pienso es lo que más daño ha hecho a la cultura y la libertad.

P. El espectador es parte activa del espectáculo y se forman buenos jaleos en el patio de butacas. ¿No temes que en una de estas salga el público a la calle a proclamar la República?
R. (Entre risas) No. Miedo no me da. El arte es catártico. Sería del género imbécil provocar una guerra viendo los desastres de una guerra. Yo propongo el rechazo total a cualquier tipo de violencia. Creo que la izquierda siempre se ha caracterizado por dialogar. Otra cosa es emocionar y esa emoción lleva a que muchos días, durante la función, hay gritos de ¡Viva la República!

P. El público es muy variopinto en edades…
R. Estamos en un buen momento para hablar de la República. Últimamente estamos muy sensibilizados porque la monarquía está bajo cero, con muy mala imagen. Por lo visto hubo un tiempo en que la monarquía era un pasaporte diplomático; ahora es un desastre. La obra, al ser un musical gusta a las personas mayores por el recuerdo, y a la gente más joven por ser un teatro documental que emociona con canciones que no son añejas ni anticuadas. Además, Inma Cuesta y Javier Gutiérrez no sólo actúan y cantan bien. Son dos cómicos y actores dramáticos extraordinarios que tienen una tremenda conexión con la gente joven. Son artistas modernos que llegan de una manera muy actual.

El teatro vive

P. En la obra se evidencia que hasta en tiempo de guerra se puede ir al teatro. ¿Se puede ir ahora, con la crisis y con la subida del IVA en las entradas?
R. Parece increíble, pero los tiempos de crisis nunca han sido malos para el teatro. En las Memorias de Harpo Marx, se cuenta cómo triunfaron los Hermanos Marx a través de la crisis del 29. Ahora. En la crisis que vivimos ha habido un hachazo bestial con la subida del IVA. Por mucho que se llenen los teatros es imposible sacar un mínimo rendimiento. Si el teatro no se llena a diario, comienza a ser deficitario. Es asunto es muy grave. Si esto no cambia, el año que viene tendrá que cerrar el 80 por ciento de los cines y el 50 por ciento de los teatros. Pero el teatro es invencible, es algo vivo; es un lugar de encuentro en momentos de crisis; de soledad; es un acto social; es un lugar en el que la ciudad se encuentra con el ciudadano y en estos momentos de individualismo atroz y de agresión es muy reconfortante.

El director del musical ¡Ay Carmela! foto de FRAN LORENTE.
P. Y en medio de este panorama, ¿cómo ves las nuevas fórmulas del tipo Microteatro por dinero?
R. Todo es bueno. El micro está planteando otra forma de ir al teatro. Es
un teatro mucho más informal. En mi opinión, cualquier cosa que se aporte al teatro quiere decir que goza de buena salud.


“El franquismo se quedó con todo y lo que no se quedó lo tiró a la basura”


“El papel de la mujer en la guerra y en la República no ha sido suficientemente reconocido”

IVA: “El año que viene tendrá que cerrar el 80 por ciento de los cines y el 50 por ciento de los teatros”