Blog de Alfonso Roldán Panadero

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En las fronteras hay vida y tuve la suerte de nacer en la frontera que une el verano y el otoño, un 22 de septiembre, casi 23 de un cercano 1965. En la infancia me planteé ser torero, bombero (no bombero torero), futbolista (porque implicaba hacer muchas carreras), cura (porque se dedicaban a vagar por la vida y no sabía lo de la castidad...) Luego, me planteé ser detective privado, pero en realidad lo que me gustaba era ser actor. Por todo ello, acabé haciéndome periodista. Y ahí ando, juntando palabras. Eso sí, perplejo por la evolución o involución de esta profesión. Alfonso Mauricio Roldán Panadero
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viernes, 21 de marzo de 2014

Las marchas del 22-M y el ADN de CCOO


No me gusta utilizar las palabras de forma violenta, quizá por eso me vengo reprimiendo al escribir en esta vida desde el lago. Estoy enfadado. Es un enfado fronterizo con el asco hacia el presidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González, que considera que quienes mañana se manifiesten en Madrid después de recorrer buena parte de la península son unos nazis. Seguro que lo que busca este tipo es precisamente eso, que sintamos asco y más. Busca provocar a quienes más fácilmente se dejan provocar, para que mañana sea una jornada que pueda ser denostada por todos los voceros ultras.

Esta gente del PP hace ya mucho que no gobierna, se limitan a provocar, que el lío, el griterío, el ruido mediático, es donde mejor se desenvuelven. Tengo un enfado fronterizo con el asco hacia este personal. Pero también tengo tristeza, disgusto, cuando veo cómo muchos alientan el cainismo entre quienes somos contrarios al rumbo ultra que padecemos en este país y en Europa. Nos quieren robar derechos y estado de bienestar y aquí nos atizamos entre nosotros, claro, que hay mucho topo y mucho desestabilizador.

Veo cómo sindicatos de corte nacionalista, anteponen su visión sindical corporativogeográfica a elementos en los que estamos todos de acuerdo: defender derechos laborales y sociales conquistados. Veo como leninistas de nuevo cuño, que no han leído a Lenin, no saben lo que son las “condiciones objetivas”, no se preguntan “¿qué hacer?” y rechazan la unidad. Piensan que la revolución son fuegos artificiales, no tienen ni idea de lo que es la correlación de fuerzas. Amantes de revueltillas que no llegan ni a kale borroka.

Las marchas del 22 de marzo que mañana confluyen en Madrid están apoyadas por multitud de organizaciones y plataformas. Organizaciones y plataformas cuyo grueso está compuesto por gentes de Comisiones Obreras porque…, en el ADN de las gentes de CCOO está el estar en todas partes, sin hegemonizar nada. En el ADN de las gentes de CCOO están escritas palabras como solidaridad, justicia y unidad. Por eso hay gentes de CCOO en asociaciones de vecinos, en plataformas culturales, en plataformas reivindicativas. La marea blanca, la marea, verde, la marea naranja…, todas las mareas no habrían sido igual sin gentes y gentes de CCOO.

También en el ADN de CCOO están las palabras dialogar, hablar, negociar. Y presionar para dialogar, hablar, negociar. En CCOO sí se sabe lo qué es la correlación de fuerzas, por eso en la llamada Transición aquí no hubo una guerra civil ni una insurrección violenta para proclamar una República, que llegará. Las armas la tenían los otros y habría sido un desastre mal medir los tempos.

CCOO no es una secta. Es más, las gentes de CCOO son bastante libertarias aunque sean las primeras y las que mejor se organizan cuando la situación lo requiere. Las gentes de CCOO tienen criterio, de ahí la pluralidad que siempre ha caracterizado al sindicato. Porque CCOO es eso, un sindicato de clase, un lugar en el que se dan cita trabajadores organizados para defender sus derechos.

Desde que las distintas marchas partieron para confluir mañana en Madrid, las gentes de CCOO han sido las primeras en recibirlas, en prestar locales, en ofrecer comidas. Y mañana en Madrid habrá miles de Comisiones, con pegata o sin pegata, con bandera o sin bandera. Del Madrid, del Athletic, del Atlético, del Barça... Ateos y cristianos. Comunistas, socialistas, socialdemócratas, ecologistas, descreídos de los políticos actuales... Mujeres, hombres, heterosexuales, homosexuales, jóvenes, viejos… Pero eso sí: gente luchadora que no se deja domesticar, pero por nadie; gente que si se cae se vuelve a levantar. Por eso nos temen.


martes, 8 de marzo de 2011

8 de marzo y Clara Zetkin, ¡qué vivan las mujeres!

Hoy se celebra el Día Internacional de la Mujer. Tradicionalmente se han venido dando dos explicaciones al origen del 8 de marzo para conmemorar esta fecha. Una en España y otra en Estados Unidos. Ambas centran la causa en un hecho concreto, pero ambas parece que son erróneas.

Es Caridad Cano Joaquín quien presenta un origen diferente al 8 de marzo. En España se ha insistido año tras año en que aquel día de 1908, las trabajadoras de la Fábrica Cotton de Nueva York se declararon en huelga y ocuparon las instalaciones. El dueño decidió cerrar las puertas, incendiándose la fábrica y pereciendo las 129 mujeres que se encontraban en su interior.

En Estados Unidos, la historia que se difunde es diferente, y dice que en aquél día de 1857, para unos, y 1908, para otros, se desarrolló una importante manifestación de trabajadoras textiles en Nueva York.

Parece ser que ambos hechos ocurrieron, pero no un 8 de marzo. Sí está demostrado que un grupo de trabajadoras de la Triangle Shirtwaist Company, y no de la Cotton, como se ha venido diciendo, organizaron por primera vez una huelga exclusivamente de mujeres y con carácter nacional. Estuvieron reivindicando mejoras laborales desde septiembre de 1909 y hasta febrero de 1910. Posteriormente se produjo el famoso incendio (pero no en la Cotton) y ocurrió el 25 de marzo de 1911, eso sí, sólo tres días después de que se conmemorara el por primera vez el Día Internacional de la Mujer, el 19 de marzo. En el incendio perecieron 149 mujeres y no 129, que es la cifra que se ha venido diciendo.

Es decir, ocurrió de todo, pero nada el 8 de marzo. Es más, tanto el 8 de marzo de 1857 como el de 1908 fueron domingo, día muy poco propicio para organizar paros laborables entonces y ahora, por ser festivo.

Si el 8 de marzo se ha consagrado como celebración internacional de la Mujer es gracias a Clara Zetkin, líder del movimiento alemán de mujeres socialistas, quien en 1910, en Copenhague, en el transcurso de la II Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas formula la propuesta para la conmemoración de esta jornada. Eso sí, la propuesta la realizó sin que se concretara la fecha.

Con esta moción conseguiría, además, posicionar a las mujeres socialistas al frente de la reivindicación mundial de los derechos de la mujer, incluyendo el derecho al sufragio, lo que necesariamente conllevaba un fortalecimiento de los lazos de solidaridad internacionalista entre todas las mujeres socialistas.

Zetkin (la señora de la foto), que nació en Leipzig en 1857, estudió magisterio en Leipzig y, desde muy joven, mantuvo contacto con las juventudes del Partido Socialdemócrata alemán. Cuando Bismarck prohibió el Partido Socialdemócrata en 1881, se autoexolió, y pasó la mayor parte de la década en Suiza y París. Casi diez años después, y tras participar en el congreso fundacional de la Segunda Internacional Socialista en 1889, regresó a Alemania y editó el periódico de mujeres socialistas Die Gleichheit (Igualdad), que se publicó entre 1892 y 1917.

Amiga personal de Lenin y de Rosa Luxemburgo, Zetkin organizó la primera conferencia internacional de mujeres contra la Primera Guerra Mundial (1915); fue cofundadora de la Liga Espartaquista en 1916 y se unió al nuevo Partido Comunista de Alemania en 1919, en el seno del cual llegó a ser miembro del Comité Central y del Reichstag desde 1920. Murió en 1933, en Moscú, nuevamente exiliada tras la llegada de Hitler al poder.

Y aquí os dejo un video para este 8 de marzo, "Que vivan las mujeres":

domingo, 22 de agosto de 2010

De Las cosas que no nos dijimos a Appassionata


Acabé con el Maldito karma mucho antes de lo previsto y, más allá de un libro sobre ejericios de pilates original no tenía lectura en la recámara. Así que acudí a un sitio que venden periódicos, revistas, chuches, loterías varias, postales y, bueno, libros de bolsillo para emergencias. Le di varias vueltas al expositor. No había mucho material. Best sellers de estos que ya sabemos. Así que tomé en mis manos uno de los que en invierno había visto que era reeditado, leí las primeras páginas y pagué los 8,95 euracos. Se trataba de Las cosas que no nos dijimos, de Marc Levy.

Y lo cierto es que para tratarse de un best seller la cosa está bastante bien. Como ya me ha venido pasando, y al igual que el verano pasado, el destino me ha llevado a entretenerme gracias a la muerte en tono no trágico. Y esta novela también tiene su relación con la de la guadaña.

El libro se ha vendido a racimos, o mejor, a trailers, seguramente porque es sencillo, se lee, rápido, llega a la emotividad sin provocarnos un valle de lágrimas y siempre podemos identificarnos, pensar en aquellas cosas que no nos dijimos. Siempre hay alguien a quien no le dijimos algo que deberíamos haber dicho y que queda pendiente como jirón, más o menos grande. Esa es la historia de esta novela, la historia de una segunda oportunidad.

Y el viaje es la fórmula empleada para hablar. El viaje ayuda a que fluya la comunicación después de una vida de incomunicación. Julia, la protagonista, cuatro días antes de su boda recibe la noticia de la muerte de su padre, Anthony Walsh, un triunfador hombre de negocios con quien no ha tenido mayor relación. El mismo día que está prevista su boda tiene que ir a recibir sus restos mortales. La boda se aplaza y Julia recibe un gran paquete. Un último regalo de su padre que la lleva a realizar un viaje estrambótico pero maravilloso. Un viaje lleno de pasado y de futuro en el que acabar con los miedos (“es fascinante cómo puede el miedo inhibir el espíritu”); acabar con la mentira de una relación (“¿Crees que vivir con alguien sin estar segura de tus sentimientos no es una mentira, una traición? ¿Tienes la más mínima idea de en qué se transforma la vida cuando la otra persona vive a tu lado como si te hubieras convertido en un extraño?”); la influencia de la infancia a la hora de madurar, eso sí con justificación final (“… uno puede echarle la culpa de todo a su infancia, culpar indefinidamente a sus padres de todos los males que padece, de las pruebas a las que lo somete la vida, de sus debilidades, de sus cobardías, pero a fin de cuentas es responsable de su propia existencia; uno se convierte en quien decide ser”).

El viaje está repleto de consejos de la experiencia de la vida ante asuntos como la soledad, las cosas importantes y, sobre todo amor. El amor profundo y verdadero entre Julia y Tomas surgido 20 años atrás. Este amor nos lleva a la Alemania del Este, a unas páginas que sobran narrando un viaje hacia el muro de Berlín que caía (en los best sellers hay que rellenar páginas a veces) y a recuerdos de aquella Alemania que me evocan la magnífica película La vida de los otros, esa historia de un hombre bueno de la Stasi, la policía política de la República Democrática Alemana.

Quizá me quedé con descripción del amor de un padre o una madre por sus hijos y su conclusión: “¿Te imaginas hasta que punto hay que amar para aprender a vivir más que por vosotros, sabiendo que lo olvidaréis todo de vuestros primeros años, que en los años venideros sufriréis por lo que no hayamos hecho bien, que llegará un día irremediablemente, en que os separaréis de nosotros, orgullosos de vuestra libertad?”

Y como me he puesto un poco moñoño os pongo aquella sonata de Bethoven, Appassionata que era mencionada en La vida de los otros, y, que dicen las malas lenguas Lenin no quería terminar de oír porque era tan maravillosa y evocaba tanta bondad que si la escuchaba, temía no poder llevar a cabo la Revolución.