Blog de Alfonso Roldán Panadero

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En las fronteras hay vida y tuve la suerte de nacer en la frontera que une el verano y el otoño, un 22 de septiembre, casi 23 de un cercano 1965. En la infancia me planteé ser torero, bombero (no bombero torero), futbolista (porque implicaba hacer muchas carreras), cura (porque se dedicaban a vagar por la vida y no sabía lo de la castidad...) Luego, me planteé ser detective privado, pero en realidad lo que me gustaba era ser actor. Por todo ello, acabé haciéndome periodista. Y ahí ando, juntando palabras. Eso sí, perplejo por la evolución o involución de esta profesión. Alfonso Mauricio Roldán Panadero
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domingo, 25 de abril de 2010

25 de abril ¡sempre!

Otro 25 de abril. El renacer del franquismo en nuestro país con actuaciones como la del juez Varela, intentando sabotear la investigación de los crímenes del dictador, o con declaraciones reiteradas como las de Esperanza Aguirre y su insistencia en no denunciar aquel régimen, hace necesario que recordemos aquella revolución vecina. Una revolución tranquila que fue vista por un puñado de jóvenes militares españoles demócratas, los úmedos, no por mojados sino por la UMD (Unión de Militares Demócratas).

FELICIDADES PORTUGAL. 25 de abril ¡sempre!

Aquí os pongo un video con la canción señal de José Afonso, Grandola Vila Morena:


sábado, 12 de septiembre de 2009

Se fue Rafael Tejero, militar de honor

La muerte se ha llevado a un militar español que rebosaba dignidad, Rafael Tejero, Tejero, el bueno; honorable miembro de la Unión Militar Democrática. Con Tejero conversé hace ya más de un año sobre la UMD, sobre aquellos duros tiempos en los que un puñado de jóvenes militares se creían la democracia, más aún, espoleados por la Revolución de los Claveles, de nuestra vecina Portugal.

Rafael Tejero formó parte de la UMD con el grado de capitán y en la reserva ostentaba el grado de teniente coronel. Tejero me explicaba que todos, cuando ingresaron en la Academia eran "muy fachas" y que tan sólo tenían una visión de la historia. Me comentaba el militar algo que me llamó la atención y es que para el tuvo una gran importancia la lectura de la novela de Ernest Hemingway, Por quién doblan las campanas.

Su compañero de armas, Fernando Reinlein, también me explicaba sobre aquella organización. Definía la UMD como«una organización clandestina, militar, antifranquista, que le echó agua a la pólvora del franquismo». Y el comandante Otero, hoy coronel en la reserva, recuerda que el ideario de la UMD propugnaba que las Fuerzas Armadas
se pusieran al servicio del pueblo.

La UMD se autodisolvió tras las primeras elecciones democráticas de junio de 1977.Al final de su vida contaba con más de 150 afiliados y un amplio número de simpatizantes.

El calvario de los militares de la UMD fue grande. A principios de verano de 1975, un grupo de tenientes generales y generales de división se reúne y alguien propone que la Guardia Civil asalte una casa durante una reunión de la UMD, acribillen a los presentes y se dejen pruebas falsas de vinculaciones con ETA y el FRAP. La idea no es tenida en consideración y la madrugada del 29 de julio de 1975 comienzan las detenciones.

En marzo de 1976, tienen que enfrentarse a un consejo de guerra por conspiración para la rebelión. El consejo será una farsa repleta de humillaciones e insultos lanzados por militares ultras presentes en el juicio.

Luego vendrían los indultos en verano de 1976, pero hasta 1987 no se aplicaría una amnistía que también sería incompleta. Nadie pudo volver al ejército y, escalonadamente, los úmedos fueron pasando a la reserva.

«(…) En el corazón de los demócratas españoles, estos hombres son ciudadanos de honor, héroes de la resistencia antifranquista. Un ejército con jefes y oficiales como ellos sería la mayor garantía para la democracia española ». De esta manera se refiere Santiago Carrillo, ex secretario general del PCE, a los miembros de la UMD en el prólogo del libro La UMD treinta años después, escrito por Fernando Reinlein.

Pienso que nuestra democracia sigue estando en deuda con este puñado de militares que fueron expulsados de sus carreras por anteponer sus principios en defensa de la democracia. Rafael Tejero era uno de ellos. Por lo menos vivió el único homenaje del que han sido objeto. El realizado por la Fundación Abogados de Atocha, de CCOO de Madrid. Momento que recoge esta fotografía.

martes, 16 de junio de 2009

Memoria histórica y traición: el General Torrijos no tiene calle en Madrid

Después de tanto reflexionar el sentido de mi voto en las elecciones del 7-J, me he retirado a reflexionar sobre el sentido de muchas cosas. Mis reflexiones se han visto algo alteradas por revueltas en Irán, por fichajes futbolísticos con novia incluida, por esperanzas para Palestina, por acuerdos y traiciones en Caja Madrid…, que yo creo que si se busca, se encuentra relación entre todos estos asuntos. En medio del relajo me reencontrado con un personaje que, hablando de traiciones, padeció una que le costó la vida.



En este país sabemos muy bien la dificultad que existe para con determinada parte de la historia. No es ya el asunto de la memoria histórica y cerrar heridas aún recientes. Los olvidos vienen de lejos. Una víctima de esta triste circunstancia es el General Torrijos, un madrileño que no tiene ni calle, ni avenida, ni plaza en la ciudad que le vio nacer, un 20 de marzo de 1791, en la calle Preciados, 28 (actual número 32).

El general Torrijos tiene una plaza dedicada en Málaga y en otra, la de la Merced, ante los ojos de la casa natal de Picasso, se levanta un obelisco bajo el que descansan los restos del general y sus leales, fusilados el 11 de diciembre de 1831 por orden expresa y directa de uno de los mayores cánceres que ha padecido la historia de este país: Fernando VII.

Torrijos luchó en la Guerra de la Independencia en Madrid, cuando ésta se inicia ya era capitán y al finalizar adquiere el grado de brigadier. Pero fue un militar liberal, que se levantó una y otra vez contra el absolutismo de Fernando VII. En 1817 participa en el fallido levantamiento del General Lacy (que sí tiene calle en Madrid) y es encarcelado hasta que la rebelión victoriosa de Rafael Riego, en 1820, le excarcela. Será el encargado de dirigir la resistencia de los Cien mil hijos de San Luis, por la que potencias europeas querían reponer a Fernando VII en el trono español. En 1824, con el retorno de Fernando VII, se exilia a Inglaterra donde contacta con románticos revolucionarios ingleses y españoles.

Es en 1830 cuando se dirige a España para iniciar un levantamiento desde Andalucía contra Fernando VII, pero es traicionado por el gobernador de Málaga, antiguo compañero de armas, siendo apresado en Alhaurín de la Torre junto a 48 compañeros. Es trasladado a Málaga. El 9 de diciembre llega la orden personal de Fernando VII para que sea fusilado y el amanecer del día 11 se cumple la sentencia del absolutista en las malagueñas playas de San Andrés.

Torrijos fue una auténtica pesadilla para Fernando VII. Me resulta inexplicable que no tenga una calle en Madrid, su ciudad. El único recuerdo a su memoria en la capital es una placa en donde se ubicó la casa en que nació, costeada por la Asociación Torrijos por la Libertad. La historia de España y de Madrid tiene nombres de luchadores por la libertad casi desaparecidos. La lucha de Torrijos, madrileño y liberal en su época, debería estar por encima de cualquier partido político. Su sentido de la libertad desde el ejército puede recordar a otros grandes olvidados contemporáneos, los militares de la UMD (Unión Militar Democrática), represaliados por el otro cáncer absolutista de nuestra historia: Franco.

El general Torrijos no puede ser obviado por la historia de Madrid.

Y, hoy, 15 de junio de 2009, hace 220 años que acabó la travesía del Motín de la Bounty. Este hecho sí ha dado para estudios, novelas y filmografía. Me voy a releer el final de la historia en la novela de John Boyne, el de El niño con el pijama de rayas.


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viernes, 24 de abril de 2009

25 de abril sempre

Aquel agosto de 1974 veraneamos por Huelva, y una jornada la aprovechamos para pasar a Portugal con la excusa de comprar toallas. Las hoces y los martillos surgían en cada cartel propagandístico y mi padre enloqueció haciendo fotos familiares con las herramientas de fondo. El hombre estaba feliz. Era la primera vez desde que tenía ocho o nueve años que veía el alboroto que significaba la libertad en las paredes. Cuatro meses antes, unos capitanes protagonizaron, quizá, la más bella de las revoluciones de la historia, la Revolución de los claveles.


Yo, sinceramente no entendía muy bien el asunto, preguntaba y seguía sin entender muy bien la cosa, pero le cogí cariño a esas herramientas que en España estaban prohibidas. Tanto, que como el miedo atenazó a esa generación anterior a la mía, mi padre llevó las fotos a revelar a "un amigo de confianza", en vez de a la tienda de toda la vida.

Las imágenes de la Revolución de los claveles son la más clara evidencia de lo que fue el clamor de un pueblo y un ejercito al servicio de éste. Nuestra retina mantiene el rojo de los claveles como única munición de un ejército que devolvió la dignidad a la ciudadanía. Y en nuestro corazón resuenan los acordes de Grandola Vila Morena, con esa voz suave y profunda de José Afonso. Luego, como suele ocurrir, cierta desilusión de esperanzas inconclusas.

Aquella revolución que nos estalló aquí al lado fue seguida muy de cerca por un puñado de jóvenes militares españoles que se organizaron en la ilegal UMD (Unión Militar Democrática). La organización fue rápidamente descabezada, sus integrantes sometidos a un consejo de guerra, encarcelados y expulsados del ejército. La flaca memoria de este país nunca les ha homenajeado como merecen. Solamente han sido recordados el pasado mes de enero por la Fundación Abogados de Atocha en un emotivo acto.

Y otro bonito fado con bellas imágenes para este 25 de abril:

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