Blog de Alfonso Roldán Panadero

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En las fronteras hay vida y tuve la suerte de nacer en la frontera que une el verano y el otoño, un 22 de septiembre, casi 23 de un cercano 1965. En la infancia me planteé ser torero, bombero (no bombero torero), futbolista (porque implicaba hacer muchas carreras), cura (porque se dedicaban a vagar por la vida y no sabía lo de la castidad...) Luego, me planteé ser detective privado, pero en realidad lo que me gustaba era ser actor. Por todo ello, acabé haciéndome periodista. Y ahí ando, juntando palabras. Eso sí, perplejo por la evolución o involución de esta profesión. Alfonso Mauricio Roldán Panadero
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sábado, 18 de abril de 2015

7 riesgos y pico del TTIP


Desde febrero de 2013 la Unión Europea y Estados Unidos negocian, sin ninguna transparencia, un acuerdo comercial, conocido como TTIP por sus siglas en inglés. Con este acuerdo, que daría lugar a la Asociación Transatlántica de Comercio e Inversión, se crearía la mayor zona de libre comercio del mundo.

Por sus siglas en inglés, significa Tratado Transatlántico de Comercio e Inversiones. Se trata de un proyecto para establecer una zona de Libre Comercio entre la Unión Europea (UE) y Estados Unidos (EEUU). Es un peligro democrático, social y ecológico.

Ante todo es un peligro democrático porque está siendo negociado de forma opaca y de espaldas a la ciudadanía.

El Tratado Transatlántico de Comercio e Inversiones es como el Caballo de Troya


Además de la opacidad de las negociaciones, son insuficientes los pasos dados por la Comisión Europea para intentar paliarla. También es alarmante el riesgo de que contribuya a una degradación de la legislación laboral, social y medioambiental, así como a favorecer la privatización de sus servicios públicos. El riesgo, según multitud de asociaciones, organismos y sindicatos se basa, entre otros motivos, en:


- EE UU no ha ratificado la mayoría de los convenios fundamentales de la OIT.

- La participación de los trabajadores en las empresas no está desarrollada en los EE UU.

- El TTIP puede promover una convergencia regulatoria a la baja, gestionada por las empresas multinacionales, en campos como la salud y la seguridad de las personas y la protección medioambiental.

- La protección de las inversiones a través de un mecanismo específico de resolución de disputas colocaría a las legislaciones y tribunales nacionales (y europeos) en una posición subordinada.

- La falta de garantías de igualdad salarial y de condiciones de trabajo en los contratos de prestación de servicios.

- Puede propiciarse la privatización de servicios públicos y la anulación de las cláusulas sociales en los contratos públicos.

-  Se dificultarían las regulaciones avanzadas de los servicios financieros.

Para saber más: 


miércoles, 1 de mayo de 2013

Primero de Mayo, Los mártires de Chicago. La historia interminable...


La crisis a la que nos ha llevado un capitalismo salvaje sustentado en la estafa y la corrupción hace que el Primero de Mayo tenga la misma vigencia, si no más, que cuando nació en 1884. En aquél año, la American Federation of Labor decidió promover con el apoyo de todos los sindicatos estadounidenses que la jornada normal de trabajo en todos los oficios fuera de ocho horas a partir del 1 de mayo de 1886. Previamente, la proclamación de la Ley de ocho horas fue firmada por el presidente de los Estados Unidos, Ulises S. Grant, y el secretario de Estado, Hamilton Fish, el 19 de mayo de 1869. Esta ley sólo afectaba a los trabajadores pagados por el Gobierno, pero fue un importante precedente.

En muchas ciudades las empresas accedieron a la reivindicación sindical. En otras, la patronal se opuso frontalmente. La tragedia estalló en Chicago poco después de que estuviera prevista la entrada en vigor de la jornada de ocho horas en todos los oficios. Fue el 4 de Mayo de 1886 cuando August Spies, Albert Parsons, Samuel Bielden, Oscar Neebe, Adolf Fischer, Georg Ángel, Michael Schawb y Louis Linng fueron detenidos y, tras una farsa de juicio, condenados a la horca. Sólo Schawb, Neebe y Bielden se libraron de la muerte al conmutarse su pena por quince años de prisión.

En aquellos tiempos, hombres, mujeres y niños realizaban jornadas laborales de 10, 12 y 14 horas por lo que la reivindicación básica era la de la jornada de ocho horas para hacer valer la máxima de “ocho horas para el trabajo, ocho horas para el sueño y ocho horas para el hogar”.

Entre 1884 y 1886 fue calando la reivindicación de las ocho horas de jornada promovida por la American Federation of Labor. Todas las uniones regionales decidieron ir a la huelga si a partir de mayo de 1886 no se alcanzaba esa reivindicación. El presidente Andrew Johnson promulgó la denominada Ley Ingersall que establecía la jornada de ocho horas.

La Noble Orden de los Caballeros del Trabajo (la principal organización de trabajadores en EEUU) remitió una circular a todas las organizaciones adheridas donde manifestaba que ningún trabajador adherido a esa central debía hacer huelga el 1 de mayo ya que no había dado ninguna orden al respecto. Este comunicado fue rechazado de plano por todos los trabajadores de EEUU y Canadá, quienes repudiaron a los dirigentes de la Noble Orden por traidores al movimiento obrero.

Al tiempo, tal como ocurre en la actualidad, la prensa, mayoritariamente, emprendió una campaña contra la huelga y la jornada de ocho horas. El New York Times afirmaba:
“Las huelgas para obligar al cumplimiento de las ocho horas pueden hacer mucho para paralizar nuestra industria, disminuir el comercio y frenar la renaciente prosperidad de nuestra nación, pero no lograrán su objetivo”.

El 1 de mayo de 1886, 200.000 trabajadores iniciaron la huelga, mientras que otros 200.000 obtenían esa conquista.

En Chicago las condiciones laborales eran mucho peores que en otras ciudades. Las movilizaciones siguieron los días 2 y 3 de mayo. El único centro que trabajaba era la fábrica de maquinaria agrícola McCormick que estaba en huelga desde el 16 de febrero porque querían descontar una parte del salario para la construcción de una iglesia.

La producción se mantenía a base de esquiroles. El día 2 la policía había disuelto violentamente una manifestación de más de 50.000 personas y el día 3 se celebraba una concentración en frente de sus puertas, cuando estaba en la tribuna el anarquista August Spies sonó la sirena de salida de un turno de rompehuelgas. Los concentrados se lanzaron sobre los esquiroles comenzando una pelea campal. La policía, sin aviso alguno, comenzó a disparar sobre la multitud. El resultado fueron seis muertos y varias decenas de heridos.

El 4 de mayo  se convoca una concentración de repulsa en Haymarket Square. Se consiguió un permiso del alcalde Harrison para realizar el acto a las siete y media de la tarde.

La revuelta de Haymarket

El acto se alargó y la policía decidió disolver por la fuerza a las 20.000 personas que seguían concentradas. Repentinamente, entre la policía estalló un artefacto que produjo la muerte de uno de ellos. A partir de ahí abrieron fuego sobre la multitud provocando un número indeterminado de muertos y heridos. Se declaró el estado de sitio y el toque de queda. Y cientos de obreros fueron detenidos, golpeados y torturados acusados de la muerte del policía. La prensa inició una campaña solicitando juicios sumarísimos.

El 21 de junio de 1886, se inició la causa contra 31 responsables, siendo luego reducido el número a ocho. Pese a que el juicio fue en todo momento una farsa y se realizó sin respetar norma procesal alguna, la prensa amarilla sostenía la culpabilidad de todos los acusados, y la necesidad de ahorcamientos. Aunque nada pudo probarse en su contra, los ocho de Chicago fueron declarados culpables, acusados de ser enemigos de la sociedad y el orden establecido. Tres de ellos fueron condenados a prisión y cinco a la horca.

La Historia ha determinado que su juicio estuvo motivado por razones políticas y no por razones jurídicas, es decir se juzgó su orientación política libertaria y su condición de obreros rebeldes.

Los vaivenes de España 

Entre el 14 y el 20 de junio de 1889 se celebraba en París el Congreso Internacional Obrero Socialista, al que acudió Pablo Iglesias en representación de los socialistas españoles. En aquella reunión se aprobó la resolución de celebrar una manifestación internacional el Primero de Mayo para reivindicar la jornada laboral de ocho horas. La fecha conmemoraba los trágicos sucesos de 1886 ocurridos en Chicago.

En España, aquella primera manifestación fue un rotundo éxito en Madrid, Barcelona y otras grandes ciudades. Lo socialistas, en su congreso nacional deciden repetir la celebración en años sucesivos. En 1891 el Gobierno conservador de Cánovas prohíbe las manifestaciones que no volverán a ser legales hasta 1902, bajo el ministerio de Alfonso González y Lozano. Desde ese año y hasta 1931, bajo el reinado de Alfonso XIII y la dictadura de Primo de Rivera, la legalización sufre vaivenes. Fue el 1 de mayo de de 1931, dos semanas después de proclamada la República cuando las calles de España se llenan de libertad. Luego, con el franquismo, volvería la oscuridad y la represión hasta que las manifestaciones del Primero de Mayo son legalizadas en 1978.

sábado, 16 de febrero de 2013

Lincoln, la película. El fin y los medios


“La causa más justa se ganó impulsando la corrupción política y con el consentimiento del hombre más puro que he conocido”. La frase la pronunciaba el radical Thaddeus Stevens, interpretado magistralmente por Tommy Lee Jones en la película Lincoln, de Steven Spielberg. “La causa más justa” era la aprobación de la XIII enmienda de la Constitución de los Estados Unidos, que suponía la abolición de la esclavitud poco antes de que finalizara la Guerra de Secesión. “El hombre más puro” es, evidentemente, Lincoln.

Hace ya días que vi Lincoln y todavía está horneándose en mi cabeza. La maquiavélica frase de Stevens, pronunciada con cierta retranca una vez que fue aprobada la enmienda, es resumen de lo que es la cinta. Esto es, la dura lucha política, el trabajo de fontanería, las corruptelas necesarias para alcanzar un fin tan noble y loable como la abolición de la esclavitud. Esto es volvemos al asunto de principios del siglo XVI: ¿El fin justifica los medios?

No es por tanto esta película un biopic sobre el presidente estadounidense, sino que se reduce al periodo de la aprobación de la enmienda sobre la abolición de la esclavitud, eso sí, con Lincoln como protagonista. Un Lincoln político por los cuatro costados: icono del noble arte de la política es capaz de bajar a la corruptela; populista, compasivo, meditabundo. Es este Lincoln un tipo que medita, que tiene paciencia porque el tiempo pone todo en su sitio, contador de anécdotas en los momentos más tensos, con fino sentido del humor pero también con accesos de ira.

Y también hay lugar para ver al Lincoln padre y esposo., con su humana vertiente de padre que no quiere que su hijo se aliste, fundamentalmente arrastrado por su esposa. Una primera dama que interviene mucho en política, quizá más de lo que en realidad fue, ya que, por ejemplo, su permanente presencia en los debates de la enmienda son impensables.

Vemos a un Lincoln que llega al abolicionismo porque es un simple hecho de justicia, ya que asegura no conocer al “pueblo” negro. Circunstancia que sí se daba en el mencionado Thaddeus Stevens, un hombre de origen humilde enfrentado siempre a la aristocracia y amante de su ama de llaves negra. Un visceral político que en un momento dado tiene que atemperar su desbordante energía para eso, para “hacer política”, que los grises existen. Pero su irrefrenable retórica hace que espete a su adversario político tras una pequeña bajada de pantalones: “Incluso un indigno y un mezquino como tú debería ser tratado con igualdad ante la ley”.

Y vemos a un Lincoln muy afectado por el río de sangre que supuso la guerra, visitando Petersburg después de la batalla en compañía del legendario general Grant, su cómplice brazo armado.

Es una película que se va creciendo. Densa al principio empieza a coger tono para acabar implicado cuando los congresistas entonan el Battle cry of freeedom. Un 1 de febrero de 1865 arrancó quizá la ley más importante del siglo XIX.

lunes, 20 de abril de 2009

Obama avanza

¿Os imagináis lo que habría pasado aquí si Zapatero vuelve de una cumbre en la que hubiera estrechado amistosamente la mano de Hugo Chavez o de Evo Morales. En la que su principal aliado hubiera sido Lula da Silva? La bandera norteamericana de los pantalones vaqueros comienza a no resultarme tan molesta.

Uno es de natural ateo, y aunque he visto con simpatía a Obama, nunca he sido un visceral obamista. No terminaba yo de creerme todos los cambios que anunciaba, casi revolucionarios, después de la liada por Bush. Ahora, sin poner la mano en el fuego, que mis fuentes de información son limitadas en estos asuntos, el breve periodo de tiempo transcurrido desde su elección como presidente hace que pueda pensar que realmente ha iniciado la senda de los cambios.

Evidentemente a estas alturas de la película, hay mucho de gestos; pero las formas, los gestos, son fundamentales. Obama ha sido la estrella de la Cumbre de las Américas desbancando a Hugo Chavez por primera vez desde que éste tomara el relevo de Fidel Castro.

Los preámbulos de esta histórica cumbre estuvieron llenos de algodón, comenzando por reinstaurar la relación con Cuba previa al negro mandato de Bush. Pero ya en otros asuntos, Obama ha venido apuntando maneras: final de Guantánamo; prohibición de torturas por parte de la CIA; anulación de todas las órdenes firmadas por Bush al margen de la ley; reducción del CO2, lucha contra el cambio climático; enfado y medidas contra grandes financieros que nos han llevado a esta crisis internacional; posibles cambios de estrategia en Afganistán e Irak… Menos se habla de la relación con el ultraderechista Gobierno de Israel, que se sigue saltando la ley internacional a su antojo en el constante y lento aplastamiento de Palestina.

En fin, que todo lo anterior, parece evidenciarse que fue un absoluto fracaso, un sinsentido imperialista comandado por Bush que contó con algunos aliados, como José María Aznar, quien parece no enterarse de nada y hoy ha pedido una reforma laboral, esto es, flexibilización del mercado laboral, para afrontar la crisis. Genio y figura.

Lo dicho, que lo mismo era verdad el "yes we can" (lo que nunca me quedará claro, que soy malpensante, es si fue antes el discurso y después la canción):


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