Blog de Alfonso Roldán Panadero

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En las fronteras hay vida y tuve la suerte de nacer en la frontera que une el verano y el otoño, un 22 de septiembre, casi 23 de un cercano 1965. En la infancia me planteé ser torero, bombero (no bombero torero), futbolista (porque implicaba hacer muchas carreras), cura (porque se dedicaban a vagar por la vida y no sabía lo de la castidad...) Luego, me planteé ser detective privado, pero en realidad lo que me gustaba era ser actor. Por todo ello, acabé haciéndome periodista. Y ahí ando, juntando palabras. Eso sí, perplejo por la evolución o involución de esta profesión. Alfonso Mauricio Roldán Panadero
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lunes, 11 de febrero de 2019

Manuel de la Rocha, un tipo con trayectoria, un tipo de fiar para Madrid

23-F 1981. GOLPE DE ESTADO DE TEJERO. “En el cercano pueblo de Fuenlabrada, la gente confluyó hacia la plaza. Allí, el alcalde, Manuel de la Rocha, se dirigió por megafonía a los vecinos anunciándoles el inicio de un acto. De la Rocha apareció en el balcón de la Casa Consistorial acompañado del comandante del puesto de la Guardia Civil y del jefe de la policía municipal y, después de comunicar que la democracia estaba en peligro y se pretendía burlar la Constitución, les preguntó en público por su postura. Ambos, el comandante y el jefe municipal, gritaron que estaban decididos a defender la Constitución. La gente aplaudió y al grito de ¡Viva la Democracia! se fueron a sus casas a seguir los acontecimientos por la radio”. Paca Sauquillo en Mirada de mujer.

Sí. Este párrafo corresponde al libro de Paca Sauquillo, a quien hace ya tres años entrevisté y me impactó, junto con la lectura del libro, sobre “cosas de su vida”, como reza en la dedicatoria del ejemplar que me regaló. Paquita es amiga y compañera en mil batallas del precandidato socialista a la Alcaldía de Madrid, Manuel de la Rocha. Y ahora no lo es menos como está evidenciando en declaraciones y actos.

Tras encontrarme con Manuel de la Rocha en el homenaje a los Abogados de Atocha en la plazuela de Antón Martín osé quedar con él para tomar un café y aceptó el envite. Al final tomé un té verde. Eso sí. 

Quienes me conocen saben de mi interés por las personas que estuvieron ahí, en la lucha antifranquista y en la Transición y a De la Rocha, aunque le pilló muy joven…, pues le pilló. Realmente yo le conocía desde hace bastante. Le recuerdo en un acto en Fuenlabrada cuando tomó el relevo del Consistorio Manuel Robles de manos de José Quintana, que en su día fue el alcalde socialista más votado de España en ciudades con más de 50.000 habitantes. Como es sabido, José Quintana y buena parte de su familia son muy, pero muy de baloncesto como recordaba hace ya nueve años…

También le recuerdo porque en aquellos tiempos en que trabajé en el sur de Madrid en diferentes medios, empezando por el Diario 16 de Juan Tomás de Salas, fue Manuel de la Rocha quien sacó del calabozo a un buen amigo y maquetador que decidió formar parte de no sé qué piquete en una huelga general en la época de Aznar. Lo bueno es que el “detenido” era de CCOO y Manuel de la Rocha era abogado de UGT. Bueno…, también esos momentos son ejemplo de unidad total por un objetivo común.

Fundación Alternativas, MPDL, Comisión de Ayuda al Refugiado…

Vale. También conozco a Manuel de la Rocha porque soy socio de la Fundación Alternativas, ese centro de estudio e investigación cuyo presidente del Consejo Asesor es Nicolás Sartorius, a quien siempre he admirado, con su seriedad y todo, y en el que Manuel de la Rocha fue fundador y secretario de su patronato.

Y es que Manuel de la Rocha es un culo inquieto más allá del sillín de su bicicleta, sobre la que se hace al año entre dos mil y tres mil kilómetros, con el Club Ciclista Peña Madrid, que, claro, preside. Esa hiperactividad le llevó hace treinta años a participar activamente en la fundación del Movimiento por la Paz el Desarme y la Liberación (MPDL), una Organización No Gubernamental de reconocido prestigio. Aunque puede sonar algo hippie, Manuel de la Rocha se autodefine “pacifista” y también por ello fue un asiduo a las marchas Anti OTAN, que él, miembro del PSOE fue de los de “OTAN de entrada no” de principio a fin.

De hecho, como recuerdo personal, tengo un valiente mitin de los socialistas anti OTAN en el cine Ideal (hoy multicines Ideal)… Bueno. Eso ya lo conté en Agitación y propaganda.

En este escenario pacifista, de derechos humanos y empatía con los más desfavorecidos, Manuel de la Rocha recibió el encargo de arreglar los problemas de la Comisión de Ayuda al Refugiado (CEAR), conformada por partidos políticos, sindicatos y asociaciones en defensa de los Derechos Humanos. Llegó allí para tres meses y estuvo cinco años poniendo orden.

1969: Cárcel y confinamiento

Pero más allá de las cosas de su vida que me podían sonar, están las que yo desconocía. Manuel de la Rocha me relataba, mientras yo daba sorbitos a mí té verde, aquellos años de estudios de Derecho. En tercero fue delegado y se introdujo en la redacción de la mítica publicación Cuadernos para el Diálogo, “donde convivía una mezcla maravillosa: demócrata-cristianos, socialistas, comunistas…” Y me explica “yo en esos días me sentía socialista pero no encontraba al PSOE por ningún lado”. Uno, que viene de donde viene, le pregunta que por qué no se metió al PCE y con su coherencia me responde “pues porque yo no me sentía comunista, me sentía socialista”

Luego vinieron los terribles días de 1969. El joven Manuel era amigo y compañero de clases y luchas de Enrique Ruano, asesinado por la policía el 20 de enero aquel año por repartir pasquines. De la Rocha, que cursaba quinto de Derecho, y que era conocidillo fue detenido la noche posterior del asesinato de Ruano en una asamblea: “me llevaron a la DGS junto a otros quince o veinte estudiantes y allí me sometieron a un intenso interrogatorio, aunque es cierto que no me torturaron”. 

En la calle, Franco decreta el estado de excepción y a Manuel de la Rocha lo envían a la cárcel de  Carabanchel, “hacía tanto frío en aquella celda que me salieron sabañones”, rememora. Y continúa, “luego, tras un motín de presos políticos nos aislaron en celdas porque hasta entonces las compartimos entre tres. Lo positivo de aquello -cuenta con cierta retranca- es que me dejaron en la que yo ocupaba y allí me quedé rodeado de los libros de un compañero que era un gran lector. Allí me aficioné a Borges, que era mi compañía”.

Un mes después sale de Carabanchel y lo confinan en Cartagena, porque allí vivían unos familiares y “nos preguntaban lugares en que tuviéramos familia”. Claro en ese tiempo e expulsado de la Universidad y, como estaba haciendo la mili como alférez a través de las milicias universitarias, pues le degradan a soldado y le toca repetir mili. Un año de confinamiento y otro de repetir mili… En febrero de 1970 consigue permiso para finalizar la carrera. Le examinaron personalidades como Joaquín Ruiz-Giménez o Mariano Aguilar Navarro.

Confiesa que sí, que tanto por tradición familiar como por vocación estudió Derecho, “lo que quizá no sea tan conocido es que estudié la carrera de Economía menos cuatro asignaturas porque ya no tenía tiempo para más”. Se casa en 1972, ejerce como abogado y profesor de Filosofía del Derecho, tiene cuatro hijos (esto último entiendo que más espaciado en el tiempo) y por fin encuentra al PSOE y a la UGT y el PSOE y la UGT le encuentran a él. Y se afilia vía Pablo Castellanos, Enrique Moral Sandoval, Enrique Gimbernat…, es decir grandes pensadores e intelectuales. Más tarde, ya en 1979, con Gómez Llorente, fundaría la corriente Izquierda Socialista.

Alcaldía de Fuenlabrada, consejero de Educación, CES

Debajo de la "S" de puestos. Manifa Kelvinator, El alto es de atrás es Quintana.
Fue precisamente en 1979 cuando es elegido alcalde de Fuenlabrada en las primeras elecciones municipales democráticas. La situación era dura y compleja. Dos años antes, el 15 de junio, fueron las primeras elecciones generales y los pueblos y ciudades mantenían las corporaciones franquistas. De la Rocha consigue la Alcaldía con ocho concejales del PSOE y forma gobierno junto al PCE (cuatro concejales) y el PTE (un concejal).

La experiencia fue inolvidable, “lo primero que hice fue poner en marcha una Casa de la Mujer, la primera de España. Antes incluso de construir aceras, asfaltar calles o lograr que las casas tuvieran agua corriente”. Fuenlabrada, una ciudad dormitorio que era un barrizal se fue convirtiendo en una ciudad para vivir. De la Rocha puso los pilares hasta 1983, luego siguieron su estela José Quintana, Manuel de la Rocha y ahora Javier Ayala. 

En 1983, el trabajo bien hecho hace que revalide la Alcaldía, pero es reclamado por Joaquín Leguina para ocupar la Consejería de Educación y Juventud, cargo que ostentará hasta 1985.  Posteriormente será diputado por Madrid en el Congreso de los Diputados (1993-1996), entre 2008-2011 y desde 2014).
Como diputado siempre mantuvo su coherencia, que algunos equiparan a ser de izquierdas, igual que en los diez años que estuvo representando a UGT en el Consejo Económico y Social.

Bernie Sanders en castizo

Como alcalde presentando el PGOU en un gimnasio en Fuenlabrada.
Se autodefine De la Rocha “como lector casi compulsivo. No sé si soy capaz de asimilarlo todo pero leo novela, ensayo… Ahora estoy profundizando en Kant. Kant es la autonomía del sujeto” y por supuesto conoce la obra de Roberto Rodríguez Aramayo.

Manuel de la Rocha es un tipo de moda como puede serlo Bernie Sanders en EEUU, lástima que el aparato del Partido Demócrata le pusiera la zancadilla y el resultado final haya sido Donald Trump. O como el Jeremy Corbyn del Partido Laborista británico. Personas comprometidas, con experiencia y valientes porque no tienen necesidad de hacerse un hueco. Algunas muy mayores, como la nueva presidenta del Congreso de EEUU, Nancy Pelosy, que a sus 78 años es la única persona que planta cara sin pudor a ese enemigo del mundo que es Donald Trump. Y es que en estos días estamos viendo como se cumple el refranero y “quien con niño se acuesta, meao se levanta”.

No es Manuel de la Rocha un verso libre. Es un tipo leal a su partido, con capacidad de hablar con otras fuerzas políticas. Cree que el PSOE debería haber formado parte del Gobierno municipal junto a Manuela Carmena, amiga suya aunque no de su gestión con Ahora Madrid. Cree que el Ayuntamiento de Madrid debería haber hablado más con el Gobierno de la Comunidad de Madrid del PP y apoyado por Ciudadanos. Cree que hay que ser activistas, y él se considera activista, pero también político, y eso significa dialogar, hablar, negociar, acordar en beneficio de toda la ciudadanía…

Recuerda Manuel de la Rocha que apoyó a Pedro Sánchez como secretario general del PSOE y defiende sus actuaciones como presidente del Gobierno, a pesar de que parece haber intereses en enfrentarles. Todo ello no obsta para que, igual que ha hecho recientemente con Pepu, pida a Pedro Sánchez que acuda el próximo 19 de febrero a su presentación de candidatura. Tampoco me parece una locura. Tampoco entiendo porque el presidente se mete tanto en un asunto  que debería ser fundamentalmente madrileño. Es una lástima que las primarias del PSOE, que sirven para debatir fraternalmente se hayan quedado en una especie de previa a un partido de baloncesto. Y hay cuatro candidaturas…


Yo, sin duda, con Manolo, que así le llaman por todas partes. Como explica el veterano periodista Miguel Ángel Aguilar, es un tipo de fiar.

Para saber más, que es que habla con todos los medios de comunicación, hasta con La vida desde el lago:




















sábado, 18 de febrero de 2017

El Monumental, la calle Atocha, nuestros abogados…

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Mi infancia son recuerdos del cine Monumental como fábrica de sueños. En aquella inmensa pantalla recuerdo el jazz de Los Aristogatos, los puñetazos de Le llamaban Trinidad, la testarudez y dignidad de El puente sobre el río Kwait. El Monumental, en la calle Atocha, espejo de la plazuela de Antón Martín, era también una especie de meeting point aquellos días en que los grises del franquismo tomaban el centro de Madrid. En días de miedo, mi padre, con un olfato excelente, iba a buscarme por las tardes al colegio, en Atocha 45 desde casa, en Atocha 96. Allí la policía pedía documentaciones y luego la vida seguía: pan con chocolate o bocadillo de chorizo; jugar a las chapas y pegar cromos de El porqué de las cosas;  hacer los deberes; cenar; el Telediario de “la normal” (que no La 1) y luego, desde la cama, el murmullo lejano de la Ser o Radio Nacional.

La escultura de El Abrazo, fotografiada por @frlorente.
El Monumental Cinema nació con la idea de ser cine y teatro. En Madrid, patio de butacas, narra Nieves González Torreblanca cómo el 2 de junio de 1935 se fundó el Frente Popular. En realidad allí empezó a nacer el Frente Popular gracias al PCE, que hizo su primera aparición pública tras los hechos de octubre de 1934. Aquel día, en el Monumental, hubo un acto que fue de “gran importancia política por el momento en que se celebraba y por las cuestiones en él planteadas, los trabajadores madrileños expresaron su adhesión a la política y a la conducta del Partido”. (Historia del PCE). Aquel día el Monumental fue testigo de uno de los principales discursos de José Díaz clamando por la unidad de todos los partidos de izquierdas contra el fascismo.

Leo también en el magnífico libro de Leonardo Cohen, (Madrid 1936-1939. Una guía de la capital en guerra) que durante la guerra civil se realizaron importantes mítines. En uno de las Juventudes Socialistas Unificadas, celebrado en el Monumental, el joven Santiago Carrillo llamó “milicianos de cabaret” a esos hombres ajenos a la disciplina militar que paseaban por la ciudad luciendo sus armas y que apenas aportaban nada a la defensa de la ciudad.

Lógicamente en mi infancia no sabía lo luchador que fue el Monumental. Un cine que vi transformarse en Teatro cuando llegué a la adolescencia. En él desembarcó aquel exitoso musical que finalizaba repartiendo dinero falso: El diluvio que viene. Llegó el 11 de marzo de 1977 y allí estuvo hasta 1980. Un tiempo clave en la historia de este país.

Tres meses antes del estreno de El diluvio que viene eran asesinados, en el ecuador geográfico entre mi colegio y el Monumental, los Abogados de Atocha en su despacho laboralista del número 55. Aquellos días los recuerdo con miedo en casa y electricidad en mi calle. En Atocha. Mi madre, que padeció lo indecible en la madrileña guerra civil y su postguerra, era el detector principal del miedo. Bajaba a la tienda de ultramarinos y compraba latas. Latas de leche condensada, latas de sardinas, tabletas de chocolate, botellas de aceite… “por si acaso, que yo sé lo que es pasar hambre”, decía. A mí padre se le cambiaba el gesto, le aparecían tics por la cara y parecía mantener charlas consigo mismo.

Aquella noche del 24 de enero el ruido de sirenas en la calle de Atocha no se apagaba nunca. Recuerdo levantarme de la cama y preguntar a mis padres, que estaban en el salón si sabían qué pasaba. Me dijeron que no. A la mañana siguiente fui al colegio, “porque había que ir”, dijo mi padre. Lo cierto es que faltaron muchos compañeros y no hubo clase normal. Recuerdo el gesto de algunos profesores como don Antonio Santos, que algún comentario valiente hizo. El día siguiente, el 26 de enero, jornada del entierro, no fui al colegio porque mi padre decretó luto y “no había que ir” en un ambiente de miedo y silencio desagradable. Recuerdo una calle Atocha deshabitada.

Después, pasando los días con mis ojos preadolescentes, en un lento desperezar fue volviendo el jolgorio a la calle Atocha. Siguieron las manifestaciones, los botes de humo, los grises, los miedos en casa con los consejos maternales desatendidos: “no os asoméis a ver si va a entrar una bala perdida”. Vi los tiros que metían señores de traje y la sangre de cabezas rotas en el portal de casa. Porque evidentemente yo me asomaba… y con medio cuerpo por fuera de la ventana, hasta que un día se nos llenó la vivienda de humo de un bote policial. Bronca en la calle y bronca en casa.

Y en aquella semana santa de El diluvio que viene recién estrenado, las banderas rojas y centenares de coches tocando el claxon. El Mundo Obrero entró en casa a las claras con formato tabloide y un montón de secciones y, aunque mi madre siguió teniendo momentos de latas de sardinas y leche condensada, todo fue diferente. Tras El diluvio que viene, en el Monumental creo yo que algo estrenó Nacha Guevara. Curiosamente no recuerdo qué. Sólo recuerdo unas piernas que me parecieron inacabables en unas medias de negras. Aún guardo el autógrafo…

El pasado miércoles acudí al Teatro Monumental. Comisiones Obreras organizó un emotivo acto de homenaje en el cuarenta aniversario de los asesinatos fascistas. Allí estaba Alejandro Ruiz-Huerta, el último superviviente del atentado; Joaquín Navarro, el sindicalista de CCOO por el que preguntaron los asesinos; Manuela Carmena, la hoy alcaldesa abogada laboralista de Atocha 55. Allí estaba Sartorius, el Patri, y tantos…, allí estaba la historia viva de las Comisiones Obreras y del PCE de entonces.  Un merecidamente homenajeado Juan Genovés, autor del cuadro El Abrazo y el conjunto escultórico que luce frente al Monumental.

Las emociones se mezclaron: mi padre conmigo de una mano y el DNI en la otra esperando órdenes de los grises, las latas de leche condensada del miedo de mi madre, las sirenas del 24 de enero… Por mi mente y mis ojos desfilaron la buena gente de siempre y también los “milicianos de cabaret”, que decía Carrillo, y que siguen paseando su repulsivo postureo. Volvieron a mi corazón y mis recuerdos El Diluvio que viene y la conquistada libertad con la cara piernas de Nacha Guevara. Una libertad que este país ganó a golpe de muerte, bote de humo y mucho miedo.

No. La Transición no fue un pacto de salón entre las élites. La calle Atocha es testigo de excepción.


SOBRE EL DISCURSO DE JOSÉ DÍAZ EN EL MONUMENTAL, PINCHA AQUÍ.



martes, 10 de mayo de 2016

La “Mirada de mujer” de Paca Sauquillo

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Tras un revuelo muy grande a cuento de la memoria histórica en la ciudad de Madrid, la alcaldesa, Manuela Carmena, decidió encargar a una compañera de luchas, a Paquita Sauquillo, coordinar una comisión que ponga orden en el callejero, estatuas y símbolos de la capital. Esto me ha llevado a leer un libro, Mirada de mujer, que publicó Sauquillo en el año 2000 (Ediciones B). Se trata de un relato de recuerdos con alma autobiográfica que, sin duda, deberá ampliar en unos años.


Mirada de mujer fue culminado en el momento más duro de la dura vida de Paquita Sauquillo. Dos años antes moría su hijo Javier y explica ese terrible dolor como una amputación: “Fue como si me amputaran un miembro que después sigue doliendo. No se supera nunca, tienes que saber vivir amputada y cada día es peor. Cuando muere un padre, o un hermano, el tiempo ayuda a encajar la desgracia; pero cuando muere un hijo es distinto, el tiempo es tu enemigo, te aleja de él, de sus recuerdos; y, como sabes que toda la vida va a ser igual, no quieres que pase el tiempo…”

Y cuando habla de la muerte de un padre o un hermano sabe lo que dice. Relata su relación con el luto precisamente porque su padre falleció cuando ella contaba 14 años. Durante tres vistió de luto en plena pubertad. El primer año, riguroso y los otros dos de “alivio luto”. Años después la muerte la visitó y la rondó en forma de asesinato fascista. Su hermano Francisco Javier Sauquillo, abogado, militante del PCE y de CCOO fue uno de los abogados de Atocha “ejecutado” (siguiendo la terminología del superviviente Alejandro Ruiz-Huerta) por una banda ultra la trágica noche del 24 de enero de 1977.

Madrid

Pero Mirada de mujer no es un libro triste. Es un libro motivador que relata los recuerdos de la autora en un tiempo excepcional de la historia en los que Madrid es el escenario fundamental. Más allá de las luchas, tras una breve estancia en Ceuta, viajamos del Madrid burgués de adolescencia en colegio de monjas al Madrid más obrero y mísero, pasando por una Universidad en ebullición.

Sauquillo se proclama madrileña y, con el conocimiento de la ciudad como fondo, relata un mundo lleno de cine censurado, de enloquecida especulación urbanística, de reuniones clandestinas, manifestaciones y miedos. Tiempos de lucha por conseguir la libertad, tiempos en los que los obreros empiezan a organizarse en las comisiones obreras y los vecinos en las comisiones vecinales.

Paquita Sauquillo un día montaba la primera asociación de vecinos de España en 1964 (aunque existe un pequeño debate con Baracaldo sobre quien fue antes); otro defendía a los obreros de Potasas en 1971 con Carlos Garaikoetxea defendiendo a la empresa y otro, defendiendo de la pena de muerte a miembros del FRAP en los últimos consejos de guerra del franquismo en 1975.

ORT

En aquellos años las siglas de los partidos antifranquistas florecían y Sauquillo fundó la maoísta ORT (Organización Revolucionaria de Trabajadores), un partido que con la llegada de las primeras elecciones generales democráticas aún fue ilegal. Fue en las primeras elecciones al Ayuntamiento de Madrid cuando se presentó como candidata a la alcaldía, pero no logró ninguna concejalía. A pesar de ello, Enrique Tierno Galván, el viejo prfesor, quiso contar con ella, que se negó porque la ciudadanía no la había elegido.

Con los años, unos miembros de la ORT fueron recalando en el PCE y otros en el PSOE. Sauquillo fue de estos últimos aunque tuvo que vivir las tensiones por mostrarse claramente en contra de la OTAN.

Se puede o no compartir las ideas de Paca Sauquillo, pero su Mirada de mujer es un relato elocuente de un periodo que hoy muchos ponen en entredicho. Un relato vivido en primera persona y compartido por un pueblo que fue el verdadero protagonista de eso que convenimos en llamar Transición.

Seguro que en breve os cuento alguna charla que pueda mantener con ella.


domingo, 24 de enero de 2016

De casa al cole..., los abogados de Atocha


Cuatro veces al día recorría el camino que separaba mi casa (Atocha, 96) de mi colegio (Atocha, 45). En esos días, no pasaba nada por ser pequeño y andar solo por la calle. Y si pasaba algo…, pues experiencia que te llevabas. Es cierto que a mediados de los setenta, excepcionalmente mí padre iba a buscarme. Aquellos días en que Atocha se llenaba de esa policía vestida de gris que a la altura del Teatro Monumental pedía la documentación a todo el mundo, a modo de actual ley Mordaza. Sabía de memoria todos los locales del recorrido, incluida la cafetería El Globo, donde los abogados laboralistas alternaban.
Lo que no supe hasta el 24 de enero de 1977 es que en mitad de mi recorrido, en Atocha 55, había un despacho de abogados laboralistas. A pesar de tener acostumbrado el oído a las sirenas policiales, aquella noche por el portal de casa el escándalo de ambulancias y policías era atronador. Me recuerdo preguntando a mis padres, en el salón… ¿Pero qué pasa hoy?


Este 24 de enero volvió a ser una mañana de sol invernal; una mañana de cementerio, claveles rojos, puños cerrados, Internacional, rabia contenida, memoria y recuerdo, pero también de futuro y lucha. El 24 de enero volvió a ser para mantener el eco de las voces de los abogados de Atocha, asesinados vilmente por el fascismo hace 39 años. Después de tanto tiempo hay que seguir peleando para que sindicalistas no ingresen en prisión por defender el derecho de huelga. Después de tanto tiempo la violencia extrema vive y viven aquellos por los que luchaban los abogados de Atocha: los desfavorecidos, los débiles, los refugiados, los parias de la Tierra…

Es por ello que los galardones que anualmente entrega la Fundación Abogados de Atocha han sido este año para ACNUR (Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados) y MSF (Médicos Sin Fronteras), dos organizaciones que viven sobre el terreno la injusticia, el miedo, el hambre, la enfermedad.

A las diez de la mañana, como cada 24 de enero, la plazuela de Antón Martín de Madrid se llenó de puños en alto. Esta plazuela, en mitad de la calle de Atocha, da cobijo a la escultura de El abrazo frente a donde estuvo el despacho de los abogados laboralistas de Atocha. Allí, una entrega floral y un sencillo homenaje con breves alocuciones de representantes de CCOO y del PCE, partido y sindicato en el que militaban los asesinados. Canto de La internacional, a capela, para después ir al cercano Auditorio Marcelino Camacho y asistir a la entrega de los galardones que organiza la Fundación Abogados de Atocha, presidida por Alejandro Ruiz-Huerta, superviviente de aquella trágica jornada.

Foto de @frlorente de homenaje en el cementerio. Todas las fotos, abajo.
Ruiz-Huerta, desde la base de la escultura que representa ese abrazo creado por Juan Genovés repitió el nombre de cada uno de los asesinados porque “si el eco de sus voces desaparece, pereceremos”, tal como escribió el poeta Paul Éluard. En ese sentido, Álvaro Aguilera, secretario general del PCM, consideró un “ejercicio de decencia democrática venir a recordar cada año”. Por su parte, Víctor Díaz Cardiel, que fue administrativo en el despacho y dirigente comunista proclamó que “sin memoria no hay democracia”.

En ese mismo lugar, el secretario general de CCOO de Madrid, Jaime Cedrún, calificó la jornada de “dolor pero también de esperanza” y quiso reconocer la labor de Izquierda Unida por haber oído las denuncias de Comisiones Obreras para que el cuadro de El abrazo abandonara los sótanos del Museo Reina Sofía y haya sido expuesto en el Congreso de los diputados. Destacó Cedrún, cómo cuarenta años después de los asesinatos, los abogados laboralistas de CCOO tienen que defender a sindicalistas encausados por defender el derecho a la huelga, como los de Airbus.

A este asunto se refirió también Cedrún durante la entrega de los galardones, “seguimos defendiendo a trabajadores que quieren meter en la cárcel con leyes demodráticas prostituidas”. Por ello, inisistió en que el nuevo Parlamento tiene que corregir el rumbo y eliminar el artículo 315.3 del Código Penal para que no se persiga el derecho de huelga como hace cuarenta años.

El acto de entrega de premios fue dirigido por Cristina Almeida, abogada y miembro de la Fundación Abogadas de Atocha, quien en la línea apuntada por Cedrún afirmó: nosotros damos los premios, pero el pueblo español merece ser premiado con un cambio de rumbo”.
Previamente, Raúl Cordero, vicepresidente de la Fundación Abogados de Atocha, destacó que la institución que representa “nunca habla en nombre de los muertos, sino que trabajamos por su memoria, lo que nos permite ser reconocidos”.

Sonia Gumpert, decana del Colegio de Abogados de Madrid, resaltó que este es “un acto de duelo pero también para recordar la deuda que tenemos para defender la libertad y la democracia”. Adelantó además que este año que ha comenzado se colocará una placa en el Colegio que recuerde a los Abogados de Atocha.

Victoria Ortega, presidenta electa del Consejo General de Abogacía, recordó que tras el asesinato “todos decidimos que su memoria no se borraría de nuestras conciencias” y así lo vienen cumpliendo.
Para Ignacio Fernández Toxo, secretario general de CCOO, “los asesinatos fueron la explicación visible de las dificultades de aquel momento” y el día después “se marcó el camino de la restauración democrática”. Toxo alabó la labor de las organizaciones galardonadas, contrapunto de quienes criminalizan a los refugiados que provienen de guerras provocadas por Occidente. Lo cual “es una vergüenza, con los Derechos Humanos no se puede mercadear”.

Organizaciones galardonadas

Acto en el repleto Auditorio Marcelino Camacho. Foto de @frlorente
Médicos Sin Fronteras es una organización médico-humanitaria internacional que asiste a poblaciones en situación precaria, así como a víctimas de catástrofes y de conflictos armados, sin discriminación por raza, religión o ideología política. El galardón lo recogió Raquel González quien criticó que “frente al sufrimiento extremo, Europa se blinda” .

ACNUR tiene como objetivo principal salvaguardar los derechos y el bienestar de los refugiados. Asimismo se esfuerza por garantizar que todos puedan ejercer el derecho a solicitar asilo y encontrar un refugio seguro en otro Estado, con la opción de regresar a sus hogares de forma voluntaria, de integrarse localmente o de establecerse en un tercer país. El galardón lo recogió Francisco Ortiz que aseguró ser abogado por el ejemplo de personas como los abogados de Atocha.

Para saber más: El blog de Javier López, aquí.



La internacional al acabar el acto de Atocha, aquí.

 

domingo, 25 de enero de 2015

Abogados de Atocha, María Servini y Juan Diego

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Conmemoración en la Plaza de Antón Martín.
Entre manifestaciones, carreras y cargas policiales transcurrían los días cuando yo contaba 11 años. Pero aquel 24 de enero de 1977, el lío fue terrible. Y nadie sabía qué estaba ocurriendo, qué ocurría. A la mañana siguiente las clases estaban casi vacías. Ese día, tal que hoy, fui porque “había que ir”, decía mi padre. Al día siguiente, el 26, no fui porque “estábamos de luto” decía mi padre. Diez números más abajo del cole, en el 55, por donde cada día pasaba cuatro veces, unos asesinos habían acribillado a cinco abogados laboralistas. Sus compañeros estaban tomando unas cañas en el bar de El Globo, por donde cada día yo pasaba cuatro veces.
Poco después entendí lo que allí había ocurrido. Y poco después, en aquel mes de mayo, o en el del año siguiente, acompañaba a mi padre en la manifestación del 1º de Mayo, cuando aún había Scalextric en la Glorieta de Atocha, una multitud gritaba, “¡Atocha hermanos, no os olvidamos!”

(Las fotos han sido realizadas por Fran Lorente @frlorente)

Ayer, como cada año, el frío congelaba el alma cuando nos reunimos en la madrileña plaza de Antón Martín, junto al Abrazo de Genovés, para recordar aquel asesinato fascista perpetrado pocos metros más allá, dirección plaza Mayor.

Ayer, tras disponer unas coronas de flores junto a la escultura, Francisco Naranjo, director de la Fundación Abogados de Atocha deCCOO de Madrid, nos recordó qué ocurrió allí treinta y ocho años atrás.

Después, Sonia Gumpert, decana del Colegio de Abogados de Madrid, explicó que hacía pocos días revivíamos el dolor y el temor con los asesinatos perpetrados en la revista satírica parisina Charlie Hebdo. Gumpert fue portavoz de la abogacía madrileña y su compromiso en defensa de la libertad y la convivencia. También Álvaro Aguilera, secretario general del PCE de Madrid destacó el símbolo de lucha por la libertad y contra el fascismo que supone la memoria de los abogados de Atocha. Alejandro Ruiz Huertas, superviviente de los asesinatos y presidente de la Fundación Abogados de Atocha recordó que el compromiso de los abogados de Atocha fue por la libertad y su eco exige una lucha cada vez más grande, en este tiempo de “sistema político bloqueado”, de “democracia defraudada”.

Por su parte, Jaime Cedrún, secretario de CCOO de Madrid, se refirió a esta conmemoración anual como “acto de recuerdo, memoria, amor, bondad…, porque recordamos a nuestros compañeros”. Cedrún también recordó a los “compañeros asesinados recientemente en París”. Recordó como el objetivo de los “heraldos” en Madrid fue matar la libertad y, ahora, en París, ha sido matar la libertad de expresión.

El actor Juan Diego.

Juan Diego, Concha Velasco y la jueza María Servini de Cubría


En este recién inaugurado 2015 se celebra el 10 aniversario de la puesta en marcha de la Fundación Abogados de Atocha, cuyo objetivo primordial es mantener viva la memoria de los abogados asesinados. Cada año, la Fundación hace entrega de un premio y un reconocimiento a personas o instituciones que trabajan por la libertad.

Este año, la Fundación ha querido reconocer la lucha que los actores y las actrices  llevaron a cabo en Madrid hace cuarenta años; una huelga de gran repercusión mediática al final del franquismo. Juan Diego y Concha Velasco, como precursores de aquella movilización, tres años antes, fueron los encargados de recoger el premio. El único problema fue un gripazo de la actriz, que la impidió acudir al Auditorio Marcelino Camacho de CCOO de Madrid. Juan Diego, emocionado, sí acudió y recordó cómo aquello “hizo tomar conciencia a una profesión que nunca tuvo conciencia”. 


La jueza María Servini de Cubría.
La otra premiada fue la jueza argentina María Servini de Cubría. La jueza fue conocida por investigar para la justicia el secuestro de bebés durante la dictadura argentina. Desde 2010 investiga la única causa abierta por crímenes del franquismo y el pasado mes de octubre ordenó la detención de 20 altos cargos del franquismo. La jueza, muy emocionada ante la gran aclamación que recibió en un auditorio abarrotado, envió un mensaje de paciencia: “Tengan paciencia porque cada medida que se hace es con sacrificio, pero se logrará”. 
Y aquí os dejo la Internacional, al final del acto junto al Abrazo de Genovés.




jueves, 18 de julio de 2013

Nicolas Sartorius, Cristina Almeida, el Proceso 1001, Abogados de Atocha

Sartorius: “En los enfrentamientos violentos siempre pierden los mismos”

El primer día del curso Pasado, presente y futuro democrático en España, organizado por la Fundación Abogados de Atocha y la Fundación Sindical Ateneo 1º de Mayo contó con otras dos personas que son historia viva de España, del movimiento obrero, de las Comisiones Obreras: Nicolás Sartorius y Cristina Almeida. Junto a Eduardo Saborido y Alejandro Ruiz Huerta formaron parte de una mesa redonda, que por su interés fue ampliada posteriormente como “Conferencia Extraordinaria” por la dirección de los Cursos de Verano de la Universidad Complutense de El Escorial.

La primera conferencia fue presentada por Manuela Temporelli, directora técnica de la Fundación Sindical Ateneo 1º de Mayo, quien insistió en que “los pueblos que no conocen su historia están condenados a repetirla”. La conferencia extraordinaria fue presentada por Francisco Naranjo, vicepresidente de la Fundación Abogados de Atocha, quien destacó el nexo común entre los encausados por el Proceso 1001 y las víctimas del atentado fascista contra el despacho laboralista de Atocha: “la lucha por la libertad”.

“Nos cogieron”. Con estas dos palabras comenzaba Nicolás Sartorius su relato sobre el Proceso 1001. Sartorius se considera un protagonista, a su pesar, de aquel momento histórico. Fue condenado a 23 años de cárcel, “una ruina” que se decía en el argot carcelario. En su opinión, el Proceso 1001 fue el símbolo más importante de la lucha del franquismo contra el movimiento obrero y “querían darnos un escarmiento”. De cualquier forma considera Sartorius que “la detención fue un golpe, pero tampoco desbarató nada”.

Contexto

Y en tan pocas como atinadas pinceladas explicó el contexto en el que los dirigentes de las clandestinas Comisiones Obreras se reunieron aquel 24 de junio de 1972. Eran conscientes de que se acercaba el fin de la Dictadura tanto por el deterioro físico de Franco; como por el agotamiento del sistema, tanto a nivel internacional como en el interior. Recordó Sartorius que en esas fechas estaban ocurriendo muchas cosas: en 1969 el príncipe es nombrado sucesor de Franco; en 1970 es el Proceso de Burgos, por el que el propio Sartorius es detenido por defender a gentes de ETA “aunque años después asesinaron a compañeros míos”, recordaba el abogado y periodista.

Era tiempo de mucho movimiento: se crea Jueces para la Democracia, se organizan las huelgas de Ferrol, de la construcción en Madrid, la dirección de UGT cambia con la llegada de Nicolás Redondo, el PSOE realiza su Congreso de Suresnes, el PCE realiza su VIII Congreso… Asimismo les hizo reflexionar el mayo francés, el otoño italiano y la movilización contra la guerra de Vietnam. Y también la Iglesia en España cambia con el nombramiento de Tarancón como responsable de la Conferencia Episcopal. Con humor, recordaba Sartorius que aun sin ser religioso “nunca he pisado tantas iglesias como en aquella época y al final..., nos detuvieron en un convento”.

Además, había que sumar las grietas que empezaba a padecer el franquismo entre los conocidos como “el bunquer” y los “aperturistas”. Y todo ello, como explicaba Nicolás Sartorius, enmarcado por una situación económica, lo más importante, con un 7 por ciento de crecimiento entre 1960 y 1972, año en que comienza la crisis del petróleo.

Rememoraba el ponente a Quevedo en una obra poco conocida, Marco Bruto, donde se afirma que “las dictaduras son tan malas, que cuando se endurecen, se despeñan y cuando se reblandecen, las despeñan”. En su opinión “nosotros despeñamos la dictadura”.

En este contexto es en el que la cabeza de CCOO se reunió clandestinamente para dos asuntos: repartir cien mil pesetas que se habían recaudado en Italia gracias a una exposición de arte organizada por la CGIL y discutir el documento Unidad del movimiento de masas, que constaba de once folios y veintitrés tesis. Un documento “muy curioso”, aseguraba Sartorius, del que destacó tres puntos: la liquidación de la dictadura franquista; el papel de los trabajadores; y la compleja transición a la democracia, con la importancia que tenía la unidad y la importancia de quien iba a jugar ese papel hegemónico. “Se avecinaba el futuro y había que tomar posiciones”, explicaba Sartorius.

Al igual que explicara Eduardo Saborido, según Nicolás Sartorius, había entre los líderes de CCOO cierta “obsesión por la necesidad de unidad”. Y explicaba que “aunque no vivimos la guerra ni la República, algo habíamos leído, habíamos visto muchas divisiones en ambos periodos y estaba claro que división era igual a derrota”.

El famoso documento también sentaba las bases de los que serían las Comisiones Obreras, con su elemento “sociopolítico, que espero que no se haya perdido”, en palabras de Sartorius; así como “algo que ahora está tan en boga como la democracia directa y la participación de las bases”. El otro gran pilar del sindicato y que aparecía en ese documento era el carácter autónomo e independiente de Comisiones Obreras. “Una unidad e independencia que ponía nerviosos a los partidos, incluido el PCE, que pensaba que queríamos sustituirle aunque mayoritariamente también éramos dirigente del partido”.

En este sentido recordaba Sartorius que querían acabar con la leninista “correa de transmisión”, una “batalla muy seria con consecuencias positivas muy serias, como que la crisis del PCE, años después,  no se llevó por delante al sindicato”. El documento fue muy criticado, y… “se hubiera discutido si la policía no hubiera llegado”.

Transición

En opinión de Nicolás Sartorius, de la democracia a la dictadura se pasa porque hubo una movilización enorme, sobre todo de Comisiones Obreras. La reflexión que se hacía sobre ese tránsito es que podía ser de cuatro formas diferentes: Continuidad; una dictablanda; la idea del presidente del Gobierno, Arias Navarro. Es decir, una salida turca , que diría el coronel San Martín, en la que se legalizara a partidos y sindicatos excepto el PCE y CCOO. En tercera opción, una democracia homologable a las europeas; y en última opción, una democracia europea, pero más avanzada en el terreno político y social, “que es la que queríamos, pero la relación de fuerzas, de lo que éramos unos artistas, lo impidió”.

Luego vinieron los Pactos de la Moncloa y la Constitución, “que es una conquista, no una Carta Otorgada”, afirmaba Sartorius, que además recordó que “Fraga y otros querían reformar los Principios Fundamentales del Movimiento”. Esto es, “el procedimiento fue una reforma pero el resultado fue una ruptura. No hubo venganzas”.

Ante las críticas que se realizan últimamente al periodo de la Transición, Sartorius considera que fue “valiosa, inteligente, valiosa. Se llegó a donde se quería llegar. Se evitó el enfrentamiento violento, porque en los enfrentamientos violentos siempre pierden los mismos. Las armas las tienen ellos”.

Y concluyó: “Trajimos la democracia, que es una planta delicada que hay que cuidar porque si no un día te la vacían, que es lo que puede estar pasando ahora. Hay que mejorar esta democracia. Si no hay ética, las instituciones y la Democracia, sufren; y la corrupción es un cáncer para la democracia”.

Almeida:
“Luchar por la democracia hizo crear la democracia”


Cristina Almeida, abogada que fue en el Proceso 1001 y acusadora de los asesinos de los abogados de Atocha realizó una intervención trufada de anécdotas, sentimiento, vivencias y, como ya dijo Eduardo Saborido, “humor trágico”.

Siguiendo el hilo del título del curso: Pasado, presente y futuro democrático en España, Almeida aseguró sentirse una luchadora por la democracia en el pasado, en el presente y en el futuro. Y en esta lucha alabó la “alianza entre el mundo del trabajo y el de la cultura”. Aseguraba Cristina Almeida que en aquellos años finales del franquismo, “luchar por la democracia hizo crear la democracia”.

Rememoró aquel domingo en que estaba en su casa y a través del teléfono se enteró de la detención de la cabeza de CCOO: “lo primero que hice fue ponerme a llorar porque sabía que Saborido tenía pendientes seis años de cárcel”. Para ella, aquella detención también fue un golpe a la dictadura porque la solidaridad con los diez de Carabanchel se extendió por todo el mundo”.

Una solidaridad internacional que también hizo que se unieran en torno a los detenidos las fuerzas de la oposición franquista, por lo que hubo abogados de, prácticamente todas las tendencias políticas opositoras al Régimen.

En sus intervenciones relacionadas con el Proceso 1001, Cristina Almeida destacó la enorme tensión vivida en el juicio durante los tres días que se prolongó como consecuencia del asesinato cometido por ETA contra el presidente del Gobierno Carrero Blanco. Había una multitud esperando poder entrar en el juicio, pero a las nueve y media saltó la noticia del atentado y todo el mundo se disolvió, al tiempo que los fascistas llenaron la calle y las puertas del Tribunal.

Respecto al atentado contra los abogados de Atocha, donde Almeida actuó como acusadora, la abogada tenía claro que los fascistas querían que interviniera el ejército y jugaban constantemente a la provocación. Por eso, destacó la actitud del PCE, que aseguró, con cinco mil militantes, la seguridad en la calle el día del entierro. Esta actitud facilitó la legalización del Partido Comunista tres meses después.

No obvió tampoco el dato sobrecogedor de que entre 1976 y 1979 hubo doscientas personas muertas en las calles, por lo que la Transición tampoco fue tan tranquila, se luchó y se murió.

En este sentido, Almeida lamentó de que en la actualidad se esté olvidando la historia y de que “no se conoce la represión”.