Blog de Alfonso Roldán Panadero

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En las fronteras hay vida y tuve la suerte de nacer en la frontera que une el verano y el otoño, un 22 de septiembre, casi 23 de un cercano 1965. En la infancia me planteé ser torero, bombero (no bombero torero), futbolista (porque implicaba hacer muchas carreras), cura (porque se dedicaban a vagar por la vida y no sabía lo de la castidad...) Luego, me planteé ser detective privado, pero en realidad lo que me gustaba era ser actor. Por todo ello, acabé haciéndome periodista. Y ahí ando, juntando palabras. Eso sí, perplejo por la evolución o involución de esta profesión. Alfonso Mauricio Roldán Panadero
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jueves, 16 de mayo de 2013

Andrés Lima, director de ¡Ay Carmela!

Andrés Lima en una imagen de FRAN LORENTE.

Ha recibido veinte premios Max, cuatro de ellos como director. Mientras triunfa su ¡Ay Carmela! prepara una zarzuela barroca, una oda al deseo y al placer que programará el Teatro de la Zarzuela a partir del 17 de mayo y en los ensayos le abordo. Anima a ver ¡Ay Carmela! a las personas que han vivido la guerra porque, aunque puede impresionar, hay algo catártico que te renueva: “Lloras, haces el duelo; te ríes, pero es muy emocionante y positiva. No es una tragedia desesperada porque tiene cierto halo de esperanza…”


P. Hay voces que critican una saturación del tema de la guerra civil… ¿Piensas que la Guerra Civil ya aburre?
R. Tampoco he oído yo muchas críticas… Creo que es necesario abordar este asunto porque la memoria es algo importante como ejercicio habitual, hayas tenido guerra o no. España tiene una herida que es no haber enterrado bien a sus muertos, tanto de un bando como de otro. Esas heridas tienen que cerrarse para poder tener un espacio donde se dialogue, donde no se pelee.

P. En el principio de la función, en la presentación, se asegura que es “la historia de una mujer”, la historia de una artista, no de una miliciana heroica, que al final no se doblega. ¿Son las mujeres más valientes? ¿Es una historia feminista?
R. En parte sí, aunque no creo que las mujeres sean más valientes. Sí es cierto que el papel de la mujer en la guerra y en la República no ha sido suficientemente reconocido. ¡Ay Carmela! tiene diferentes planos. Uno es el de esa mujer que es una superviviente, una cómica de la legua que tiene un acto de rebeldía y actúa por puro sentido común, por puro sentido de la justicia y de la compasión con gente que están torturando. Pero evidentemente Carmela representa a otra mujer, que es la República, una República que acabó asesinada a tiros. Es una obra en la que el plano personal se mezcla con el histórico, con el político, con el simbólico y con el fantasma de algo que todavía sigue ahí, que son nuestros muertos por la guerra.

P. ¡Ay Carmela! no es un musical al uso. No es una franquicia de Broadway. Hay cuatro músicos, tres protagonistas y uno de ellos ni canta… A veces la función es una tragicomedia con aroma de cabaret. ¿Cómo definirías la obra?


R. En mi opinión es una tragicomedia musical. El musical, la comedia musical es algo que se ha ido perdiendo y era algo que llegaba muy bien al espectador medio. La comedia musical, a diferencia de la ópera o las grandes zarzuelas, sólo requiere de un elenco y una orquestilla para poder musicar una serie de historias. De ahí nacerá Hollywood, y del music hall nace el género chico en España. Todo ello está en ¡Ay Carmela! Hay canciones que se cantaban en cuplés, que se cantaban en prostíbulos, que se cantaban en revistas, en music halls… Pero también ha temas musicales más serios, aunque con un aire de bar y garito que ha tenido siempre España y que ha ido desapareciendo con el tiempo.
 
P. Viendo ¡Ay Carmela! podemos concluir que la copla fue robada por los franquistas…
R. El franquismo se quedó con todo, y lo que no se quedó lo tiró a la basura, como la Institución Libre de Enseñanza, la educación laica y, en general, todo lo que era del pueblo. Es cierto que la copla y la zarzuela pasaron a ser considerado algo franquista como símbolo. Había una copla con cánticos a la Virgen, pero también había otro tipo de copla y otras variedades. Franco no era tonto, y los franquistas sabían que la conexión con el pueblo es muy importante. Concha Piquer, Celia Gamez y toda esta gente conectó muy bien, y sirvió de desahogo a una generación entera de la postguerra que, por otro lado, llenaba los cabarets. Se acabó ese punto de picardía erótica y, por otra parte de rebeldía. A Madrid venían artistas de París, Viena, Estados Unidos…, incluida la propia Josephine Baker. Todo eso acabó con el franquismo y sobre todo el con el nacionalcatolicismo, que pienso es lo que más daño ha hecho a la cultura y la libertad.

P. El espectador es parte activa del espectáculo y se forman buenos jaleos en el patio de butacas. ¿No temes que en una de estas salga el público a la calle a proclamar la República?
R. (Entre risas) No. Miedo no me da. El arte es catártico. Sería del género imbécil provocar una guerra viendo los desastres de una guerra. Yo propongo el rechazo total a cualquier tipo de violencia. Creo que la izquierda siempre se ha caracterizado por dialogar. Otra cosa es emocionar y esa emoción lleva a que muchos días, durante la función, hay gritos de ¡Viva la República!

P. El público es muy variopinto en edades…
R. Estamos en un buen momento para hablar de la República. Últimamente estamos muy sensibilizados porque la monarquía está bajo cero, con muy mala imagen. Por lo visto hubo un tiempo en que la monarquía era un pasaporte diplomático; ahora es un desastre. La obra, al ser un musical gusta a las personas mayores por el recuerdo, y a la gente más joven por ser un teatro documental que emociona con canciones que no son añejas ni anticuadas. Además, Inma Cuesta y Javier Gutiérrez no sólo actúan y cantan bien. Son dos cómicos y actores dramáticos extraordinarios que tienen una tremenda conexión con la gente joven. Son artistas modernos que llegan de una manera muy actual.

El teatro vive

P. En la obra se evidencia que hasta en tiempo de guerra se puede ir al teatro. ¿Se puede ir ahora, con la crisis y con la subida del IVA en las entradas?
R. Parece increíble, pero los tiempos de crisis nunca han sido malos para el teatro. En las Memorias de Harpo Marx, se cuenta cómo triunfaron los Hermanos Marx a través de la crisis del 29. Ahora. En la crisis que vivimos ha habido un hachazo bestial con la subida del IVA. Por mucho que se llenen los teatros es imposible sacar un mínimo rendimiento. Si el teatro no se llena a diario, comienza a ser deficitario. Es asunto es muy grave. Si esto no cambia, el año que viene tendrá que cerrar el 80 por ciento de los cines y el 50 por ciento de los teatros. Pero el teatro es invencible, es algo vivo; es un lugar de encuentro en momentos de crisis; de soledad; es un acto social; es un lugar en el que la ciudad se encuentra con el ciudadano y en estos momentos de individualismo atroz y de agresión es muy reconfortante.

El director del musical ¡Ay Carmela! foto de FRAN LORENTE.
P. Y en medio de este panorama, ¿cómo ves las nuevas fórmulas del tipo Microteatro por dinero?
R. Todo es bueno. El micro está planteando otra forma de ir al teatro. Es
un teatro mucho más informal. En mi opinión, cualquier cosa que se aporte al teatro quiere decir que goza de buena salud.


“El franquismo se quedó con todo y lo que no se quedó lo tiró a la basura”


“El papel de la mujer en la guerra y en la República no ha sido suficientemente reconocido”

IVA: “El año que viene tendrá que cerrar el 80 por ciento de los cines y el 50 por ciento de los teatros”

viernes, 4 de noviembre de 2011

La voz dormida / Dignidad de mujeres, posguerra, clandestinidad y amor verdadero

Pienso que hay que ver la última película de Benito Zambrano, basada en la impresionante novela, del mismo título, de Dulce Chacón. Hay que verla para no olvidar quienes fueron los malos, quienes empezaron la guerra, quienes humillaron brutalmente a los vencidos. En este caso, a las vencidas. La historia desborda sentimientos y emociones cabalgando entre el odio y el amor. Los odios y los amores.

Recuerdo que la lectura de la novela de Dulce Chacón en algún momento se me hacía tan trágica, tan emotiva, tan asfixiante que tenía que parar. Y tenía que parar porque aquello que tenía negro sobre blanco no era producto de la imaginación. Aquellas descripciones eran de algo real.

La barbarie que infligió el franquismo vencedor queda meridianamente claro en la novela y en la magnífica película firmada por Benito Zambrano. La historia, al fin, es de mujeres. Mujeres perdedoras por republicanas y por mujeres. Mujeres que se aferran a la dignidad, que “la guerra se perdió pero no la dignidad”, y entre las que la complicidad de género es el mejor salvavidas.

Y en medio de la tragedia, el amor, ese amor incontrolable, inevitable, que se convierte en heróico. Es el amor clandestino que se crece en la ausencia y la espera. Amor que no puede ser fusilado, ni encarcelado. Y el amor de madre y entre hermanas. Amor ejemplo de valentía, coraje, dignidad. Y camaradería auténtica, camaradería indispensable para sobrevivir.

La novela, lógicamente, se detiene en la descripción de muchos más personajes que los principales y recorre ese Madrid frío, gris, acobardado, triste de la posguerra. La película centra su foco en la historia de Pepita (interpretada magistralmente por María León) y su hermana Hortensia (Inma Cuesta), que está embarazada y en la prisión de Ventas. Ésta es juzgada en una caricatura de juicio y condenada a muerte. La condena no se llevará a cabo hasta que dé a luz. Pepita intenta por todos los medios evitar la muerte de su hermana y ella se considera mujer de poca acción y cobardica termina demostrándose su valentía, su fuerza.

La figura de los hombres, Paulino (el novio de Pepita, interpretado por Marc Clotet) y de Felipe (el marido de Hortensia, interpretado por Daniel Holguín), se encuentra en un segundo plano. Su lucha guerrillera nos termina pareciendo menos dura que la que viven las mujeres en la prisión y en las calles. Felipe lo dirá, “Hortensia es mucho más valiente que yo”.




EL DOMINGO, 6 DE NOVIEMBRE, A LAS 10,30 SE PROYECTA EN EL AUDITORIO MARCELINO CAMACHO (CALLE LOPE DE VEGA, 40 DE MADRID. ENTRADA LIBRE HASTA COMPLETAR AFORO) CON PRESENCIA DEL DIRECTOR Y MIEMBROS DEL REPARTO.

Director: Benito Zambrano.
Guión: Benito Zambrano, Ignacio del Moral. Basada en la novela de Dulce Chacón.
Reparto: Inma Cuesta, María León, Marc Clotet, Daniel Holguín.
País: España.