Blog de Alfonso Roldán Panadero

Autorretrato
Mi foto
En las fronteras hay vida y tuve la suerte de nacer en la frontera que une el verano y el otoño, un 22 de septiembre, casi 23 de un cercano 1965. En la infancia me planteé ser torero, bombero (no bombero torero), futbolista (porque implicaba hacer muchas carreras), cura (porque se dedicaban a vagar por la vida y no sabía lo de la castidad...) Luego, me planteé ser detective privado, pero en realidad lo que me gustaba era ser actor. Por todo ello, acabé haciéndome periodista. Y ahí ando, juntando palabras. Eso sí, perplejo por la evolución o involución de esta profesión. Alfonso Mauricio Roldán Panadero
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miércoles, 6 de junio de 2012

Vallas asesinas en el monte


Desde que el ser humano levantó la primera valla, desde que inventó la propiedad privada, surgieron los conflictos, luego las religiones también hicieron lo suyo…Una estremecedora fotografía de Fran Lorente. 




El hombre es capaz de ser lobo para el hombre, pero, además, asesino para el resto de los seres vivos. 

Asesino del planeta. Cuando un asesino de seres vivos mata un elefante, lo hace por sadismo y otros problemas psicológicos (elevar su autoestima, considerarse superior…) Cazar elefantes es inmoral y, a veces legal.

Poner vallas al campo puede ser legal, a veces inmoral, y se puede convertir en un atentado ecológico.


Madrid se ha convertido en una gran trampa, gracias a sus gobernantes, para personas y animales. La imagen es prueba de ello. La foto de Fran Lorente ha sido realizada en el Cerro de la Cabeza, en el Paraje de los Cervunales (Pol.12), en uno de esos trocitos de Madrid en que se puede respirar un poco, que el viento, sí atraviesa los cercados.

sábado, 9 de abril de 2011

No es La guerra de las galaxias, es el aire de Madrid


Como el fotolog no marcha en estos momentos, lo pongo aquí todo.

La señora de la foto es una señora, no un protagonista de La guerra de las Galaxias. Estaba cruzando la esquina de la Carrera de San Jerónimo de Madrid, a escasos metros del Congreso de los Diputados, también cerca del despacho del alcalde Gallardón (por cierto le he visto hace un ratín, en la tele, en una manifa con banderas de Falange), y no lejos del de Esperanza Aguirre.

La foto fue realizada en medio de la contaminación y el aire africano que nos envuelve. Las medidas de ayuntamiento y Gobierno regional, las de siempre: recomendar que no hagamos deporte al aire libre y que usemos transporte público.

La ciudadanía, mientras tanto, asfixiándose, que quien no tenía asma ahora tiene asma. No es el caso de la señora de la foto, pero, los que no se forraron con las mascarillas del bluff Gripe A, han encontrado una salida con la contaminación.

Y aprovecho el aire africano madrileño para poneros este video de la amiga Cristina del Valle, sobre el pecado de ser africanos en Madrid.



jueves, 25 de junio de 2009

Reducir, reciclar y reutilizar. R que r

Los fines de semana eran las jornadas favoritas para la recolecta. A todos los periódicos viejos de casa, sumábamos los de los vecinos que pacientemente abrían la puerta y escuchaban el breve pero intenso sermón: "¡Hola! ¿Tiene algo de papel viejo, por favor?" El sermón, a veces se adornaba con "… es para el viaje de fin de curso", aunque con nueve o diez años no hubiera viajes de fin de curso; o "… es para la parroquia", aunque no supiéramos ni donde estaba la Iglesia más cercana". Los cartones eran auténticos tesoros.


El chatarrero del barrio pesaba los periódicos y los cartones en una báscula decimonónica, le restaba unos gramos y nos daba algunas monedas que nos venían de perlas. A lo tonto nos convertíamos en auténticos batallones de limpieza, indudablemente más efectivos que Wall-e.


En el patio interior de las casas amontonábamos los cascos de vidrio de las cervezas, del vino, del sifón, de las gaseosas o de la leche. Nuestras madres nos mandaban a hacer los recados con los cascos en una bolsa de tela, siempre la misma bolsa de tela con espantosas rayas. Romper un casco era una tragedia porque había que pagarlo. En ninguna tienda, en ninguna bodega, en ningún sitio regalaban bolsas de plástico.


Los coches de juguete se movían a propulsión manual, alcanzando los automóviles velocidades supersónicas. También había coches de cuerda, que más que el coche, lo divertido era el "rac-rac" del sonido de la cuerda. La ropa de un hermano pasaba a otro, o al primo, o al vecino, hasta que se convertía en trapos para limpiar la casa.


Esto era normal en Madrid, capital de España, hace tres décadas. El sentido común nos hacía reducir, reciclar y reutilizar los residuos. Ahora todos queremos ser modernísimos: políticos de izquierdas y derechas, cocineros de altos vuelos, ricos, pobres… Y por ello, las bolsas de plástico, las bandejas de plástico, las latas, los tetra paks nos invaden cada día. Y cada día nos cargamos un poco más este planeta. ¿Qué tal si revisamos el concepto moderno?


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