Blog de Alfonso Roldán Panadero

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En las fronteras hay vida y tuve la suerte de nacer en la frontera que une el verano y el otoño, un 22 de septiembre, casi 23 de un cercano 1965. En la infancia me planteé ser torero, bombero (no bombero torero), futbolista (porque implicaba hacer muchas carreras), cura (porque se dedicaban a vagar por la vida y no sabía lo de la castidad...) Luego, me planteé ser detective privado, pero en realidad lo que me gustaba era ser actor. Por todo ello, acabé haciéndome periodista. Y ahí ando, juntando palabras. Eso sí, perplejo por la evolución o involución de esta profesión. Alfonso Mauricio Roldán Panadero
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martes, 30 de marzo de 2010

Mucho cine

Los protagonistas de la primera película de la historia eran obreros. Un mes de marzo de hace 115 años los hermanos Lumiere presentaban en París a un grupo de empresarios una peliculita, la primera de la historia, titulada Salida de los obreros de una fábrica. El tema: obreros saliendo de una fábrica, pero ¡moviéndose a 16 imágenes por segundo!

Bueno eso dicen todos los manuales. La peli la puedes ver aquí, pero yo, prácticamente, lo único que veo son mujeres. Tras la mencionada proyección, uno de los empresarios preguntó que cómo se podía explotar comercialmente el invento. Los Lumiere dijeron que eso no tenía futuro, que era sólo un proyecto científico. Pocos años después tuvieron que tragarse esas palabras. ¡En qué estarían pensando estos científicos!

De la misma época es también Llegada del tren a la ciudad que puedes ver pinchando aquí. Las pelis eran documentalitos inocentes. Hasta lo más bélico da gusto verlo, por ejemplo en esta cinta de 1896, una auténtica batalla…, pero de bolas de nieve.

Desde entonces, el cine influye en nuestras vidas de la misma manera que la vida influye en el cine. Nuestros oídos se abrieron con las sintonías de Disney, los que tenemos una edad, con esas versiones latinas de Peter Pan, Libro de la Selva, Aristogatos…, luego las del oeste con John Wayne, las bélicas y sus mil versiones de las Segunda Guerra Mundial las de romanos, los musicales…

Sin darnos cuenta fumábamos como Humphrey Bogart en Casablanca (cuántos cigarros se encendía en una sola escena); bailábamos como Fred Astaiere; envidiábamos a esa mujer activa y bella que Catherine Hepburn; decíamos adiós sin mirar atrás como la sofisticada Liza Minelli en Cabaret; nos enamoramos de Marilynes rubias de bote y Paul Newmans con camisetas de tirantes…

La crisis económica, paradójicamente, está llenando las salas. Dos horas de ocio compartido en sala oscura, con la imaginación volando, viviendo aventuras, sufrimientos, alegrías. Con palomitas o sin palomitas.

La primera película de la historia estaba protagonizada por obreros y la primera película de la historia de España, como no podía ser de otra manera, fue Salida de la misa de doce de la Iglesia del Pilar de Zaragoza, rodada por Eduardo Jimeno Correas. Es decir, el cine es reflejo, quizá espejo valleinclanesco, de la sociedad.
El cine puede divertir y puede hacernos pensar.

Desde hace ya ocho años Comisiones Obreras de Madrid organiza la Muestra de Cine y Trabajo. Este año entre el 21 y el 25 de abril, para acercarnos a la realidad laboral mundial en el entorno del 1º de mayo. Un cine denuncia imprescindible, reflejo de la realidad. Como con los Lumiere, los obreros siguen siendo protagonistas de la gran pantalla.

Y, claro, en esta entrada no podía faltar el Aute con este video:


jueves, 7 de enero de 2010

La vida es un cabaret

Con este tiempo que hace por Madrid me he pasado por el apartamento en París (sí, este de aquí) y me he encontrado con una maravillosa entrada, en parte sugerida hace pocas semanas. Una entrada encabezada por un magnífico retrato de Sally, o sea, el personaje interpretado por Liza Minnelli en Cabaret. Que yo tardé años, creo que no lo he logrado totalmente, en lograr desencasillar a Liza Minnelli del personaje. Y luego una foto que me evoca directamente a la primera vez que vi la peli, en un cine de barrio (que no era mi barrio). En el Canciller, creo recordar, programa doble del sábado. Donde podías ver películas para mayores de 18 años aunque no los tuvieras. Yo creo que, si la peli es del 72, debió ser una reposición veraniega, pero esa es otra historia.

Cabaret es la mejor película musical de la historia, entre otras cosas, porque yo creo que me quedé adolescentemente prendado de Liza Minnelli, o de Sally. No lo sé. Me impactó el cabaret berlinés con su humo y sus personajes. Las mujeres de la banda. Me impactó el jersey azul de Bryan Roberts, que interpretaba el personaje de Michael York, de tal modo, que siempre he buscado jersey de ese tono y diseño (esto se puede documentar con la foto de mi perfil). Me impactaron las uñas verdes de mujer "sofisticada" de Sally, o de Lizza. No lo sé. Y tanto me impactó la despedida en la estación de ella, levantando la mano, sin mirar atrás, que acostumbro a despedirme de esta manera en muchas ocasiones. ¡Caray!, de estas cosas-manía me estoy dando cuenta ahora.

En aquel primer visionado creo que me quedé con esos detalles, pero fundamentalmente con las actuaciones musicales del cabaret y en particular con las ligas de Liza, o de Sally. No sé.

Luego volví a verla y descubrí una de las más impactantes escenas musicales que yo recuerde. Es el momento en que el joven aprendiz de nazi, un lobo con piel de cordero entona el Tomorrow belongs to me. Una preciosa canción, más allá de su repugnante significado, que hace que, en poco más de tres minutos, concluyamos cómo triunfó la visceralidad del mensaje del nacionalsocialismo. Todos, absolutamente todos y todas van uniéndose a la marcha, excepto un viejo de gafas redondas y el propio protagonista Michael York y Maximilian, el bisexual amigo de éste y de Sally, o Liza. No sé. Esta escena estuvo censurada en Alemania durante la década de los setenta, por cierto. Puedes recordarla pinchando aquí. Que merece la pena.

Y como podríamos plantear hoy mismo, la vida que es el cabaret nos presenta dos mundos paralelos: el propio cabaret y la realidad que se vive en la calle con el avance del nazismo. Esa misma sensación, similar mejor, me la encontré en Los rebeldes del swing (Swing kids), una peli del año 93 que a mí me encanta y narra una de esas historias bastante desconocidas: la represión que padecieron los jóvenes amantes del swing en la Alemania nazi, llegando a llenar un par de campos de concentración. El trailer lo ves aquí.

En fin, Cabaret es una de las pelis más completas tanto por sus números musicales, como por cómo narra la historia de amor que narra en aquel oscuro y desasosegante momento histórico ("si todos los judíos son banqueros, ¿cómo pueden ser también comunistas?") Os pongo, al igual que he visto en el Apartamento en París la tremenda y emotiva interpretación final de Cabaret, que sigue poniendo los pelos de punta. La vida es un cabaret, ven al cabaret:




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