Blog de Alfonso Roldán Panadero

Autorretrato
Mi foto
En las fronteras hay vida y tuve la suerte de nacer en la frontera que une el verano y el otoño, un 22 de septiembre, casi 23 de un cercano 1965. En la infancia me planteé ser torero, bombero (no bombero torero), futbolista (porque implicaba hacer muchas carreras), cura (porque se dedicaban a vagar por la vida y no sabía lo de la castidad...) Luego, me planteé ser detective privado, pero en realidad lo que me gustaba era ser actor. Por todo ello, acabé haciéndome periodista. Y ahí ando, juntando palabras. Eso sí, perplejo por la evolución o involución de esta profesión. Alfonso Mauricio Roldán Panadero
Mostrando entradas con la etiqueta guerra fría. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta guerra fría. Mostrar todas las entradas

domingo, 11 de noviembre de 2018

"Cold War"; un amor loco, no imposible

Cold War me ha traído de vuelta a esta vida desde el lago después de disfrutar del dolor, la estética y la locura que transmite esta película, y que en España ya hemos visto 170.000 personas. En EEUU, no la estrenan hasta diciembre, por si hay algún estadounidense que se la quiere llevar vista.


No ha sido a propósito escribir porque hoy sea esa extraña conmemoración del centenario de la independencia de Polonia, país de origen de nuestros personajes principales: Zula (Joanne Kulig) y Wiktor (Tomasz Kot). Polonia es un país que ha sufrido muchas invasiones y guerras, lo que seguro ha servido para que exista una importante tradición musical patriótica (dejemos palabras que asustan, como nacionalismo) y, quizá, también por ello, romanticismo musical con Chopin como máximo exponente, como escuchamos en la propia película.

Un romanticismo que nos emociona, que nos revuelve los sentimientos. 

Un romanticismo musical que en Cold War está abanderado por el tema Dwa Seoduszka, czetery oczy (dos corazones, cuatro ojos). Un tema versionado en la propia cinta en varias ocasiones y que alcanza la perfección: música, actriz, cámara, en la interpretación parisina de Zula, en un local de jazz

¿Alguien no se puede enamorar locamente de Zula? Supongo que y viceversa con Wiktor. Y es que el asunto de la peli es un amor loco, insano, no un amor imposible; en medio de un mundo loco, dividido. Medio estalinista, medio capitalista, en una Europa fría y desangelada con una interesada espada de Damocles pendiendo sobre las cabezas del planeta.

Zula es una mezcla de descarada e inestable Marilyn Monroe con trágica historia de Edith Piaf.

Cold War es, entonces, sentimiento, emoción y locura. Por tanto, música. Desde Chopin, al rock, pasando por imprescindible jazz o fusiones y finalizando con una metáfora de alegre y patético aperturismo.

Es Cold War es tragedia personal en un mundo cuyos lideres quieren usar tradiciones, mitos, leyendas…, música, para dar golpes de estado. Como sigue ocurriendo con estos populismos nacionalistas que no respetan las tradiciones, sino que las roban.

No es la historia de Zula y Wiktor la historia de Romeo y Julieta. Es la historia de esa locura que sólo a los seres humanos puede resultar atractiva.

Como curiosidad, una artista polaca, Magda Umer, con cierto parecido a Joana Kulig, ya interpretaba el tema en los sesenta.

Título original: Zimna wojna.
Año: 2018.
Duración: 88 min.
País: Polonia.
Dirección: Pawel Pawlikowski.
Guion: Pawel Pawlikowski, Janusz Glowacki.
Fotografía: Lukasz Zal (B&W).
Reparto: Joanna Kulig, Tomasz Kot, Agata Kulesza, Borys Szyc, Cédric Kahn, Jeanne Balibar, Adam Woronowicz, Adam Ferency, Adam Szyszkowski.


domingo, 10 de enero de 2016

El puente de los espías

Por algún lugar he leído que un buen abogado es aquel que conoce las leyes y que un gran abogado es aquel que conoce al juez. En el caso real de James Donovan (interpretado por Tom Hanks), el abogado sobre el que se vertebra la historia de El puente de los espías, no son suficientes los dos postulados. Se trata de algo más que un buen y un gran abogado, incluso se trata de algo más que un abogado. Es la historia de un tipo con principios, capaz de enfrentarse a su país (nada menos que los Estados Unidos) y arriesgarlo todo.

Steven Spielberg nos dejó boquiabiertos y ojipláticos con dos momentos históricos espeluznantes de la Segunda Guerra Mundial: La lista de Schindler y Salvar al soldado Ryan. Ahora, con El puente de los espías, nos traslada a los años más duros de la guerra fría, una película que es también homenaje a aquellas cintas de espías y telón de acero en blanco y negro, aunque el tono es completamente diferente. Una película con un ritmo trepidante en la que constantemente ocurren cosas.

Y es que en El puente de los espías hay una buena dosis de crítica a los Estados Unidos, capital del capitalismo, que también está repleta de muros insalvables para los más desfavorecidos como metafóricamente vemos en uno de los últimos planos.

En los días en que se desarrolla la acción, Estados Unidos vivía en psicosis permanente. Eran los días en que los más pequeños iban al colegio con máscaras por si había algún bombardeo nuclear proveniente de la URSS o en que algunos arquitectos se forraron haciendo casas con refugios antinucleares. En ese clima es en el que Donovan, un abogado especialista en seguros, recibe el encargo de defender a un espía ruso. Eso sí, la defensa que debe hacer es, digamos, de andar por casa…

El problema es que el abogado se toma la cosa en serio y termina en Berlín Este siendo el negociador protagonista de un intercambio de espías… Claro, el guión de los hermanos Cohen reflejan la historia e intrahistoria de este personaje, su padecer personal y familiar por dar la cara en la defensa legal de un espía soviético.

País: Estados Unidos.
Director: Steven Spielberg
Guión: Matt Charman, Ethan Coen, Joel Coen
Reparto: Tom Hanks, Mark Rylance, Amy Ryan, Scott Shepherd, Sebastian Koch, Billy Magnussen, Alan Alda, Jesse Plemons, Eve Hewson, Peter McRobbie, Austin Stowell, Domenick Lombardozzi, Michael Gaston