Blog de Alfonso Roldán Panadero

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En las fronteras hay vida y tuve la suerte de nacer en la frontera que une el verano y el otoño, un 22 de septiembre, casi 23 de un cercano 1965. En la infancia me planteé ser torero, bombero (no bombero torero), futbolista (porque implicaba hacer muchas carreras), cura (porque se dedicaban a vagar por la vida y no sabía lo de la castidad...) Luego, me planteé ser detective privado, pero en realidad lo que me gustaba era ser actor. Por todo ello, acabé haciéndome periodista. Y ahí ando, juntando palabras. Eso sí, perplejo por la evolución o involución de esta profesión. Alfonso Mauricio Roldán Panadero
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viernes, 7 de junio de 2013

Jorge Eduardo Benavides y Un asunto sentimental


Fran Lorente nos fotografió tomando un té.

Trabajaba en la radio en Lima, pero se dio cuenta de que lo que quería era dedicarse a escribir. En esos años Lima era un lugar políticamente convulso, por lo que decidió venir a España. Cuenta que se buscó la vida en Tenerife, donde tenía unos amigos, y allí se asentó durante once años. Cuando estaba ya muy bien instalado; porque daba cursos, talleres, conferencias…; publicó una novela y se vino a Madrid. Empezó otra vez de cero. Ahora acaba de presentar Un asunto sentimental, que ya está siendo un éxito.

P. ¿Qué quieres decir con “buscarse la vida”?
R. Cuando llegué a Tenerife tuve que hacer todo tipo de trabajos, desde lavaplatos a trabajar en la construcción, que aunque no nos demos cuenta de ello, es un trabajo muy duro.

P. Y ahora en Madrid también tienes un taller de literatura…
R. Tengo el Centro de Formación de Novelistas junto al escritor Carlos Andrade. Entre los dos montamos este centro, que ofrece servicios para novelistas. Es decir, asesorías, corrección de novelas, a veces contactos con editoriales, cribas para concursos…, pero siempre orientado a la novela. Además, con distintas instituciones, universidades, Instituto Cervantes…, imparto talleres de novelas y cuentos por todo el mundo.

P. Vayamos con tu última novela, Un asunto sentimental. Es una historia de amor, de sexo, de seducción; yo diría que de intriga amorosa…
R. Aunque es un asunto sentimental, también es un libro de viajes. Hoy, que viajamos mucho, me propuse plasmar ciudades que a mí me gustan y en las que he estado al menos dos o tres veces. De hecho, al principio quise hacer un libro de viajes, pero le faltaba trama. Entonces…, introduje la historia de amor.

P. Además hay una fuerte componente político o ideológico.
R. Es un asunto que siempre me ha preocupado. Me fascina la actitud de los fundamentalistas. Esa actitud que adoptan no tiene que ver con lo que piensan o la ideología que adoptan, sino con su propio ser. Es decir, quien es fundamentalista no lo es sólo en su aspecto ideológico, sino que ve la vida de una manera cuadriculada, sectaria, intransigente… Me interesaba ese aspecto que poco a poco se va desvelando en la novela.

P. El personaje principal es su alter ego. Entiendo que sabe de lo que habla.
R. Yo vengo de un país en el que ha habido terrorismo, una época muy dura con Sendero Luminoso en los noventa. Luego, viviendo aquí, nos enfrentamos al terrorismo de Al Qaeda y el fundamentalismo islámico. Es imposible sustraerse a ciertas circunstancias.

P. De hecho, en la novela hay una dura descripción de los atentados del 11-M.
R. Aquel día estaba yo en Pamplona cuando me llamaron por la mañana las amistades de Madrid. Era terrible lo que me contaron. Ese mismo día volví en tren y vi los andenes destrozados. Esa terrible historia nos tocó a todos de una forma u otra. Fue terrible lo que ocurrió y todo lo que se hizo después y sigue coleando. En la novela sí quería marcar lo que sucedió porque en Madrid hay un antes y un después del 11 de marzo.

Amor

Personalmente la obra rezuma amor, pasiones y también sexo. Un amor que es independiente de la camaradería. Me aclara Benavides que “la camaradería suele desplazar la sensación de amor, o le da otro sentido” y lo que le ocurre a su personaje es que teme tener una relación estable.
Tal como aparecen algunos besos, parece evidente que el autor sabe de lo que habla y no puedo por menos que preguntarle qué es un “beso limeño”, que lo cita en un momento. Se para, piensa y dispara: “Tranquilo. Es un beso muy formal, muy cordial”.

P. En la novela hay mucho amor. Hay amor obsesivo. Habla incluso de “desvarío de amor”. El amor es una de las palabras más definida por todo el mundo. ¿Cómo lo definirías usted?

R. Me gusta una frase de Robert Frost: “El amor es como la Luna, cuando no crece, decrece”. Es un sentimiento de constancia. Pero lo fascinante de este asunto es que cada uno lo interpreta como quiere. A mí me interesaba ese “desvarío amoroso”. Es decir, cuando uno cree que no va a ocurrir nada en su vida, en el terreno emocional; o cuando cree que está perfectamente asentado, de repente aparece una persona y dinamita por los aires esa seguridad o ese letargo en el que uno vivía. En la novela surge un amor que coge a los protagonistas con la guardia baja y pulveriza todos los sentidos.

P. La historia está repleta de cameos de personas reales. ¿Un recurso para que los amigos le compren el libro?
R. Podría ser (entre risas), pero no. No me propuse hacer autoficción, pero al empezar con mi nombre cité a un amigo y después…, por efecto dominó surgieron el resto. Es una mezcla de realidad y ficción.

P. Por la novela desfilan varias mujeres, ¿Cómo ves a la mujer?
R. En principio, igual que a un hombre, pero en el sentido emocional y sexual creo que funcionan diferente. Creo que es diferente la forma de interpretar una relación. Los hombres somos más impetuosos y temperamentales.

Vargas Llosa, liberalismo y PP

Para mí, nada tiene que ver el Vargas Llosa novelista con el Vargas Llosa que escribe artículos periodísticos, de opinión… , para Benavides, se trata de “una persona polémica. Como dice Patricia, su mujer: ``cada vez que abres la boca, abres una polémica´´. en la opinión del autor de Un asunto sentimental, “la izquierda ha cometido el error de perder a Vargas Llosa como representante de una parte más avanzada. No hay un solo conservador que defienda el derecho de los homosexuales o la legalización de las drogas como hace Vargas Llosa”. Pero claro, su posición sobre la Economía… Según Benavides, “no defiende nada que se pueda defender al totalitarismo, ni al capital. Es un liberal.

P. También en la novela tu alter ego es un liberal, “un liberal descafeinado”.
R. (Riendo). Yo creo en los principios de la Revolución Francesa: “Libertad, igualdad, rentabilidad”. En serio, creo en el libre mercado, pero también que a la gente que tiene menos se le dé la oportunidad de luchar. Yo no creo que los políticos del PP sean liberales. Tienen una política demagógica, mafiosa… La gente se olvida que los liberales son la izquierda más antigua. Yo lo que no puedo defender son regímenes totalitarios ni populistas, que pueden tener a la mitad de la población a favor; pero a la otra mitad la tienen atropellada.

P. ¿Y qué piensas de las comparaciones con Vargas Llosa? Los dos son peruanos, los dos mencionan asuntos políticos…, de hecho, Vargas Llosa aparece en la novela.
R. Más que comparación es un halago. Mi primera novela es deudora de las de Vargas Llosa y tengo una buena relación con él. Es una persona polémica. Aunque yo no esté totalmente de acuerdo con él me parece un intelectual bastante honesto.


P. ¿Qué proyectos tienes ahora?
R. He terminado una novela histórica y de intriga que ocurre en un convento de Arequipa, mi ciudad natal. Es el convento de santa Catalina, el más grande que hay en Latinoamerica. Es como una pequeña ciudad dentro de otra ciudad… Ahora estoy pensando en otra novela con Luis Candelas como personaje central. Era un personaje muy interesante que tenía una doble vida. Por las mañanas se relacionaba con la aristrocracia y seducía mujeres haciéndose pasar por un hacendado peruano, lo que le servía para conocer las casas de sus víctimas. Por las noches, con su banda atracaba. Era un tipo muy astuto, pero realmente no era un bandolero.


“Cuando uno cree que está perfectamente asentado, de repente aparece una persona y dinamita por los aires esa seguridad o ese letargo”

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lunes, 17 de diciembre de 2012

Reverte, tango, ajedrez, amor y sexo (El tango de la Guardia vieja)


Se me acabó el El tango de la Guardia Vieja. Como no podía ser de otra manera he disfrutado. Como no podía ser de otra manera, la historia, los personajes me atraparon; y, como no podía ser de otra manera, sentí llegar al punto y final. Está este Tango de la guardia vieja repleto de sensualidad, erotismo, de olores, fragancias, músicas, sentidos evocadores que a veces revientan en el sexo más salvaje. Está este tango que desborda amor. O quizá no tanto…

En plan friki fetichista buscando una firma del maestro y provocador.
Es Reverte, Arturo Pérez, que a veces erramos el Reverte, un auténtico genio de las palabras, de las historias. Es un dios creador de personajes que, como el maestro que es, para, templa y manda. Y ahí vamos los lectores por donde él quiere, sin darnos cuenta, que sus novelas son de meticulosa arquitectura con sólidos cimientos.

Obsesionado por la escritura, para respirar, entiendo, que tiene que sacar a pasear sus vísceras en twitter y en el permanente estado de provocación que, a veces muestra el más absoluto desconocimiento de la realidad. Quizá padece Reverte un hiperbólico sentido de la amistad; amistad fiel más que leal; amistad de “por ti hasta sin razón”, como alguno de sus personajes deja entrever; que es capaz de, por amistad, utilizar su púlpito para aporrear sindicalistas o quien haga falta porque un amigo suyo un día de huelga ha sufrido las iras en su local de no se sabe muy bien que piquete, u horda roja, o masónica, o sabe dios.

No deja de ser curioso cómo un maestro, un Cervantes de este siglo se transforma, a veces, en un simple Losantos, un cutre Herman Terchst, un vocero más de la caverna mediática, un lameculos de todo lo peor que nos trajo Esperanza Aguirre. Otrora, eso sí, compañera de viaje de mi loado novelista a cuento de los fastos despilfarradores de 1808 con dinero público. Aquí lo recordamos. Y aquí.

Le veo despellejar a políticos, a partidos, a sindicatos con la demagogia cutre salchichera de los extremistas de una y otra parte. Esa demagogia del todos son iguales que es difícil compartir.

Creo que Reverte es un currante, un obrero de las letras y, al tiempo, un marqués de las palabras. Escribir El tango de la Guardia Vieja, seguro que implica muchas horas de estructurar y documentarse, muchos desvelos y viajes; mucha disciplina. A Reverte le agradezco sus provocaciones insolentes y gratuitas a diestro y siniestro para evitar que le me mitifique. Gracias a sus insultos le veo como un español más: con sus odios, sus envidias, sus resentimientos, sus celos. Territorio comanche tiene mucho de ello. Muestra que no fue un periodista corporativista, pero desde luego, tampoco un gran compañero. Se quedó como dios al escribirla. Eso está claro. Un libro terapia donde los haya.

Con Reverte, a veces me ocurre como con Vargas Llosa, ¿cómo es posible que una persona que ha escrito La tía Julia y el escribidor tenga la sensibilidad social de un mejillón?

No tengo yo derecho a ser muy grosero con Pérez Reverte, que es la suya una galaxia diferente a la mía, pero…, bueno, al fin y al cabo tengo toda su obra comprada, leída e incluso regalada. Porque su obra, sus historias, sus personajes, cuando están entre mis manos son míos. Tienen las voces que yo quiero y, es más, puedo darles la bronca porque hacen cosas que no deberían hacer. O al revés.

Al fin y al cabo tengo toda su obra comprada y leída.
El tango de la Guardia Vieja tiene de todo ello. Es una novela en la que el glamour de esas viciosas clases más altas se enfrenta con lo más barriobajero, que aunque se vista de seda… Y los extremos se tocan.

Sin desvelar nada, este Tango puede ser la historia de un hombre, la historia de una mujer, la historia de un amor… Es, en mi opinión, todo ello. Es la historia de una relación. Una relación que pudiendo ser real, lo es de novela.

Y es una novela elocuente, al estilo Reverte, azoriniano; con sujeto, verbo y predicado. Muy de periodista. Esa cosa periodística también la veo en detalles del protagonista masculino, Max, un personaje que sabe quien controla la información: porteros, recepcionistas, secretarias; y sabe usar las propinas. Vamos, sabe buscar y cuidar las fuentes de información. Y periodístico resulta la contextualización histórica. Reverte nos sitúa históricamente con resúmenes de prensa de todo lo que acontecía, que la novela es un constante flashback, o analepsis que diría un castizo.

Sí es diferente este Tango de la guardia vieja al resto de la obra de Reverte, pero está presente el mar, la navegación y hasta un as de guía para…, el lector ya lo verá. Y está presente la amistad, la camaradería entre hombres. Esa camaradería que surge cuando se han convivido situaciones extremas. Camaradería militar que vivimos constantemente en Alatriste. Me gusta ese personaje que no aprece, pero está, el “conde Dolgorukis Bragation –cabo segundo legionario en la Primera Bandera del Tercio de Extranjeros”.

También está llena la novela de música al estilo Murakami (aquí lo ves)Música que nos transporta a Buenos Aires años veinte o a Sorrento años sesenta. Y un silbar. Tres veces un silbar: El hombre que desbanco a Montecarlo… Música que con olores y fragancias, a perfumes y a cuerpos, a manos, a espaldas desnudas, a nucas descubiertas…, a sexo nos transportan a la sensualidad…, o al lado más salvaje. Bueno, tampoco quiero generar falsas expectativas, que tampoco se trata de una novela erótica al estilo la sonrisa vertical.

Y España. También aparece España, “ese lugar triste, rencoroso y con olor a sacristía, gobernado por estraperlistas y gente mediocre…” (p. 289) .“El paraíso de la envidia, la barbarie y la vileza” (p.314).

La mujer, uno de los temas de debate reverteriano también está presente con alguna provocadora máxima: “Ninguna mujer, ni siquiera la mía, vale más de un billete de cien pesos o una noche en vela, a menos que uno esté enamorado de ella”. (p. 109) … “Después de todo, como el resto de las mujeres del mundo, ella no pedía otra cosa que ser convencida”. (p.453). Por no hablar de la ajedrecista… ¿Qué roles desempeñan las mujeres en la novela? Quizá eso dé para una tesis doctoral que soy incapaz de hacer.

De cualquier forma, buena parte del peso de la novela recae sobre una mujer, Mecha Inzunza (apellido vascongado, que me vuelve a recordar a Alatriste y sus vascongados), que merecería una entrada aparte y no voy a hacer por no destripar nada. Pero…, sí es una mujer enormemente atractiva con la que yo bailaría un tango y lo que hiciera falta. Una mujer que, ella sí, está enamorada.

También hay ajedrez. Fontanería de ajedrez. Y una partida aplazada… Al fin y al cabo, el tango y el ajedrez son metáforas de la vida misma.

¡Caray! En no sé en cuántos años sólo había publicado una entrada sobre una obra de Reverte, ésta, que me aguantó diez minutos en las manos. Supongo que me cuesta hablar del maestro sin poner a parir al provocador y evito hacerlo. En fin, cada cual tiene su Jekyll y su Mr. Hyde. De momento voy a ver de hacer otra entrada a cuento de El Tango de la guardia vieja.
  
¿Habéis leído la novela? ¿Os ha gustado?