Luego quieren que vayamos a votar. O eso dicen. Quieren que participemos de lejos, asépticamente, cada cuatro años. Pero tienen miedo a la ciudadanía. En los parlamentos reside la Soberanía popular, que no Popular, y ahora, en el de Madrid parece que va a estar prohibido acudir como invitados.
Elvira Rodríguez es la presidenta de la Asamblea de Marid y quiere que no vaya el pueblo, la gente, porque arma trifulcas. Elvira Rodríguez quiere que la gente la vote cuando llegan las elecciones, pero siente repelús a que la gente vaya a la Asamblea, que no su cortijo, y se indigne ante provocaciones de, por ejemplo, la presidenta de la Comunidad, Esperanza Aguirre. Aguirre se ausenta de los plenos cuando se discuten los problemas de la gente. Y eso, a la gente la cabrea. La solución de Elvira Rodríguez no es leerle sus obligaciones a Esperanza Aguirre, sino evitar al populacho, sucio, gritón, incontrolable.

Elvira Rodríguez tiene aspecto de no haber roto un plato en su vida. Inolvidable su época como consejera de Transportes, después de Granados, actual jefe de los espías; y Cospedal, secretaria general suprema del PP. Eran demasiado mediáticos, quitaban foco a Espe y Espe decidió poner a la buena de Elvira.
Y digo que fue inolvidable su tiempo como consejera de Transportes porque tuvo que lidiar con decenas de averías en Metro (como el descarrilamiento de ayer en la línea 6), mientras Espe vendía kilómetros y kilómetros de suburbano a ese populacho, de lugares como Villaverde o La Elipa, que ahora impide entrar en la Asamblea.
La solución que encontraron al modo "ideas MAR (Miguel Angel Rodríguez)", con la complicidad del coro de medios voceros peperos fue la de lanzar que los trabajadores saboteaban el Metro. Y la idea parece que cuajó, que aquí cuando hay averías en Metro nadie dice nada.
En esos días más valientes, el portavoz socialista de Transportes era José Quintana, diputado que fue expulsado del Pleno por Elvira el pasado jueves. Un diputado de peso, más aún que la propia presidenta de la Asamblea, diría yo. Que aquello pareció una venganza contra Quintana por los malos ratos que le hizo pasar. Aunque, ella a veces se defendía dando explicaciones técnicas al modo de Forges: "El descarrilamiento de hoy ha sido porque el trocol ha hecho fuelle y terminó catacrás". O: "Hoy ha fallado el pifuter colorao de la trócola inversa, según me aseguran los técnicos".
Pero todo pasó. Legítimamente, los votantes de Madrid agradecieron a Espe que les llevara bocas de Metro por doquier, aunque con un crecimiento irracional que, por ejemplo satura la línea 6. La única circular, que no puede más. Que revienta.
Elvira Rodríguez es la presidenta de la Asamblea de Marid y quiere que no vaya el pueblo, la gente, porque arma trifulcas. Elvira Rodríguez quiere que la gente la vote cuando llegan las elecciones, pero siente repelús a que la gente vaya a la Asamblea, que no su cortijo, y se indigne ante provocaciones de, por ejemplo, la presidenta de la Comunidad, Esperanza Aguirre. Aguirre se ausenta de los plenos cuando se discuten los problemas de la gente. Y eso, a la gente la cabrea. La solución de Elvira Rodríguez no es leerle sus obligaciones a Esperanza Aguirre, sino evitar al populacho, sucio, gritón, incontrolable.

Elvira Rodríguez tiene aspecto de no haber roto un plato en su vida. Inolvidable su época como consejera de Transportes, después de Granados, actual jefe de los espías; y Cospedal, secretaria general suprema del PP. Eran demasiado mediáticos, quitaban foco a Espe y Espe decidió poner a la buena de Elvira.
Y digo que fue inolvidable su tiempo como consejera de Transportes porque tuvo que lidiar con decenas de averías en Metro (como el descarrilamiento de ayer en la línea 6), mientras Espe vendía kilómetros y kilómetros de suburbano a ese populacho, de lugares como Villaverde o La Elipa, que ahora impide entrar en la Asamblea.
La solución que encontraron al modo "ideas MAR (Miguel Angel Rodríguez)", con la complicidad del coro de medios voceros peperos fue la de lanzar que los trabajadores saboteaban el Metro. Y la idea parece que cuajó, que aquí cuando hay averías en Metro nadie dice nada.
En esos días más valientes, el portavoz socialista de Transportes era José Quintana, diputado que fue expulsado del Pleno por Elvira el pasado jueves. Un diputado de peso, más aún que la propia presidenta de la Asamblea, diría yo. Que aquello pareció una venganza contra Quintana por los malos ratos que le hizo pasar. Aunque, ella a veces se defendía dando explicaciones técnicas al modo de Forges: "El descarrilamiento de hoy ha sido porque el trocol ha hecho fuelle y terminó catacrás". O: "Hoy ha fallado el pifuter colorao de la trócola inversa, según me aseguran los técnicos".
Pero todo pasó. Legítimamente, los votantes de Madrid agradecieron a Espe que les llevara bocas de Metro por doquier, aunque con un crecimiento irracional que, por ejemplo satura la línea 6. La única circular, que no puede más. Que revienta.
Ahora el PP quiere sentar en el banquillo a trabajadores con la espada de Damocles del despido sobre ellos. Elvira no quiere ni ver trabajadores cabreados con las políticas ultras de Espe, ni en pintura. ¡Viva la Democracia participativa! ¡Viva Elvira la cantaora!
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