Blog de Alfonso Roldán Panadero

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En las fronteras hay vida y tuve la suerte de nacer en la frontera que une el verano y el otoño, un 22 de septiembre, casi 23 de un cercano 1965. En la infancia me planteé ser torero, bombero (no bombero torero), futbolista (porque implicaba hacer muchas carreras), cura (porque se dedicaban a vagar por la vida y no sabía lo de la castidad...) Luego, me planteé ser detective privado, pero en realidad lo que me gustaba era ser actor. Por todo ello, acabé haciéndome periodista. Y ahí ando, juntando palabras. Eso sí, perplejo por la evolución o involución de esta profesión. Alfonso Mauricio Roldán Panadero
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martes, 13 de febrero de 2018

Estimado Dios, que va para allá Josefina

Juntos son imbatibles. En una foto terrenal de @frlorente.
Querido Dios:

Hace siete años largos te escribí previniéndote de que iba para allá Marcelino. Acuérdate pinchando AQUÍ, que no te veo muy hecho a esto de Internet (lógico, que yo creo que te lo tomas como la competencia).

Supongo que por ser ateo no he tenido respuesta alguna, ni por correo tradicional, ni e-mail, ni directos de Twitter, face book o Instagram, que hasta el Pontifex (oye, de lo más majo que hemos tenido últimamente) está enrollado en las redes. Que ya podías haber dicho algo aunque fuera por Whitney Houston como en La llamada.

En octubre de 2010 te advertía de que iba para allá Marcelino Camacho y que te iba a poner el cielo patas arriba. Como no decías nada, escribí una directa a Santiago Carrillo allá por 2012, pero esa es otra historia.

La cuestión es que Josefina Samper, la compañera del alma de Marcelino, con estos fríos que nos envías en febrero en común acuerdo con Eolo, ha decidido irse también al cielo de la rojería. Y ahora sí que sí. Marcelino y Josefina juntos son imparables

Seguro que se reparten los papeles y lían a Gabriel, ese que tienes de capataz, con la revolución científico técnica, con la oligocargocracia, con la lucha de clases… Y seguro que arranca definitivamente la Federación Universal de Ángeles de las Comisiones Obreras, de sus Comisiones Obreras.

Suerte tienes de que los malos, y las malas, anden en el infierno porque al ver llegar a Josefina, estando allí Marcelino, te la iban a liar, porque con ellos juntos es la hora de la constancia, el trabajo, la honradez, la solidaridad, el humanismo. Lo sabes tan bien como los cientos de miles de personas que hemos sufrido un zarpazo en el alma cuando nos hemos enterado de que también se nos iba Josefina contigo. Sabes que Josefina era, es, en resumen, una mujer buena. Una sonrisa afable. El olor a magdalenas y café con leche.

Te repito como te decía hace siete años. No les tengas en cuenta si a partir de ahora el alba se tiñe de un rojo más intenso, que menudo numerito vas a tener con el Labordeta cantando la Albada y Josefina con Marcelino dándole fuerza a los tonos rojos. Tampoco les tengas en cuenta si trastean con el arco iris y lo dejan en los tres colores de la bandera de España, de la España legal, la previa al golpe de Estado de Franco. Sí hombre, acuérdate: ese bajito, con bigote, el asesino, o mejor, genocida, que conspiró con toda la curia para quitarte el asiento…

Seguro que ya andan con Pasionaria, y, con las nubes suaves y cálidas, te teje algún jersey de cuello alto, como tan bien sabe hacer Josefina. Supongo que también se encontrará Josefina con miles de personas asesinadas y desaparecidas por el franquismo. Esos cuyos restos empiezan a ser descubiertos en las cunetas de las carreteras de España, en las tapias de los cementerios… Les llevará noticias y les contará que no hemos vuelto a matarnos, pero que esta Democracia sigue siendo imperfecta hasta que no sean reconocidos, hasta que este país no recupere su memoria colectiva.

Se reencontrará Josefina con tantos y tantos presos, tantos y tantos exiliados y emigrantes a los que ayudaba como podía. 

Te prevengo, querido Dios, aunque ya lo sabes. Josefina va para allá, mientras hoy, aquí, las estrellas lloran. Pero Josefina y Marcelino, el tándem perfecto, volverán a bailar como les gustaba hacer en Orán: tangos, valses, pasodobles o foxtrot. Y cuando Marcelino te quiera vencer dialécticamente tras horas, horas y horas de debate, ella te guiñará un ojo cómplice y se lo llevará a una entrevista en la tele local, que seguro los están esperando.


Querido Dios, cuida de los dos, y cuando tengas que negociar recuerda que aquí, ni les domaron, ni les doblaron, ni les domesticaron. Y deja que descansen, que han luchado mucho.



viernes, 16 de diciembre de 2011

Nadie pudo con ellos de Nativel Preciado

Nadie pudo con ellos es la historia de aquellos años de transición a la democracia desde el punto de vista de los anónimos. Es un libro elocuente, de rápida lectura, pero de párrafos intensos…, porque Nativel Preciado tiene ese don de saber colocar en su sitio algo tan sencillo y complicado a un tiempo como un sujeto, un verbo y un predicado. Sin mayores florituras.

Julián Grimau.

Carlos González.

Mari Luz Nájera.

Abogados de Atocha.

Francisco Granados.

Joaquín Delgado.

Enrique Ruano.

(…)

La lista de asesinados en aquellos años de transición es larga. Las calles de Madrid fueron arroyos de sangre; los calabozos centros de tortura; la brigada político social campaba a sus anchas en complicidad con los ultras; el aparato policial y militar del franquismos seguía vivo.

Enfrente estaban tantas y tantas personas anónimas que Nativel Preciado visibiliza en su libro: sindicalistas, estudiantes, abogados, corresponsales extranjeros, curas obreros… La autora es acompañada en este viaje por Josefina, la viuda de Marcelino Camacho, que le pone voz en primera persona a aquellos duros años.

Nadie pudo con ellos debería convertirse en libro de texto en los institutos por su fácil lectura, porque da pinceladas en prácticamente todo lo que ocurrió. Pinceladas meticulosas que también pueden servir al investigador, al periodista, al novelista, al cineasta para desentrañar miles de historias que reposan bajo el silencio.

Nos vienen contando que los protagonistas de la Transición fueron fundamentalmente los herederos del franquismo reconvertidos, los tecnócratas, los grandes líderes. Seguramente sin ellos no habría sido la cosa como fue, pero lo que es seguro es que sin los miles de héroes anónimos la Transición no habría sido.

Al leer Nadie pudo con ellos, resonaban en mi cabeza las sirenas de los grises, de arriba a abajo por la calle Atocha, los tiros de los ultras infiltrados en las manifestaciones, los botes de humo, la pelotas de goma, las palizas a los melenudos… Recuerdo a mi madre haciendo acopio de latas de conserva “por si acaso, que yo he pasado una guerra y sé lo que es pasar hambre”. Recuerdo el terror y el dolor cuarenta portales más arriba de donde yo vivía, aquel trágico enero de 1977 con la matanza de Atocha. Y he sentido orgullo de profesión al ver la importante labor de los periodistas, de aquellos corresponsales extranjeros que se la jugaban por informar sobre lo que ocurría en España. Orgullo porque cada información era un puñetazo en el hígado de Fraga y el franquismo.

El libro de Nativel Preciado concluye con un magistral epílogo, un canto a la resistencia y a la dignidad; una loa a la clandestinidad: "La palabra clandestino fue durante mucho tiempo una cualidad sospechosa, que significaba "lo que se hace a espaldas de la ley". Se convirtió en un término positivo cuando los partisanos, guerrilleros y maquis se agruparon para combatir heroicamente contra el nazismo, el fascismo y el franquismo"... Un verso de Rilke pone punto y final: "¿Quién habla de victoria? Resistir es todo".

Nadie pudo con ellos es un libro imprescindible para no perder la más reciente memoria. Es un libro que hace justicia con aquellas personas que lo dieron todo por la libertad.

Mmmmm, yo creo que en breve os podré traer aquí a la maestra Preciado. Entretanto podéis pedir el libro a Papá Noel, a los Reyes Magos o a CCOO (pagando eso sí), llamando al 915365301. Ext 5301, ó a esta dirección: ogonzalez@usmr.ccoo.es